Ladrones de fuego

"Un hombre bueno es difícil de encontrar"

Por: | 03 de febrero de 2014

JOSÉ EMILIO PACHECO   (1939-2014)

Pacheco2 (1) 

      El poeta mexicano José Emilio Pacheco murió hace siete días. Su muerte ha supuesto una gran pérdida para los suyos y para el mundo de las letras hispanoamericanas. A Pacheco le concedieron el Premio Cervantes en 2009.
      Ningún país de lengua española ha dado en el siglo XX, más lo que va del siglo XXI, tantos y tan excelentes poetas como México. Tecleo unos cuantos nombres de esos muralistas del verbo: Ramón López Velarde, Juan José Tablada, Alfonso Reyes, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Gilberto Owen, Salvador Novo, Jorge Cuesta, Julio Torri, Octavio Paz, sigo con Gabriel Zaid, Eduardo Lizalde, Víctor Sandoval, Marco Antonio Montes de Oca, Homero Aridjis, José Carlos Becerra, Jaime Augusto Shelley, Alí Chumacero, Efraín Huerta; para continuar con Thelma Nava, Juan Buñuelos, Óscar Oliva, Francisco Cervantes, Gloria Gervitz, Hugo Gutiérrez Vega, Víctor Manuel Mendiola, Vicente Quirate, Carlos Montemayor, Francisco Hernández, Guillermo Fernández, Rafael Vega, y otros más.
    Entre ellos se encuentra José Emilio Pacheco, a quien  entrevisté en su domicilio del Distrito Federal de la capital azteca, a finales de 1970. 
    Tras mi vuelta a casa le envié la transcripción de lo conversado. Nos cruzamos entusiastas cartas, en tanto él reescribía-reordenaba el texto de sus respuestas confiadas a mi magnetófono (escribir es corregir las imprecisiones y deslices del habla). A través de ese intercambio epistolar llegué a descubrir destellos de su encomiable bonhomía. Se entenderá mejor si lo digo con las siete palabras morales de la escritora estadounidense Flannery O'Connor: "un hombre bueno es difícil de encontrar". Como poeta, y de los buenos, ya lo había descubierto con antelación.
    Su poesía se encuadra dentro de un estilo conversacional-coloquial, siempre antirretórico y antisolemne. Poeta de la vida cotidiana, sus temas principales son el paso del tiempo y la verdad temible de cada cosa, trazado todo ello mediante metáforas y el juego de analogías. En 1981 publicó un fascinante relato de doce capítulos, titulado Las batallas del desierto. Ha ejercido como traductor de obras de T. S. Eliot, Samuel Beckett, Tennesse Williams, Marcel Schwob y Oscar Wilde.
     En el contenido de las respuestas de José Emilio Pacheco hay mucho de Ulises y algo de Simbad. Lo prueban estos breves e ilativos chispazos de la entrevista: “La tarea del artista es la mitad de la aventura. La otra aventura es la del lector. Ser un buen lector es tan difícil o más que ser un buen escritor” / “Para justificar la existencia de un texto basta que sea importante para alguien, como tantos textos han sido para nosotros” / “Todas las lenguas son fruto del mestizaje y mi único purismo sería no importar palabras cuando existe una buena expresión en español; de otra manera hay que apropiarse de ellas” / “Más importante que seguir escribiendo libros es hacer que se lean los que ya están hechos” / “Leemos demasiado y demasiado mal. Cada día hay ejércitos de libros nuevos, revistas nuevas. Queremos leerlo todo y no leemos nada” / “Mientras los artistas y escritores de hoy se preocupan por preocupar, su público potencial no quiere ser preocupado, quiere encontrar en el arte y la literatura no un reflejo del mundo, sino un estímulo para cambiarlo, un flotador, algo que lo separe momentáneamente de las presiones, de las tensiones, de los sufrimientos de vivir en el mundo” / “El hecho de escribir buenos poemas no justifica que nadie permanezca al margen de los problemas de su tiempo y, paralelamente, el hecho de que te preocupes por los problemas de tu tiempo no justifica que escribas malos poemas”.
    Cinco han sido los escritores mexicanos a los que concedieron el Premio Cervantes, dicho sea de paso, con todo merecimiento. Octavio Paz, en 1981, Carlos Fuentes, en 1987, Sergio Pitol, en 2005, el ya citado José Emilio Pacheco (2009) y el último, hasta este momento, Elena Poniatowska (2013).  
    Al tiempo de recordar a los cinco galardonados, viene a la memoria Juan Rulfo, uno de los mejores escritores –si no el mejor– de la literatura mexicana ("y aún de la literatura", añadiría Borges), a quien la estulticia de los jurados de turno escamoteó-privó  la concesión del Premio Cervantes, otorgándole en compensación el Príncipe de Asturias en 1983. 
     Los ojos, ah, los ojos, los cierro y veo a Pacheco avanzando entre nubes verdes y blancas, para ir a depositar su Cervantes en las manos de  Juan Rulfo. Lo que le negaron en vida, la muerte se lo restituye. Las palabras del poeta van dictando el fluir del tiempo en vuelo...

