Lluis Bassets

Transiciones, revoluciones, revueltas

Por: | 29 de marzo de 2011

En tres meses todo se ha movido. En todos y cada uno de los países. Y todo sigue moviéndose. A una velocidad que escapa a la percepción del ojo informativo y a la capacidad imposible de una atención simultánea. La embestida popular contra los regímenes de Yemen y de Siria habría ocupado los mejores espacios informativos de los medios. Ahora queda amortiguada por la guerra Libia dirigida en este momento por la OTAN. Tendemos a olvidarnos de Túnez y de Egipto, pero allí suceden cosas serias cada día y sus transiciones están ya en marcha.

Mubarak, por ejemplo, ha pasado de jubilado en su jaula de oro al arresto domiciliario; las cárceles han cambiado de inquilinos: ahora entran dirigentes del régimen caído acusados de corrupción y de la represión sangrienta de la protesta. Trasladadas a nuestra transición, diríamos que ahora tunecinos y egipcios han pasado de Arias Navarro a Suárez y se hallan en puertas de los cambios legales que les facilite la entrada de lleno en sus procesos constituyentes. Basta con recordar la canrtidad de percances y problemas que hubo que superar en España entonces para darnos cuenta de las dificultades que les esperan a nuestros vecinos mediterráneos.

Apenas suscita atención la última fila de las protestas, donde todavía son muy incipientes, como en Argelia o Marruecos, o donde quedan ahogadas antes de empezar, como Arabia Saudí, pero no hay que olvidarse de que están también enganchadas en un tren que abarca todo el mundo árabe, quizás también el islámico, e incluso otros países africanos y asiáticos donde el hartazgo por las dictaduras ha llegado a un punto límite.

Ahora Europa y Estados Unidos se concentran en su participación en la guerra libia. Es la cuestión que suscita mayor polémica y no es extraño. Lanzar una acción militar siempre es una cuestión grave, que requiere un debate a fondo. Libia, además, es la primera pieza que se resiste con la máxima virulencia a la oleada de protestas. La escasa cohesión nacional hace el resto: son muchos los temores sobre una partición del país y su conversión en Estado fallido, que supondría la aparición de un nido de terrorismo y desestabilización en pleno Mediterráneo: una Somalia con petróleo a pocas millas de la costa italiana.

Gadafi ha jugado a fondo con las amenazas para disuadir primero a los occidentales y para resistir después. Pero su suerte está echada, lo que no significa que sus amenazas también puedan descartarse. Desgraciadamente, es posible que no en todas vaya de farol y que los enormes recursos acumulados por la casta delincuente y mafiosa que ha gobernado Libia durante tantos años pueda servir para financiar actividades terroristas. Tiene toda su lógica que los esfuerzos diplomáticos se dirijan ahora a negociar una salida para el dictador.

Pero no terminan ahí los problemas. Hay que insistir que todo esto no es más que el aperitivo de lo que se nos viene encima. Si los cambios de régimen alcanzan a los grandes productores de petróleo recordaremos lo que hemos vivido hasta ahora como una etapa relativamente tranquila. Allí la revolución democrática tiene cada vez más la fisonomía de un enfrentamiento sectario entre sunitas y chiitas, en el que el Irán de los ayatolás se juega el perímetro de su influencia como potencia regional. Teherán lo ampliaría si las revoluciones prenden definitivamente en la península arábiga, donde hay una nutrida población chiita, minorizada por los regímenes en plaza; pero se estrecharía si el régimen de Bachar el Asad cayera y se abriera una transición como en Egipto o Túnez.

Washington y Bruselas (OTAN, UE) han empezado, mal que bien, a lidiar con todo esto. El comienzo fue malo: como suele suceder, hubo un primer momento de perplejidad y resistencia a aceptar el cambio. Luego las cosas se han enderezado. Ha sido crucial la intervención militar en Libia, para evitar que se produjera una matanza por culpa de la inhibición internacional. Ahora hay que dejar que los rebeldes terminen con el régimen de Gadafi y ayudarles a que se instalen en un proceso similar al de sus dos vecinos.

