¿Puede pensar una máquina?

Por: | 15 de noviembre de 2012

 

¿Puede pensar una máquina? Esa es la pregunta que planteó el matemático Alan Turing durante la conferencia que impartió ante miembros del National Physical Laboratory de Londres en 1947. Tres años más tarde la publicó la revista Mind con el título original: “Computing Machinery and Intelligence” y este año la editorial KRK la ha publicado en traducción de Amador Antón y Manuel Garrido usando la famosa pregunta como título. ¿La respuesta? Doctores tiene la santa madre lógica matemática, pero el llamado test de Turing viene a decir que podría pensar aquella que incluida de incógnito en una conversación entre seres humanos no pudiera distinguirse de uno de ellos. Twitter sería un buen lugar para el experimento.

El caso es que este año Turing hubiera cumplido 100 años y todo el mundo –el analógico y el digital- celebra a un precursor de la informática y de la inteligencia artificial, un hombre de genio y de película. Y de disco.

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Turing, el disco

El disco es Un dígito binario dudoso, firmado por Hidrogenesse. Lo que sigue lo dijimos en la sección Tentaciones de este mismo periódico cuando apareció el disco. Va de nuevo el arranque porque contiene los datos básicos sobre Alan Turing (vida y milagros). El vídeo que encabeza esta entrada es de la canción  que cierra el disco: Historia del mundo contada por las computadoras. Decía así:

“Turing cree que las máquinas piensan. Turing se acuesta con hombres”. Esas dos frases (ahora versos de una canción) marcaron el ascenso y caída de Alan Turing, el matemático inglés que imaginó la inteligencia artificial y creó una máquina precursora de los ordenadores actuales. Este año se cumple el centenario de aquel héroe nacional repudiado, un científico del que el Gobierno británico se valió durante la Segunda Guerra Mundial para descifrar los códigos nazis –¿se acuerdan de la máquina Enigma?— y al que luego condenó por homosexual y sometió a la castración química. Fue en 1952, otro aniversario. Dos años más tarde Turing se suicidó.

Undigitobinariodudoso“Los méritos públicos son secretos. Los detalles personales son públicos”, canta Hidrogenesse en su tercer LP. Genís Segarra (mitad de Astrud; algún día habrá que dejar de añadir esto a su nombre) y Carlos Ballesteros ya consiguieron poner música electrónica a la barroca fábula del Polifemo (Gimnástica passiva, 2002) antes de firmar el sublime Animalitos (2007), y ahora han conseguido ponérsela a la tragedia de Turing en Un dígito binario dudoso". Y sigue.

Turing, la exposición

Hasta julio del año que viene puede verse en el Museo de la Ciencia de Londres la exposición  Codebreaker – Alan Turing's life and legacy, una muestra que produce una fascinación inversamente proporcional a su tamaño: en un espacio más que abarcable están el prototipo del ACE (Automatic Computer Engine);  sus hazañas como maratoniano (el “atleta electrónico”, llegaron a llamarlo); las cartas a la madre de Chistopher –su gran pasión de genio adolescente (también sale en el disco)-; su paso por Cambridge (donde coincidió con Wittgenstein, 23 años mayor que él); sus trabajos sobre la morfogénesis y, por supuesto, los grandes enigmas que le rodean: uno es una máquina; otro, una forma de morir.

Turing, la muerte

¿Envenenamiento? ¿Suicidio? Turing murió envenenado con cianuro. A su lado tenía una manzana mordida que sirve a Hidrogenesse para mandarle un beso que lo despierte como a Blancanieves y que ha servido para especular con el hecho de que el símbolo de Apple venga de aquella manzana. Algunos incluso dicen que él mismo pudo inyectar el veneno en la pieza de fruta. La exposición de Londres sostiene que seguramente la usó para mitigar el mal sabor del veneno. Eso si decidió tomarlo voluntariamente. Su madre nunca creyó la versión del suicidio. Fue el 7 de junio de 1954. Un lunes. lo recuerda con escalofriante precisión en un vídeo recogido en la muestra Bernard Richards, alumno suyo de doctorado en Manchester: tenía una cita para trabajar con él. No ha olvidado aquel día.

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Turing, la máquina

La máquina es el Enigma, un artilugio usado por los nazis durante la II Guerra Mundial para transmitir mensajes secretos. Para descifrarlos, Turing fue reclutado por el Gobierno británico, que lo envío a Bletchely Park, en Buckinhamshire. Por allí llegaron a pasar hasta 8.000 personas, afanadas en descifrar códigos. No todos eran científicos. J. R. R. Tolkien, el autor de El señor de los anillos, fue llamado pero no quiso ir.

