Lluis Bassets

El mezquino vicio de querer tener siempre razón

Por: | 27 de diciembre de 2010

No busquemos resonancias entre la razón, la verdad y la democracia. Por más que puedan producirse ocasionales coincidencias, sabemos que la verdad no se somete al principio de la mayoría, que lo racional no tiene por qué ser verdadero ni la verdad racional y que democracia y razón no conducen una a la otra en todos los casos, sino más bien al contrario: con harta frecuencia sucede lo contrario.

No hace falta tampoco que le demos la razón al vencedor ni que creamos que sólo él nos ha contado la verdad. A veces gana precisamente por lo contrario. Gana quien sabe ganar, no quien tiene la razón y la verdad. Pero ni la verdad ni la razón son un consuelo para los derrotados en las urnas. Sí debieran servir como lección. La dio hace casi cien años Max Weber en un texto que periodistas y políticos deberíamos llevar en el bolsillo para releerlo con frecuencia, sólo por si acaso. Con ocasión de las derrotas y los fracasos, sin ir más lejos. Se trata de la famosa conferencia La política como vocación, donde el sociólogo desgrana los tres tipos de legitimación del poder (la costumbre, el carisma y la legalidad), señala la diferencia entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad, y proporciona un retrato escasamente halagador pero muy actual del oficio periodístico.

Entre los muchos argumentos enjundiosos que contiene el texto, uno parece especialmente adecuado para intentar entender la época en que nos ha tocado vivir y en especial la desconexión entre razón, verdad y democracia. Weber critica al vencedor de una guerra, que “cediendo al mezquino vicio de querer tener siempre razón, pretende que ha vencido porque tenía la razón de su parte”. Paul Krugman, el brillante Nobel de Economía, que debe tener a Max Weber leído y subrayado como pocos, parece tener en poca estima a quienes vayan analizar en el futuro la crisis actual al señalar que “cuando los historiadores contemplen retrospectivamente los años 2008 a 2010, creo que lo que más les desconcertará será el extraño triunfo de las ideas fallidas. Los fundamentalistas del libre mercado se han equivocado en todo, pero ahora dominan la escena política más aplastantemente que nunca”.

Weber pensaba directamente en derrotas militares. Su conferencia es de 1919, pronunciada en plena indigestión de aquella derrota alemana que originó otra gran guerra. Pero lo que dice vale para cualquier otra derrota, política, electoral o ideológica, como las que podemos observar estos días. “Ponerse a buscar después de perdida una guerra quiénes son los ‘culpables’ —dice— es cosa de viejas; es siempre la estructura de la sociedad la que origina la guerra”. Y nos da, además, un apunte sobre la ética de la derrota, imprescindible para superarla con dignidad: “una ética que, en lugar de preocuparse de lo que realmente corresponde al político, el futuro y la responsabilidad frente a él, se pierde en cuestiones, por insolubles políticamente estériles, sobre cuáles han sido las culpas en el pasado”.

Los vencedores no tienen la razón ni la verdad, ni en las urnas ni en los campos de batalla. Pero no importa, porque han sabido leer la correlación de fuerzas, oler el aire del tiempo, emplazarse en el lugar adecuado para sacar ventaja y ganar la contienda, sea bélica o sea electoral. Los vencidos, en cambio, es muy posible que tengan toda la razón y toda la verdad, pero no les sirven para nada. Al contrario, nada mejor que la razón y la verdad de los otros, de los vencidos, para asentar los triunfos de quienes los han derrotado.

En el más leve de los casos, la victoria es la oportunidad que tiene el vencedor de cortar y repartir la tarta. El auténtico vencedor se queda con los despojos de la batalla, que cuando son políticas incluyen las ideas, los programas e incluso los valores, es decir, la razón y la verdad de los vencidos, para hacer con ellos lo que le convenga: tirarlos o incluso devorarlos y asimilarlos. Los vencidos tienen pocas opciones. Una de ellas es subirse al carro de quien les ha derrotado. El resto son cuentos de viejos (seamos algo más correctos que Max Weber en su tiempo).

Hay 6 Comentarios

Lo dijo Max Weber, pero hay una jota aragonesa de picadillo que lo dice muy claro.
Eramos más y ganamos
porque Dios ayuda a los buenos
cuándo son más que los malos

Querido Maltés, más que un halcón te comportas como un buitre, ansioso por ver morir a tu víctima para poder devorarla; pero, cuidado, porque aquéllos muertos pueden estar aún muy vivos. Son ciclos, modas, rachas... ya sabes.
¿Mi propuesta? Dado que de todas formas vamos a tener que hacernos más pobres para salir de la crisis, subamos más los impuestos, apretemos los machos y salvemos nosotros, los ciudadanos, las deudas de nuestro país: así, al menos, aunque pobres, seremos dueños de la política económica y de los políticos que hemos votado, que ahora bailan al son de los mercados y los prestamistas mundiales. Paguemos todos, proporcionalmente, la factura y así, además de hacer justicia, estaremos recobrando nuestra libertad, es decir, nuestra soberanía. Las otras libertades de las que me hablas son milongas de mercaderes ricos, y más antiguas que el propio Marx.