Pero, además, hay que armar de nuevo una entera estrategia para toda la zona: no existe, digámoslo con todas las letras. Parte de esta política remozada es de una gran dificultad y debe responder a la demanda creciente por parte de todos los ciudadanos de unas políticas exteriores que sepan combinar la lógica defensa de los intereses con la mínima decencia en la defensa de los derechos humanos. Ahí se incluye el problema clásico de los dobles raseros: nadie puede admitir ya que se suba o baje el listón en función del grado de ‘amistad’ que tenemos con el régimen de turno.

Un capítulo específico en todos estos cambios se llama Israel: ahora ha salido del foco de atención, pero puede regresar muy rápidamente y de nuevo con el ruido de las armas. Es una primavera árabe, pero llena de nubarrones y de tormentas. Se va el frío de las dictaduras, pero tardará todavía en llegar el tiempo apacible y soleado.

Hay 6 Comentarios

Me parece un comentario lúcido, el que acabas de hacer Maltés, pero queramoslo o no, Francia está, de alguna manera manejando unos hilos que favorecen a otros.

Libia se está asomando a un escenario ciertamente terrible, y es el de una nueva Somalia, o algo bastante parecido. Podría ser un nuevo Sudán.

Tener un conflicto así en nuestras puertas es un problema enorme para Europa.

Francamente, es posible que la intervención francesa, dentro de su interesado pragmatismo, sea más coherente que la de una Europa noqueada e indecisa, incapaz de asimilar cómo la ve el resto del mundo, o mejor dicho, qué se espera de ella.

Europa parece una chiquilla adolescente, dicho mal y pronto.

Los europeos hemos rechazado asumir responsabilidades, pero bien que hemos presionado para obtener beneficios y ventajas de una forma neocolonial...


You reap what you sow...


Si bien Gadaffi está afectado con delusiones de poder, no es idiota. Nos conoce, y probablemente se figura nuestras debilidades, como la voluntad dispersa y la falta de planes. Por no decir, que estamos maniatados por la crisis y el esfuerzo bélico en Afganistán. Con su enrocamiento espera obligar a Europa a dar un traspiés, o ceder a terminos favorables para él a medida que pase el tiempo.

"Even a mouse show fangs when cornered".

Francia puede haber demostrado capacidad para bombardear cosas durante una semana (lo cuál es un aviso al conjunto de países europeos), pero no es seguro que apostara por el lado ganador en Líbia. Porque, seamos claros, ¿lo hay?.

El cúmulo de partisanos llamados "rebeldes" no se sabe quiénes son, ni si son capaces de algo o son una invención francesa, o si tienen un proyecto, cuál, hasta dónde durará su unidad, qué figuras prominentes les dan voz, dónde quedan exactamente sus jóvenes con cultura pacífica, civil y global en todo esto (como en Túnez y en Egipto), etc.

No se sabe aún si una ayuda militar sostenida (de los franceses, y de su cárcel-Burocracia llamada UE, o de la OTAN) a los rebeldes líbios, bastaría siquiera para vencer a Gadafi, o es siquiera la herramienta adecuada para ello.

Alomejor la Guerra Civil se enquista. ¿Por qué no? Puede bajar de intesidad, con un Gadafi atrincherado, y alargarse seis, siete años, sin resolverse claramente.

Pueden intentar pelar a Gadafi, desde dentro o desde fuera, pero entonces la victoria rebelde no será ni clara ni bonita, y los integristas y su vaticinable versión de las cosas podría hacerse con la iniciativa.

En otras palabras, los rebeldes son un desastre, y reculan constantemente.

A Gadafi le resultaría imposible volver al status quo, pero eso no significa que esta guerra no tenga tirada larga, por regional que sea, y aunque implique una demografía relativamente pequeña pero dispersa (en el corazón del Mediterráneo).

No podemos calcular nada todavía. Los bombardeos "aliados"-coloniales de Francia pueden seguir teniendo "éxitos" indefinidamente, sin arreglar nada porque falta la pieza constructiva en todo esto, la alternativa - y falta entre otras cosas porque el atrincheramiento belicoso de Gadafi la vuelve secundaria.

