Lluis Bassets

Los del 68 empiezan a jubilarse

Por: | 25 de diciembre de 2010

Nadie ha pautado mejor los relevos generacionales que la sociología norteamericana. Según una de las más destacadas instituciones de investigación social estadounidense, el Pew Research Center (PRC), el primer día de 2011 se producirá un acontecimiento generacional de resonancias históricas: el más viejo de los miembros de la Generación del Baby Boom cumplirá 65 años, todavía edad de jubilación en muchos países. Con tal motivo, la institución ha publicado un retrato sociológico de esta cohorte de edad en Estados Unidos que no tiene desperdicio. Los babyboomers de la otra orilla del Atlántico son los sesentayochistas europeos, la última generación que tuvo pretensiones de transformar el mundo y a la que desde hace un tiempo se quiere endosar buena parte de las culpas por los desastres de nuestra época, desde el individualismo y la crisis de valores hasta el multiculturalismo y el declive occidental.

Los babyboomers sesentones creen que son exactamente nueve años más jóvenes y hasta los 72 no consideran que empiece la vejez. Tanto optimismo cronológico no se corresponde con su sentimiento vital: son los más pesimistas e insatisfechos de todos los grupos de edad respecto a sus vidas y a la marcha de su país. Probablemente así eran cuando tenían 18 años. Pero ahora se sienten más afectados por la actual crisis —la Gran Recesión le llama el Pew— que sus padres, pertenecientes a la Generación Silenciosa y nacidos durante la Gran Depresión.

Como siempre ha sucedido, los del 68 se han hecho muy conservadores. Votaron más a Obama que McCain, aunque por poco, pero en las últimas elecciones legislativas sus sufragios fueron mucho más republicanos que demócratas. Pero todavía son más progres, menos religiosos y más tolerantes que sus padres y no ven sus relaciones con los más jóvenes en términos de conflictos generacionales. De hecho, con quienes sintonizan mejor es con la generación del Milenio, los que llegaron a la mayoría de edad a partir del 2000. Los babyboomers, hijos de la abundancia, se encuentran ahora con la Gran Recesión que les despide de su vida laboral. También en esto sintonizan con quienes encuentran el paso cerrado a su incorporación al mundo del trabajo, como les sucede a los milenios.

La llegada de la entera generación de los babyboomers a la edad provecta cambiará la sociedad estadounidense, que se hará más gris: en 2030 un 18 por ciento tendrá más de 65 años, en vez del 13 por ciento actual. Todo el mundo desarrollado experimentará el mismo cambio. También China, recién incorporada como emergente, sufrirá este fenómeno. “Redefinirán la vejez en EE UU, al igual que han marcado la cultura adolescente, la juvenil y la de la edad madura”, dicen los investigadores del PRC. Es decir, los del 68 todavía van a seguir dando guerra. Como toda su vida.

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El colapso del imperio yanqui llegó, se les acabó la ubre. Mire los numeritos del cáncer que se la está devorando desde adentrito mismo, ya ni el Glass-Steagall Act la salva de su ruina total. Los USA trabaja ahora para china como segunda potencia:
http://www.stansberryresearch.com/pro/1011PSIENDVD/PPSILC89/PR

O sea, que los verdaderos hippies que vivimos el 68 no nos jubilaremos jamás porque ya no existimos en el mundo que todos conocemos: el mundo en que se vive de mentira y se muere de verdad.
Después de andar y andar cruzando acantilados y barrancos, desiertos y tempestades, y luchar con todos los monstruos imaginables, hemos logrado instalarnos en un mundo donde se vive de verdad y se muere de mentira. Donde ya no hay jubilación posible…
Ánimo, que ya falta poco.
Felicidades por su artículo, Sr. Bassets.

