Lluis Bassets

Abrazos y codazos

Por: | 20 de enero de 2011

Nos dirigimos a toda velocidad hacia los paisajes desconocidos de un mundo distinto pero no tenemos mapa de carreteras para llegar al destino. No sabemos cómo se llega ni qué hay allí. Sí sabemos algo: este siglo en el que ya estamos instalados pertenece por el momento a dos grandes países, que ahora ya abarcan un tercio de la economía mundial y una cuarta parte de su población. Pero poco podemos decir de cómo será la relación entre las dos superpotencias y de ambas con el resto del mundo. La única referencia, que viene de la guerra fría, no vale, aunque algunos, en Pekín y en Washington, se empeñen en utilizarla.

Nunca una relación bilateral entre dos naciones ha sido tan crucial para todos. Contar con la hoja de ruta hacia este futuro con dos superpotencias no es un problema que deba preocupar únicamente a chinos y estadounidenses. Hasta el momento hemos contado con teorías para todos los gustos: un país doble, transpacífico, de nombre Chimérica, según la imaginación ya superada del historiador Niall Ferguson; un G-2, reducción drástica de la gobernanza económica mundial del G-20; o ahora, los tambores reticentes que anuncian esta nueva guerra fría y un mundo tensado por una nueva bipolaridad.

El ascenso chino parece distinto al de cualquier otra superpotencia en la historia. Desde Pekín se insiste en que será pacífico y se recuerda la tradición de una política exterior fundada en la buena vecindad y no en la expansión. No lo ven así muchos países asiáticos, que recelan cada vez más del gigante que crece a sus puertas. Estados Unidos también ascendió de forma relativamente pacífica (véase la guerra con España por Cuba y Filipinas) hasta que rompió el perímetro americano de su influencia y se convirtió en un imperio y la mayor superpotencia militar de la historia.

No sirve como término comparativo el de la Unión Soviética. A diferencia del peculiar capitalismo dirigido chino, la economía soviética fue un fracaso espectacular y nunca jugó papel alguno en relación a las economías occidentales. China tiene una aproximación pragmática y nada ideológica a sus relaciones exteriores, sin voluntad proselitista, ciñéndose meramente a la defensa de sus intereses. Pero sigue siendo un país totalitario, sometido a la férula del partido único, sin libertades públicas, sin pluralismo y sin Estado de derecho.

La visita de Hu Jintao a Washington es un buen momento para avistar este futuro. Su preparación nos ha ofrecido uno de los mayores despliegues de discursos y artículos de las voces más autorizadas en política internacional, tanto de la Administración norteamericana como de sus think tanks. En los días inmediatamente anteriores, tres miembros del Gobierno han echado presión sobre China: Hillary Clinton respecto a los derechos humanos, Robert Gates respecto al desarrollo militar y Timothy Geithner sobre el yuan y la competencia desleal que sufren las compañías extranjeras.

El ex secretario de Estado Henry Kissinger, pionero de la apertura hacia Pekín, ha apostado abiertamente por “la construcción de un orden mundial emergente como una empresa conjunta”, a través de “una comunidad pacífica” que organice el siglo XXI lejos de cualquier política de bloques, con mecanismos de consulta en todos los ámbitos, la elaboración de objetivos a largo plazo y la coordinación de posiciones en las conferencias internacionales.

El filósofo del fin de la Historia, Francis Fukuyama, ha advertido, sobre las ventajas del sistema político chino para tomar “con gran rapidez decisiones de amplio alcance y complejidad con relativa eficacia, sobre todo en el terreno económico”, en abierto contraste con “la polarización y la rigidez ideológica” del sistema norteamericano, inquietante observación aplicable al conjunto de los países occidentales. La idea de un modelo chino atractivo refuerza la imprescindible inclusión de una exigente política de derechos humanos en la agenda de las relaciones internacionales de EE UU y de la Unión Europea, algo que no únicamente afecta a China.

Quien mejor ha descrito este reto ha sido Li Xiaorong, uno de los disidentes que Obama quiso recibir en los preparativos del viaje, en un artículo publicado por la New York Review of Books: “EE UU debe predicar con el ejemplo. Debe tener un efecto en los cambios positivos en China y en todo el mundo por su respeto a los derechos humanos y su reforzamiento de la democracia en casa y su liderazgo global en el fomento de los derechos humanos como principio conductor de su política exterior. Cuando EE UU elimina la tortura, protege la prensa libre o pone la asistencia sanitaria al alcance de todos, quienes promueven los derechos humanos y se expresan contra los abusos en ambientes hostiles pueden mantener la cabeza bien alta y continuar el difícil combate que sostienen con grandes riesgos personales”.

Para este viaje con China hacia lo desconocido no sirven solo los hombres de negocios; se necesitará cada vez más a los militantes de los derechos humanos.