Sobre la máquina Enigma escribió Robert Harris una novela (en Debolsillo) ligera pero fascinante. En el Science Museum pueden verse dos modelos originales de la máquina y una copia, la reproducción que se usó en el rodaje de la película. La dirigió Michael Apted con guión de Tom Stoppard.

 

Turign, el secreto

La Revista de Occidente publicó un número doble este verano coordinado por el semiólogo Jorge Lozano con el tema de “El secreto”. El espectro de Turing recorría sus páginas. Algo dijimos también de él, y de la televisión, JFK, Thomas Pynchon y Wikileaks: "Hace casi dos décadas el Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos estimó que solo el Departamento de Energía de ese país almacenaba 280 millones de páginas clasificadas que tardarían 9.000 años en revisarse", arrancaba. Aquí, el resto.

Turing, el científico

Todo lo anterior es un Turing real pero de novela. El Turing que más ha influido en nuestras vidas es objeto de un blog colectivo -allí puede leerse la famosa conferencia en la versión de Mind- en este mismo periódico. El año de Turing, se llama. Y se presenta así: "La informática a la que recurrimos para tuitear o hacernos una resonancia magnética es en esencia Alan Turing, uno de los científicos más importantes de la Historia".

Turing, el pensador

De nuevo, ¿puede pensar una máquina? El texto de Turing en la edición de KRK se abre con tres citas. Estas:

“El pensar está muy lejos del saber” (Proverbio)

“Ten cuidado cuando el gran Dios deja suelto a un pensador sobre este planeta” (Emerson)

“Porque es una diversión hacer que los ingenieros sean catapultados por sus propios morteros”. (Shakespeare)

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Asombroso ver como hemos evolucionado y de donde partimos.

Cuando la imprenta lanzó a la venta los primeros libros, en muchos sitios los quemaban porque decian que eran la perdición de las almas.
Luego se vió que no, que los libros llevaron el conocimiento enlatado a mucha gente, repitiendo siempre de forma exacta a cada lector los mismos principios.
Ya fuera poesía, prosa, ensayo, física o matemáticas.
Cada vez que se abrían allí estaban como un reloj hoja tras hoja.
Luego llegó la calculadora, y el ordenador.
Los juegos, las simulaciones y el desarrollo informático.
Una sucesión de premisas y resultados lógicos según las variables aportadas.
De ahí a la inteligencia artificial queda un paso.
Otra cosa es la continuidad y el mantenimiento sostenido por el autómata.
Pero es que aun estamos en la prehistoria de los automatismos, los híbridos y las simbiosis.
O sea que da miedo el invento, y peor lo que pueda llegar a ser el personal del mañana.
Porque locos simpre hubo y siempre habrá.

Claro Pedro, claro, pídele a tus maquinitas que te fabriquen una flor.

Con las máquinas hemos conseguido emular a la naturaleza, por lo tanto, en un futuro podremos crear máquinas que emulen a las personas, ya las hay, pero son muy primitivas. Quizás más que hacer máquinas inteligentes, lo que necesitamos son máquinas más eficientes y el final de la evolución humana será la fusión con la máquina, cuando eso suceda, no habrá situación, espacio o tiempo que nos detenga, nos convertiremos en dioses.

venga ya

Es muy cierto, todos le debemos a este precursor de la informática, gracias a su invento, se inicio la era de la informática y la computación.

"No sabemos si la inteligencia no és lo suficientemente inteligente para entenderse a si misma, o, por el contrario, es lo suficientemente inteligente para no hacerlo"

Sólo una palabra: Programación. Y la recomendación de un buen libro al respecto: Entre lobos y autómatas: La causa del hombre. Gómez Pin, Victor. Espasa, 2006. Y de regalo una cita del mismo autor: “El hombre es un milagro evolutivo y no hay máquina que lo emule”. Salud (y humanismo)

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Letra Pequeña

Sobre el blog

Como dios y el diablo viven en los detalles, en la letra pequeña de los contratos están los matices. Este blog habla de literatura desde esa perspectiva. A pie de página. Sin gritar demasiado.

Sobre el autor

Javier Rodríguez Marcos

estudió filología, trabaja como periodista y es miope. Pero sigue leyendo. Forma parte del área de cultura del diario EL PAÍS y ha publicado media docena de libros, alguno incluso de poesía. De tener una teoría, podría resumirse en este viejo tuit de don Quijote: "Más vale un diente que un diamante".

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