La única Revolución verdaderamente interesante todavía no se ha hecho, ni siquiera se ha planteado. Pero es posible.
Nacer llorando, ser esclavo de la experiencia sensorial, fabricarse un mundo de ficción en el que sólo imperan el deseo y el miedo, el amor y el odio, pensar y pensar, no parar de sufrir, acumular todo lo que se pueda, y morirse al cabo de nada, no es vida de ninguna clase. Es lo mismo que estar muerto. Perdido en un bosque encantado de caramelo con vampiritos seductores.
Un sueño alborotado de pesadillas en el que vamos dando tumbos sin que alcancemos a despertar, al que confundimos por la mayor de las realidades.
—Lo real, lo normal, nuestra realidad, la cordura —decimos.
Esto es lo que entendemos por la vida. Nuestra vida.
Sin embargo, la Vida no tiene nada que ver con esta ridícula insignificancia. La Vida es la consecuencia inmediata de haber franqueado el magnificente portal dorado de la Inmortalidad.
Un patrimonio indescriptible que tendremos que recobrar antes de que nos aburramos de tanto irnos muriendo una y otra vez.
Muchos ya no nos moriremos nunca más, Nicole.
—Qué guay… De buena gana te mordería un poquito…
De ahí la primera razón inequívoca de nuestro contento. Aunque, desde luego, haya muchas otras que coinciden y son la misma.
Hasta ahora, en cada sueño existencial en que hemos adoptado una forma material más densa o menos densa, hemos ido confundiendo de un modo sistemático la Vida por la vida. En lugar de Vivir, nos hemos pasado la vida soñando, fantaseando, muriendo.
Un devenir ilusorio compuesto por la experiencia sensorial, la capacidad de pensar, el paso del tiempo, el recuerdo de lo experimentado, la imaginación de futuro, y la sensación incuestionable de ser un alguien que razona, decide, juzga, y elige libremente lo que cree que mejor le conviene, alguien que tiene emociones y sentimientos. Mente y cuerpo, razón y corazón.
Un sujeto con un cuerpo y una mente que actúa y queda irremediablemente sujeto a las consecuencias de lo actuado.
Si comportan gozo, gozará. Si sufrimiento, sufrirá.
Aunque pasen mil años.
Un objeto que ocupa un espacio y discurre en un tiempo, rodeado de otros objetos que comparten el mismo espacio y discurren en el mismo tiempo. Con los que nos cruzamos y a veces chocamos.
Una individualidad soberana, con un libre albedrío para pensar y hacer lo que le viene en gana. Un yo que es su único amo y señor. Su Rey. Con carta de existencia en el ámbito de la Mente, un ámbito de Dualidad caracterizado por sus inevitables antagonismos: amor y odio, placer y dolor, correcto e incorrecto, júbilo y tristeza, Bien y Mal. Lo limitado. El tiempo. Lo cambiante. Lo perecedero.
La Muerte, a fin de cuentas.
Circunstancia, todo hay que decirlo, que hasta ahora nos ha parecido de lo más interesante: somos los dueños y señores.
—Es lo único que hay, cariño.
—Es la única ilusión que había, querrás decir.
Una vida que nos tiene entretenidos unas veces con vanidosa solemnidad y otras con un júbilo inconsciente, hasta el punto de ni siquiera percatarnos que no es más que una bendita ficción, en la que vamos dando palos de ciego sin saber en qué consiste y hacia dónde se dirige, completamente ignorantes de que existe una Vida cuya memoria tenemos que recobrar.
Desconocedores de que la vida que vivimos es sólo un sueño del que tarde o temprano tendremos que despertar. Lo único de lo que somos plenamente conscientes es que no paramos de sufrir y ansiamos con desespero la Felicidad.
Ya lo dijo con innegable clarividencia nuestro ilustre dramaturgo Pedro Calderón de la Barca, allá por el año 1636.
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.(1)
La Vida, aquella bienaventuranza inacabable que no te deja preguntar ni siquiera si vale la pena ser vivida, es el estado de permanente Felicidad que rebosa de la Infinitud.
Un silencio eterno que siempre está, aunque estés haciendo el amor de madrugada o cortando calabacín para la cena.
Un silencio hecho inmensidad que se deja escuchar como si desde su seno emergiera Amor dinámico hecho de millones de campanillas. Puedes estar sentada horas y horas sin hacer nada, arrobada, dejando pasar un tiempo que no pasa.
Existir se ha convertido únicamente en el hecho de estar experimentando la Felicidad. Nada de este mundo es más gratificante que ser la mismísima Felicidad. Se te va el tiempo siendo feliz, todo lo demás es un añadido.
De aquí que no puedas estar más acompañado: ser la Infinitud es la compañía más grande que uno puede disfrutar. Aunque parezca mentira, eres todo, y al ser todo no necesitas ninguna compañía.
Algunos creerán que ser la Infinitud es incompatible con tomarse un buen par de huevos fritos. Seguramente lo creerán porque nunca han sido infinitos. Es sabido que la felicidad aumenta el goce sensorial y cualquier sensación placentera: ser la Felicidad amplia la experiencia sensorial hasta un nivel de refinamiento celestial.
A los sentidos los tenemos muy menospreciados porque en el fondo sabemos que nos esclavizan: proporcionan un placer que luego se convierte en dolor. Se trata de un coqueteo ineludible que acaba inexorablemente en una relación sadomasoquista de amor y odio, de la cual nos sabemos perfectamente los únicos perdedores.
Además, hay que tener muy presente toda aquella parafernalia ancestral de la transgresión, los complejos de culpa, las normas morales, los Diez Mandamientos, y toda una corsetería mental que aprieta en plan decimonónico como una endemoniada. Vivimos inmersos en el ámbito de la Dualidad: a cualquier atributo le sigue inexorablemente el opuesto, es sólo cuestión de tiempo.
El día que seamos la mismísima Felicidad nos daremos cuenta de la inexplorada capacidad de refinamiento que tiene la percepción, pero entonces ya no nos interesará de un modo tan compulsivo.
Llegaremos incluso a reunirnos con ángeles y arcángeles, y con dioses, y contemplaremos la realidad como Luz primigenia materializada en formas translúcidas y refulgentes, escucharemos el sonido polifónico de la Infinitud materializada en espacio, percibiremos el olor indescriptible de la materia sutil que conforma la fragancia del Amor, paladearemos el gusto del Agua Celestial que colma la sed de los cuerpos etéricos, percibiremos el tacto como la brisa que levantan millones de cuerpos angélicos al pasar exultantes de gozo. Habremos conseguido un refinamiento de los sentidos capaz de percibir las esencias sensoriales del ámbito Celestial.
Experimentaremos que la esencia del Sonido se expresa en Espacio, la esencia del Tacto en Aire, la esencia de la Vista en Fuego, la esencia del Gusto en Agua, y la esencia del Olfato en Tierra.
El magnificente origen de la creación material, que no es más que la manifestación primigenia de la Realidad. Lejos de nada extraordinario, nos parecerá de lo más normal.
Llega un momento en que además de ver carne mortal comienzan a verse transparencias. A muchos ya no nos asusta ver ángeles y demonios cenando en la mesa de al lado.
Así pues, la Vida no tiene nada que ver con estar vivo y creer en el Infierno, es otra cosa: estamos hablando de habernos asentado definitivamente en una existencia de amplitud infinita.
Desde la Vida, la vida de antes se convierte en una película encantadora con persecuciones de coches y escenas de cama, una secuencia de acontecimientos divertidos en los que no tenemos nada que ver. Estamos fuera, la vemos como algo ilusorio.
Un conjunto de hechos que van ocurriendo sin que nos importe porqué, que observamos sin tomar partido ni pretender cambiarlos. Ocurren solos de la manera que resulta mejor para nosotros.
Ellos ocupan su tiempo en ocurrir mientras nosotros lo empleamos en vivir un ahora interminable al margen del espacio y del tiempo. Eso es la Vida, lo demás son imaginaciones. Vidas de mentira.
Es como si hubiéramos cambiado de lugar, y comenzado a existir antes de que existieran el Espacio y el Tiempo.
De nosotros ha quedado un protagonista en la pantalla donde se describe una historia que observamos de vez en cuando mientras escuchamos miles de campanillas que nos derriten de Felicidad.
Muchas veces ni siquiera puedes abrir los ojos de Felicidad.
Allí, en el sofá disuelta en un océano de Bienaventuranza.
—¿Te imaginas, Nicole?
—Pues no, la verdad. Eso es inimaginable…
—¿Viviendo antes del Espacio y del Tiempo con este cuerpo?
—Sí, Nicole. Con este cuerpo tan encantador…
—Pues ya me dirás cómo, Jorge.
—El cuerpo y la mente no somos nosotros, son la imagen con que aparecemos en la pantalla. ¿Dónde está la pantalla? Ahora las pantallas te las llevas a cualquier lado. El cuerpo está, pero la idea de que nosotros estamos en el cuerpo es de antes de la guerra. Un parámetro irrisorio que ya no se sostiene. El cuerpo claro que vive en este mundo, pero nosotros somos todo: no vivimos en ningún espacio ni en ningún tiempo. Por esto son tan rematadamente encantadoras las mujeres que dicen necesitar un espacio dentro de la pareja, o hacer un hueco en su corazón.
—Jorge, cariño, eres de miedo…
Los científicos discutiendo con los obispos acerca de la cuestionada existencia de Dios, y tú allí, disfrutando de la Infinitud.
Una secuencia de imágenes que discurren en una superficie continua en la que ha desaparecido la fragmentación que introducían el espacio y el tiempo. En la que actuamos con mayor propiedad que nunca porque sabemos que nos estamos contemplando a nosotros mismos desde el patio de butacas.
Ahora me sirvo agua, ahora pongo aceite a las espinacas, ahora te miro con ojos de ser el Amor. Ahora. Siempre ahora. Lo Eterno.
Conscientes de que el dinero es sólo papel impreso, los muertos son de mentira, las sonrisas del Presidente de cartón piedra, y la mayor de las tragedias algo de lo más insustancial.
Sin embargo, el Amor es tan real que su resplandor logra permear la ficción más enrevesada.
De una película en blanco y negro con trajes de funeral, hemos pasado a una colores fragantes y esplendorosos de aquellos que se paladean, en la que todos parecen estar más contentos. Vivos.
Nicole, cariño, la Vida es algo más que una película de ciencia ficción con persecuciones de coches y escenas de cama.
Es un estado existencial que pasa en otro lugar.
—Guapa, tu presencia alumbra.
—La tuya incendia…
(1) Acto II. Escena XIX. Monólogo de Segismundo (Fragmento)
LA VIDA ES SUEÑO. Pedro Calderón de la Barca

