Lluis Bassets

Llega el verano árabe

Por: | 04 de junio de 2011

Con el verano a la vista, época de grandes calores en África y Oriente Próximo, la primavera árabe no está terminando, sino que entra en una nueva fase. Hay dos transiciones en marcha, en Túnez y en Egipto, con horizonte electoral próximo. Tres países se hallan abiertos en canal en distintos grados: guerra civil en Libia con intervención de la OTAN; deriva guerracivilista en Yemen fomentada por el dictador a punto de ser desalojado; y martirio de la población en Siria, donde persiste la protesta a pesar de la durísima represión de Bachar el Assad. En el pequeño Bahréin de mayoría chiita la revuelta ha quedado ahogada por la invasión saudí en el mejor estilo soviético, y en el resto del mundo árabe han saltado las chispas de las movilizaciones, pero no ha prendido todavía la llama.

En esta fase ya se atisba la entrada en la fase resolutiva en alguno de los tres países ahora en primera línea. Es fácil prever que caiga pronto la tercera pieza y regrese la atmósfera de un cambio de época como hemos visto pocos. Hay que entender que va para largo y llegará muy hondo: desde Pekín y desde las capitales africanas se observa todo esto con enorme inquietud.

También se atisban algunos rasgos del nuevo mapa geopolítico. El papel del islamismo político será muy destacado en las nuevas democracias en construcción. Habrá que ver cómo lo encajamos desde Europa. Los Hermanos Musulmanes y sus filiales quieren ser el equivalente a la democracia cristiana en Europa y llevan buen camino para conseguirlo. El modelo de partido y de filosofía política viene de Turquía. También, aunque no solo, influencia y financiación. La medida de todos los progresos la darán las libertades individuales, sobre todo la religiosa y de conciencia. El voto y el pluralismo políticos no bastan.

Hay otro polo que se está reforzando, alrededor de Arabia Saudí y de las monarquías del golfo Pérsico, una Santa Alianza islámica para preservar los regímenes hereditarios y los patrimonios de las amplias familias en el poder. Jordania y Marruecos han sido invitados a participar en este frente contrarrevolucionario. Su programa es lampedusiano: cambiarlo todo para que nada cambie. Irán acecha al otro lado del Golfo, con su proyecto nuclear y sus tentáculos en Gaza, Líbano, Irak y Siria. La crisis de este último país es también determinante para la guerra fría entre los saudíes y los ayatolás.

Israel, en cambio, está encapsulada en su búnker, sin más oferta que resistirse al cambio. Todo lo que ha hecho Netanyahu ha sido reforzar el blindaje, buscando apoyos exteriores a su inmovilismo y cultivando en el interior la imagen idílica de un país irreal. Su capacidad de diálogo y de transacción en la zona es exactamente cero. Todo funcionaba mejor bajo el cerco de las dictaduras. El estío es tiempo de cosecha y fruta madura, que cae por su propio peso.

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Por más que todos somos peces nadando en el mismo agua, qué difícil es entenderse y aunar voluntades. Todo es ir contracorriente incluso cuando no es necesario. Ya podemos estar cociéndonos, que no hay manera de abrirse en el mismo sentido, ni mucho menos al mismo tiempo. No solo a los bípedos, a los bivalvos les pasa lo mismo. Qué prodigio si veinticinco almejas de Carril se abrieran al unísono en la sartén. Eso le diré al próximo que reflexione sobre la posibilidad de paz en Oriente Medio, imitando la admonición del niño Jesús a San Agustín.

¿Llegaremos algún día a la estación única, geopolíticamente hablando? Uy, cosa difícil. Haría falta un verdadero cambio climático pero en clave política. Las diferencias temporales son lógicas en la geografía física pero qué bien nos iría a todos si desaparecieran en la geografía política. Cuando uno empieza a calentarse un poco, el de al lado se enfría. Por no hablar de los que no se descongelan nunca y que viven su particular estación única. El mundo árabe empieza a querer embellecer un poco su rostro con cremas hidratantes, democráticamente hablando y su enemigo tradicional admite que prefería la sequedad anterior. Qué mal gusto.

Nada de choque de civilizaciones. Parece más un choque de estaciones.