Respecto al comentario que hace "distinciones" entre tiranos "dóciles" y tiranos "no-dóciles", hay que decirle que no hay tirano dócil.

Mubarak y Ben Ali encabezaban regímenes presidenciales.

Gadafi no.

He ahí la transcripción correcta de la distinción mistificante entre "dócil" y "no-dócil".

Dos dictadores han sido forzados a retirarse. No hay nadie dócil en juego todavía, sí hay jóvenes inteligentes, tunecinos y egípcios.

Mubarak acaso ha hecho gala de honor y gravedad, y Ben Ali no quiso liarse más. Pero Gadafi es un extravagante que no distingue entre "Líbia" y sí mismo. Eso no es ser "indómito", es estar chiflado.

En todo caso, no somos nosotros, "europeos", quienes estamos llamados ni a definir, ni a anticipar, ni a comentar bajo esquemas arcaicos el mundo que se avecina, que Francia no podrá coaccionar indefinidamente, y que puede distar mucho de replicar el mundo a medida que los europeos se han narrado hasta el momento.

Y por fortuna.

Sr. BASSETS: coincido, el pueblo árabe se revoluciona por la libertad, lo que es muy positivo para ellos, para la región, y para el mundo. También coincido en que es muy posible que Israel regrese pronto con el ruido de las armas, ya que algunos lo están probocando, pero tenga usted por seguro que Israel no aparecerá contra los árabes palestinos de Israel, ya que éste es el ÚNICO pueblo árabe que no está hoy en transición, ni en revolución, ni en revuelta, sino muy felíz, progresando en democracia, como ciudadanos con derechos civiles y politicos, y con la mejor Seguridad Social del mundo entero. Si Israel reaparece en la lucha será, COMO SIEMPRE, contra los salvajes que quieren 'borrarlo del mapa' y 'echar a los judíos al mar'.

Vaya hombre, todo está moviéndose en el mundo árabe pero siempre nos acabamos acordando de Israel. ¿Por qué tiene que volver con el ruido de las armas? Israel bastante tiene con sobrevivir en esta revuelta primavera árabe. Los nubarrones y las tormentas no provienen de Judea, son tornados muy localizados, cada uno con sus vientos racheados o huracanados, pero que sepamos el Mosad no es el origen. Dejemos en paz a Israel, no mentemos su nombre en vano y deseemos que vuelva el tiempo apacible allí donde anda revuelto.

No todos los tiranos son iguales. Hay tiranos díscolos y tiranos dóciles. Ben Ali y Mubarak, mimados por Occidente, responden al modelo dócil. Gadafi, en cambio, es un tirano díscolo que nunca dejó manejarse, por bien que se llevara con algunos grandes. Berlusconi parece el que más ascendiente podría tener sobre él, pero me da que la sucesión en su caso funciona al revés. Con tiranos dóciles va todo mucho mejor. Tal complicidad, en todo caso, es inmoral mientras dura, pero llegada la hora de la moralidad ejerciente, se retira más fácilmente al dictadorzuelo domesticado. Para la próxima vez, ojalá que no la haya, pero si la hay, ya lo sabemos. Mantenerlos, sí, pero dominándolos, para, llegado el caso, retirar sin reticencias. ¡Qué cínicos somos los occidentales! ¿Será genético? Estaremos tan preparados para el cinismo como para la democracia no están, dicen algunos, preparados los países árabes. Reflexiones de par de mañana para andar por casa con la conciencia tranquila.

España ultima negociaciones para armar a Arabia Saudí, cuyo ejército entró en Bahrein para frenar las protestas democráticas que algunos dicen defender en Libia. Sigo preguntándome cómo es posible que la población civil de este país maneje armas pesadas y cazas, desde luego Libia no es Túnez ni Egipto. Me sorprende que en la era de la información, de Internet y de la telefonía móvil no exista una sola imagen de las masacres del ex-amigo Gaddafi, máxime en un país como Libia con mayor acceso a estas tecnologías que por ejemplo Siria, de donde sí existe testimonio gráfico. El tiempo hablará y espero que se retracte (o no, se le ha visto el plumero) entre otras cosas por llamar "demagogos" a quienes difieren de su opinión respecto a la guerra en Libia.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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