Lluis Bassets

Las palabras rechazan la Gran Coalición, pero no los gestos

Por: | 14 de septiembre de 2009

No es fácil conseguir que un primer ministro y su número dos y ministro de Exteriores, personas que trabajan cada día codo a codo, hagan un paréntesis y se enzarcen de pronto en una pelea descomunal como les gusta a los votantes en todos los países. De ahí que el debate ayer entre la canciller Angela Merkel, candidata de la CDU-CSU, y el vicecanciller Frank-Walter Steinmeier, candidato del SPD, transcurriera por las mismas sendas de extremada cortesía, notables dosis de aburrimiento y escasa polarización con que está funcionando toda la campaña electoral. La fórmula elegida para celebrar el único debate de esta campaña se las trae; cuatro periodistas, uno por cada una de las cadenas que retransmitieron el debate en directo, interrogaron a los dos candidatos: las escasas asperezas del debate se produjeron entre los políticos y los periodistas, que interrumpían y repreguntaban no siempre a gusto del interrogado.

Contrasta el protagonismo periodístico alemán con su marginación en los debates españoles, donde el control de los temas y el tiempo de los candidatos, y a veces se diría que incluso las preguntas, corre a cargo de los equipos de campaña y es una única cadena la que lo transmite. Pero contrasta también con los abundantes debates norteamericanos, donde el enfrentamiento directo entre los candidatos es lo esencial a lo que se supedita todo el resto. Anoche parecía un debate de primarias pero al revés, en vez de un panel de candidatos interrogados por dos periodistas, un panel de periodistas charlatanes interrogando a dos educados políticos. El debate anima un poco la campaña, pero difícilmente la radicaliza alrededor de los dos grandes partidos representados por la canciller y el vicecanciller, algo que sólo se consigue cuando hay choque frontal de posiciones. Los beneficiarios de tal situación son los partidos que no salen en pantalla, los pequeños, que crecen a costa de la monotonía de posiciones políticas de los grandes.

El resultado del debate fue así una confirmación de que la Gran Coalición puede seguir funcionando si la aritmética electoral la acompaña. Nada hay en lo que dijeron los dos candidatos que la desaconseje. Ambos coinciden en el balance positivo de los cuatro últimos años de gobierno juntos. El solapamiento de posiciones en numerosas cuestiones -en relación a la crisis económica o la presencia militar en Afganistán, por ejemplo- y su capacidad de graduar y ajustar las diferencias -sobre el sueldo mínimo y la energía nuclear- son evidentes. El único mensaje particular es que cada uno de ellos quisiera ser quien dirigiera la próxima etapa y tener las manos libres para realizar la política de alianzas más conveniente para sus intereses. Lo que dice Merkel es que prefiere a otro socio para salir más rápidamente de la crisis y volver a crear puestos de trabajo, a lo que Steinmeier responde que quienes mejor pueden realizar la tarea son los socialdemócratas, y en ningún caso los liberales partidarios de las viejas fórmulas que han conducido a la actual situación.

Para Angela Merkel la opción preferida es obligadamente la coalición con los liberales, ante los que ella misma se presenta como garantía social y defensora del papel del Estado como guardián de los equilibrios sociales ante los desmanes de la globalización. Fue lo que defendió en la anterior campaña en 2005, aunque no pudo llevarlo a efecto ante unos resultados insuficientes. Y es la fórmula de coalición más característica en la historia de la Alemania federal, con la que se ha gobernado en distintas etapas durante 26 años. Nadie entendería, entre el electorado conservador sobre todo, una campaña dirigida de entrada a asociarse con sus rivales históricos para repetir la Gran Coalición. Tampoco puede defenderla Steinmeier, y asegura con todo el aplomo que es una fórmula provisional que no hay que repetir, a pesar de que es la única que por el momento parece a su alcance, después de once años de participación del SPD en el gobierno, durante siete años en coalición con los verdes y los últimos cuatro con los cristiano demócratas.

Leo a través de twitter que una primera encuesta entre los televidentes da por vencedor al socialdemócrata, aunque por escaso margen 31 a 28 por ciento, mientras que un 40 por ciento no da vencedor a ninguno de los dos. Otra da la victoria a Merkel por 37 a 35. Si alguien podía sacar ventaja de un encuentro de tan limitado margen de enfrentamiento era Steinmeier, que aspiraba a crecer como aspirante a la cancillería, mientras que la señora Merkel, reconocida ya como líder de la coalición, difícilmente podía sostener su posición sin subrayar la contradicción entre su gobierno con unos y su propuesta electoral con otros. Aunque la misma contradicción afecta a Steinmeier, obligado a callar sobre la coalición futura y a fingir que espera una victoria sobre Merkel que ninguna encuesta le proporciona.

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De El País, 14 sept 2009, Latinoamérica pide al Consejo de Derechos Humanos de la ONU la expulsión del embajador hondureño

"El embajador de México ante la ONU en Ginebra, Juan Gómez Camacho, habló en representación del Grupo Latinoamericano para señalar que "no estamos dispuestos a permitir que ningún pueblo de la región experimente cambios antidemocráticos"."

