Lluis Bassets

El blog de Mariano José de Larra, 1

Por: | 08 de julio de 2009

Tiempos de crisis

Probablemente no sea éste el mejor momento para realizar una seria reflexión sobre los medios de comunicación y su función social en el siglo XXI. Estamos quizás en el punto más sombrío y difícil de una recesión mundial, desencadenada por el estallido de una crisis financiera en Estados Unidos, que pronto se convirtió en un colapso de la liquidez global, alcanzó al conjunto del sistema financiero mundial y a la vez, en una u otra medida, a todas las economías, en muchos casos a través de sus problemas específicos, como es el estallido de la burbuja inmobiliaria en España o la caída del consumo y de los precios de la energía en el caso de Rusia y los grandes productores de gas y petróleo. También alcanza a todos los sectores, aunque en este caso hay que señalar que algunos por su centralidad, como el financiero, y otros por su fragilidad, como la automoción o la comunicación, han recibido un impacto especialmente intenso, además de ofrecer especiales incógnitas sobre su futuro.

Los mejores momentos para reflexionar sobre una crisis son los anteriores, cuando todavía no ha sucedido y aún hay tiempo para intentar prepararse para encajarla en buenas condiciones, o después, cuando ya todo ha pasado y nos sirve para extraer las lecciones correspondientes. Pero las crisis suelen llegar de improviso, sin mucho tiempo ni márgenes para reaccionar. Y ésta además no es una crisis como las otras. Por su origen, en el mismo centro del sistema. Por su carácter global. Por la dificultad para calibrar su profundidad y prever su duración. Por su imbricación con el agotamiento de un modelo de política económica, quizás incluso de unos modelos productivos y de las pautas de crecimiento comúnmente adoptadas, y por la obsolescencia de los conceptos que han actuado como dogmas de fe durante los últimos 30 años: el gobierno era el problema, no la solución; las bajadas de impuestos debían producir aumentos de competitividad; la desregulación y la privatización debían ser las claves de unas economías prósperas y saneadas.

Y tampoco es una crisis como las otras porque afecta a los medios de comunicación de forma muy especial. Estamos en sociedades mediáticas, en las que la función de los medios ha dejado de ser hace ya mucho tiempo la mera comunicación y se han convertido en el escenario donde actúan todos los agentes sociales, políticos y económicos, un escenario que es a su vez protagonista él mismo. Los medios son un negocio, pero también instituciones desde donde se organiza el acceso a la información y el pluralismo. Pero no son un mero espejo que refleja, sino un actor social y político e incluso en muchas ocasiones el principal actor social y político. Y en la evolución económica que estamos comentando podemos pensar que, como en cualquier otro proceso, han actuado también como agentes de la crisis, como reflejo de la crisis y como sujetos y por tanto víctimas ellos mismos de la crisis, de forma que el acceso a la información y la organización del pluralismo pueden sufrir como efecto de las circunstancias económicas.

Quizás no es el mejor momento, pues, para hacer la necesaria reflexión sobre el rumbo de los medios de comunicación en el siglo XXI, pero no hay más remedio, no tenemos otro, no hay mucho tiempo más que perder. Los periodistas hemos mirado el mundo con frecuencia excesiva como lo que les sucede a los otros. No suele gustarnos ni nos conviene el protagonismo; y si lo adoptamos es como una licencia literaria, un truco o técnica más para mejor narrar lo que está sucediendo. Salvo excepciones notables y con frecuencia penosas, solemos resguardar nuestro narcisismo de la mirada lectora. Desde hace un tiempo, sin embargo, nosotros mismos y los medios de comunicación que utilizamos para expresarnos nos hemos convertido en protagonistas. Y tiene toda la lógica que así sea.

(Este texto es la primera entrega que publico en el blog del artículo que aparece en el número de julio-agosto de la revista Claves de la Razón Práctica. Se trata de la adaptación de la conferencia pronunciada en Ávila. el 25 de mayo de 2009, dentro del ciclo “Los medios de comunicación al servicio del siglo XXI”, con motivo de los actos del bicentenario de Mariano José de Larra).

Hay 7 Comentarios

Es tan claro como la difernecia entre un circuito cerrado y otro abierto. Si el periodismo en la red abre paso a todas las opiniones recibidas -este blog aún se reserva el derecho de aprobar o no los comentarios-, el resultado rompe barreras en lo que se conoce hasta el momento por participación compartida. En mi opinión, lo mismo ha de valer para las políticas y los gobiernos que hay por ahí. El márchamo de la historia que estamos viviendo tras la aparición de internet es que precisamente todo esto no es un experimento con gaseosa y no es inocuo, sino que se puede transpolar como pauta de actuación a todos y cada uno de los ámbitos de la realidad. Como sea verdad lo que estoy diciendo, se acabaron los tapones en todas las estructuras coercitivas y de poder. Las actuaciones económicas al margen de toda deontología, habrán dejado de ser invulnerables y los gobiernos títere, estarán condenados a no durar porque su fortaleza es incompatible con la que genera la transversalidad.
"La tierra da sus frutos, y no sufriréis necesidad si aprendéis a colmar sólo vuestras manos. Antes tendréis abundancia y cumplida satisfacción." (K. Gibran). Debemos agradecer al buen periodismo su gran contribución a la difusión de las ideas con imparcialidad.