                                [siguiente personaje Enrique Vila-Matas: 10-2-2014]

Hay 6 Comentarios

Gracias por compartir los dos dones: el de la verdad, que tranquilamente nos ofrece José Emilio Pacheco, y el de la sensibilidad, con la que nos regalas tu obra.
No nos despedís; sino que por el contrario, nos invitáis. Y es lo que me parece más importante.
No hay inflexión, ni quimera, ni caída: "... Las palabras del poeta van dictando el fluir del tiempo en vuelo..."

A medio camino entre chamán azteca y caballero andante defensor de las letras, JLMerino engaña a la muerte, manteniendo para siempre vivo a José Emilio Pacheco al recordarlo. Tras perfumarnos con el torrente de poetas mexicanos, delicadamente esparce sobre nuestra frente las palabras del poeta, a modo de agradable céfiro, para arremeter después contra la ceguera (tantas veces intencionada) de los visires-jurados-hacedores de opinión, poderosos guardianes del éxito (que suelen guardar para ellos mismos o sus amigos), y su imperdonable olvido de Juan Rulfo.
Y así, en una extraña ensoñación que funde aquellos muralistas con la visión del Greco de un entierro ideal, el cielo se abre y allí, donde la vista es nítida y el corazón encuentra el camino, asistimos al supremo don humano de la generosidad, consumado en ese ofrecimiento de Pacheco a Rulfo.
Sé recordado siempre, José Emilio, porque si un hombre bueno es difícil de encontrar, no hay ni un solo que permanezca muerto en la memoria.


Querido amigo José Luis, el escrito es una pequeña lección de buena literatura. De esa que ya no se estila. Por él desfilan multitud de personajes y de profundos pensamientos. Me quedo con dos, que anoto en mi libreta (ya demasiada llena con tus escritos)

“ Leemos demasiado y demasiado mal. Cada día hay ejércitos de libros nuevos, revistas nuevas. Queremos leerlo todo y no leemos nada”

“ Las palabras del poeta van dictando el fluir del tiempo en vuelo”
....................................
No conocía a José Emilio Pacheco. Al bucear en ese mundo mágico que se llama Internet, he podido descubrir una literatura diáfana, poemas sencillos pero profundos; palabras que van directas al corazón:
……………….
“Y un día
te sale al paso la miseria.
La observas
y no puedes creer que existan niños
sin pan, sin ropa, sin cuadernos, sin padre.
Te vuelves y preguntas por qué hay pobres.
Descubres
que está mal hecho el mundo”
........................
Creo que es un poema muy apropiado para un país como México, que se desangra todos los días.
También en su pequeño librito “las batallas del desierto” (que acabo de leer) concluye con un premonitorio párrafo: “Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola”
............................
Quiero finalizar con una bella poesía suya, en la que el tiempo pierde su batalla contra la hermosura:
..........................
“El tiempo que destruye todas las cosas
Ya nada puede contra tu hermosura
Muchacha
Ya tienes para siempre veintidos años
Ya eres peces
Corales
Musgo marino
Las olas que iluminan la tierra entera”
.............

Un saludo y gracias José Luis.
Santi

Decía Pacheco: “Poesía no es signos negros en la página blanca. Llamo poesía a ese lugar del encuentro con la experiencia ajena.” Esas palabras se unen a las respuestas que dio a Merino en las que afirma que la literatura es experiencia compartida, aventura participada por autor y lector. Como todo acto creativo, hay unión de intenciones, suma de fuerzas, agregado de sensibilidades para llegar, no a una, sino a múltiples interpretaciones del objeto artístico. El mexicano se ha ido llevándose versos aún no escritos pero dejándonos muchos otros que no podemos dejar de saborear. Los hombres buenos dejan cosas por el camino, los no tan buenos, solo las toman.

Un hombre bueno es ciertamente difícil de encontrar, y sin embargo sin merecerlo (que no sin buscarlo) yo he encontrado más de uno.Y además artistas, lo que no deja de ser una carambola tal del destino que pareciera que he hecho trampa. Que una maravilla como Pacheco reivindique el papel del lector me ha llegado la alma, porque a falta del don de la escritura es lo que soy. Es un honor del que no abjuraré jamás.

México es un gran país con talento creativo, que beneficia al habla hispana. Me fascinan las respuestas de este hombre bueno, "la tarea del artista es la mitad de la aventura, la otra mitad pertenece al lector"; conseguir que se lean los libros hechos es la tarea más difícil, y continuar expresando lo percibido, toda una odisea. Sin embargo, el legado de estos grandes son estímulo.
El inexorable caminar del tiempo, carece de sentimientos, o afinidades y arrastra a todos por igual, pero los que dejaron obra, continuarán viviendo un periodo más, o menos largo.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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