Pilar Bonet

Rusia, la OMC y los problemas del Cáucaso

Por: | 11 de noviembre de 2011

Geo cine-La otra orilla 2

Fotograma de la película "La Otra Orilla" de George Ovashvili.

Gracias a un acuerdo con Georgia, Rusia ha desbloqueado el camino de ingreso en la Organización Mundial de Comercio (OMC), pero ha causado inquietud en Abjazia y Osetia del Sur, dos territorios del Cáucaso que se autoproclamaron independientes de Tbilisi y que fueron reconocidos como Estados por el Kremlin en 2008. Están por ver aún los detalles, pero el trato ruso-georgiano, concertado gracias a la mediación diplomática de Suiza, prevé la presencia en territorio ruso de observadores internacionales que controlarán la carga procedente de Georgia y de los territorios separatistas de Osetia del Sur y Abjazia por los pasos fronterizos de Lars, Rok y el río Psou, respectivamente.

Los observadores rendirán cuentas a Suiza y enviarán su información a un banco de datos al que tiene acceso Georgia. De este modo, Tbilisi podrá saber cuántas toneladas de mandarinas o de nueces salieron de Abjazia camino de Rusia. El acuerdo no se hace extensivo a las comunicaciones aéreas o marítimas entre Rusia y las regiones separatistas, por lo que Moscú podrá seguir enviando tropas o equipo bélico por estas vías (en el caso de Osetia del Sur no hay mar) para mantener las bases militares que tiene en aquellos territorios.

El régimen georgiano de Mijaíl Saakashvili ya ha calificado el acuerdo con Moscú de éxito diplomático y los rusos, pese a afirmar que no han retrocedido en el reconocimiento de los Estados separatistas, son conscientes de que el documento puede ser interpretado en provecho propio por la propaganda georgiana. Las realidades subyacentes son complejas y habrá que esperar un tiempo para valorar la incidencia del acuerdo en la geopolítica caucásica.

El Cáucaso —norte y sur— es una zona de importancia estratégica para Rusia por existir en ella numerosos conflictos latentes, susceptibles de estallar de forma encadenada. La lógica de Moscú responde a modelos de superpotencia y es diferente y más compleja que la lógica de las pequeñas comunidades que tratan de defender su cultura y su identidad en un mundo globalizado. Los principales intereses del Kremlin en el Cáucaso son la seguridad y la estabilidad. Para conseguirlos, una buena relación con Georgia sería de gran importancia, pero tal relación no puede existir de hecho en tanto Abjazia y Osetia no se hayan insertado en el rompecabezas del Cáucaso de forma aceptable para sus vecinos.

De ahí, que el acuerdo georgiano-ruso además de ser interpretado como el resultado de la presión occidental sobre Georgia, puede serlo también como un mensaje de apertura de Moscú a Tbilisi y el inicio de un proceso de acercamiento. No es de ciencia ficción pensar que Moscú se podría plantear de nuevo alguna configuración en el sur del Cáucaso, quien sabe si a la larga un modelo de confederación entre Georgia propiamente dicha, Abjazia y Osetia que fuera aceptable para todos ellos. Claro que no sería con Mijaíl Saakashvili en el poder en Tbilisi, sino con algún otro tipo de gobierno receptivo a las percepciones de seguridad de Moscú. La oposición a Saakashvili cuenta con aliados en Rusia, entre ellos discretos especialistas en propaganda política.

Si en Tbilisi hubiera un régimen neutral y amigo, Rusia sentiría menos necesidad de defender los intereses separatistas o mejor dicho, de defender sus propios intereses mediante Abjazia y Osetia del Sur. Saakashvili tuvo en su momento la oportunidad de mantener la unidad formal de su Estado a cambio de neutralidad, pero la rechazó, sobrevalorando sus fuerzas y el apoyo que occidente estaba dispuesto a prestarle frente a Moscú. En Rusia incluso las decisiones más radicales pueden revisarse, a no ser que se hagan irreversibles. Recordemos que en 1996, en virtud de los acuerdos de Jasavyurt (borrados ahora de la memoria política) el Kremlin de hecho reconoció la independencia de Chechenia, sin embargo los chechenos fueron incapaces de gestionar esa independencia, y Rusia acabó recuperando las riendas del territorio Caucásico que en algún momento dejó sueltas por incapacidad de empuñarlas.

A diferencia de Abjazia, con capacidad de gestionar sus recursos y un sistema político articulado, los líderes de Osetia del Sur son incapaces de resolver los problemas de aquella comunidad cada vez más despoblada, y se han enquistado en la dependencia absoluta de Moscú. Y una se pregunta si no estarán desaprovechando una ocasión única de demostrar que son capaces de gestionar su destino y acabarán sucumbiendo a la lógica de la potencia rusa y de sus intereses globales, que por supuesto incluyen el ingreso en la OMC.

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Sobre el autor

, corresponsal en Rusia y países postsoviéticos desde 2001 y testigo de la "perestroika" durante su primera estancia como corresponsal en Moscú (1984-1997). Fue corresponsal en Alemania (1997-2001). Trabajó para la agencia Efe en Viena (1980-82).

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