Lluis Bassets

Dos visiones españolas de Israel

Por: | 27 de junio de 2010

Dos destacadas personalidades del Partido Popular, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y el ex presidente del Gobierno, José María Aznar, han tomado posiciones públicas sobre el ataque contra la flotilla de ayuda humanitaria para Gaza, que terminó con la muerte de nueve personas y desencadenó una oleada de reprobaciones a la actuación del gobierno de Netanyahu. Ambos se declaran amigos y admiradores del Estado israelí, el primero en un artículo titulado Israel, de perfil y de frente, publicado en EL PAÍS el 14 de junio, y el segundo en otro texto, titulado Si cae Israel, caemos todos, publicado en el diario londinense The Times tres días más tarde, como anuncio de la creación de una asociación llamada Amigos de Israel.

Sus posiciones, sin embargo, son diametralmente opuestas. Gallardón reivindica su amistad con Israel para criticar el comportamiento de su Gobierno; mientras que Aznar declara su amistad para rechazar cualquier tipo de crítica a sus actuaciones. Ambas tomas de posición contienen un elemento de novedad. Pocos políticos españoles conservadores han osado tomar una posición tan clara como lo ha hecho Gallardón respecto a un gobierno amigo. En cuanto a Aznar, su actual posición rectifica su actitud como gobernante, cuando consideraba compatibles e incluso necesarias y simultáneas la comprensión de la causa palestina y la amistad con Israel. Ahora ha desaparecido su interés por Palestina y corrobora su imagen de político sin nadie a su derecha, algo que explica por la atracción de la impopularidad: “Ya no está de moda defender a Israel”; “es difícil encontrar una causa más impopular para defender”.

Ante los argumentos de uno y otro, parece evidente que entran en una polémica implícita. Aznar recuerda que Israel es una creación de Naciones Unidas, cosa que Gallardón utiliza para reprochar que “con frecuencia desoye sus resoluciones”. Aznar arguye con la creciente soledad internacional de Israel para romperla, mientras que Gallardón lo hace para pedir al gobierno israelí que haga caso de los amigos. Pero lo más destacado es que uno y otro ofrecen dos ideas contrapuestas de cómo conciben al Estado de Israel y por efecto de espejo a nuestras sociedades. El Israel de Aznar es un Estado occidental enfrentado al entorno árabe y musulmán, con amplio derecho a defenderse por encima de la legalidad internacional y merecedor de un cierre de filas incondicional por parte de un Occidente cristiano que se siente agredido y cercado. El Israel de Gallardón es el Estado ejemplar del sueño judío, la luz entre las naciones de los profetas: “Otras naciones pueden fracasar en la convivencia y el respeto de los derechos humanos. Israel no”, dice. Para Aznar, una trinchera militar occidental en territorio hostil. Para Gallardón, una trinchera moral de la humanidad.


(Enlaces: con el artículo de Alberto Ruiz-Gallardón; y con el artículo de José María Aznar).



Hay 4 Comentarios

Recuerdo hace una década cuando Arafat estaba en Ramalla encerrado con cientos de voluntarios esperando el bombardeo israelí cuyo Ejército había llegado hasta las inmediaciones del edificio de la Autoridad Palestina. Así que Arafat era el bueno y los de Hamas son los malos, ¿pero no era Arafat el demonio? Ahora sabemos que para el Gobierno isrealí asesinar a los cientos de personas que se encontraban junto a Arafat encerrados y asediados como ratas no habría supuesto ningún problema. Por lo pronto, son los 4 millones de personas de Cisjordania y Gaza los que sufren, viven hacinados en la miseria, con sus casas y terrenos expropiados, asesinados impunemente a la menor ocasión, y con millones de sus familiares en el exilio (más que los exiliados de la Guerra Civil española)Durante la Guerra Fría los socialistas de la OLP eran los malos y los de Hamás los buenos que les restaban protagonismo como también sucedía en Afganistán donde el trío U.S.A.-Arabia Saudi-Israel tuvo éxito enfrentándose al dominio soviético apoyando a los islamistas wahabies. En Oriente Medio, lo cierto es que el país que cuenta con armas nucleares desde hace décadas es Israel, que ha invadido y bombardeado al vecino Líbano en varias ocasiones y mantiene a 4 millones de personas en la miseria (Israel tiene 7 millones)

