El héroe toxicómano

Por: | 16 de abril de 2012

“X cogió la botella de la esquina de la repisa de la chimenea y sacó la jeringuilla hipodérmica del estuche de tafilete. Con los dedos largos, blancos y nerviosos ajustó la delicada aguja y se subió la manga izquierda de la camisa. Durante breves instantes sus ojos se posaron meditabundos en el brazo nervudo y en la muñeca, salpicados por cicatrices de innumerables pinchazos. Finalmente, se clavó a fondo la aguja afilada, presionó el minúsculo émbolo y se dejó caer en el sillón tapizado de terciopelo, con un largo suspiro de satisfacción”.

Pregunta: ¿quién es X?

Una pista: se trata de uno de los personajes más populares de la historia de la literatura, un clásico -jeringa incluida- de las colecciones de literatura juvenil.

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Respuesta: En efecto, Sherlock Holmes.

“Durante muchos meses yo había presenciado esta operación tres veces al día, pero la costumbre no había conseguido que mi mente la aceptara”. El que habla es Watson, que pregunta: “¿Qué ha sido hoy? ¿Morfina o cocaína?”. Y Holmes: “Es cocaína, una solución al 7%. ¿Quiere probarla?”.

Watson no quiere. Es médico, conoce el efecto de la cocaína sobre “los tejidos” y, además, todavía no se ha recuperado, dice, de la campaña de Afganistán.

Pese a las advertencias de Watson, no deja de sorprender que ese párrafo sea el primero de El signo de los cuatro, una de las novelas más reeditadas de la historia desde que en 1890 Arthur Conan Doyle continuara con ella las aventuras del detective que, tres años antes, había echado a andar con Estudio en escarlata. Un largo siglo después, no extraña la pregunta de Graham Greene: “¿Qué autor popular podría presentar en la actualidad de manera tan brusca el héroe como drogadicto sin provocar protestas por parte de su público?”

SherlockDebolsilloimagesCAAHAR00Si no hace tanto que Akal culminó su Sherlock Holmes anotado en la edición de Leslie S. Klinger y con traducción de Lucía Márquez de la Plata y Silvana Appeceix, Debolsillo acaba de lanzar cinco volúmenes traducidos por Esther Tusquets Guillén. Desde la cubierta, la nueva colección está asociada a la reciente serie de la BBC y, de hecho, la introducción de El signo de los cuatro corre a cargo de Martin Freeman (Watson) –Holmes es Benedict Cumberbatch-. Al contrario que el historicista de Guy Ritchie con Robert Downey Jr. y Jude Law, el Sherlock (sin Holmes en el título) de la BBC transcurre en la actualidad, lo que hace posible, por ejemplo, que un siglo después Watson haya vuelto de otra guerra de Afganistán.

En su preliminar, tres folios, Freeman reconoce que no había leído ni uno solo de los relatos originales cuando le propusieron el papel. Al tiempo revela su miedo a que Holmes se convirtiera en algo guay: “Y no en un guay bueno, sino en un guay televisivo”. El primer problema, con todo, había sido el significado de moderno para la persona que le propuso participar en “una adaptación moderna de Sherlock Holmes”. ¿Deducciones en forma de rap? ¿Holmes y Watson recorriendo las calles de Londres en un Lexus para encontrarse con Lestrade, una lesbiana en silla de ruedas que almuerza drogas duras? “De hecho”, escribe con gracia, “si hacemos caso a lo que dijeron en el Daily Mail sobre la serie, eso es precisamente lo que hicimos”.



