Lluis Bassets

John I el deseado

Por: | 15 de agosto de 2007

Del alfiler al elefante

Por MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

El misterio Kennedy pertenece más a un capítulo de la cultura de la imagen que a un capítulo sobre ciencia política. De momento, los códigos de lectura de carismas están poco afinados, apenas sí se dan a nivel de laboratorio, y Kennedy soporta valoraciones políticas que son insuficientes. Bajo su reinado florecieron las artes y las letras, según reza la vieja fórmula de los libros de texto al hablar de reyes afables y poco guerreros. Pero también bajo el reinado de Kennedy la humanidad vivió una de las situaciones bajo el reinado de las más graves de su precaria existencia: la llamada crisis del Caribe. Kennedy ha tenido la suerte de que la clientela olvidara los disgustos que dio y sólo recuerde sus facetas agradables. O tal vez no se trate de suerte, sino de una extraña habilidad sólo al alcance de expertos en la ciencia de sí mismos.

Y sin embargo, es posible hacer una valoración objetiva de la significación de Kennedy al frente del sistema mundial capitalista. La II Guerra Mundial había dejado establecido el punto de arranque de una nueva redivisión mundial en la que la hegemonía la compartían soviéticos y norteamericanos. Los malos modos que siguieron a la muerte de Roosevelt han sido injustamente atribuidos a la escasa educación política de Truman o a las escasas luces de Eisenhower, cuando de hecho ambos presidentes se comportaron según la lógica de la situación. Estados Unidos se había convertido en el gran gendarme de un sistema mundial lleno de agujeros y destrucciones consecuencia de la guerra. Hasta que no se hicieron los remiendos suficientes y se repararon las trincheras estructurales para oponer a los avances del comunismo, no pudo retomarse la senda de la coexistencia que habían empezado a abrir Stalin y Roosevelt.

Guerras de contención como la de Corea y Grecia, o acciones imperiales como las de Guatemala, Irán o Líbano, o represión interior contra el marxismo y los nuevos radicales, no fueron medidas fruto de la “maldad” o “bondad” de determinadas personalidades políticas, sino fruto de la necesaria estrategia de un sistema para sobrevivir. Kennedy incidió en un momento en que era necesario un cambio de táctica, un cambio que veían precisamente los elementos más lúcidos del sistema y al que se oponían los que más intereses tenían comprometidos con las viejas fórmulas de actuación.

Delalfileralelefante_15 Los objetivos históricos de Kennedy eran los de Foster Dulles. Cambiaba la forma de conseguirlos, porque previamente habían cambiado condiciones objetivas fundamentales: apuntalamiento económico de Europa, ordenación de la economía soviética hacia la producción de bienes de consumo, capacidad para controlar las independencias nacionales del Tercer Mundo, establecimiento de la lógica armamentista de la “disuasión mutua”. Sobre esta base, Kennedy y su equipo comprendieron que debían reformar el estatuto de dependencia con los países colonizados, en parte para frenar tensiones políticas, “pero fundamentalmente para convertirlos no sólo en fuentes copadas de materias primas, sino en mercados con poder adquisitivo para comprar los productos elaborados en la metrópoli. Y en cuanto a la política interior, el kennedysmo trató de integrar en el sistema los brotes del nuevo radicalismo americano, expresión de tensiones peculiares derivadas de una realidad nacional peculiar e intransferible a los esquemas del análisis marxista clásico.

Kennedy se dio cuenta de la necesidad de la “reforma” en el seno de un país que aún no era consciente de ello. Su victoria electoral fue escasa. Su auténtica victoria electoral fue postmortem, en parte por la morbosa nostalgia, pero también en parte porque sus sucesores, al abandonar el kennedysmo como forma de actuación, retrasaron la evidencia de que la gran reforma era necesaria. Kissinger no ha hecho otra que ultimar las líneas kennedystas de política exterior, realismo que no ha presidido en cambio las actuaciones de Johnson y Nixon en política interior o en la relación con Latinoamérica. Desde la perspectiva de un “occidentalista” convencido, podría decirse que Kennedy trató de hacer en 1960 lo que será inevitable afrontar en 1980. Veinte años de retraso en la asunción de la realidad no son muchos años, si tenemos en cuenta que con la asunción de la realidad se van a perder buena parte de los beneficios que se obtienen al ignorarla cotidianamente.

22 de noviembre de 1973. Tele/eXpres

A Manuel Vázquez Montalbán, primera entrada del blog (21 de abril)

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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