Lluis Bassets

Límites y reglas

Por: | 16 de octubre de 2009

El poderoso siempre intenta escaparse, encontrar un punto de fuga por donde se produzca la expansión de su poder, conseguir una ley especial que sólo valga para él. Sólo se salvan quienes se incorporan humildemente al servicio de la comunidad, aceptando los límites, comprometiéndose a someterse a las reglas y añadiendo un plus además de autocontención y de prudencia. Son muy pocos. En el panorama europeo soy capaz de señalar a una persona sin mucho riesgo de equivocarme: Angela Merkel. El sistema contribuye, no hay duda, pero no basta. Sus dos predecesores, Helmut Kohl y Gerhard Schroeder, no demostraron las mismas virtudes. Alemania tiene probablemente el Estado de derecho más sofisticado y equilibrado y la democracia más fina entre todos los grandes países; pero no basta. Lo definitivo es la persona, su carácter, su formación, sus ideas y valores.

Estoy leyendo el segundo volumen de las memorias de Jordi Pujol, que ha presidido el Gobierno de la Generalitat de Catalunya durante 23 años y sabe muy bien lo que es el poder, aunque en su caso haya contado con una limitación de principio, constitucional, por el carácter territorial y subordinado que tiene todo gobierno autonómico. En mi lectura he subrayado un párrafo donde habla de la fugacidad del poder y de la política y asegura que “hemos de tener presente aquellos versos del canto XXIV de ‘La pell de brau’ de Salvador Espriu que rezan: ‘Si et criden a guiar/ un breu moment/ del mil.lenari pas/ de les generacions…’ y que en la cuarta estrofa dicen: ‘No esperis mai/ deixar record,/ car ets tan sols/ el més humil/ dels servidors’.

Gran parte de los poderosos de hoy no creo que quieran dejar recuerdo alguno. Les importa un pimiento la historia y la memoria futura. Pero están dispuestos a sacar provecho del poder hasta apurar sus heces. Ensanchar los límites, fabricar una regla propia y única para su caso y reírse además de lo que vaya a quedar luego. Sin esto no es explica eso que Saramago llama el fascismo con corbata de Armani de Berlusconi. Tampoco la monarquía electiva y regaliana de Sarkozy, que concede títulos y prebendas como en el anrtiguo régimen, empezando por su propio hijo. Ni la personalización del poder de la que hacen gala muchos políticos aquí y allí, entre otros nuestro querido Zapatero.

Necesitamos gobiernos de las leyes, rules of law, no gobiernos de los hombres. Esta verdad tan elemental hay que repetirla una y otra vez porque la realidad nos demuestra un día sí y otro también cuán lejos estamos todavía de este grado de civilización. Y baste como último ejemplo de tal comportamiento arcaico y despótico la forma tan hispánica de despachar el embrollo en que se había metido el presidente valenciano, Francisco Camps, con el caso Gürtel. Rajoy ha demostrado también que los límites y las reglas sirven mientras sirven, y cuando no son útiles funciona el cuartelero ordeno y mando y el consejo de guerra sumarísimo y sin contemplaciones. Ar!

(Es la primera, pero no será la última vez, que aluda o escriba sobre este libro de Jordi Pujol, titulado 'Tiempo de construir. Memorias (1980-1993)', Destino. Para quien no tenga suficiente conocimiento de catalán, añado la traducción de los versos de Espriu que vienen en la nota de pie de página de la edición castellana: 'Si eres llamado a dirigir/ un breve momento/ del milenario paso/ de las generaciones/ (...) no esperes nunca/ dejar recuerdo/ pues eres solamente/ el más humilde/ de los servidores'.)

Hay 4 Comentarios

Estoy totalmente de acuerdo con el articulo, aunque trabajo en en una gran ciudad, suy de un pequeño pueblo, del cual hay dos politicos que han saltado a puestos politicos de cierta relevancia nacional, conozco perfectamente a las dos y son de lo malo lo peor, cuando me entre de ambos casos no podia dar credito, por ello animo al sr BASSETS, que siga en esta linea, a la ver que se lo agradrzco, somos pocos los que luchamos a favor de los valores esenciales y basicos de toda sociedad moderna pero estoy seguro que lo iremos consiguiendo.

Cada persona tiene sus ritmos y tiempo vital para sus necesidades. Aprender a adaptarlo e integrarlo en su entorno es una de las claves de la felicidad y el éxito. Muy pocos hombre y mujeres han existido en la historia de la humanidad que fueran capaces de ser humildes servidores de los ciudadanos, pues como bien dices Lluís, pero en otro sentido, aun estamos muy lejos de alcanzar la sociedad del conocimiento de queremos ser, y así dominar a la sociedad de la pasiones y el tener. El camino será largo y tortuoso, pues la carne es débil a los placeres de la imaginación, que ceden fácilmente al esfuerzo de la inteligencia que además es para siempre. Gracias y saludos para todos…

La cita de Espriú es bonita, y las memorias de Pujol seguro que serán sabrosas. Yo, humildemente, sin embargo no recuerdo al Pujol visto por televisión como un servidor más del pueblo sino como un guía. Con gestos de humildad, como vivir en un domicilio particular y no en un palacete, pero también con vicios de poderoso: el enchufe familiar, los negocios. Alguien capaz de bajarse de coche oficial y abroncar a los obreros que se manifestaban por una regulación de empleo. Alguien que escenificaba perfectamente la epopeya del hombre corriente, con sus tics y sus cargas familiares, pero no olvidaba que él y los suyos eran los encargados de trazar el camino del futuro, el camino que habrían de transitar los ciudadanos, más súbditos que iguales. Ahora que caigo, la biografía que le dedicó José Antich, hoy director de "La Vanguardia", se titulaba "El virrey". Tuvo gran poder. Puede que su figura pública fuese la del hombre corriente con gran sentido común, pero de puertas hacia dentro no lo tengo tan claro.

La humildad no es una virtud de los políticos.Y aquellos que de verdad poseen espíritu de servicio, aún menos.Lamentablemente se valen de la función pública para medrar en su propio beneficio.Que existan una Angela Merkel, una Michelle Bachelet nos alientan a esperar que surjan algunos más.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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