Jo, che, yo por lo menos sé que en los USA uno no se jubila amenos que lo boten a la fuerza a uno del trabajo.

La pasta, ahí no importa, lo que importa es mantenerse ocupado, las maos y la cabeza en vez de mirar la TV todo el día y vivir de lo que otros producen parasitariamente hasta el día de la muerte.


Trabajar, en ese país del norte, aunque sea voluntariamente a los 68 o incluso hasta los 75 años es un privilegio para el americano profesional medio y esta verdad en España se desconoce como en toda Europa.


Trabajar ya viejo después de los 65 es dignificarse a si mismo y ejemplo para generaciones nuevas.


Atiborrarse de porquerías sin hacer nada durante el día ya viejo, ya es mejor ponerse la soga, o darse un tiro por inútil.


Los viejos no sirven cuando son viejos inútiles, pero cuando son modelo a seguir, el respeto gana su pedazo de dignidad y frente a ese anciano yo me saco el sombrero.

Por eso esta columna de Bassets es dolorosa ver como Europa y España se quedan en remanentes de fabula, cuentos y mitos sobre los años dorados.


Y los blogeros que aquí opinaros sobre la jubilación, lo hacen para justificar el parasitismo social y (des) respeto que les espera después de los 68.

Jorge Bas Vall, discrepo un tanto del segundo comentario.
Las revoluciones nunca podrán acabarse, porque son un elemento primordial e indispensable de la vida humana y de la evolución.
Sí han servido, porque cada una a significado un paso adelante -con o sin errores-.
La gente sí quiere cambiar pero las posibilidades de hacerlo son cada vez menores y más lejanas; y la vida es tan tremendamente complicada, que la mayoría apenas tiene fuerzas y recursos para nada.
Tampoco hay líderes ya, la mediocridad, la pasividad producto del circo mediático y el constante bombardéo ha convertido al ciudadano en un zombi, que se ve obligado al alcohol o las drogas para sobrevivir.
Las utopías son necesarias, quien puede afirmar que algún día dejarían de serlo para convertirse en realidad. Nadie puede ni debe quitarnos la capacidad de soñar, las grandes conquistas siempre usaron sueños como combustible.
Las religiones por desgracia, todavía tienen demasiado poder, no por sus dogmas o su contenido filosófico, sino por el enorme poder de disuación que tienen, basados éstos en el miedo y la ignorancia, y de su todavía increíble poderío económico -sin el cual entonces no existirían-.
Sí, es auténtico que el problema básico de toda revolución -y su talón de Aquiles- es el no prever el futuro, y consecuentemente tomar medidas para evitar tropezar con la misma piedra; ya vimos lo que pasó después de la revolución francesa, y para no ir más lejos: La guerra de Irak. Se eliminó al dictador, y ¿Qué pasó después?
El poder corrompe, qué duda cabe, pero su atractivo -los privilegios- es tan poderoso que la mayoría sucumbe y se arrodilla ante él, por ello si lo que se deséa es un cambio, lo primero debería ser asegurárse de decentralizarlo y repartirlo entre tantas manos, que la posibilidad de una concentración o monopolio de algún grupo sería imposible.
Pero hay que empezar por lo más importante: La desmonopolización del conocimiento -que es la base del poder-, e invertir en educar al mundo en las ventajas de la racionalidad y el respeto al prójimo y al planeta. Repartir los recursos equitativamente. Su inmenso costo se cubriría con los presupuestos militares, que en las potencias ya alcanza cifras astronómicas.
No olvidemos que los actuales detentadores del poder van a ser expectadores con los brazos cruzados y las manos en los bolsillos; nunca permitirán que nada ni nadie sugiera tan solo un cambio que atente contra sus privilegios -los cementerios, hospitales y manicomios están llenos de gente que lo intentó- y si apenas algo hemos avanzado en el plano social y económico, éste se hace a cámara lenta -fíjate la que aún se está armando en los EE.UU, tan solo porque su mandatario es mulato y no es de derechas-.
Los únicos que son lo suficientemente ciegos y sordos ante los avances de la ciencia y la cultura son los fanáticos -que casualmente se identifican con clara tendencia nacionalista y/o religiosa-.
Los seres (in)humanos nos matamos por codicia y ambición -y por placer-, pero ya han llegado al límite; están tan extendidas ya gracias a la corrupción que es otra herramienta favorita del poder, junto a las amenazas- y son tan profundas que ya han tocado fondo.
Las guerras no son del todo inútiles -lo reconozco aunque pese a mi humanismo pacifista- pero hay otras maneras de progresar sin necesidad de matar y destruir.
No continúo por no alargarme más. En el fondo estamos de acuerdo. Un saludo.