HouseimagesCA9Z487UAhora que dicen que la narrativa tradicional se ha mudado a las series de televisión tal vez convenga viajar a las fuentes, porque gente como Conan Doyle puso, sin mayores pretensiones, el listón bien alto a la hora de construir personajes y diálogos. Salieran estos de la farmacia –bien lo sabe el doctor House- o de la biblioteca. “Estamos acostumbrados a ver que los hombres desprecian lo que no comprenden”, dice Holmes en El signo de los cuatro citando a Goethe… en alemán. Mucho más tarde volverá a citarlo para fijar su autorretrato: “Desgraciadamente la naturaleza solo hizo de ti un hombre, aunque había material tanto para un hombre bueno como para un sinvergüenza”. Él mismo se encarga de criticar a Watson por haberse pasado con la fantasía en “un folleto” sobre sus aventuras titulado, precisamente, Estudio en escarlata: “Le he echado un vistazo. Para ser sincero, no puedo felicitarle por su escrito. La investigación detectivesca es, o debería ser, una ciencia exacta, y tendría que tratarse de la misma manera fría y desapasionada. Usted ha intentado darle un tinte romántico, lo cual produce el mismo efecto que si hubiera introducido una historia de amor o un rapto en la quinta proposición de Euclides”.

Lo dicho, un moderno que no había visto la HBO ni la FOX ni la BBC.

 

Hay 6 Comentarios

"El signo de los cuatro" es, como lo dice el articulista, la segunda novela de SH; y, como la primera, pasó más bien desapercibida. Sólo a partir de la publicación de la primera serie de novelas cortas (que se abre con "Un escándalo en Bohemia"), el personaje alcanzó una popularidad que ya no perdería. Malamente pues podía abrir esa segunda novela de un personaje apenas conocido "convirtiéndolo en yonqui como una manera de vengarse" de una popularidad entonces inexistente.

@LuisL: Por favor, bájate de la higuera con cuidado, que te has subido bastante alto. Partiendo de la base poco conocida que existe; consumo, abuso problemático y toxicomanía, y que una cosa no es la otra. Lo que describe el relato de A.C.D. es o un problema de abuso o una toxicomanía y no el mero consumo lúdico. La anotación donde eximia a S.H. del abuso de drogas con la disculpa del aburrimiento es insostenible, teniendo en cuenta que la cocaína crea adicción física y psicológica, y de la física, por muy entretenido que esté no se libra ni el tato.

correcto nono, Sir Arthur Conan Doyle termino odiando a su personaje, esta era una manera de vengarse, cuando mas famoso era sherlock, mas le odiaba

Y porqué Sherlock Holmes era un "yonqui" se describe en este artículo como el autor no tenía ningún problema en tachar al personaje de esa manera, podría no haberlo hecho, sin embargo convierte un heroe en toxicómano, Sir Arthur aspiraba a ser un gran poeta, pero como la aspiración no se pagaba creo a Holmes para ir tirando mientras escribía otra clase de literatura, como esta no lograba despuntar, Sherlock Holmes se iba haciendo famoso obligandolo a seguir escribiendo de él, algo que Sir Arthur Conan Doyle empezó a odiar y con ello a su personaje, convertirlo en un "yonqui" fue una de las varias maneras que tuvo de vengarse.

Sherlock Holmes es un drogadicto "ad hoc" Usando la droga en su favor, y no al contrario (como nos pasaría al resto de mortales). Cuando tiene la mente ocupada en algún asunto, esas drogas desaparecen por completo de sus prioridades. Pese a todo, algunas situaciones son muy chocantes: riéndose completamente colocado, con la mirada ida, con/de el peculiar Brunton, el mayordomo de su viejo amigo de universidad Reginald Musgrave, un sirviente que está mucho mas cultivado que su señor.

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Sobre el blog

Como dios y el diablo viven en los detalles, en la letra pequeña de los contratos están los matices. Este blog habla de literatura desde esa perspectiva. A pie de página. Sin gritar demasiado.

Sobre el autor

Javier Rodríguez Marcos

estudió filología, trabaja como periodista y es miope. Pero sigue leyendo. Forma parte del área de cultura del diario EL PAÍS y ha publicado media docena de libros, alguno incluso de poesía. De tener una teoría, podría resumirse en este viejo tuit de don Quijote: "Más vale un diente que un diamante".

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