Pilar Bonet

Rebajas, libros y noticias del frente

Por: | 02 de febrero de 2014

Sábado en Kiev. El centro sigue fortificado, pero la ciudad adquiere un ritmo de fin de semana casi normal. En el pasaje comercial subterráneo frente al mercado de la Besarabia bostezan o dormitan los dependientes de las tiendas que anuncian saldos por liquidación final. La actividad económica parece estar tan congelada como el invierno. El local más emblemático de Zara en Ucrania queda justo tras las barricadas que se alzan en la avenida Kreschátik, frente al cruce con la calle de Bogdán Jmelnitski. Sus escaparates están tapados por un papel de embalaje sobre el que puede leerse:“Rebajas”.

Al entrar en la fortificación del “Euromaidán”, un uniformado monta guardia frente a una urna destinada a los donativos y precintada por el “comité revolucionario”. A pocos pasos, entre rejas hay un muñeco de cartón-piedra” en traje de presidario que representa a Yanukóvich. Junto a él, a disposición del público, la tarima de un tribunal y un retal de fieltro que cualquiera puede ponerse como toga para fotografiarse como juez.

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Entro en una librería en busca de literatura ucraniana y en mi conversación con la dependienta, tercia Yuri (le llamaremos así) un empresario de la construcción. En vez de la obra de Oksana Zabushko que estoy hojeando, Yuri me aconseja “El siglo de Jakob” de Vladimir Lys y “El Cuervo” de Vasil Shklyar, pero acabo comprándome “El Tango de la Muerte” de Yuri Vinnichuk, una galardonada novela histórica-policiaca sobre el telón de fondo de Lvov, y una colección de relatos de Andréi Kurkov . Inevitablemente, comenzamos a hablar de política. “Esto va a acabar como Argentina”, dice refiriéndose a los secuestros de activistas. “Y estamos solo el principio”, dice.
En un café vecino conversamos durante varias horas. Como muchos otros empresarios ucranianos, Yuri ayuda materialmente a los manifestantes del “Maidán”, porque dice estar harto de la corrupción imperante. “Me bastaría con que hubiera un poder judicial independiente”, afirma. Cuando le pregunto cómo le afecta a él la corrupción, dibuja un esquema: “F”, por firma; “”Ad” por administración y “K”, por compañía mediadora. “Ad” paga a “F” por transferencia bancaria el importe oficial de un servicio, pero “F” debe enviar ese mismo dinero a “K” que se lo retorna en metálico tras quedarse con una comisión del 10%. Y cuando este esquema se ha completado, un representante de la fiscalía aparece en “F” y le presenta la alternativa: o bien vender una participación del 50% de la empresa a “unos amigos que ya les presentarán” o bien “ir a los tribunales” por defraudar al fisco (por la relación con K).
“No en vano Mikola Azárov (el dimitido primer ministro) fue jefe del Servicio de Impuestos durante tantos años”, señala Yuri, según el cual Austria debería haber vetado a Azárov, que esta semana, después de dimitir, se trasladó en avión privado a aquel país donde su hijo tiene negocios. “Occidente es muy hipócrita porque acoge a los políticos que nos roban y protege sus cuentas”, afirma Yuri.

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El precio del metro cuadrado en Kiev sobrepasó los cinco mil dólares antes de la crisis, pero ahora el sector de la construcción está parado a la espera de lo que suceda, afirma el empresario. Yuri confirma la existencia de los “vigilantes”, personajes que como su nombre indica vigilan la actividad de la administración y advierten “a quien corresponde” de los negocios que podrían ser de su interés. “Lo mejor es no llamar la atención, no emprender negocios importantes, porque cualquier obra de envergadura despierta la atención de los “vigilantes” ¿Acaso no existía eso en tiempos del presidente Víctor Yúshenko y la primera ministra Yulia Timoshenko? “No de esta forma sistemática, afirma, porque estaban demasiado ocupados luchando entre ellos”.


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Opina Yuri que Yanukóvich tiene miedo a utilizar el Ejército contra los revolucionarios. “¿Se imagina? En el occidente del país o bien los soldados se pasarían al pueblo o bien el pueblo los desarmaría y pasaría a luchar contra el Ejército. Sería la guerra civil garantizada”, señala.
Nos internamos en el terreno resbaladizo de la identidad y de las relaciones de Ucrania con Rusia: Para él, ser ucraniano no es una cuestión de pasaporte, sino “una manera de ser y de ver el mundo”. La lengua materna de Yuri es el ruso, y el ucranio lo aprendió de mayor. No le importaría que el ruso fuera cooficial, aunque cree que eso sería difícil de aceptar en las regiones del oeste del país.
Piensa Yuri que la pasividad de las regiones orientales y rusoparlantes de Ucrania se debe a los horrores del Golodomor, la hambruna artificial provocada por Stalin en los años treinta, que no afectó a las regiones occidentales que fueron parte del imperio austrohúngaro hasta 1918 y de Polonia, hasta 1939.
“Ucrania y Belorrusia son la reserva eslava de Rusia, que se está convirtiendo en un país musulmán”, dice. Yuri tiene su versión-- asegura haberla oído a gente con cargos-- sobre las conversaciones secretas mantenidas por los presidentes Vladimir Putin y Víctor Yanukóvich el pasado otoño. No hubo amenazas, explica, sino confidencias sobre una traición. Putin, dice, le habría dejado escuchar a Yanukóvich un fragmento obtenido por el espionaje ruso de una supuesta conversación de la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés François Hollande en la que ambos conspiraban contra el líder ucraniano: “Ahora hay que conseguir que Yanukóvich firme el tratado de Asociación con la EU y, en 2015 apoyamos a Vitali Klichkó y le echamos de la presidencia”. ¿Cómo sabe que esto es cierto? “Por el aplomo y la determinación que Yanukóvich mostró en Vilnius al rechazar de forma definitiva el acuerdo, dejando que sus interlocutores creyeran hasta el final que lo firmaría. Putin le metió el virus de la sospecha en el cuerpo y él se vengó”. ¿Putin utilizando las pruebas obtenidas mediante el espionaje, (su profesión del pasado) para indisponer a Yanukóvich contra los europeos? ¿Yanukovich como Otelo? ¿el acuerdo de Asociación con la EU como Desdémona? Y Edward Snowden, ¿podría tener un papel en esta trama? Como interpretación no está mal. Otra cosa es que sea verdad.

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Sobre el autor

, corresponsal en Rusia y países postsoviéticos desde 2001 y testigo de la "perestroika" durante su primera estancia como corresponsal en Moscú (1984-1997). Fue corresponsal en Alemania (1997-2001). Trabajó para la agencia Efe en Viena (1980-82).

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