Recuerdos de los sesenta y ocho.

Aqui en Norteamerica los del 68 no somos una cohorte definida por edad.

Somos definido por nuestros esfuerzos en esos años.

Esfuerzos contra la participacion de nuestro pais en una
guerra colonial al otro lado del mundo, una guerra en que
murieron mas que cincuenta mil de nuestro soldados y millones
de Vietnameses.

Esfuerzos contra el racismo, imperialismo,
y un sistema injusto.

Esfuerzos al mismo tiempo para liberarnos de una conformidad
sofocante impuesta por la sociedad tradicional, para crear una vida
de libertad en arte, musica, y relaciones interpersonales.

Aunque nuestros exitos eran limitados, y hay tareas bastantes que quedan para los jovenes,
ahora en el año 2010, no me arrepiento de nada.

Después de medio siglo, ya va siendo hora de jubilarnos y entregar la antorcha que recibimos de la generación anterior. No se puede afirmar que la nuestra haya sido mejor o peór que la anterior, y sí muy diferente, pues cada una ha tenido sus propias circunstancias -y paradigmas que intentamos cambiar- y éstas inclinaron finalmente la balanza hacia uno u otro costado. Si fué diferente, fué más por necesidad y la típica rebeldía que heredamos cuando constatamos las tremendas injusticias a las que el mundo estaba sujeto por la mentalidad imperial herencia del pasado, y queríamos más justicia. Necesitabamos un cambio de mentalidad y de valores más acordes con la conciencia de la época en la que nos tocó vivir; aveces para bien, otras veces al contrario. De cualquier manera, al menos nos rebelamos contra lo que considerábamos desiquilibrado e inmoral, y formamos grupos con una tendencia y unos criterios bien definidos, que hoy parece que ya han caducado.
Las semillas de entonces han florecido, en un tiempo récord pasamos de la radiofonía de bulbos al transistor, y lo que vino después ya está en los muséos. La informática estaba en pañales, y la sociedad del usa y tíralo se puso en boga, aunque ésto haya desembocando en una contaminación del planeta, formando incluso islas extensas de residuos en los océanos.
En el decenio de los años sesenta, Chile es azotado por un gran terremoto, John Kennedy es elegido presidente, Yuri Gagarin es el primer cosmonáuta, y el muro de Berlin es construído. La guerra de Argelia llega a su fin y los "Beatles" se coronan los reyes de la música pop.
Entre el 65 y el 68, se asesinan a personalidades que así se convierten en íconos de las revueltas y protestas -Malcom X, el Che Guevara y Martin Luther King-. Israel conquista lo que a día de hoy aún no ha devuelto.
De acontecimientos gratos se puede destacar que 32 países -en su mayoría africanos- obtuvieron su independencia.
No cabe duda que éste medio siglo pasado se hace bajo la hégira y la batuta -para bien o para mal- del imperio del águila y del dólar. La carrera del espacio la ganaron los rusos y Europa tiene un denominador común: Son los grandes consumidores de la cultura estadounidense, que ya ha invadido el mundo, y lo ha conquistado para si.
Para no alargar más, terminaré diciendo que hubo un elemento que cambió y revolucionó la vida del planeta definitivamente, no hablo de la lavadora eléctrica, sino de la píldora anticonceptiva.
Total, ser un sesentayochista, yo lo véo como un privilegio, y me considero muy afortunado, pues las cosas fueron entonces naturales. La evolución nos coloca ahora en otra era y dimensión: la de la vida virtual, donde casi todo es sintético, y de verdad, me apena por aquellos nacidos en este siglo, que cuando cumplan los 65, seguramente llevarán un chip operado en el cerebro, y una fecha de caducidad visible.
Aunque personalmente séa agnóstico, os incluyo un saludo navideño.
PS. Estoy totalmente de acuerdo y agradezco los exclusivos y acertados comentarios de Miguel Mora y Jorge Bas Vall, que son totalmente profesionales.

La gran mayoría de los del 68 nacieron con unas posiciones astrológicas que explican muchos de los rasgos de esta generación. Hay que tener en cuenta que hay planetas muy lentos que están varios años en un mismo signo. Saturno y Plutón, por ejemplo, que estuvieron muchos años en Leo en mucha gente de esta generación.

