Lluis Bassets

Una novela negra berlinesa

Por: | 02 de junio de 2009

Las ironías de la historia se convierten con frecuencia en bromas pesadas. Karl-Heinz Kurras, el policía de Berlín occidental que mató al estudiante izquierdista Benno Ohnesorg, el 2 de junio de 1967, hoy se cumplen exactamente 42 años, resulta que era un agente de la Seguridad del Estado, la temida Stasi, del régimen comunista de la República Democrática de Alemania. La identidad del autor del disparo no es un detalle menor, por cuanto la muerte del estudiante, que se manifestaba contra la presencia del Sha de Persia, Mohamed Reza Palehvi, en Berlín, desencadenó una amplia movilización juvenil y desembocó en la aparición de un sangriento grupo terrorista, la RAF (Rote Armée Fraktion), protagonista de una oleada de terrorismo que produjo más de medio centenar de víctimas y enervó hasta un punto preocupante los reflejos autoritarios que pretendía combatir.

Hasta tal punto se convirtió la fecha del 2 de junio en un hito que llegó a dar nombre al movimiento estudiantil que protagonizó el 68 alemán. Es curioso el contraste con Francia, donde fueron las protestas en la Universidad de Nanterre, en las afueras de París, contra los dormitorios estudiantiles separados por sexos, las que hicieron saltar la chispa del 68, dándole también el nombre de una fecha, 22 de Marzo. Destacados dirigentes del movimiento que surgió en Berlín hace 42 años pasaron a engrosar las filas terroristas, algo que no ocurrió en Francia.

La doble identidad del homicida de Ohnesorg, de 81 años, todavía en vida y habitante de Spandau (Berlín), se ha conocido gracias a los trabajos de dos investigadores dedicados a hurgar en los archivos de la Stasi, que acaban de publicar un artículo en la revista Deustchland Archiv de este pasado mes de mayo, en el que incluyen la reproducción del carnet de Kurras como militante comunista. El artículo da muchos datos sobre su biografía e incluso su carácter y nada permite deducir que el régimen comunista estuviera detrás del crimen o ni tan sólo que lo aprobara; al contrario: el agente doble fue apartado inmediatamente del servicio y su acción condenada.

La historia de este agente doble es un tema típicamente berlinés, propio para una película o una novela sobre los años de la Guerra Fría. Basta reseñar que Kurras tenía como enlace a Charlotte Müller, una vieja dama comunista y estalinista, de origen austríaco y ex deportada a Ravensbrück, que viajaba con frecuencia a Spandau para visitar a una hermana. Con el sobrenombre de Lotti, la jefa del espía no tan sólo recogía la información que recibía del agente doble sino que le instruía ideológicamente. No hay que echar mucha imaginación para convertir los encuentros de Lotti y Otto Bohl, el sobrenombre de Kurras como agente, en una secuencia digna de ‘La vida de los otros’.

La revelación de estos hechos ilumina nuestra idea sobre el conocimiento de la realidad histórica con una luz inquietante. Permite pensar que conocemos sólo una fracción muy limitada de los datos necesarios para interpretar cómo han ocurrido las cosas y alimenta así las teorías paranoides sobre conspiraciones y secretos. Ha sido una auténtica casualidad que los investigadores hayan dado con estos datos y hayan podido ofrecerlos públicamente. De ahí que quepa preguntarse sobre cuántos datos de este calibre se escurren por los desagües de la documentación y de los archivos mal cuidados o destruidos.

Pero plantea además otra cuestión todavía más turbadora: ¿qué habría sucedido de haberse conocido la identidad del homicida muchos antes, no digamos ya inmediatamente después, de aquellos hechos sangrientos? Esta pregunta se acerca ya al problema de la nariz de Cleopatra, de la que el ‘caso Kurras’ es quizás un buen ejemplo. Der Spiegel ha llegado a esquematizar la disyuntiva histórica de forma un tanto tosca, pero en cualquier caso significativa: “Ahora hay dos versiones sobre lo que podía haber sucedido en Alemania. La izquierda está convencida de que de sin el movimiento de 1968, el país estaría todavía fosilizado, rígido, sólo democrático a medias, misógino y reprimido sexualmente. Los conservadores, por su parte, creen que sin el 68 la Alemania moderna habría tenido más niños, mejores escuelas y mejores comportamientos”.

Algunas conclusiones provisionales que cabe deducir. Primera: Kurras fue un agente importante, que ejemplifica muy bien hasta qué punto los servicios secretos del famoso Markus Wolf tenían horadada a la policía y al Estado del Oeste. Segunda: muchos policías y agentes secretos de un lado y del otro podían ser intercambiables, sobre todo en sus relaciones con las armas y el restablecimiento del orden. Kurras disparó a Ohnesorg en la nuca probablemente cuando se hallaba ya en el suelo, después de ser apaleado por la policía, pero después alegó sin prueba alguna y contra todos los testigos del grave incidente, que había sido atacado por un grupo de manifestantes con cuchillos y palos.

Hay una declaración, al día siguiente de los hechos sangrientos, que ilumina de forma inconfundible lo ocurrido. Pertenece precisamente a Mohamed Reza Palehvi y es un consejo de despedida al alcalde de la ciudad: “Tiene que disparar mucho más todavía. Las cosas volverán a la normalidad en seguida”. Doce años después el Sha fue derrocado y tuvo que escapar al exilio.

(Enlaces: con la primera noticia aparecida en la Frankfurter Algemeine Zeitung, versión digital; con el artículo de los historiadores que han realizado el descubrimiento; con la presentación de la historia en inglés, tal como la ha visto Der Spiegel).

Hay 1 Comentarios

Repasar la historia es sumamente interesante a la vez que fascinante.
Pero para los periodistas en particular es mucho más gratificante escribir la historia tal y cuando sucede......esa es la grandeza del periodismo......desafortunadamente un paraíso geriatrico!
Un saludo.....Manuel

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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