Lluis Bassets

La última moda viene de Londres

Por: | 26 de abril de 2010

Lo último es Nick Clegg. Es difícil estar al día. En esta pasarela se ha llevado últimamente mucho de Merkel, todo de Obama, cada vez menos de Sarkozy y desde hace tiempo absolutamente nada de Zapatero. El impacto de Obama todavía sigue y perdurará. Pero en pocos días acaba de irrumpir un personaje que ha fascinado a los británicos, sobre todo a los jóvenes, y a todos cuantos siguen con atención las campañas electorales en todo el mundo. Su programa liberal demócrata está a la izquierda de los laboristas en numerosas cuestiones: derechos humanos, política exterior y de defensa e integración europea. Pero tiene la virtud de que recorta la imagen de juventud y de cambio que quería ofrecer el candidato conservador, David Cameron. Y lo más interesante es que quiere cambiar un sistema electoral mayoritario que históricamente está en el ADN del parlamentarismo británico.

No se sabe todavía hasta dónde llegará. Puede ser que al final, tras la jornada electoral del día 6 de mayo, quede en poco y no consiga el parlamento colgado, sin mayoría de gobierno suficiente y con el obligado recurso a la tercera fuerza que poseerá la llave del Gobierno. Puede ser que las cosas lleguen a ser más graves todavía: que el partido con más escaños quede desautorizado por un mal resultado en votos y porcentaje que le coloque detrás de los liberal demócratas. De momento, lo que ha conseguido puede servir como inspiración para nuestras elecciones, y concretamente, para las primeras que se atisban a la vuelta de la esquina, como son las catalanas, en las que estará en juego el regreso de Convergencia i Unió al poder, después de siete años de oposición, o el mantenimiento de la presidencia socialista, presumiblemente bajo la única fórmula matemáticamente posible, como es el ahora denostado tripartito de izquierdas. Como los resultados del 6 de mayo pueden conducir precisamente a una coalición, uno de los temas de campaña será el de la necesaria fortaleza del gobierno que deberá intentar sacar al país de la crisis; lo mismo que en Cataluña, con la diferencia de que es la actual y no la futura coalición de gobierno la que se somete a juicio.

Respecto al laborismo, no se sabe muy bien todavía qué va a significar Clegg, si será su Némesis o una momentánea tabla de salvación. Lo primero se producirá si su remontada consigue relegar a los laboristas al tercer puesto en votos y los manda a la oposición. Lo segundo si su avance le permite a un debilitado Gordon Brown proseguir como primer ministro aún a costa de numerosas concesiones a los liberal demócratas, en una nueva prórroga agónica después de 13 años con el Labour en el número 10 de Downing Streeet. En cualquier de los casos, sólo cabrá una lectura de la derrota de Brown: un nuevo y significativo peldaño hacia las profundidades por parte de la izquierda socialdemócrata europea, expulsada del poder en Francia, Italia y Alemania, y en situación de extremada debilidad en España. La ascensión de Clegg señala, así, un horizonte europeo sin izquierda reformista, sustituida por nuevos partidos populistas, que se organizan en torno al rechazo de la inmigración, del Islam, de los impuestos o incluso del propio Estado.

Pero quien toca la vena populista en boga en Reino Unido no es Clegg sino el conservador David Cameron, con su trinidad demagógica y exitosa contra la Unión Europea, la inmigración y los impuestos. Los lib dem tienen el mérito indudable de encauzar la pulsión antipolítica y sobre todo la desafección de los jóvenes hacia los grandes partidos para renovar y revitalizar la democracia británica en vez de cargársela. Nada de esto se atisba ahora mismo en Cataluña. Todos los candidatos representan perfectamente al sistema y sus peculiaridades catalanas, a excepción de quienes ni siquiera tienen posibilidades de sacar un escaño. Traer a Clegg a colación será más difícil, aunque a los dos partidos más polarizados de la última década, como son el PP catalán y Esquerra Republicana, fácilmente se les ocurrirá sacar lecciones de quien ha sabido recoger el malestar con el turno de partidos británicos y con las corrupciones y corruptelas de los parlamentarios, además de las secuelas del blairismo. Es evidente que todos ellos están objetivamente desautorizados para jugar el papel de un partido anti establishment. Nada hay en ellos de ruptura con los dogmas políticos como la que anuncia Clegg, respecto a las relaciones con Estados Unidos, las inversiones en defensa, la inmigración o la integración europea. Pero el último que debe confiarse es el candidato de CiU, Artur Mas, que hará bien en fijarse más en lo que David Cameron está haciendo mal que en lo que Clegg está haciendo bien.

Hay 4 Comentarios

No veo la relación con las Elecciones catalanas, ni por asomo. ¿Voluntad de darle empaque de Estado a un tema regional? ¿Complejo de Edipo? Esas elecciones podrán influir en el Gobierno Central, pero no van a ser un asunto decisivo en las próximas Generales.