Júpiter en Escorpio:
Su fuerza reside en su negativa a aceptar las apariencias en cualquier área de su vida. Personas que no tienen miedo de llegar al fondo de cualquier cosa y viven todo profundamente. Lo misterioso y lo desconocido les atrae mucho. Su conocimiento intuitivo del comportamiento y motivaciones de los demás está también muy desarrollado en ellos.

Saturno en Leo:
Son más bien tímidos y tienen una gran necesidad de afirmar su ego y de recibir elogios. Expresarse libre, abierto y en confianza no es fácil para ellos. Les cuesta jugar y divertirse, ser más despreocupados y espontáneos. Desarrollar su amor propio y aceptarse a sí mismos es una tarea importante para ellos.

Saturn0 Conjunción Plutón:
Un rasgo suyo, no necesariamente de su entera generación, es su fuerte aversión a grupos, muchedumbres, y organizaciones sociales. Se percatan rápidamente de los juegos sociales y de las faltas de sinceridad y evitan ser los protagonistas. Son directos en su manera y estilo de hablar, y van al grano. De actitud testaruda e inflexible, a menudo son incapaces de comunicar sus sentimientos y pensamientos más íntimos.

Saturn0 en Sextil con Neptuno:
Son muy sensibles a la sinceridad, integridad, y buena voluntad. Se dan cuenta de la presencia o ausencia de estas cualidades más rápidamente que otras personas y las mencionan frecuentemente. Tienen una actitud filosófica ante la vida y son muy perceptivos, pero pueden tener un sentido exagerado de su propia sabiduría o capacidad de entendimiento en temas religiosos, metafísicos, artísticos o intuitivos.

Urano en Géminis:
Nacieron en un período de 7 años entre gente pensadora, progresista y creativa. Los niveles académicos son más altos en su generación que en ninguna otra. Son un grupo curioso e inquisitivo, y a ellos se les deben muchos descubrimientos e intuiciones acertadas. El amor por el conocimiento nunca muere en esta generación y su curiosidad e interés por conocer no disminuye con los años.

Neptuno en Libra:
Nacieron durante un período de 14 años, entre gente con un sentido muy idealista de la fraternidad y cooperación universal que promovería, entre otras cosas, los movimientos de paz y libertad. A esta generación le interesan los ideales y las filosofías de otras culturas y no es nada dogmática en su actitud religiosa. Son gente que asimilan fácilmente las perspectivas de otras religiones. Tienden a ser eclécticos en cuanto a religión, utilizando elementos de muchas religiones, oriental-occidental, por ejemplo, y les resulta muy difícil seguir prácticas religiosas definidas tradicionalmente.
Como grupo generacional, son fáciles de engañar por su credulidad y por su falta de interés en ser decididos o en enjuiciar a los demás. En consecuencia, muchas de sus metas e ideales bien intencionados se frustran por falta de sentido de orientación y claridad de objetivos.

Plutón en Leo:
Nacieron durante un período do 14 años, al que se ha venido a llamar "la generación del YO", generación que tiene una actitud de mucho orgullo y de confianza en sí misma. Su generación está muy preocupada por el desarrollo e integridad personal. El respeto por los derechos de la mujer y de las minorías es algo que su generación ha fomentado y que refleja su preocupación por el respeto al individuo, la integridad y el honor. Este grupo generacional tiene un profundo convencimiento de que cada persona tiene el mismo derecho y las mismas oportunidades para el pleno desarrollo de su potencial.
Sin embargo, es un grupo que también encuentra dificultad en formar parte de un grupo y su fuerte egoísmo entorpece las labores de equipo: desafían la autoridad y a menudo piensan que nadie tiene derecho de decirles lo que deben hacer. El fuerte movimiento para eliminar el servicio militar es un ejemplo del profundo sentido de los derechos individuales y de libertad que comparte este grupo.
El interés en el desarrollo personal se manifiesta también a veces en una fascinación con ciertos individuos y mucha adoración de héroes. Por supuesto, cada generación tiene gran cantidad de ídolos, pero la suya es particularmente propensa a la necesidad de tener unos individuos específicos que representen y encarnen una idea o un sentimiento que sirva de punto de interés focal. El ejemplo más extremo tal vez sea el concepto del “maestro” o gurú que esta generación popularizó.

El próximo día 31 del 12 habrán cumplido 65 todos los nacidos en 1945. ¿Qué tienen que ver con los del 68?
Los baby-boom americanos son los nacidos depués de la guerra, es decir, a partir de 1945 y hasta 1950, o sea que hoy están entre los 65 (pocos) y los 60.
En cuanto a Europa, yo soy sesentayochista, al ser del 48 y claro que me queda mucha guerra para dar.
¡Qué prisa por jubilar a todo Dios!

