Lluis Bassets

Mar de fondo

Por: | 07 de noviembre de 2011

Este va a ser el tercer golpe de mar, la tercera oleada y probablemente la definitiva. La primera es la que devolvió el gobierno de Cataluña al nacionalismo conservador de Convergència i Unió, después de siete años de purgatorio en la oposición. La segunda es la que le otorgó también la hegemonía del poder municipal, coronado por la joya de la alcaldía de Barcelona. Con la tercera, ¡ay la tercera!, será muy difícil que se pueda contabilizar como una nueva progresión del partido catalán gobernante, pues será una pleamar con resaca para el nacionalismo.

Esta es una marea que se lleva por delante a quien está al mando, que en el caso que nos ocupa es el socialismo. Perdió primero la Generalitat de Cataluña. Perdió después la ciudad de Barcelona donde había gobernado desde la restauración democrática. Y perderá ahora el gobierno de España. Todo esto lo ha perdido y lo perderá por circunstancias que van mucho más allá de la gestión de una simple crisis económica. O quizás porque no nos encontramos simplemente con una crisis económica. T

odo está sucediendo como dicen los guiones. Las encuestas captan las grandes tendencias, las sucesivas elecciones las confirman y en cada nueva elección queda remachado el cambio. Escasos son los márgenes para llevar a la gente a las urnas, convencer a los indecisos o menos todavía hacer cambiar el voto. Tampoco va a torcer el curso de las cosas un debate cara a cara como el de hoy, entre los candidatos del PP y del PSOE a la presidencia del gobierno. De forma que todos seguiremos sumisamente la pauta.

Rajoy no es el cambio, sino que es el cambio el que propulsa a Rajoy. El cambio no empezará el 20-N, sino que culminará entonces cuando España entera aparezca repintada de azul pepero. El cambio empezó mucho antes, cuando quedaron agotados el Gobierno, el programa e incluso el horizonte socialistas, algo que captaron las encuestas a mitad de 2009 cuando registraron un cambio de preferencia electoral, que se ha ido ensanchando sin pausa desde entonces.

Todo cuenta y facilita el cambio. Las inconsistencias tan glosadas de Zapatero. Su negación de la crisis. Los errores que se encadenan cuando van mal dadas. Pero ninguno de estos elementos es la causa del cambio. Ni mucho menos la erosión persistente producida por la oposición, que combina sabiamente el extremismo mediático con el moderantismo expresivo del líder, la polarización efectiva y el centrismo retórico. Y no digamos nada de la atractiva personalidad de Rajoy o del programa y de la capacidad argumentativa y de convicción del PP.

Ni siquiera es un cambio propio, que empiece y termine aquí, sino una consecuencia de cambios mayores, corrientes marinas globales que afectan a todos pero golpean a los más frágiles. Las urnas consagrarán el cambio, pero no lo van a traer, porque ya se ha producido. La mejor prueba es la tranquilidad o la indiferencia con que se observan estas elecciones desde Berlín, Bruselas o París: nada esencial se juega porque las decisiones difíciles ya se han tomado y seguirán aplicándose con independencia de lo que digan las urnas. Esa es la diferencia y la ventaja que tiene España respecto a Italia y Grecia.

El margen de indeterminación, que lo hay, no es para resolver si habrá o no cambio, sino para señalar hasta dónde llegará la marea y cómo será su impacto en algunas zonas de la geografía electoral de especial significación. Es la resaca que amenaza con arrastrar a CiU y a su ambicioso programa: el pacto fiscal y la transición nacional con derecho a decidir, incluidos en la investidura de Artur Mas; algo que nadie sabe cómo se hace si no hay capacidad alguna de pacto y de alianza con las mayorías parlamentarias españolas. Además, puede haber sorpasso del PP respecto a CiU en Barcelona e incluso en Cataluña, algo que también va más allá de lo meramente simbólico. Pero basta en todo caso con una mayoría absoluta del PP, o incluso una mayoría suficiente con el auxilio de UPyD, para que la hoja de ruta convergente se convierta en el cuento de la lechera.