Quisiera opinar, pero no se me ocurre nada.

Es un placer asistir a estas "Confesiones de San Bassets".

Bassets es un progre salvable, pero eso no lo excluye por completo del español-progresí tipo, en su búsqueda de Verdades e Ideologías Fundamentales, quién, tras una fatiga, acaba por rendirse y lamentarse: "los anglosajones lideran". Bueno, pues... parece que sí.

El lamento prosigue sin embargo: "Tengo razón pero, ay, pobre de mí, no gano. Tengo razón, incluso, PORQUE no gano. Voy a suspirar, pensando en la Europa mítica, en 1789, pelucas, guillotinas, en esculturas imperiales, colonizaciones sangrientas y racistas, libros polvorientos, Auschwitz y la Sociedad de Masas, que es todo cuanto me define como europeo."

Los españoles leídos (si eso fuera algún criterio), que son un 2% de su población, piensan así. Se tornan hacia la Europa Continental, esperando respuestas. Se llaman "progres". (Los españoles políglotas o inquietos, directamente emigran.)

Bassets no es una excepción, aunque tiene un añadido que dice algo a su favor, porque es el único progre cuyo carácter le permite escuchar a gente distinta a él, algo precioso en la província negra España, llena de ratones izquierdoides, católico-raciales y ácidos que sólo saben atacar al mensajero.

No olvidemos que España, lugar insignificante y tenebroso, produce formas de vida crustáceas como en pocos otros agujeros en el mundo, tal y como algunos recalcitrantes de este blog se esfuerzan en demostrar. En otras palabras, por allí se ataca al mensajero cuando alguien intenta señalar a los mitos que animan su baratija de sociedad en tanto que tales: mitos.

Y con su stock de alegorías ("Europa"), espiritismo ("ser de izquierdas"), e ideales ("Sociedad de Masas").

Alegorías, espiritismos e ideales para camuflar los fundamentos de su cultura, que ha crecido sólo en base al pillaje y el colonialismo eurocéntrico, presumido y represor. Con las horripilantes ideologías o sin ellas.

Pero volvamos a las frases de Bassets de hoy.

Se nos dice que hay "fundamentalistas del libre mercado", y que, encima, se "han equivocado en todo".
Se nos dice después que son los únicos con el valor de tomar las riendas de nuevo (?).

"Se han equivocado en todo" dicen.

¿Y qué más dará?

Si lo que hay que hacer es bailarle el agua a la cultura vaticana europea, según la cuál habría una "verdad", a la que cabría "llegar", y "compartir", MÁS VALE que te estés equivocando en todo.

Y eso es precisamente, ése "todo", lo que tienen que aprender ustedes del mundo anglosajón, al que caracterizan como "fundamentalista del libre mercado", cuando simplemente se funda en favor de una libertad que no les pertenece a ellos (contrariamente a la acusación popular), y contra las Narrativas Europeas.

Me gustaría saber las alternativas, las de los "buenos, verdaderos y razonables", las de los clérigos europeos.

Ah, no, ya me hago una idea repasando la historia: ingeniería social, sociedad de masas, sobreentendidos culturales, mitos, obsesión por los grandes sistemas, decisiones tomadas en "aras" de los demás, y en lugar los demás.

Y, de postre, ése alarde obsceno europeísta de sus pesadas, ridículas e insoportables historias nacionales.

Las mismas que les impiden avanzar y que enriquecen su estancamiento.

Sigan así, en ésa cultura de la resignación y el consuelo, mientras los hombres y mujeres libres toman de nuevo una posición de fuerza.

Porque ustedes, por fortuna, no han sabido reaccionar con algún caudillo (todavía) a la crisis mundial.

¿Qué hará España, la "racional", para desbaratar los planes de los "fundamentalistas del libre mercado"?

Si los odian es que querrán hacer algo digo yo. Les animo a apelar a la UE (que no hace mucho nada. ¿Recuerdan que tiene un "Presidente"?).

Lo único que los euros saben hacer, es atacar al mensajero.

Pero la libertad, la inteligencia y América (latina y anglosajona, grandes, plurales, orgánicas, jóvenes) crecen, muy a pesar de los españoles provincianos y dictatoriales.

Acéptense como lo que son: una tierra horripilante, torpe, inflexible, racista y añeja con una voz y un voto afines a su condición.

Eso es a lo que estamos asistiendo al triunfo de las ideas fallidas. Eso... arropemos el neoliberalismo y sigamos dejando de lado la ideas y las políticas socialdemócratas. ¿qué futuro nos espera¿

El mezquino vicio de querer tener siempre razón. Y el todavía más mezquino de que sin tenerla te la den quienes deberían quitártela, lo que enlaza con la afirmación de Krugman.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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