FELICITACIONES!!! USTED ESTA CADA VEZ MEJOR!!! SALUDOS PARAGUAYOS DESDE COSTA RICA

2. ¿Qué revolución?
—Jorge, cariño, ahora ya no es tiempo de revoluciones. Total, para lo que han servido. Hoy día la gente no quiere cambiar nada, ya tiene bastante en asegurar su posición. La época de las grandes utopías ya ha pasado, y también la de las grandes ideologías. Hemos terminado con todo porque todo ha demostrado sobradamente su rotunda caducidad. Ya no quedan ni Religiones. Incluso hemos cuestionado el valor de la Ciencia y de la Cultura. Para pensar en hacer una revolución como antaño, lo primero que se necesita es saber a dónde se quiere ir. Queremos liquidar a la Monarquía, queremos liquidar a la oligarquía dominante, decían. Sí, genial. ¿Y una vez liquidada, qué? Ahora nadie quiere liquidar nada porque nadie sabe para qué. A lo único que aspiramos es a pasar de un gris claro a un gris más oscuro. A seguir comiendo y a no perder la cabeza. A sobrevivir. En esto se han quedado todas las revoluciones. Nada romántico, desde luego.
—Tienes razón, Nicole. Hemos dejado de matarnos por cambiar al que manda, ahora nos matamos por tonterías. Por cuestiones de Religión como en la Edad Media ¿Sabes por qué nos peleamos? Porque queremos ser nosotros mismos y no lo somos. Sabemos de un modo inconsciente que nos falta algo muy esencial, y no damos con ello. El recién nacido llora, pero no sabe porqué. Se queja, pero no sabe qué es lo que le falta. Ahora en lugar de revoluciones hacemos guerras inútiles sin saber por qué. Buscamos, pero no sabemos qué buscamos. Ocurre lo mismo que con el amor.
—¿Con el amor?
—Sí, con el amor ilusorio que hasta ahora hemos dado por bueno. Buscamos pareja porque nos buscamos a nosotros mismos, un cuento de Princesas y Dragones. Y al no encontrarnos culpamos de nuestro fracaso a la pareja, a la relación. Era maravillosa, pero pedíamos peras al olmo. Con lo felices que éramos…
—Ahora entiendo aquello de ni contigo ni sin ti…
—No puede darnos lo que buscamos, pero necesitamos encontrar lo que nos resulta esencial. Para vivir en pareja tendríamos que haber encontrado lo que ansiamos, entonces viviríamos el Amor…
—Entonces, Jorge, ¿de qué revolución estás hablando? ¿Todavía quieres que haya más muertos en una tragedia de nunca acabar? Espero que al menos propongas una revolución sin muertos.
—En todas las revoluciones anteriores sobrevivían los ganadores y morían los perdedores. En la presente revolución no hay perdedores porque moriremos todos: todos seremos ganadores.
Estoy hablando del fin de la Historia.
—¿Cómo?
—Pues sí, mi amor, el final del fin. Ven que te dé un besito…

3. El fin de la historia
A muchos les parecerá imposible que la Historia pueda acabarse sin que sobrevenga el Fin del Mundo.
En este caso, en efecto, la Historia acaba porque sobreviene el fin del mundo ilusorio que hemos estado viviendo hasta ahora. El que hemos creado en un alarde de falsa soberanía: la concepción de nosotros mismos que hemos tenido hasta ahora.
El maravilloso universo de ficción que hemos construido al carecer de alguno que fuera verdadero.
De todos modos, tranquilízate, Nicole: para nuestra fortuna, éste va a ser un final apocalíptico, pero sin muertos.
Sin muertos de verdad, quiero decir.
Con los muertos inevitables de la película de buenos y malos que está terminando con las escenas de siempre.
Una en que nosotros mismos somos a la vez los protagonistas de la acción, y los espectadores que habrán de aplaudir la magnífica representación. Los que luego se irán a sus casas a disfrutar la inenarrable dulzura de ser la Felicidad.
De pronto se han encendido las luces porque la representación acaba de terminar. Eso es todo.
Naturalmente, muchos seguirán pegando tiros en algún otro lugar porque les asusta la Felicidad.
Algunos se dirán, con buena lógica, que para que termine una Historia que ha durado tanto y ha sido tan patética, tendrá que acontecer algo muy crucial, definitivo.
Que nos sorprenda la Muerte, por ejemplo.
Y tienen razón.
De lo contrario, esto iba a quedarse definitivamente en aquel inenarrable fin del fin que nos ha ido llevando a una versión relajada del Postmodernismo. A un cierre sin final, a la clôture sans fin de nuestro inefable Jacques Derrida.
A una absurda repetición del credo de la Deconstrucción.
A otra idea filosófica, al fin y al cabo.
Para tener la experiencia del fin de la Historia hace falta un hecho decisorio que sea capaz de arrancarnos repentinamente del curso de los acontecimientos. De aquella maraña de hechos que por nosotros mismos no alcanzamos a gobernar, y mucho menos a destituir como el imperativo inevitable que asfixia nuestras existencias desde que nacimos.
Un fogonazo que borre definitivamente la memoria en que tenemos archivados los recuerdos y las imaginaciones. El deseo y el miedo.
Que convierta el Espacio en un aquí omnipresente, y el Tiempo en un ahora interminable.
Que nos convierta en pura Infinitud, sería mejor decir.
Aquel instante interminable en que sólo existes tú, y tú eres todo.
Un manantial de luz que nos recoja del suntuoso lecho del Espacio y del Tiempo, y nos deposite en el seno de la Eternidad para que vivamos una vida ilimitada siendo Todo.
Para nuestra dicha esplendorosa, en este caso no nos ha sorprendido la Muerte, nos ha sorprendido la Vida.
Precisamente.
La Vida Eterna, además.
Aquí, de vivitos.
Qué le vamos a hacer.

Lo que propone LLB es interesante, pero los comentario de aquí son insulsos, vacíos, carentes de chispa, magia o agresividad. No enseña nada, no deja nada otra que añoranza de los sesentas.

Excelentes los comentarios de hoy, gracias!!! (los 'reventadores profesionales' deben estar de vacaciones) Y gracias por el artículo (y la cita del interesante Informe Pew) que pone sobre el tapete que los del 68 han sido verdaderamente algo especial, no tanto por ellos como por la conjunción de sus deseos con unas circunstancias que los hicieron parcialmente posibles. Y eso no pasa todos los días.
Creo que hemos sido una generación privilegiada porque, además, creímos en que el género humano tiende hacia la bondad, la belleza, la inteligencia y la libertad. Nuestro pecado ha sido tal vez el de la ingeuindad, aunque, para mí, esta ingenuidad es lo que nos hace únicos y poderosos.
Queda mucho por hablar. Claro que sí.

Una persona que nacio en 1968 cumplira 43 anhos en 2011....tan rapido se jubilan en espana?