"con amplio derecho a defenderse por encima de la legalidad internacional"

¿Dónde estaba la "legalidad internacional" mientras los países árabes atacaban a Israel con la intención de matar hasta el último israelita? ¿Dónde estaba cuando Kosovo sufrió el crimen de la "limpieza étnica"? ¿Dónde estaba mientras morían indefensos en Darfur o en Sudán? ¿Donde estaba cuando los alemanes aplicaron su "solución final"?

¿Y con esa historia delante se le pide a Israel poner el futuro de sus hijos en manos de semejante defensa de "legalidad internacional"?

¿No sería mejor pedirle un suicidio masivo, en filas, y con las zanjas cavadas por ellos mismos, la ropa amontonada ordenadamente, los dientes de oro apilados, y el cabello de mujeres preservado?

Por Dios que hay noches que creo que las noticias son una pesadilla y tristemente no son. Otras me pregunto cuál será la recompensa que esperan algunos.

No creo que ambas posturas sean contrarias, sino complementarias. Es cierto que la situación no se puede resumir en ambas visiones. Pero ambas muestran su apoyo al Estado de Israel.
Yo también defendí a Israel de la hipocresía occidental y de las declaraciones de Turquía respecto a un supuesto baño de sangre. En primer lugar, porque las ideas y discursos se habían sostenido económicamente. Y no se denunciaron vehementemente cuando las clases privilegiadas de los países de la liga árabe seguían amasando millones de dólares por la exportación de petróleo en crudo (entre otras categorías) e invirtiéndolos en empresas occidentales, para ganar más. En segundo lugar porque Turquía ostenta varios genocidios a sus espaldas y recientemente, ha sometido a la esclavitud a gran parte de la población ucraniana; en concreto a la más débil y vulnerable.
Pero lo que me resulta incomprensible es el contraste entre su postura en política exterior y la que han mantenido en política interior. Si ambas personalidades no pertenecieran al partido popular o si éste no hubiese gobernado en España, o si en este Estado no existiese el terrorismo, no continuaría.
Pero la mayor inhibición política al respecto la lideró el partido popular.
Con su actuación llegaron a institucionalizar a una organización terrorista, al convocar a la ciudadanía a manifestarse y exigir el cese de atentados. La misma ciudadanía que es objeto de persecución, agresiones, tortura, secuestro y asesinato (en su mayor parte sin "seguro" de accidente o de vida) con el fin de presionar al gobierno español y conseguir sus reivindicaciones.
Por eso, me resultan extraños, provistos de cierta inconsciencia y desprovistos de coherencia, ambos discursos.
Desde aquella manifestación tan bonita en la que los jóvenes exhibían sus manos pintadas de blanco y hacían el mimo mientras el partido popular lloraba la muerte del Sr. Blanco; los simpatizantes y amigos de E.T.A, todos sus cómplices, ganaron fuerza en la calle, en las instituciones y en las empresas. Mientras que en las cárceles solamente permanecían los ejecutores. Política "antiterrorista" heredada, que continúa ejerciendo el partido socialista, que actualmente se encuentra en el gobierno de España.
Recordar, por último, que el pueblo judío es uno y muchos a la vez. Y en el seno de su sociedad conviven ideologías moderadas junto a las de corte radical. Y que se le puede pedir lo que se le puede pedir. Ya no quieren ni pueden con los "imposibles".

El único posicionamiento que hay que fomentar es el de la paz y el de la libre convivencia entre los pueblos palestino y judío.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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