Lluis Bassets

El blog de Mariano José de Larra, 6

Por: | 21 de julio de 2009

 La pérdida de la confianza

La crisis actual es en gran parte producto de la pérdida de confianza de los ciudadanos en sus dirigentes. No únicamente sus dirigentes políticos, elegidos en las urnas, sino sobre todo e incluso principalmente sus dirigentes no electos: empresarios, líderes de opinión, ejecutivos de las empresas y, sobre todo, los periodistas, identificados cada vez más con la élite y con la clase dirigente, incapaces de resguardar su imagen y de evitar la identificación con los poderosos. Los periodistas formamos parte de la elite del poder, a diferencia de lo que sucedía hace unas décadas, cuando nuestra imagen era todo lo contrario y éramos los tábanos del poder.

Esta crisis, vista desde la prensa, se debe también a la pérdida de credibilidad, al caudal de confianza de los lectores perdido en estos últimos años sobre cuyas causas no voy a extenderme porque requeriría tanto espacio como el que ya he empleado ahora. De ahí que mi lectura profesional de este momento de tanta agitación conduzca a renovar los códigos de las mejores prácticas que se conocen en el oficio y que son los que lo han elevado a sus mejores momentos, al igual que su trasgresión y relajamiento es lo que le ha llevado, entre otras cosas, al estado actual de decaimiento y falta de orientación sobre su futuro.

Pero hay a la vez una cuestión factual, más constatación que explicación: la crisis del periodismo se produce en el mismo momento en que cae su valor tanto para las empresas como para los usuarios. Estos últimos porque consideran que es una mercancía gratuita a la que todos tienen derecho y aquéllos porque su tendencia natural a la hora de enfrentarse con la crisis es disminuir la inversión en contenidos.

En la etapa anterior, cuando la crisis de la prensa estaba camuflada bajo la potente actuación de los departamentos de marketing, las empresas ya habían empezado a perder su fe en el periodismo, pero todavía no se manifestaba con la actual virulencia. La pérdida de fe de las viejas empresas en los periodistas se ha renovado con las nuevas empresas tecnológicas, igualmente descreídas respecto a los periodistas y a sus dichosos contenidos. El sueño de la redacción sin periodistas se ha hecho ya realidad con los agregadores y buscadores que actúan como portales adaptados además a los gustos de cada uno de los lectores. La relación comercial y comunicativa se concibe nítida y con rentas maximizadas, sin mediaciones inútiles. Pero estos agregadores de noticias son de una calidad ínfima por el escaso nivel de comprobación de las noticias y por la ausencia de selecciones, jerarquizaciones y análisis.

Esta situación favorece directamente a las nuevas empresas tecnológicas que centran su valor en la atracción del mayor número de usuarios posibles actuando como buscadores y agregadores. Y lleva al exterminio de las empresas de medios tradicionales. La iniciativa en el sector de medios no está ahora en manos de estas viejas empresas en ningún país del mundo; son, por el contrario, las empresas tecnológicas, de origen absolutamente ajeno a los medios, las que cuentan con planes que inciden en la transformación del panorama mediático.

El modelo más perfecto y exitoso es Google, que se ha convertido en un monopolio tecnológico y publicitario cuyo crecimiento imparable actúa como depredador de los medios tradicionales en sus dos vertientes: les roba los contenidos y la publicidad y les obliga a someterse a su dictadura para participar en sus retornos publicitarios.

Las dificultades de los medios tradicionales para rentabilizar sus contenidos en Internet parecen insalvables: todavía no se sabe cómo podría organizarse un sistema de micropagos eficaces que financie el reporterismo de calidad. La creación de fundaciones o sociedades sin ánimo de lucro para que se hagan cargo de los periódicos es una de las teorías ahora en circulación, sobre todo en Estados Unidos. Pero esta salida plantea el peligro que ofrece todo periodismo subvencionado, como sucede con la eventualidad de que se quiera salir de la crisis con ayudas públicas.

Pero la alternativa es muy clara y se corresponde perfectamente a la salida de la crisis. Hay que dar valor de nuevo a los contenidos de calidad. Sin asignar un precio a los activos que definen nuestro negocio desaparece cualquier posibilidad de beneficio y de gratificación por los contenidos a sus creadores.

El público debe terminar pagando por las noticias, los reportajes y los artículos originales. Tiene explicación que la gratuidad abarque la información en bruto a disposición de todos. Pero el periodismo original, los análisis, la creación periodística y literaria en su más amplia acepción, deben encontrar una forma de financiación. Y hasta que no suceda seguirá la acción devastadora de la crisis.