Algunos somos tan sesentayochistas que aún las críticas que se pueden – y deben – hacer a esa época, las hacemos desde presupuestos, conceptos y casi estoy por decir estructuras mentales adquiridas entonces. Desde el cuestionamiento de los valores previos a los sesenta y desde una visión multi-culturalista. También a partir de ese pesimismo e insatisfacción: ambas cosas derivan – o mejor, provienen – de la lucidez. Tengo más dudas del citado individualismo, el eslogan “ no me liberéis yo me encargo” ¿expresa individualismo o antiautoritarismo?, “debajo del pavés está la playa” ¿ no parece más una búsqueda de la utopía, de la revolución permanente, que un deseo juvenil imposible?
Se ha criticado el 68, centrándolo en el mayo francés fundamentalmente, desde la izquierda con argumentos de peso. Improvisación, falta de condiciones objetivas, movimiento estudiantil al margen de partidos y sindicatos etc. La derecha supongo que lo sigue haciendo con el afán de constatar que los revolucionarios a los veinte se convierten en conservadores a los cuarenta, que es la generación que está ahora en el poder ( a punto ya de perderlo por razones de edad… ) y ya se ve como van las cosas etc. Pero aquella generación que cambió tanto: música, tamaño de las faldas, libertad de relaciones sexuales, anti-belicismo, anti –imperialismo… sigue esperando que muchos de los cambios se produzcan. El sistema ( capitalista) ha engullido cantidad ingente de las propuestas. Y las ha , por lo tanto, neutralizado. Algunas de manera espuria: la libertad sexual es una de ellas. El “cuanto más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución” y “ cuanto más hago la revolución más ganas tengo de hacer el amor” distan mucho del mercadeo libérrimo y frustrante de la situación actual en el que cualquier conexión entre el sexo y la revolución produce carcajadas. Curiosamente el más desafortunado de los grafiti – prohibido prohibir – es el que tiene más éxito. Naturalmente que hay que prohibir, no hay educación sin ejercicio de la autoridad. Las nuevas generaciones, en una parte importante de los casos, desvían el foco en el que tendrían que centrar las protestas ante lo prohibido: llevarían muy mal que se les impidiese hacerse tatuajes, botellones, uso de drogas de diseño, informalismo en el vestir ( que curiosamente contrasta con el formalismo más estricto según lo requiera la ocasión) … y sin embargo no parece importarles no tener control – prohibir de alguna forma- el uso dado a sus ahorros, el autoritarismo académico institucional, el ocio reducido al consumo. Tal es la capacidad de digestión del sistema que aspectos formales que entonces eran señas de identidad de rebeldía ( pelo largo, uso de drogas ) hoy, sus equivalentes, son datos de integración. El pacifismo ha sido sustituido por una violencia buscada desde el poder que se manifiesta en cualquier actitud a veces de manera nítida, otras soterrada. Los Rolling Stones son tiernos baladistas al lado de cualquier grupito de barrio que toca en una verbena popular, y de pueblo. Estos lodos, en su mayoría no vinieron de aquellos polvos. Sea cual fuere el tipo de polvo.
Quisieron los sesentayochistas tomar el poder entonces. Tenemos tendencia a exagerar el número de miembros de un grupo que marcan realmente, o de forma estereotipada, el rumbo de toda una generación ( hay gente, en cualquier época, que desconoce en lo esencial el tiempo que le ha tocado vivir ), algunos de aquellos que entonces quisieron tomar el poder-- porque se hacían llamamientos a tomarlo-- lo tomaron más tarde. Conociendo ya – Foucault lo había evidenciado – que el poder no es único, se conformaron con tomar el fundamental – el poder económico – ese del que es más difícil escapar porque condiciona todos los otros. Lamentablemente un movimiento nacido sobre todo en las universidades – de las élites culturales por lo tanto – no pudo resistir, con el paso de los años, que los otros poderes, menores y dependientes del económico, – me refiero a eso que entendemos por cultura o inteligencia --fuesen cediendo, durmiéndose hasta casi la anestesia total. Por eso, ahora en la crisis, aniquilada casi toda resistencia, ya hasta los rectores de universidades hablan más de empresa, de gestión, de excelencias domesticadas que de humanidades. Bolonia parece muy alejada de Nanterre, el panorama es desolador pero – hay que ser optimistas – aparecen señales de disconformidad radical en grupos antisistema ya no limitados a estudiantes sino preñados de parados, inmigrantes, trabajadores jóvenes, ecologistas. Desbordados los partidos, como entonces, superados los sindicatos también como antaño. “Tienes 25 años pero tu sindicato es de otro siglo” decía otra célebre pintada de aquel 68. Hoy ya serían dos siglos, como prueba desoladora de que sindicatos y partidos ( ¿ alguien puede seguir situando al PSOE a la izquierda? ) formarían parte, en cierto sentido de esos poderes que consolidan al sistema. Que, al sólo arañarlo, mejoran sus defensas. Que adelgazan a fuerza de conformarse con las migajas.