Creo que a la hora de establecer una analogía hoy en España, no estaría de más acordarse de la Alemania de hace años. De evocar un logro recordaría el de la Ostpolitik de Willy Brandt.
En cuanto a las innovaciones que plantea el candidato inglés Nick Clegg, no me atrevo a opinar. Pero no creo que tenga el carisma ni objetivamente, la situación para fotalecer Europa.
(Estoy recordando la oposición de De Gaulle, desde un país que no era cliente de EEUU))
No he leído su programa, pero en este sentido he de comentar que se ha visto dar pasos concretos a Sarkozy, y no tuve la necesidad de leerlo. No me desconcertó.
De cualquier forma, se aprecia cierta lentitud en cuanto a los cambios de liderazgo, respecto a EEUU.
Y no me parece adecuado camuflar la pereza con cierto aire de novedad. Así como existe una confluencia de intereses entre la cultura empresarial y la ciudadanía que apoya a Obama, no aprecio a los posibles beneficiarios de la política de Clegg. ¿Están todos en casa, o también se encuentran entre los vecinos?

No comparemos a los Lib Dems con UPyD, por todo lo que queramos. Los Lib Dems están desde siempre, pero la democracia burguesa (lo digo con ironía), a través de un sistema electoral perverso, impide que eso tenga implicaciones reales. Los Lib Dems son las víctimas principales del sistema electoral (algo así le ocurrió a Bayrou), pero no desaparecerán, a diferencia de lo ocurrido a Bayrou:

“[for] Liberals. The Tories were always "wicked" (which made them sound enticing, I thought). Labour, though less morally vile, was class-based, collectivist, anti-local. We Liberals were better people: we believed in real freedom and were proud of knowing nothing about economics.” Charles Moore lo dice con malas intenciones, pero es verdad. Es una buena descripción de lo que significa ser liberal o Liberal, con “l” minúscula o “L” mayúscula, igual da, sea en el sentido en el que Cameron se lo comenta a Andrew Rawnsley en el ‘Observer’ de hoy. Lo que no es cierto es que los Liberales no saben de economía. Vince Cable es el mejor Chancellor of the Exchequer que podría existir, y el Manifiesto de los Lib Dems es el más detallado en cuanto a política macroeconómica.

Otra buena forma de ver a Clegg, por Matthew Parris: “Over the years I’ve tried to follow the remarks, guarded or unguarded, of the Lib Dem leader; and the body language too. Ideologically, Mr Clegg is not far from the Conservative centre-left, but he has a distaste (more Dutch than it is left wing) for the Tory association with class and privilege; he thinks that culturally the party lacks instincts of fairness. I doubt he particularly admires Mr Cameron or feels much personal warmth towards him, but his overall attitudes towards the Tories are better described as irritable than murderous. With Labour it’s different. Mr Clegg, I believe, sees no reasons other than historical ones why the modern Labour Party should even exist. He thinks Labour has traduced and betrayed progressive politics and that there are strands in its DNA — the old Left, the trade union links, the inborn, knee-jerk collectivism, the State-authoritarianism and the suspicion of individual liberty — that condemn it for ever to lead Britain’s centre-left astray. Ideologically, Mr Brown embodies that genetic inheritance. Personally, Mr Clegg can’t stand him. … And in the background, as two centre parties, one a little to the left and the other a little to the right, fought for the zeitgeist of the dawning era, would be heard the distant bangs and crashes and occasional screams of a Labour Party tearing itself apart. And that, to Nick Clegg’s ears, would be the sweetest music of all.”.

Observado desde el otro lado del canal, « Ces derniers jours, Nick Clegg, chef du troisième parti aux Commons, les « lib-dem », fait une percée dans l’opinion. Clegg, âgé de 43 ans, est un centriste de gauche, un Dany Cohn-Bendit qui s’habillerait à Savile Row : pro-européen, partisan de l’amnistie des travailleurs immigrés illégaux, antinucléaire, il est le plus radical des trois centristes qui s’affrontent. » (Alain Frachon, ‘Le Monde’).

Buenos dias.

Como decia el gran Camilo José Cela "A siete años de un suceso, el suceso ya es otro".

Aún no ha llegado el día 6, y ya nos encontramos parlando de las catalanas, bendita era digital y sus avances.

Sin mas rodeos mi pregunta para vosotros es la siguiente: Si Brown esta tan desprestigiado como nuestro Zapatero, por analogía Rajoi debería de ser tan popular como Camerón, pero nada mas lejos de la realidad, y donde esta nuestro Clegg español, en fin: ¿Alguien piensa que este nuevo fenomeno tripartidista britanico ayudara a formaciones llamadas a ser el el tercer partido (tipo UPYD o IU) o por el contrario todo esto quedara en simple anecdota?


PD: En mi pregunta tened bien en cuenta nuestro colorido panorama político añadiendo a la equacion las fuerzas nacionalistas

gracias

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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