Lluis Bassets

La Europa rota de Merkel

Por: | 21 de julio de 2011

El tiempo se agota. También los márgenes de acción. Llegará un momento, quizás hoy mismo, en que el destino del euro quedará sentenciado. Depende de Angela Merkel, la mujer más poderosa del mundo, pero también la más empecinada. Lleva un año y medio arrastrando los pies, resistiéndose a la lógica que ella misma ha defendido: si cae el euro, cae Europa. Nadie se llama ya a engaño ante la crisis de la deuda griega: el laberinto en que nos hemos metido, guiados por la creciente aversión alemana a la integración europea, solo tiene una salida, y es precisamente más integración europea. Aunque sea a costa de romper los tabúes alemanes que prohíben todo lo que signifique convertir la UE en una unión de transferencias, sea el rescate de los países en suspensión de pagos, la emisión de eurobonos o la compra por el Banco Central Europeo de deuda degradada.

La presión sobre Merkel es enorme. Si cae el euro no cae tan solo Europa: el terremoto se extiende a la economía mundial. Es lo que le faltaba a Barack Obama, en su guerra particular con los republicanos para aumentar el techo de endeudamiento y evitar la suspensión de pagos de su Administración. El Fondo Monetario Internacional no ha podido ser más explícito. “Necesitamos más Europa y no menos, y la necesitamos ahora”, han dicho varios directivos de la institución. Ahora quiere decir hoy, no mañana. También se lo ha dicho la oposición socialdemócrata alemana, que pide una “señal política fuerte y valiente”, para la que le han asegurado su voto en el Bundestag y su ayuda en las explicaciones públicas a unos ciudadanos reluctantes ante cualquier desembolso para salvar las deudas periféricas.

Mucho le ha costado a Merkel aceptar la convocatoria de esta cumbre urgente de hoy. Quiso convocarla Van Rompuy, el presidente del Consejo Europeo, la semana pasada, pero tuvo que pasar por la humillación de que la canciller le desautorizara y rebajara un grado más su escaso papel en la marcha de la UE. En vísperas de la reunión ha querido todavía deshinchar el souflé, para señalar que no deben esperarse medidas espectaculares de la cumbre, lo contrario de lo que espera todo el mundo, incluidos esos mercados que han castigado las bolsas, disparado los precios de las materias primas y encarecido el precio del dinero en España e Italia.

Los costes de una actitud pasiva y resistente como la de Merkel son enormes. Ya está claro que la profundidad de los recortes y de las reformas no tiene que ver directamente con la contención de la crisis de deuda. La única forma de frenarla es la federalización de las políticas fiscales y presupuestarias, es decir, la denostada unión de transferencias. La lentitud de Merkel no daña tan solo la prima de riesgo y encarece el precio del dinero de los países periféricos precisamente en el momento en que intentan salir de la crisis; afecta también a la cobertura social de sus poblaciones más vulnerables. Pero lo peor de esta resistencia alemana es que, al final, lo que está en peligro es el euro mismo y en consecuencia la capacidad exportadora de la economía alemana. Perder el euro es la ruina para todos. También para Alemania.

Ha sido un alemán, de la misma ideología que Merkel y responsable de su entrada en política, quien mejor la ha calado. Es su predecesor Helmut Kohl, a quien se atribuye una frase terrible: “Está destruyendo mi Europa”. Kohl fue el canciller de la unidad alemana, del euro y de la unidad europea; el político que entregó el marco alemán a cambio de la solidaridad europea, plasmada en el Tratado de Maastricht y, sobre todo, en los fondos para favorecer la convergencia de rentas entre los países miembros.

La Alemania de Merkel es “evasiva, ausente e impredecible”, según el diagnóstico elaborado por los expertos Mark Leonard y Ulrike Guérot, del European Center on Foreign Relations, un prestigioso think tank que sigue atentamente la evolución de la UE y que ha denunciado un creciente distanciamiento del Gobierno alemán tanto respecto a sus aliados atlánticos, incluido Estados Unidos, como respecto a sus socios europeos, sobre todo los países pequeños y periféricos. La Europa de Kohl es sinérgica: cuando uno gana todos ganan; la de Merkel, de suma cero: solo gana uno si pierden los otros. Esta dinámica es la que hay que terminar.

Había un misterio Merkel, que no quedó despejado con su reelección en 2009. No se sabía si era una Dama de Hierro como Margaret Thatcher, es decir, una ultraliberal camuflada, o la representante de una nueva derecha social, una socialdemócrata también camuflada. No es ni lo uno ni lo otro. El semanario Der Spiegel lo ha formulado en términos distintos y drásticos: “No está claro si quiere ser una mujer de Estado o la reina de la prensa sensacionalista”. Hoy lo sabremos.