La revolución que comenzó a finales de los años sesenta me cogió entrando en la Universidad, después de haber estado seis años interno en un colegio de curas.
El mundo parecía querer explotar, y yo también.
En el 68 explotaron Berkeley, Praga, Memphis, Tokio, Roma, París, México, Varsovia, y Vietnam.
De pronto, en muchos lugares distintos se creyó que el Sol saldría a media noche. Muchos intuimos la posibilidad de un ansiado cambio definitivo y trascendental. Todo era muy aburrido, la verdad.
El cambio comenzó a fraguarse y todo el mundo trató de adaptarse a él lo mejor que pudo. Hay cambios para los que hay que estar preparado: física, psíquica y emocionalmente.
Los cambios no perdonan, acaban con todo.
La explosión psicodélica de San Francisco contribuyó a ampliar los límites de la percepción algunos años antes.
Algo esencial para poder replantearse confines más amplios de la mente humana, para entrar en contacto con una esperanzadora realidad intangible, para penetrar en un sorprendente universo invisible lleno de posibilidades.
Para lograr desapegarse del cuerpo y de la mente, y ser algo más.
El Mayo de París fue bastante más próximo y arrebatado, pero casi igual de contundente y provocador. Dejó oír por primera vez sentencias revolucionarias tan contraculturales como:
—Seamos realistas, pidamos lo imposible.
—El educador debe ser educado.
—Un pensamiento que se estanca, se pudre.
Y aquello tan desesperadamente romántico:
—No sé lo que quiero, pero lo quiero ya.
Pero también hubo una cara realista de la moneda.
En Abril, Martin Luther King era asesinado en Memphis, en Octubre se producía en México la matanza de Tlatelolco, los carros de combate soviéticos entraban en Praga, y en Vietnam se cometía la atrocidad de My Lai.
Podríamos hablar de discurso antiautoritarista, de acento libertario, y de crítica al Estado, pero lo único cierto fue que durante aquellas semanas se hundió definitivamente el mito de la Felicidad.
—I can’t get no satisfaction —cantaban los Rolling Stones en el 65.
La profunda insatisfacción con que nos sorprendió el estado del bienestar nos hizo salir a la calle.
—Una crisis de civilización —advirtió Malraux.
Todos protestaban debido a un profundo malestar: los que no habían hecho la revolución querían hacerla, y los que la habían hecho querían deshacerla. Nadie estaba contento.
Todo el mundo quería ir más allá de la insatisfacción.
Algunos pretendían incluso lo imposible.
—Es lo que yo llamaría la extensión del campo de lo posible —dijo Jean Paul Sartre aquel Mayo del 68.
Lo que más me impactó de todo aquello fue ver a un desconocido en posición de loto, meditando sobre unas cajas de cerveza en la trastienda del Mediterranean Café, en la Telegraph Avenue de Berkeley, California.
Fue un verdadero presagio.
En 1972 era impensable encontrar en España un café donde poder tomar los quince mejores cafés del mundo.
Aquí todo era gris. Meditar era pecado.
—Imagínate en una barca, en el río, con árboles de mandarinas y cielos de mermelada —cantaban los Beatles.
Aquello terminó en un afligido desengaño para la gran mayoría, pero unos pocos nos quedamos con la irresistible melodía del Imposible. Nos venía de pequeños, desde antes de nacer, quizá.
Fue bastante trágico, el Sistema lo engulló todo de un modo implacable, tal como había vaticinado Herbert Marcuse.
—Cuántos caminos tendrá que recorrer el hombre antes de que pueda llamársele Hombre. La respuesta, amigo, te la canta el viento. La respuesta está en el viento —dejó cantado Bob Dylan para la posteridad.
Al día de hoy, si alguien anduviera por ahí cantando que no está satisfecho, como cantaba Mick Jagger hace cuarenta años, seguro que nos reiríamos. O lloraríamos, quién sabe.
Hace tanto tiempo que hemos enterrado la Felicidad, que nos parecería impresentable que un hombre pudiera reivindicarla con los labios pintados.
Seguramente igual que nos reiríamos si alguien nos dijera que ama a todo el mundo porque se ha convertido en Amor.
Hemos enterrado muchas cosas desde entonces, muchos incluso se han enterrado ellos mismos. Las revoluciones dejan a muchos por el camino.
—Los que hacen las revoluciones a medias no hacen más que cavar sus propias tumbas —auguraron también los del Barrio Latino.
Quedarse en el camino significa claudicar, abandonar los ideales por los que se hubiera dado la vida, sucumbir a los granitos reaccionarios que impone el Sistema, ahogarse resignado en el Océano de la Ilusión.
Aceptar la limitación como la única dignidad posible.
La Muerte como el destino inevitable.
Muchos se quedaron en el camino, sí. Algunos todavía recuerdan con nostalgia aquel espectacular amanecer de tonos áureos y bermellones al que acabaron tildando de imposible.
Hay que comprenderlo, enfrentarse al imposible exige ser un revolucionario de los de rompe y rasga. De aquellos que son capaces de pactar con el Demonio y la Muerte con tal de vencer sobre la indignidad que llevamos arrastrando desde hace milenios.
El camino ha sido largo y poblado de dificultades, han habido espejismos y confusiones, han tenido que pagarse deudas pendientes desde tiempo inmemorial, pero algunos de los que comenzamos aquella revolución estamos coronando la aventura con éxito: aquel imposible que atentaba con tanta insolencia contra la Razón se está haciendo realidad.
A decir verdad, hace cuarenta años nos hicimos conscientes de un proceso de cambio que ya llevaba miles de años incubándose en silencio. Aquella conciencia clarividente fue producto de haber alcanzado un nivel de evolución biológica que hizo posible la repentina intuición de nuevas dignidades. Nos hizo conscientes de la posición que debíamos alcanzar, de la distancia que aún nos separaba de nuestra verdadera naturaleza como seres Humanos.
De lo lejos que todavía se encontraban de nuestras vidas colmadas de bienestar, la Libertad y el Amor, la Belleza y la Infinitud, la Bienaventuranza y la Felicidad.
Pero, sobre todo, la propia Inmortalidad.
Aquel imposible al que muchos renunciaron, en definitiva.
Para unos los imposibles representan algo excitante, para otros un misterio, y para la mayoría sólo un imposible. Depende del conocimiento con que se contemplen atentamente los hechos: para los inocentes, el imposible es sólo un concepto de la mente.
Siempre me ha gustado ser respetuoso con todas las ideologías y culturas, con todas las religiones y corrientes místicas, con todas las idiosincrasias y maneras de ser.
Incluso con la Razón.
Con todo.
Pero siempre he sido muy realista.
Señoras y Señores: La Revolución ha triunfado.
¡Viva la Revolución!

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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