La razón de la primavera árabe
Los acontecimientos políticos aspiran a conseguir los nobles objetivos de los pueblos, pero siempre según la base ideológica de los partidos más influyentes en el país, el ciudadano muchas veces está marginado. La revolución pretende aparecer con un carácter nacionalista, pero pronto se hunde en diferencias ideológicas y prácticas para llevar el mecanismo del cambio hacia un desastre, alejando la posibilidad de obtener aquellos objetivos y decepcionado al pueblo para luego hacerle caer en trampas externa de acechados interesados y camuflados que se ofrecerán para la ayuda que no llega de dentro.
El mundo árabe se levantó, no sólo para deshacerse de sistemas de represión y de ejército de seguridad creado de forma muy selectiva para la protección del amo, sino que también para reafirmar su reivindicación de recuperar derechos en Palestina.
Los padres del proyecto sionista, los ingleses y más tarde los norteamericanos, se esforzaron en hacer del conflicto árabe israelí como una cuestión local o más bien entre dos comunidades, la árabe musulmana y la israelí judía. Pero a pesar de esfuerzos y presiones con chantajes durante décadas, resurgió la causa palestina como un pilar fundamental en toda lucha árabe, y no sólo con exclusividad palestina y árabe sino a nivel del mundo musulmán desde Irán hasta Indonesia. En más de una ocasión el muro de la resistencia palestina apareció sólido e infranqueable a pesar de la falta de ayuda de los demás hermanos árabes. En más de una ocasión los palestinos fueron cercados gracias a la colaboración con las partes árabes interesadas para abortar sus intifadas.
Después del fracaso de Camp David a finales de la presidencia de Bill Clinton, los palestinos se prendieron con esfuerzo propio, y a pesar de complicidad árabe, a llevar su causa a las Naciones Unidas. Pero EEUU e Israel tenían sus cálculos de distintos resultados, permitieron la visita del mercenario y genocida Sharon a la Explanada de la Mezquita, que fue la chispa de la Segunda Intifada. Previamente el embargo contra Irak no fue tan efectivo a pesar su duración de 12 años y la administración de Washington encabezada por Bush junior y por sus afines likudistas como D Rumsfeld, P Wolfwitz, R Pearle, D Cheney, Condeleeza Rice… decidieron llevar a cabo su plan, ensayado años atrás, de invadir Irak. Forzaron calmar el frente en Palestina al enviar de visita los miembros del Congreso norteamericano, consiguieron reunir a los regímenes árabes, Egipto de Mubarak, Siria de Hafed Assad, además de los aliados de siempre: los países del Golfo encabezados por Arabia Saudita, para fracturar y destruir un país soberano que formaba la única amenaza a la existencia de Israel, e introducirlo en una guerra civil de división étnica y religiosa. Esto es una historia reciente que sus escenas aún no se han borrado de nuestra mente.
Los EEUU, a pesar de todos sus esfuerzos y extorsiones, no consiguieron limpiar su imagen entre los árabes. Los palestinos volvieron a reconciliarse en pro de la unidad palestina y de su resistencia. Las revueltas revolucionarias sorprendieron a todos en Túnez y en Egipto. A pesar de tantos esfuerzos iniciales no pudieron mantener a dos regímenes fundamentales para salvaguardar los intereses de occidente y mantener la seguridad de Israel. Regímenes falsos que cayeron como castillos de arena, y otros en camino de desaparecer para siempre. Las distintas administraciones de Washington se mueven según un único guión concebido por las presiones de los lobbies sionistas encabezadas por AIPAC.
El último discurso reaccionario, tanto ideológica como políticamente, de Netenyahu ante el Congreso de Washington abre los ojos del mundo entero a la negativa de pacificación de Israel. Netenyahu sacrificó el ámbito estratégico y la relación especial con los EEUU por un éxito tan pequeño como temporal. Eligió humillar a Obama ante sus diputados que le aplaudieron neciamente y reclamando que es él el verdadero gobernante de los EEUU. Hizo que el pueblo norteamericano escogiera entre él y su presidente. Éste cedió aceptando la seguridad de Israel y su judaísmo como la piedra de esquina para cualquier negociación. En ninguna revuelta o revolución se exigió el reconocimiento del pueblo sometido de la fuerza opresora antes de entrar en cualquier negociación o acuerdo, y que deben tirar las arma y aceptar las condiciones del ocupante y renunciar a sus propios derechos humanos que están defendiendo desde hace un siglo.
El punto de vista israelí de paz con los palestinos y los árabes es un reflejo bien claro del proyecto sionista y de sus creencias: dominio, arrogancia, insolencia y prepotencia frente al mundo entero. Que todos los acuerdos anteriores y en particular los de Oslo, sólo fueron de introducción para obligar a los palestinos a aceptar el plan de Israel de resolver el conflicto. Como si fuera el estado sionista el único que crea la historia y quien fija los derechos humanos, no sólo en la región, sino en el mundo entero y que controla la política de los gobiernos, no tan sólo en Washington.
Las revueltas revolucionarias árabes nos llevan a la creencia que debemos ponernos de una vez por todas al lado de la ley, la justica y la verdadera democracia. Si queremos ser justo debemos dejar de medir con dos medidas.

Cada dia que pasa, hay menos terreno para el futuro Estado Palestino.
Quien tiene que estar apurado?

Israel no esta inmóvil, su economía esta en el mejor momento de su historia, y eso es algo real.
Con respecto a su política exterior, el tiempo siempre jugó a su favor. Los que deberian tener apuro son los Palestinos.
Lo que pasa en los países árabes a los israelíes le importa un pepino.

Bace, desde Israel.

Cuándo acabará el invierno judío.

Se presenta un Verano muy Caluroso para los dictadores árabes. Esperemos que algunos se tomen unas vacaciones indeterminadas

¿Que debe dialogar y transar Israel en la zona? Pues ya lo hace con varios: Egipto y Jordania, y también con Saudi A. y todos aquellos estados árabes que le ofrecen su espacio aéreo, y lo que sea, para que acabe con el régimen de los ayatolas. Lo intenta también con los palestinos, pero éstos no negocian, han preferido unirse a los que quieren borrarlo del mapa. Así les va, algunos se han fugado de Damasco pues les resulta 'inseguro', la fruta madura ya está cayendo por su propio peso.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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