En las circunstancias actuales estamos en un punto de inflexión de no retorno y de salto a lo desconocido, donde todo está por hacer y entredicho en todos los ámbitos y localizaciones. La situación real es que vamos a realizar un tránsito complejo lleno de ambigüedades y falto de compromisos concretos a verlas venir, y a ver que dicen y hacen los demás.

Es verdad, tanto está mutando todo que no queda más remedio que reflexionar sobre muchas cosas, y principalmente sobre los medios de comunicación, como pilares sociales que son y serán claves en el siglo XXI, el nuevo siglo de las luces, sin duda. Ya es hora de que el periodismo sea algo más que la tarea de unos pocos –aunque destaquen por su sabiduría y sus actitudes democráticas–, para así darle de una vez por todas protagonismo a los distintos y múltiples y plurales actores del mundo actual. Es una tarea ingente, ya se sabe, pues la comunicación en su sentido más amplio está y seguirá estando hiperramificada. Pero que siga así, ya que la libertad y el conocimiento nos permita ser permanentemente ciudadanos activos si el dial en donde nos movemos no tiene alambradas. ¿No es esto la utopía?

¿Dónde se va a buscar a comienzos del S.XXI la noticia?
La noticia ya no está en la calle. La noticia se busca en los propios medios. Hasta el punto de convertirse esta situación en disparate.
La mayor parte de la sociedad entiende que si una realidad no se plantea en los medios, ni es noticia, ni existe a efectos.
El censor es el propio medio cuando el medio representa y responde casi en exclusiva a los intereses de las clases que detentan el poder económico y político.
Y cualquier tentativa comunitaria alejada de este poder que también detenta lo social, se escapa a la Ciudadanía que adoptó los valores que las clases dominantes desearon. Principalmente la comodidad revetida de rentabilidad. Pero lamentablemente también se pierde la notoriedad. Y sin posibilidad de notoriedad el periodismo deja de serlo.
Entiendo que una de las cuestiones claves que deja al descubierto la realidad inmediata es el papel del periodista.
La preocupación de que si fuera del concepto tan manido de corporativismo con el que se ahoga el de solidaridad, está luchando por su profesión.
Un periodista no puede trabajar bajo la asunción ignorada de una censura. Y por otra parte,es dificil dirigirse a una clase social sin conciencia ni deseo de serlo.
Si las clases dominantes detentan el poder de los medios, y el lector- en este caso- no es consciente de ello;no es posible que se desarrolle la capacidad crítica necesaria para establecer un clima de objetividad.
En la medida de que los periodistas ejerzan su profesión sin miedo al disparo a la pérdida a efectos de su licencia, e incluso a la del pan; se podrá tratar la cuestión de los MCM sin tener que privarlo de su papel de servicio a la sociedad.
La sociedad española tiene la responsabilidad de trabajar para que su Pais se desarrolle en este sentido.

Y teniendo en cuenta que si todos quisiéramos ser burguesía se perdería la humanidad, el trabajo a mi entender, es de base.

Corresponde al periodista el trabajar para que las condiciones de su trabajo respondan en buena medida a las de su profesión, y al lector, oyente o televidente, el exigir que el medio responda a la realidad de un Estado de derecho, y a la de una democracia.
La cuestión que me planteo es hasta qué punto los medios de comunicación podrán llevar a cabo su función social durante este siglo.

La bella danza de las palabras
El azar siempre está al acecho y no siempre se puede contar con el acierto o la inspiración de la química individual, tanto para recibir como para ofrecer.

Contemplar la belleza de la danza de las palabras al son de The Mummers' Dance o Marco Polo de Loreena McKennitt del álbum The Book of Secrets o las Flores en el mar de Jorge Drexler del álbum Llueve, son todo un éxtasis de la imaginación, difícilmente superable por cualquiera de los placeres que se puedan convocar y disfrutar por los sentidos y el tacto.

Apropiarse para el propio goce, disfrute y conveniencia del sentido y signo del chance, supone la máxima expresión de libertad a salvo de toda sospecha. Cualquier recompensa es insignificante comparado con el placer de sentir en la punta de los dedos los límites del universo en su máxima grandeza, dimensión y esplendor, si se dispone de la sensibilidad necesaria y de la fuerza de los valores que proporcionan el equilibrio de los sentidos y el alma.

Habitualmente, un gesto, una breve conversación, una frase o un bello texto, proporcionan el suficiente impulso y motivación para desear seguir estando vivo con alegría a pesar de la precaria existencia.

Desde hacía varios días llevaba rondando por mis neuronas, parecido al presente texto, y mira por dónde, vete a saber porqué, hoy, Del Alfiler al Elefante de Lluís Bassets, con su dubitativa danza, más allá de la limitación del escenario, incita el vuelo de la bailarina que a mucho esfuerzo agita mi imaginación. Vaya pues, mi agradecimiento sincero a Lluís por su acierto, que no siendo el primero, sí lo es para mí en cuanto a reconocimiento y gratitud por su regalo.

Advierte Lluís a los lectores, que probablemente no sea éste el mejor momento, aunque no hay más remedio, pues, no hay mucho tiempo más que perder. Y añadiría yo, ni qué ganar.

Así, esperaré las siguientes entregas de modo que siga disfrutando de la danza y la música con la que modela sus figuras.

Mil Gracias Lluís.

me ha interesado mucho aunque sólo sea la introducción.
gracias

Tengo tan sólo una pregunta: ¿A partir de ahora todos podemos ser periodistas?

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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