Libro para la hoguera. Juan Ramón Jiménez inédito

Por: | 19 de enero de 2012

JRJNIños
En 1909, con 28 años, Juan Ramón Jiménez publicó un poemario titulado Olvidanzas I. Las hojas verdes que no se reeditó mientras vivió el poeta, fallecido en el exilio de Puerto Rico en 1958, dos años después de obtener el Nobel de literatura. Una década antes de su muerte, ya en el destierro, el propio Juan Ramón había escrito en la cubierta de uno de aquellos ejemplares: “Libro para la hoguera”. Y su firma. Él, no obstante, había seguido preparando poemas para ese título destinado retóricamente a las llamas. Era su costumbre: alimentar, corregir, ordenar y desordenar una obra distribuida en carpetas y que todavía hoy guarda muchos tesoros. 

La fundación que lleva su nombre en Moguer, el Archivo Histórico Nacional de Madrid y la Sala Zenobia-Juan Ramón de la universidad de Puerto Rico albergan versos, prosas, cartas, recortes, fotos y libros en vías de digitalización. No es, pues, extraño que la publicación de un volumen reconstruido coincida con el hallazgo de material originalmente destinado a él. Así, en breve aparecerá la tercera edición, ampliada con textos nuevos, de Libros de amor, una obra relativamente reciente. Por no hablar del segundo volumen de la impagable correspondencia del poeta, de próxima publicación por la Residencia de Estudiantes. Entretanto, enero tiene sus propios ritos y uno de los mejores llega por correo: un calendario de mesa de tirada reducida con inéditos de Juan Ramón Jiménez. Este año, siete. Uno de ellos es este, destinado a Olvidanzas. Las hojas de setiembre:


-DESPUÉS de tanto quererte

me voy a morir… Te digo

que me da pena la muerte

por no quedarme contigo.

 

-No tengas miedo… no llores…

me ha dicho Dios que mañana

vendrá un sol lleno de flores

a llamar a tu ventana!


-Después de quererte tanto

me voy a morir… Dios mío,

quitadme todo este espanto,

quitadme todo este frío!


-No te morirás… las brisas

volverán de la pradera

llenas de todas la risas

en flor de la primavera!


-Después de tanto quererte

no irás a gozar mis besos…

mi cuerpo huele ya a muerte

solo me quedan mis huesos.


-Tú eres un jardín, tú vienes 

y estás tan llena de flores

que yo no sé donde tienes

la rosa de tus dolores.


-Después de tanto quererte

no vas a gozar conmigo!

-No tengas miedo a la muerte

porque yo me iré contigo.


JRJOlvidanzasEl poema -que pide a gritos que lo cante un flamenco, por qué no Carmen Linares- debía formar parte de un libro que, como todos los escritos durante el regreso temporal de Juan Ramón a Moguer (1905-1912) y con Platero y yo trotando en su cabeza –se publicó en 1914-, supone un giro en la obra del poeta andaluz: menos jardines, más huertos, para entendernos. Calla el ruiseñor, suena la copla, dicen los expertos. La generación del 27 tomó buena nota.

Hace ya un siglo de aquello. De ahí la selección de inéditos que ha hecho este año Carmen Hernández-Pinzón, sobrina-nieta de JRJ y responsable de la herencia de un escritor discutido durante décadas pero hoy indiscutible: el señorito es ahora un señor. Si hoy ilustra los textos Valentín Albardíaz, antes fueron Benjamín Palencia o Gregorio Prieto los encargados de poner imagen a las hojillas de año nuevo enviadas puntualmente por la familia de Juan Ramón.

Puede que los poemas que han dejado de ser inéditos del todo para estar ahora sobre la mesa tasando JRJSombre los meses engrosen un día los libros para los que nacieron. Por lo pronto, ahí están. ¿Qué pensaría su autor sobre la idea de publicar en Internet? “Él publicó en todas partes”, dice su heredera. “Ya fuera en la revista de un colegio o en la revista de la Ford. Y eso que nunca tuvo coche”. Atenta a los tiempos, la propia Hernández-Pinzón ha acompañado los inéditos con un poema de esos mismos años publicado, este sí, en Elejías. Parece escrito ayer tarde por un hombre que -aquí se oye su voz- no quiere, dice, ser “grato, ni glorioso, ni fuerte”.


POBREZAS

PIENSO en los que no tienen amor, en los caídos,

en los que arrastran cruces de obligación y ausencia,

en la orfandad, en el desgarro de los nidos,

tibieza y paz y música de la existencia.


Pienso en las almas grises sin fruto ni simiente,

los cuerpos rotos por la rueda de la fortuna,

en los hombres que creen que la fuente es la fuente,

que la brisa es la brisa, que la luna es la luna…


Y la casa de sombras se me vuelve lúcida

Y no quiero ser grato, ni glorioso, ni fuerte;

en el rosal que da mis rosas a la vida,

abre una rosa con la belleza de la muerte.





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Sobre el blog

Como dios y el diablo viven en los detalles, en la letra pequeña de los contratos están los matices. Este blog habla de literatura desde esa perspectiva. A pie de página. Sin gritar demasiado.

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Javier Rodríguez Marcos

estudió filología, trabaja como periodista y es miope. Pero sigue leyendo. Forma parte del área de cultura del diario EL PAÍS y ha publicado media docena de libros, alguno incluso de poesía. De tener una teoría, podría resumirse en este viejo tuit de don Quijote: "Más vale un diente que un diamante".

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