Campaña light, política shock

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 17 nov 2011

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Esta campaña es realmente extraña. Debería servir, como todas, para contrastar opiniones y propuestas -más en un momento tan extraordinariamente complicado y convulso- y para lo que está sirviendo es para esperar el día 21. Según todos los recientes sondeos, el Partido Popular logrará una aplastante victoria electoral el próximo #20N, y Mariano Rajoy será el próximo presidente, con un liderazgo sin carisma. El sondeo, como concepto, se presenta ya como resultado y ha mutado su carácter probabilístico por el determinista. Corremos el riesgo que los votos parezcan trámites.

En 1933, Franklin Delano Roosevelt asumió el poder en Estados Unidos también con un enorme capital político y en medio de una gravísima crisis económica. Los estadounidenses de todas las tendencias políticas exigían una acción inmediata por la gran crisis económica que estaban pasando y Roosevelt respondió insistiendo en que debía ser juzgado 100 días después de entrar en el gobierno. Durante esos días, creó una serie de nuevos programas para los "primeros cien días" de la administración, en los que se reunió con el Congreso, el cual aceptó casi todas sus solicitudes legislativas. Desde entonces, los presidentes gozan de cierta “tregua política” en sus primeros 100 días. Pero, a partir de entonces, se exigen respuestas y soluciones. John Fitzgerald Kennedy, consciente de esta poderosa etiqueta temporal y política, le dio la vuelta y apretó las tuercas,  llegando a afirmar que: “Para hacer todas las políticas que un pueblo necesita no es suficiente 100 días, ni tan solo 1.000 días, ni incluso una legislatura. Quizás ni toda una vida. Por eso, es necesario que nos pongamos a trabajar inmediatamente”.

Pero el próximo presidente no tendrá tregua. Y la sociedad tampoco, a juzgar por las proféticas declaraciones de María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, y Presidenta de Castilla-La Mancha: “Las protestas serán inevitables cuando Rajoy haga lo que tenga que hacer”. Mariano Rajoy, que ha conseguido llegar al tramo final sin desvelar casi ninguna medida ya anuncia una política de choque, en la única entrevista en la que ha desvelado la naturaleza ejemplar, simbólica y contundente de sus primeras decisiones: “mi primera medida será un mensaje al país y a Europa de austeridad y de que vamos en serio”.

Esas medidas que propone, denominadas por el PSOE como agenda oculta, deberán ser rápidas y concisas, y tener una muy buena estrategia de comunicación. El mensaje del cambio a mejor que se ha estado repitiendo en campaña deberá ser confirmado en el gobierno, y deberá seguir usándose, no solo como mensaje, sino como realidad a los ojos de la ciudadanía. Cameron, en el Reino Unido no lo consiguió. Rajoy tendrá 100 días simbólicos, poderosísimos en la creación de marcos mentales y de profundas huellas en la opinión pública, pero  deberá actuar rápido para convencer: dentro y fuera. Los primeros gestos son determinantes. Zapatero a las 48 horas de tomar posesión anunciaba la retirada de Irak.

Actuar con rapidez es también la premisa táctica establecida por Milton Friedman, padre de la doctrina del shock que guía el capitalismo contemporáneo para imponer de forma irreversible los cambios en período de crisis. Friedman estimaba que una nueva Administración "dispone de seis a nueve meses para poner en marcha cambios legislativos importantes; si no aprovecha la oportunidad de actuar durante ese período concreto, no volverá a disfrutar de ocasión igual". Ése es el tiempo que tendrá Rajoy para dar un paso al frente y demostrar a los españoles, pero también al mundo, que la economía de España puede cambiar.

En su libro La doctrina del shock, de 2007, Naomi Klein, indica que esas políticas económicas abanderadas por Friedman (las usadas mayoritariamente por los países desarrollados) han alcanzado importancia en países con modelos de libre mercado, no porque fuesen populares o demandados sino a través de impactos en la psicología social con desastres o contingencias provocando que ante la conmoción y confusión se puedan hacer reformas impopulares. Klein cita, como alguna de estas perturbaciones, la Guerra de las Malvinas, el 11 de Septiembre, el Tsunami de 2004 en Indonesia, o la crisis del huracán Katrina que pudieron haber sido aprovechadas con la intención de empujar la aprobación de una serie de reformas.

Rajoy, si finalmente es elegido Presidente, dispondrá de mayorías electorales y parlamentarias que lo legitimaran y le garantizaran respaldo y apoyo a sus decisiones. Pero casi más importante que las mayorías tendrá a su favor un margen adicional de tolerancia social. La gravedad de la crisis económica y política hará que la sociedad tolere decisiones drásticas, casi traumáticas. Cómo utilice este colchón extra de confianza, para ir más allá de lo necesario, urgente o aceptable, marcará su gestión.

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Una entrada genial, como todas las de este blog. Solo un apunte: la palabra "mayormente" no existe. Muchas gracias por seguir escribiendo!!

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Sobre el autor

Antoni Gutiérrez-Rubí

es asesor de comunicación y consultor político. Recientemente acaba de publicar 'La política vigilada. La comunicación política en la era de Wikileaks'.
www.gutierrez-rubi.es.

Sobre el blog

Una mirada a la actualidad de la campaña electoral en clave de comunicación política y análisis estratégico.

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