Hay 6 Comentarios

¿Se han dado cuenta del círculo vicioso en que ha caído China?

Primero hizo una revolución de tipo comunista para construir el paraíso proletario que acabaría con la explotación y opresión política de las masas. Luego se da cuenta de que el sistema de planificación económica no funciona y, por tanto, opta por el sistema capitalista. Pero este sistema capitalista generará tarde o temprano una masa proletaria que inexorablemente se organizará políticamente en partidos políticos de tinte comunista. Estas masas otra vez soñarán con el fin de la explotación y la opresión política. Inevitablemente, habrá una nueva revolución. Intentarán una vez más planificar la economía. Esta planificación fracasará. La realidad los llevará a instaurar una vez más el capitalismo. Este nuevo capitalismo generará un nuevo proletariado. Este proletariado se organizará y pedirá una revolución. La revolución fracasará y reinstaurarán el capitalismo. Y así hasta el infinito.

Una gran transición de COMUNISTAS a NAZIS. Con razón los francocomunistas españoles aman a la China Nazi. ¿Es ese el Gran Futuro del "capitalismo" europeo? Repiten y repiten y repiten los mismos errores.

La verdad, desde nuestra posición occidental, el cómo se maneja la gigantesca maquinaria burocrática china y sus equilibrios internos de poder, resulta de dificil esclarecimiento. En todo Estado hay un sótano oscuro, y el de China es bastante grande.

No obstante, no olvidemos que también fue uno de los paises que experimentaron el auge de los emporios comerciales. Básicamente, es un país pragmático. Los métodos de gobierno pueden variar, pero para garantizar la cohesión de su territorio siempre han usado una estrategia comercial agresiva y una fuerte organización cerrada, eso sí, muy bien formada.

Tienen muy presente la era en que su apertura al Occidente en el XIX, a veces forzada, a veces permisiva, provocó grandes transtornos y expectativas dispares. Es evidente que la situacion de gran debilidad de una estructura anticuada, era muy endeble, proclive a la nulidad y a la dependencia politica, como efectivamente pasó.

Han experimentado la asunción completa del ideario occidental (republicano, monarquico, comunista, capitalista) y han conocido sus consecuencias cuando se han acometido de forma repentina.
La breve república de Sun Yat Sen así lo mostró. Los delirios de Mao, también.

Aún así, Mao era consciente de la necesidad de la modernización del país, que acometió de un modo muy parecido a los sóviets. Sus sucesores han procurado evitar sus excesos ideológicos, que él mismo reconocía en privado en su vejez, fueron un desastre.

Han creado un Estado burocrático que funciona, al menos de forma solapada, como una diarquía en escalafón.

Desde Deng Xiaoping, después, y la regularización de las relaciones con EEUU, antes, (Nixon), han reducido su política a dos objetivos: La consolidación y la autonomía China en política, es decir, asegurar la supervivencia política de su Estado y la integridad de su territorio.

Sólo ahora, aparece como una alternativa en apariencia exitosa, cuando lo unico evidente es la permanencia de un programa politico con unos objetivos claros. En suma, aparente estabilidad.Al contrario de lo que pudiera parecer, son maestros en tomar caminos sinuosos, pero la cima a la que quieren llegar siempre es la misma.

En los paises occidentales, dentro de lo que suponen los intereses y prioridades geopoliticas, lo cual no suele modificarse mucho, la alternancia política en programas y sobre todo, objetivos finales, a largo plazo está sujeta a muchos vaivenes. Esto es, en el caso que no haya pactos de Estado entre partidos democráticos (normalmente sólo usuales en casos de extrema necesidad). En realidad esto sería lo deseable. Pero la democracia en su forma actual es básicamente una máquina electoral un poco corta de vista. Falta pues, visión a largo plazo muchas veces, precisamente la herramienta más necesaria contra la precariedad y la inestabilidad. Sin un proyecto sólido, bien fundamentado y estable es muy dificil llegar a alguna parte. Especialmente en periodos de crisis prolongada, sujetos a muchas tentaciones de resolver por la via expeditiva ;)

Si deseais conocer a China, estudiad su historia. En ella están escritos los anhelos de su presente, y sobre todo, su carácter.

El presidente Hu Jintao, de China, que desde ayer se encuentra en Washington, fue calificado por la revista Forbes como el hombre más poderoso del planeta. ¿Qué tan válida es esta afirmación? Si fuese en función del Estado que representa, esta categorización resultaría prematura. Su anfitrión en la Casa Blanca se encuentra a la cabeza de una nación que, aún por varias décadas, detentará la primacía mundial. Ahora bien, mientras Obama se ve cercado por un Congreso de signo contrario, Hu podría detentar un poder mucho más amplio en su país. ¿Es éste el caso?