Lo interesante es que nadie nota la hipocresía absoluta de los sinvergüenzas. Los tiranos y antidemocráticos gobernantes son casi mayoría absoluta en "latino" América y hacen grupo en contra del único país que les ha hecho frente protegiendo su sistema democrático. A esta pacotilla de impresentables se suman Obama y Zp, pareja de nefastos incompetentes.

Como Obama dijo acusando a Bush de incompetencia en la protección del país: "¿Donde está Osama bin Laden?" ¿Qué le ha pasado al Gran Querído Lider del Mundo? ¿Ocho meses y no puede encontrar a un simple barbudo?

Recuerdo claramente a Obama en Berlin gritar y orar (al estilo de ya saben quién) prometiendo que el dia que fuese elegido el dióxido de carbono desaparecería, el océano bajaría de nivel, la tierra dejaría de calentarse, y la paz volvería al mundo. Su audiencia de "nuevos" alemanes se volvía loca de felicidad (reforzada por salchicha y cerveza gratis.) Ya casi un año ha pasado, y todo continua peor. Ha destruido la economía de USA, comprometido su seguridad, dañado las relaciones raciales, y se ha delatado como un triste farsante y mentiroso.

Nadie le gana a los sociocomunistas en hablar, pero para gobernar en bien de los países son miserables incompetentes, y esto incluye a los políticos alemanes. Ya hemos visto de lo que son capaces.


Imagino, Lluïs, que se trata de nuestra particular cultura política: acostumbrada en sus inicios al control de los medios (en las dos primeras campañas que se hicieron, en el 77 y en el 79) y a la ausencia de debates entre candidatos por el paso de la etapa de "propiedad institucional" y consenso a la de una fase en la que el PSOE, aupado en una mayoría abrumadora, no consideró necesario (ni el país, dañado en su fibra de ciudadanía) llevar adelante el tipo de debates que pueden verse en Alemania ahora o se vieron en Francia hace dos años. Recuerda que el primer gran debate fue el que enfrentó a Aznar y a Felipe González, y creo que estamos hablando de 1996...En un país como el nuestro en el que, además, a escala central, lo que nos caracteriza es la ausencia de una coalición y la permanencia de situaciones decoaliciones tácticas que se van perpetuando. Fuera, claro está, de los ámbitos de alguna autonomía (las menos).

No resulta extraño que, a pesar de la importancia que tiene Alemania en la constante "fabricación" de Europa, estemos mucho más atentos a lo que sucede en Francia o en Italia. Muchos ciudadanos que no podrían decir quién es el actual candidato del SPD, saben perfectamente quién se presenta a las presidenciales francesas o a las italianas. No es sólo cuestión de idioma, sino del alejamiento con respecto a todo lo que es la cultura alemana: formados en la lectura del francés y el italiano, incluso en temas literarios, la sociedad alemana nos resulta menos cercana, más enigmática. Y sin conocer su cultura, sus opciones políticas nos resultan menos comprensibles. Somos capaces de decir algo sobre Berlusconi aludiendo a la cultura del clientelismo y el populismo. Somos capaces de expresar una opinión sobre Sarkozy haciendo referencia a la presidencia imperial y a la tradición gaullista restaurada (con pérdidas letales para le Pen). Pero ¿somos capaces de comentar lo que dice Lluïs, cuando se refiere a la posibilidad de que Merkel pueda presentarse como garantía "social" frente a los liberales? ¿No implica eso conocer la concepción de una cultura del pacto social (con un solo sindicato, la DGB, en la que militan obreros de todas las corrientes políticas), de esa "economía social de mercado" que consideró necesario poner la democracia a buen recaudo de un conflicto entre intereses marcados, alternativos, como ocurría en Francoa y en Italia, en los años cincuenta y sesenta? Esa vinculación de la CDU a ser un partido que se ve a sí mismo como de "tercera vía", como lo que toda Democracia Cristiana deseaba ser en sus inicios, es lo que permite la coalición con el SPD que sorprendió en 1966 y ha podido sorprender ahora, a no ser que se tenga en cuenta ese carácter. El FDP, como sabe bien él y saben sus votantes, no es más que la equivalencia al espacio de los partidos "laicos" italianos, en especial antes de que llegara la coalición con los socialistas en 1963. Un partido dedicado a defender el interés de sectores de clase media acomodada, desde unas condiciones de poder que le han permitido dos cambios de gobierno, en 1969 y en 1982. Más lógica su alianza con la CDU, pero más incómoda su situación desde que los Verdes se presentan como el "perverso poliformo", alejado de las posiciones de su etapa de maduración y convertido en partido postmaterialista, nada alejado de los intereses de sectores de clase media ilustrada que recela de cualquier readicalismo y quiere crear el espacio de una izquierda moderada y, sobre todo, laica: es decir, ajena a la confesión de liberalismo, socialdemocracia o democracia cristiana en que ha consistido la organización política occidental desde 1945.

¿Por qué la política tiene que ser espectáculo para que no la llamemos aburrida? ¿Preferimos estrellas de cine haciendo campañas o políticos?
http://enclaveinternacional.wordpress.com/

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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