Estamos ciertamente a un paso de un mundo sin nosotros (los periodistas). Empecemos a imaginarlo. Sin noticias ni reportajes. Todo publicidad y propaganda. Todo rumor e intoxicación. Próximo en cierta forma a lo que hemos sufrido los últimos ocho años con Bush y sus neocons, que inventaron las armas de destrucción masiva para atacar Irak, intentaron convencernos de que se puede torturar legalmente y creyeron que su imperio era tan fuerte como para inventar la realidad.

Recordemos un ya famoso principio de los tiempos de su hegemonía, los años de Bush, enunciado por uno de sus consejeros, probablemente Karl Rove, y recogido por el periodista Ron Suskind en su libro 'El precio de la lealtad': “Ahora somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras vosotros estudiáis esa realidad, de forma racional, nosotros actuamos de nuevo creando otras realidades, que también podéis estudiar, y así es como son las cosas. Somos protagonistas de la historia, y vosotros, todos vosotros, os quedaréis ahí estudiando lo que nosotros hagamos”.

Afortunadamente esta experiencia ha terminado, y ha terminado mal para los ‘creadores de nuevas realidades’, que también hemos conocido en España. Los periodistas, a pesar de todo, nos hemos recuperado de este episodio y hemos podido salir del agujero negro neocon. Pero la experiencia debe servirnos para mantener la guardia alta ante lo que nos espera.

Los nuevos medios que tenemos ya en nuestras manos tienen muchas ventajas y atractivos: permiten una mayor transparencia, se acercan a la utopía de terminar con la división del trabajo entre emisores y receptores, permiten la intervención inmediata y de urgencia, rompen la jerarquía institucional, subvierten el orden establecido; pero a la vez facilitan la manipulación demagógica, la relación directa entre un jefe y la plebe, la mezcla de géneros, no distinguen entre lo real y lo imaginado, lo veraz y lo verosímil, y son emborronadores de la verdad porque arrancan del rumor del zoco y de la calle y con mucha frecuencia no son capaces de salir de ellos.

El bloguero francés Loic Le Meur tiene un lema en su blog muy claro, en la línea de twitter y facebook: los medios tradicionales mandan mensajes, los nuevos empiezan conversaciones. Si esto nos conduce a organizar un periodismo conversacional, hay que decir que se trata de un género o de una actividad todavía en mantillas, en la que está todo por hacer.

La conversación democrática, basada en un uso extensivo e intensivo de las nuevas tecnologías, ha sido también una de las ideas centrales en la victoria de Obama y en su concepto de la acción política, aunque hay que notar que se trata de un concepto ambiguo, con el atractivo de la democracia participativa y deliberativa, pero que puede derivar también fácilmente hacia una falsa conversación todavía más jerárquica entre el jefe y la masa.

(Este texto es la sexta entrega que publico en el blog del artículo que aparece en el actual número de julio-agosto de la revista Claves de la Razón Práctica. Se trata de la adaptación de la conferencia pronunciada en Ávila. el 25 de mayo de 2009, dentro del ciclo “Los medios de comunicación al servicio del siglo XXI”, con motivo de los actos del bicentenario de Mariano José de Larra).

Hay 6 Comentarios

Completamente de acuerdo. Yo pienso que además se desarrollaran los aspectos gráficos de la información y las noticias hasta ahora históricas pasarán a un segundo plano porque la realidad de las cosas que ocurran a partir de ahora se informarán con luz y no con palabras.

"“Ahora somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras vosotros estudiáis esa realidad, de forma racional, nosotros actuamos de nuevo creando otras realidades, que también podéis estudiar, y así es como son las cosas. Somos protagonistas de la historia, y vosotros, todos vosotros, os quedaréis ahí estudiando lo que nosotros hagamos”.

Afortunadamente esta experiencia ha terminado, y ha terminado mal para los ‘creadores de nuevas realidades’, que también hemos conocido en España. Los periodistas, a pesar de todo, nos hemos recuperado de este episodio y hemos podido salir del agujero negro neocon."


Hola lluís:
permíteme ejercer de periodísta modérno e inície una conversación,es un decir pues sé que no me contestarás;
muy interesante tu post y de acuerdo con casi todo,permíteme sólo una cuestión.De verdad crees que como dices todo se acabó o más bien tocaba maquillarse de negro para que todo siga igual.
No hay más que mirar a esa parte del mundo y ver que todavía no ha cambiado nada.
En fin,no sé es lo que yo veo.
Soy consciente de que este no era el tema principal pero claro, si se mete en el jardín alguna flor va a romper.
Ves porqué se pierde confianza en vosotros.
Un saludo.