Para comenzar hay que decir que el poder en China se ejerce hoy en forma mucho más colectiva que en la era Mao. Diversas instancias burocráticas e institucionales son responsables de las grandes decisiones. Ello impone límites precisos al ejercicio del poder presidencial que, por lo demás, debe coexistir con otra fuente de poder autónomo: la del Primer Ministro. Este último cargo no emana de la autoridad presidencial sino de las mismas fuentes partidistas que eligen al Presidente. Por si lo anterior fuera poco, todo Jefe de Estado debe convivir con unas inconmensurablemente poderosas Fuerzas Armadas. Para mantener su influencia sobre estas últimas los presidentes detentan, como un cargo adicional, la jefatura de la llamada Comisión Militar Central.

Pero más allá de las redes que rodean a la institución presidencial, cabría preguntarse: ¿Cuánto manda este Presidente? La respuesta no es fácil, dada la opacidad misma del sistema. Sin embargo, un conjunto de elementos podrían aportar pistas en este sentido.

En 2012 Hu abandonará la presidencia, aunque aún conservará por un tiempo más otros cargos. Quien él deseaba dejar como sucesor era una de las dos figuras fulgurantes de la generación de relevo: el viceprimer ministro Li Keqiang. Sin embargo, quien resultó designado por el Comité Central del partido para sucederlo fue la otra gran figura de esa generación: el exalcalde de Shanghai y exgobernador de Fujian y Zheijiang Xi Jinping. Este último, como ha reseñado la prensa, no escondería su lealtad hacia el antecesor de Hu: Jiang Zemin.

El pasado 12 de enero cuando el secretario de Defensa de EEUU Robert Gates visitó Pekín, las Fuerzas Armadas chinas flexionaron sus músculos haciendo una prueba pública de su avión J-20, lo más moderno de su parafernalia bélica. Hu habría evidenciado su desconocimiento de ese hecho, a decir de Gates tras su encuentro con aquel. Según muchos analistas ello confirmaría las sospechas de que existe una alta autonomía militar frente al poder civil.

Finalmente, según el excomisionado de la UE para Asuntos Exteriores, Chris Patten, existiría un marcado contraste entre el estilo cauteloso y políticamente sofisticado de Hu y las innecesarias controversias sostenidas con los países vecinos en los últimos meses. A su juicio, ello evidenciaría importantes concesiones del Presidente hacia los sectores duros del partido (The Straits Times, 13 enero). La afirmación de que Hu es el hombre más poderoso del mundo pareciera no sostenerse. Ello no quita, sin embargo, que el liderazgo colectivo de China haya resultado extraordinariamente efectivo en la consecución de sus objetivos.

El mundo siempre fué un bocado demasiado grande para un país, por potente que fuese, de ésto los chinos saben bastante, ya que fueron uno de los primeros pueblos en experimentarlo; más de 20 siglos de historia lo confirman.
Si logramos superar los acuciantes problemas que nos afectan, que al parecer sólo crécen exponencialmente, poniendo así en peligro nuestra propia supervivencia -y la de la propia naturaleza- cada día se ve el panorama cada vez más amenazado por la ambición, la arrogancia, el fanaismo -producto de la ignorancia y la manipulación- las interminables luchas de poder por el control de los recursos y de las mentes, y que por error o a causa de un accidente o fallo, nos exponen a una posible hecatombe de dimensiones gigantezcas.
La forma tan ilógica como antinatural en la que vivimos, junto a los absurdos valores y criterios por los que nos regimos, a los que habría que sumar la incompetencia, la corrupción y el abuso, entre otros, nos está acercándo demasiado al borde del abismo.
Créo que ya va siendo hora de reflexionar y emplear nuestros conocimientos para beneficio de todos, no por bondad o filantropía, sino en defensa propia, pues en realidad nos atañe directamente a todos; al fin y al cabo pertenecemos a la misma raza -la humana- y lo que nos separan suelen ser dogmas absurdos, ideas preconcebidas y creadas en otras épocas, para otros pueblos, con otras idéas y conocimientos, y en otras condiciones, y que no tuvieron la ventaja de los avances científicos que ahora poseémos.
La evolución es una antorcha que deberá pasar de época en época, de un pueblo a otro, de una cultura a la siguiente, hasta que un nuevo ciclo de comienzo. Mientras tanto hablaremos muchas lenguas, hasta que encontremos otra manera de comunicarnos más inteligente, y que de una vez por todas séa común a todas las etnias.
Los derechos humanos vienen automáticamente cuando se hacen en un plano de igualdad y de respeto; mientras hayan las diferencias abismales de toda índole que existen actualmente, todo proyecto caerá irremediablemente en saco roto. Un saludo

Muy buen post, Luis. Buen análisis de prospectiva.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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