Félix Romeo, el amor y las moscas

Por: | 07 de marzo de 2012

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Félix Romeo (derecha) y Javier Cercas fotografiados por Daniel Mordzinski.

Hay tres grandes temas en literatura: el amor, la muerte y las moscas. Algo así decía Augusto Monterroso, que alguna vez pensó hacer una antología en torno a ese tercer gran tema. Si alguien termina por hacerla algún día debería incluir a Félix Romeo, que antes de morir el 7 de octubre pasado, a los 43 años, había terminado el libro que se publica ahora: Noche de los enamorados (Mondadori). Allí puede leerse:

“Me pregunto cuándo empieza realmente la Historia, el momento en que el relato de los hechos deja de abrir heridas en las que hay huevos de mosca justo antes de eclosionar.

Cuando se publicó Amarillo, mi anterior libro, habían transcurrido dieciséis años desde el momento de los hechos, el suicidio de Chusé Izuel, e hizo que eclosionaran miles de moscas.

Todavía las estoy espantando.

Sin mucho éxito.

Han pasado dieciséis años desde que María Isabel fue asesinada”.

RomeoimagesCA4MEJ2FMaría Isabel es María Isabel Montesinos Torroba, estrangulada por su marido, Santiago Dulong, con el que Romeo coincidió en una celda del módulo 2 de la cárcel de Torrero. Condenado por negarse a hacer el servicio militar –insumisión lo llamaban y hoy parece ciencia ficción-, el escritor entró en esa cárcel en 1995, el 14 de febrero, día de los enamorados.

Del amor, de la muerte y de las moscas –las que pintó en la cubierta Lina Vila- habla el libro póstumo de Félix Romeo, empeñado en reconstruir una historia –la de Santiago y María Isabel- que los forenses, los jueces y los periodistas contaron con una mezcla de prejuicios e “imprecisión” que indigna al narrador (como le indignaba, según su amigo David Trueba, la mala prosa en la que habían redactado la sentencia que lo mandó a la cárcel). Noche de los enamorados, lo dice su propio autor, no es un juicio ni un ensayo sobre la justicia, es un “libro sobre las palabras” y sobre sus recuerdos, “nublados por el tiempo y por el mal olor”. Y por las moscas.

Aunque Romeo mismo rescata el modo en que convirtió parte de la historia de Dulong en ficción para su segunda novela, Discothèque –recién editada en bolsillo por Anagrama, lo mismo que la primera: Dibujos animados-, basta abrir Noche de los enamorados para emparentarlo con Amarillo (Plot, 2008), su tercer libro. Como en aquel, Romeo relata una muerte traumática –el suicidio de un amigo en aquella ocasión- recurriendo a una escritura seca en la que la memoria y los comentarios del autor conviven con crónicas de los periódicos, informes médicos, definiciones de diccionario, necrológicas o entradas del registro civil. Folios plagados de frases hechas que son a veces, dice, “un cuchillo que raspa el hielo”.

RomeoAmarillo3imagesCAVWZI0ENo obstante, la implicación personal del escritor era, por razones obvias, mucho mayor en Amarillo, cuya fuerza reside en lo que tiene de descarnado examen de conciencia por parte de alguien que no quiere mejorar su autorretrato. “Todo empieza con una pregunta: ¿cómo no me di cuenta de que te ibas a suicidar? De esta pregunta sale otra pregunta: ¿por qué tu muerte me produjo un alivio tan grande?”, se leía en Amarillo.

“Este libro se acabaría si dejara de hacerme preguntas”, se lee en Noche de los enamorados. En este caso las preguntas se dirigen a una sociedad capaz de convertir a la víctima en culpable por ser alcohólica o por haber sido prostituta o por tener la glotis “muy contraída” o por llevar unas tijeras en el bolso o por tener el pelo largo o por no ser una “personal normal”. O por estar muerta.

Noche de los enamorados tiene mucho de alegato civil sin moralina. A la capacidad microhistórica de Carlo Ginzburg –a cuya madre tradujo Romeo- para llegar hasta el fondo de un acontecimiento aparentemente banal se le suma una mezcla sin complejos de primera persona y prosa administrativa al estilo del Leonardo Sciascia de Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel, Muerte del inquisidor o, algo menos, El caso Moro.

Alguien que no se conforma con lo que le han contado. Eso es Félix Romeo en Noche de los enamorados. Eso suelen ser los grandes escritores.

 

NOTA FINAL. El Instituto Cervantes de París celebra hoy y mañana dos jornadas de homenaje a Félix Romeo. En ellas intervienen, entre otros, Ignacio Martínez de Pisón, David Trueba, Lina Vila, José María Conget, Jorge Sanz o Antón Castro. Muchos de ellos participan también en el volumen de homenaje ¡Viva Félix Romeo!, publicado por Mondadori junto a Noche de los enamorados. Daniel Mordzinski ha preparado además un vídeo con los retratos que le tomó a Romeo. Suyo es el publicado en la página 3 de Amarillo y suyo es el tríptico en el que se le ve en la cama con Javier Cercas.

Más que un ser humano, Félix Romeo parecía a veces un sistema solar, alguien capaz de presentarte gente por teléfono. Tal por eso ahora hay tanto planeta fuera de la órbita. Tal vez por eso el invierno está siendo tan raro. “Es raro, pero qué no es raro” (Noche de los enamorados, página 13).

 

Hay 1 Comentarios

Hola Javier. En este enlace verás una antología in progress sobre al presencia de la mosca en la literatura que lleva camino de ser algún día una referencia: http://descartemoselrevolver.com/biografia-de-una-mosca/

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Sobre el blog

Como dios y el diablo viven en los detalles, en la letra pequeña de los contratos están los matices. Este blog habla de literatura desde esa perspectiva. A pie de página. Sin gritar demasiado.

Sobre el autor

Javier Rodríguez Marcos

estudió filología, trabaja como periodista y es miope. Pero sigue leyendo. Forma parte del área de cultura del diario EL PAÍS y ha publicado media docena de libros, alguno incluso de poesía. De tener una teoría, podría resumirse en este viejo tuit de don Quijote: "Más vale un diente que un diamante".

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