Como siempre Sr Bassets,muy bueno su comentario y muy ajustado a lo que "esta"pasando en el mundo-al menos lector de prensa escrita-

Lo que pasa,casi siempre que estos mundos,como los otros,tienen a su vez sus submundos que tienen sus propias peculiaridades,aunque se vean afectados por los mundos o paises que lideran al mundo GLOBAL.

...y en el "caso" español,creo no es lo mismo que el ingles,lector de siempre de varios periodicos que se veran reducidos a menos,pero que seguiran teniendo sus lectores.

Igual paso con las revistas españoles,empezamos con Cambio16 con mucho empuje y muchas mas y ahora,casi todas han desaparecido o son de poquisimos lectores y menos influencias.

Por contra Alemania,tambien tiene varios periodicos que ahi estan y siguen y como no varias revistas que ahi estan y siguen,con mas o menos circulacion.

En España,no olviden Don Luis de donde venimos,de los tiempos de Larra que para comer caliente las pasaba canutas.....y en 30 años a donde hemos llegado,bien es cierto que hemos pasado de

"nuevos ricos" a casa Bien venida a menos y ello tiene que afectar a la prensa

Esperemos que a unos mas y a otro menos y al final que lo que quede sea mucho mejor,incluidos sus periodistas.

Estimado Lluís, resumo largo para evitar exceder el texto incitador de inicio.

Si esta opinión es generalizada, en principio debemos convenir, plantearnos serias dudas en cuanto a la diana de la pérdida de confianza, como producto en la parte que sea, de la crisis actual, de las definiciones relacionadas socioeconómicas y la vigencia y propiedades atribuidas al dinero como medio.

Probablemente sea más aproximado a cuanto sucede que, la velocidad del progreso en todos los aspectos de la vida diaria, nos ha obligado a modificar conductas de comportamiento sin apenas tiempo en asimilarlas y menos aun en prepararnos para colocarlas en su aproximado lugar.

Los aparatos, ingenios electrónicos, empresas, productos, servicios y así casi todo lo demás, han pasado de hacer sólo una función a realizar todo en uno, y lo que es peor, esta usabilidad de las cosas, se ha pretendido trasladar a las personas en similar modus operandi como si fuéramos cosas.

Así podemos ver que, muchas cosas sirven o hacen muchas cosas para casi todo el mundo, pero evidentemente no podemos decir lo mismo de que la conducta de las personas puedan actuar ni parecido de igual forma.

La disfunción de las cosas creadas por el ser humano con el propio ser humano y el entorno son evidentes y, son en primer lugar la causa esencial de la actual crisis y tragedia humana.
La modernidad y el progreso nos ha desbordado sin tiempo y capacidad de asimilación y lo que es peor, sin haber organizado la logística y el avituallamiento.

Diseñar el nuevo marco de actuación de la humanidad con las diferentes funciones y definiciones de la ocupación, el incentivo, la producción, el beneficio, la motivación y cuanto sea necesario, sin duda es todo un reto de la humanidad.

Hay mucho realizado y se cuenta con multitud de medios y avances tecnológicos, se trataría de intentar actuar de menos a más en orden y grado de prioridades, preferencias y localizaciones geográficas, conviniendo y aceptando que, es esencial, se aglutine y añada el conocimiento de cualquiera de las personas, colectivos y diferentes grupos de ciencias, sin condicionantes idearios, en el máximo aprovechamiento del conocimiento con la finalidad de promover que entre cualquier de ellas o varias surjan ideas que permitan avanzar en el progreso de la civilización

Nuevamente agradecer a Lluís, por compartir sus textos y blog. Gracias y saludos.

Nos cuentas, Lluís, que "la crisis actual es en gran parte producto de la pérdida de confianza de los ciudadanos en sus dirigentes", entre los que te incluyes, aunque no tengo claro si como uno de los "líderes de opinión" (la etiqueta que te dio acceso a Davos) o como uno más de los "periodistas" que formáis "parte de la elite del poder". ¿No es lo mismo? Érais, dices, "los tábanos del poder" "hace unas décadas". ¿Y quién tiene la culpa de que hayáis dejado de serlo? Ah, los ciudadanos. Como la tienen de que les roben el sustento sus dirigentes empresariales, y les dejen sin techo sus dirigentes bancarios. ¡Estos ciudadanos infieles! Con lo bien que les iría si siguieran creyendo... y pagando, sobre todo pagando: "el público debe terminar pagando por las noticias", ¡qué putada que sus dirigentes lo hayáis dejado sin dinero para hacerlo!

...continuará.

Obama es un caso excepcional en un momento puntual de la historia que demostrará el cambio generacional y de confianza que USA está viviendo

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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