Lluis Bassets

Dejemos caer de una vez al Faraón

Por: | 01 de febrero de 2011

Toda la preocupación se centraba en la sucesión de Faraón. En su enfermedad. En el movimiento debidamente calculado de mover el peón, su hijo, para convertirlo en rey, justo en el momento adecuado. Los servicios secretos de todos los países concernidos, el ejército, la policía, los gobiernos aliados, todos estaban atentos y preocupados. Los antecedentes no permitían el desánimo: en la vecina Siria se había producido una sucesión como la ahora planificada. El cambio generacional estaba funcionando mal que bien en toda la geografía árabe, sobre todo donde se cuenta con la legitimidad sucesoria de las monarquías. La estrecha colaboración militar con Israel y Estados Unidos parecía también una garantía para que las cosas se mantuvieran bajo control. Todos esperaban, sin embargo, que el momento crucial, cada vez más cercano, sería ‘el hecho biológico’. Nadie contaba con la existencia de otros factores, con frecuencia incontrolados, que invertirían el orden de los acontecimientos.

La variable más importante y decisiva no estaba en las agendas ni las prospectivas. Nadie había previsto un incendio como el que se ha declarado a partir de Túnez, en lo que ya es el programa de una revolución democrática árabe. Nadie había contado con lo que, al final, impulsa siempre este tipo de cambios: la gente, los ciudadanos, le peuple, we the people. Los ciudadanos de todos los países árabes, desde Marruecos hasta Irak, jamás habían derrocado a ninguno de sus múltiples y longevos tiranos. Habían sido determinantes, sobre todo en algunos países, en los combates de la independencia, pero luego cayeron en la postración, sometidos al puño de hierro de las distintas policías secretas de los sucesivos tiranos. También ellos estaban hasta ahora recluidos en una inmensa cárcel de pueblos, de la que los tunecinos están saliendo y los egipcios pugnan por salir.

Sacrificados a la estabilidad, los ciudadanos de toda la geografía árabe habían sido minusvalorados y despreciados, pecado en el que Europa y Estados Unidos llevan la penitencia: a esta actitud arrogante se debe la ceguera política que ha impedido prever la revolución democrática árabe que se está extendiendo desde el Atlántico hasta el Golfo Pérsico. En vez de enfrentarse a una sucesión delicada, Washington y sus aliados se han encontrado con la ola revolucionaria imprevista que amenaza con derrocar a su fiel aliado de 30 años y les sitúa en un dilema insostenible. Si le empujan para que caiga, imparten una lección peligrosa a todos sus otros aliados: pueden prepararse los monarcas árabes mimados por occidente. Si le siguen sosteniendo, rubrican una vez más el doble rasero tradicional con los que se ha tratado a los árabes: la ejemplar democracia estadounidense les dice a los árabes que ellos no tienen derecho a la democracia.

Obama no tiene la culpa histórica de este dilema, pero sí la responsabilidad. Ha seguido la misma política de todos sus antecesores, incluido por supuesto a George W. Bush; no ha sabido traducir sus palabras de El Cairo en hechos; nada ha hecho avanzar el proceso de paz entre israelíes y palestinos; y su actitud ante los egipcios, y sobre todo la de su vicepresidente Joe Biden, no es mejor que la de Sarkozy y su ministra de Defensa, Michèle Alliot-Marie respecto a los tunecinos.

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El problema con los musulmanes es que ponen delante de cualquier otra cosa: Ala y la religion. Un cardenal del papa decia que no es posible gobernar la Iglesia con avemarias, dando a entender que se debian de hacer trabajos sucios. En el mundo musulman no existe este problema, aca se aplica la ley a rajatabla: el adultero es lapidado, el hosexual ahorcado, al ladron se le cortan las manos. Eso es lo que preocupa a occidente, lo llamamos barbarie, pero aun en la Biblia se habla de estos castigos para el que falla. REsumiendo en occidente no hay ley, cada uno hace lo que bien le parece, y se castigan los pecados con la carcel, en cambio para el musulman, se rige por el Coran, que Occidente no acepta, por no considerarlo inspirado y mas aun, algunos lo consideran inspirado en el Infierno, por eso no acepta el fundamentalismo islamico y asi iremos y solo Dios y o Ala sabra hasta donde

Es obvio que USA fue a Iraq por razones petroleras y de ninguna manera a implantar ninguna democracia. Exportar democracias a punta de bombazos es como contradictorio. Las democracias no occidentales, pocas pero existentes, se han construido no “gracias a” pero a “pesar de” Occidente, y liderando Occidente con intereses en todas partes y a todos los niveles esta USA.

Veremos si Occidente es capaz de aceptar gobiernos pro-islamistas y no tan clientelares a sus intereses si así lo desea “la calle árabe”. Lo tienen bien difícil estos países, o los pueblos de estos países, con poca o ninguna cultura democrática, sus integrismos y su mentalidad tribal a nivel interno e Israel a nivel externo como centinela de USA en la región. Estado violento, expansivo y recientemente híper-racista con la oleada de judíos rusos que han llegado empezando por su ministro de exteriores, Avigdor Lieberman, patán entre patanes, que cree que la diplomacia que hay que ejercer en ese polvorín no es muy diferente a ser el “bouncer” de un puticlub (su antiguo oficio por cierto).

Parece como si EE UU solo quisiera la democracia de aquellos países, árabes o cristianos, que no bailan a su son. Lo vimos en Irak, donde se hablaba de liberar al pueblo iraquí del tirano díscolo, del tirano que no era de su cuerda, pero tan tirano y déspota como el rosario de ellos que se preparan para caer ahora.

Bassets, me extraña en Ud. Pero si está todo el pescado vendido y el paquete atado y bien atado.
Le dieron el Premio Nobel a El-Baradei para tener una alternativa creíble.
Hace meses.

Cuando estalla la revolución en Túnez rápidamente se han hecho con el control. Y largaron la rebolica en Egipto, que está lleno de agentes de la CIA -que en algo se gastan la fortuna de la agencia, bueno, la mitad la otra mitad se la llevan a Suiza y a Panamá- agentes de provocación y agentes de influencia.

tras esta manifestación o algo se irá el Rais dejando el gobierno a una cantidad de policía, espías y gente de inteligencia, con un trufado de civiles y un figura como el-Baradei.

Transición, que la llaman, siguiendo un modelo con mucho éxito en España; en Foggy Bottom (Ud sabe dónde queda eso) les gusta reutilizar lo que ya les resultó bien.
Transición absolutamente vigilada por el ejército, que garantice las tres cosas que interesan a Occidente: el Canal de Suez y un oleoducto que sale al Mediterráneo, e Israel.

EEUU puede usar su arma fatal: ¡ el hambre ! Egipto es absolutamente incapaz de alimentar a sus masas y un triunfo rotundo de radicales islámicos, con cortarles el pan no duran un mes.

Ya Fitch, Moody's degradan la deuda de Egipto, los extranjeros y los nacionales se llevan el dinero, las empresas extranjeras evacúan y quizás no vuelvan.
Eso hará que los "nuevos" gobernantes se tienten la ropa o una ola de desesperación puede acabar con ellos antes de fin de año.

De todas formas un cambio positivo de transición democrática y aparentemente por la fuerza nacional y popular es bueno. Si hubiera sido muy evidente la acción americana la reacción puede ser mala.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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