La bondad no es trending topic

Por: | 16 de marzo de 2012

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“Era curioso, Leví y Yehudá eran unos grandes granujas, y había que andarse con cien ojos para que no te engañaran con los precios y la procedencia de los productos que vendían, pero al llegar la noche, cuando empezaban a hablar de sus andanzas, nadie era capaz de decir cosas más dulces y amables que ellos. ¡Qué extraño era el mundo! El engaño florecía en el corazón del amor; la luz guardaba frutos oscuros; los palacios,  estancias malditas; los sacerdotes se humillaban ante Dios, pero se comportaban como tiranos ante sus fieles; y las muchachas más puras se vendían como prostitutas. Todo era doble, nada era lo que parecía, el fuego daba calor en las noches de invierno pero destruía las casas y las cosechas, el agua que alimentaba los campos se llevaba a los niños ahogados, la mano que acariciaba era la misma que hería y robaba, las palabras de las más bellas historias les servían a los tiranos para insultar a sus esclavos. Los hombres eran víctimas y verdugos, reyes y sirvientes, pastores y ladrones de ganado. Tenían dos almas, una que todo lo recordaba y otra que sólo quería olvidar”.


GarzoFotoGustavo_Martin_GarzoAyer llegó a las librerías el libro al que pertenece este fragmento: Y que se duerma el mar (Lumen). Casi 20 años después de El lenguaje de las fuentes (1993), Gustavo Martín Garzo vuelve con esa novela a la historia de María y José. La Virgen María y San José, si prefieren. Si aquella novela era más de él, esta nueva es, indudablemente, de ella. Adolescente, viajera, fugitiva, un poco hada y muy Sherezade, la María embarazada de Y que se duerma el mar tiene miedo. Miedo de que a su hijo le espere un destino fuera de lo común, miedo de que se lo quiten, miedo de que no sea rutinariamente feliz, como un niño cualquiera.

Por supuesto, no hace falta ser creyente –ni crédulo- para comprender el reto que supone un libro así. Tampoco hace falta ser buena persona para apreciar el riesgo de enfrentarse a uno de los temas más difíciles, y menos rentables, de la literatura: la bondad. Llegados a este punto, escuchemos a Flannery O’Connor: “¿Quiénes son las buenas personas? Son muy difíciles de hallar. Entre tanto, tendremos que contentarnos con las malas personas, tan respetables que resultan horribles, tan horribles que resultan cómicas, tan cómicas que resultan patéticas, pero tan patéticas que sería horroroso tener piedad de ellas”.


Y-que-se-duerma-el-mar-9788426420640En 2004 Gustavo Martín Garzo escribió un prólogo para El hábito de ser, la GarzoCartasimagesCAOII8BM correspondencia de Flannery O’Connor publicada por la editorial Sígueme en traducción de Francisco Javier Molina de la Torre. Al año siguiente Lumen le pedía lo mismo para los Cuentos completos de la autora estadounidense, traducidos esta vez por Marcelo Covián, Celia Filipetto y Vida Ozores. Es difícil, por momentos, en la María de Y que se duerma el mar leyendo a O’Connor hablar de sus propios personajes: “Escribo para un auditorio que no sabe lo que es la gracia y que no la reconoce cuando la ve. Todos mis relatos tratan sobre la gracia en un personaje que no la desea, por eso la mayoría de la gente piensa que las historias son duras, sin esperanza, brutales”.

Flannery O’Connor no se anda por las ramas. Un día una lectora le escribió para reprocharle la negrura de sus relatos: “Lo que quiere el lector cuando llega a su casa es leer algo que eleve su corazón”. La escritora le respondió que si su corazón hubiera estado en el lugar adecuado sí se habría elevado”.

GarzoFlanneryimagesCAYB3ZXIMartín Garzo recuerda una conferencia en la que la autora de Un hombre bueno es difícil de encontrar explicaba los tres procedimientos que los estudiosos medievales tenían de enfrentarse a la exégesis bíblica: 1) el alegórico (los relatos y figuras bíblicas como representación de ideas abstractas). 2) el tropológico (en el que se daban cuentan de sus enseñanzas morales). 3) el analógico (en el que los textos tiene que ver con la vida divina y con la forma de los mortales de participar en ella). La tercera vía es la del artista, decía, porque le permite “enfrentarse al misterio de la vida ensanchando el escenario humano”.

A mí el escenario humano, la verdad, ya me parece bastante ancho, pero –siempre que no quieren legislar al respecto- admiro a los que creen en el misterio igual que un manco admira a un trapecista. Como diría Erri De Luca, que escribió su propia novela sobre la Virgen, “no doy crédito a los escritores sino a sus relatos”. Lo dice pensando en Yahvé y en la Biblia. A mí, con permiso, me pasa lo mismo. No creo en Dios pero a veces creo en la literatura. De acuerdo, solo a veces.

 

 

Hay 2 Comentarios

Muy interesante lo escrtito ,a mi tambien me gusta la literatura ,pero como dices al principio he perdido mucha capacidad de lectura,por diversos motivos ,tendria que volver a releer ,para asimilar.
Muchas gracias.

Me ha encantado leerle. Genial.

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Sobre el blog

Como dios y el diablo viven en los detalles, en la letra pequeña de los contratos están los matices. Este blog habla de literatura desde esa perspectiva. A pie de página. Sin gritar demasiado.

Sobre el autor

Javier Rodríguez Marcos

estudió filología, trabaja como periodista y es miope. Pero sigue leyendo. Forma parte del área de cultura del diario EL PAÍS y ha publicado media docena de libros, alguno incluso de poesía. De tener una teoría, podría resumirse en este viejo tuit de don Quijote: "Más vale un diente que un diamante".

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