Hay 7 Comentarios

Los especuladores seguirán atacando a los países más débiles como ya lo han hecho con Grecia, Portugal, España e Italia debido a su inestabilidad política y económica, entre otros muchos factores. Si todos estos países no profundizan con urgencia sus reformas, su situación se volverá mucho más peligrosa. Mientras tanto, Italia ha sido consecuente y ha tomado fuertes medidas de ajuste, pero, España tan sólo lo ha hecho a medias, no tiene apuro. El próximo gobierno español se verá obligado a intensificar y a completar las medidas de austeridad que el actual gobierno no se ha atrevido a ejecutar; la situación será muy semejante a lo ocurrido en Portugal que con el cambio de gobierno, las reformas que se dictaron fueron mucho más drásticas. Dónde queda la responsabilidad por el 'Proyecto Europa' de todos estos países que no han sabido ceñirse a las reglas de la UE y, ahora apelan a la solidaridad? Fueron alguna vez solidarios con sus socios? Los alemanes, desde la época de Gerhard Schröder, se vienen ajustando el cinturón y el resultado es que han podido enfrentarse con éxito a la crisis económica global. La economía alemana sigue creciendo y la canciller alemana, Angela Merkel, antes de irse de vacaciones ya ha anunciado de que la República Federal de Alemania superará su crecimiento en un 3,0% en el 2011 y ha añadido de que, "Alemania no había gozado de tan buena salud desde hace un largo tiempo". Las grandes multinacionales alemanas siguen apostando por la creación de nuevas tecnologías e innovaciones, como Bosch que invierte millones de euros anuales solamente en la investigación y el desarrollo para abastecer de electricidad al grupo motopropulsor del coche. “La electricidad y la electrónica son nuestros terrenos, y en los automóviles actuales, la electricidad y la electrónica constituyen el 40 por ciento de su valor agregado. En los coches electrónicos por venir, ese valor añadido será del 75 por ciento”, lo explica Bernd Bohr, miembro de la directiva de Bosch. “Nosotros esperamos un crecimiento económico del 10 por ciento”, agrega el ingeniero, enfatizando que el número de empleados dedicados al desarrollo de tecnología para automóviles ascenderá de 167.000, a principios de 2011, a 177.000, hacia finales de año. La meta: prever y satisfacer las demandas de los conductores del mañana.

No se preocupe, venimos a rescatarle, gritaba el equipo de rescate. Eso me temo, pensaba angustiado el colgado.

El que diseñó en un principio los rescates debe ser pariente del que decidió la ubicación de la central de Fukushima a orillas del mar en una zona de alto riesgo sísmico. ¡Expertos, entiéndelos! Ojalá algún día las grandes empresas humanas, políticas o técnicas, se acometan con la misma minuciosidad y rigor con que se emprenden las bagatelas de andar por casa. Cómo puede si no entenderse que se ejecuten rescates que aseguran la muerte del rescatado más que su salvación. Cómo pueden autorizarse plantas atómicas en lugares que hacen peligrar la vida humana y ello con la excusa de mantener su necesario nivel de vida. Rescatar para matar, producir energía de modo y manera que pueda no necesitarse nunca.

Hay nueva chica en la oficina, se llama Merkel y es divina. Recuerdos del anuncio de la colonia Farala, qué tanto bien nos hizo. Y tras el apunte absurdo, propio de este verano invernal, qué decir sino que, ¡lo que les ha costado comprobar que con la usura íbamos directos a la basura! Mejor rebajar los tipos a nuestros amigos y así salvar el tipo. Llevamos dos buenos días: menos gente poco honorable en las instituciones nacionales y más cordura allende los Pirineos. Ahora solo queda averiguar cuánto dura la cordura en la zona euro, o mejor, cuánto dura la cordura de la zona euro para el psiquiatra mundial que nos analiza. ¿Se lo creerá o nos seguirá apretando? Mañana empezaremos a saberlo.

Noles Volens.

Ésto no será la UE, sino la Europa de los Mercados. Dado que ningún dirigente piensa responder por los ciudadanos, pues no me extrañaria una desafección masiva hacia una democracia europea débil dentro de unos años. Y a medida que el deterioro de este subcontinente continúe (por desidia, o falta de valor), afloraran las respuestas radicales o reformistas, con razón o sin ella. Igual que en la Europa
de la era posterior a la Gran Depresión.

Merkel, pues, se halla comprometida entre los haberes de sus bancos, y las presiones de un mercado financiero volátil, suspicaz y armado con trilita en forma de números.

Y no se la puede equiparar a Kohl, precisamente porque son eras distintas, con distintos márgenes fiscales y de deuda...

Una pena, se pensaba que Alemania llevaría la democracia, el buen nivel de vida y el respeto a los valores humanos desde Portugal hasta Vladivostok,al menos ha renunciado al rearme y a la energía nuclear. Le ha llegado el cansancio de la riqueza, esperemos que retome nuevamente los ideales de la union europea.

Pasiva Merkel. Europa está en manos de personas pasivas, incapaces de tomar decisiones. Necesitamos políticos capaces, no solo cargados de ideas, sino capaces de llevarlas a cabo. Y no contentos con ella, es posible que en menos de un año haga su aparición el pasivo público número uno.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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