Hay 13 Comentarios

Rajoy, perdónenme que les diga, se las hace muy de gallego. no arriesga, pisa seguro, es constante en la indefinición que confunde con un perfil "centrico". Pese a sus defectos, es quizá para mí el único representante medianamente honrado de su partido, o lo sería si no hubiese respaldado inequívocamente a Camps y Fabra. Ahí se me cayeron las vendas de los ojos.... Difícil percal, tiene en su partido, sobre el cual más bien flota y deja hacer. Le falta el brío. la decisión y la claridad de exposición que son necesarias en alguien que aspira a liderar un país que tiene ahora muy baja autoestima. Quizá gobernar le cambie ese perfil, pero no espero mucho de él. Tuvo oportunidades de demostrar su valía en el Ministerio de Interior con Aznar, y no se le recuerda como un político proactivo, sino más bien a remolque de las circunstancias. Puestos a ello, Rubalcaba está mucho más fogueado, y parece tener mayor conocimiento de como funciona por dentro nuestro Estado, tanto dentro como fuera del aparato administrativo. También es de ciencias (¿como Merkel? uy uy), que suelen ser algo más pragmaticos que algunos políticos venidos de Derecho. Eso sí, espero por su bien que no piense en Pepiño como ministrable. Hay algo en esa persona (con estudios muy justos) que me da mala espina. Se le ve que ha mordido muchas canillas para llegar arriba (mirada esquiva, manos estudiadas), así que Rubalcaba, yo de este, lo miraba bien antes de darle nada.

Y a Rajoy, si gana, que busque gente de fuera de su partido, un verdadero "brain group" con la gente más formada y capaz. Me da igual incluso que no sean españoles si son realmente buenos en sus campos. Pero por favor, no deje cabalgar suelta (de ministrables) a gente como Esperanza, Pons... dan un poco de yuyu, cuando se crecen y cuando alzan la voz, ni te digo. Para arreglar un coche se lo das a un mecanico especializado, no a un conocido que te habla muy bien de sus habilidades. Diplomas, estudios y carrera profesional. Si tiene que haber tecnócratas, que los haya.

Dentro de la gente de ambos partidos habrá gente valiosa, poco mediática y trabajadora. Ahí es donde podrían mirar ambos candidatos. Pero si aun así no dan la talla, no se corten, traigan a lo mejor en cada campo.

Buena suerte al que le toque el Trono de Hierro erizado de pinchos en el que amanecerá sentado el 21-N. Los escozores (por decirlo suavemente) serán de órdago.

Y ya por acabar, personalmente, considero ganador a Rubalcaba aunque ello no impedirá que Rajoy gane las elecciones. Solo queda averiguar por cuánto, si por mucho o por poco. Es posible que Rajoy no pierda apoyos, pero también es muy posible que Rubalcaba haya conseguido en este debate algo muy importante, como sería estimular a aquellos de sus votantes que pudieran estar poco decididos. Esa es la verdadera relevancia de este debate para Rubalcaba, y en este sentido, me parece que lo ha conseguido. Así que el resultado tiene dos lecturas: quién ha ganado en términos absolutos, y quién lo ha hecho en términos relativos.

Pero bueno, en esto de los resultados es difícil pronunciarse. Lo que a uno le parece blanco a otro le parece negro. Los rojos lo ven todo rojo y los azules todo azul. No hay daltonismo político que valga.

El que pierde suele pedir la revancha, si reconoce que ha perdido. Parece que Rajoy ha perdido, pero, ¿pedirá la revancha? No dudo que si Rubalcaba resulta ser el perdedor no dudará en pedirla. Otra cosa es que se le conceda.

En fin, que Rajoy ha perdido otro debate, pero esta vez no impedirá que gane las elecciones. Ha perdido una oportunidad de oro para explicar a los ciudadanos qué hará con la confianza que depositen en él. Ha perdido una oportunidad para liberar a aquellos sobre los que aún penden las espadas de Damocles que como recursos puso sobre sus cabezas. Es revelador su alegato para explicar el que interpuso contra los matrimonios homosexuales. Yo me reuní con Zapatero para acometer este asunto sin molestar a nadie, llamándolo uniones de hecho. Sin molestar a nadie, esa es su divisa, por lo menos antes de llegar. Ya habrá tiempo una vez arriba para dar las malas noticias. Y esta es un poco mi opinión sobre este debate.

Rubalcaba ha trabajado doble: ha expuesto su programa y ha puesto en evidencia el de su rival. Para muestra, un botón. Rajoy explica en plan didáctico e irónica a Rubalcaba que la sanidad se financia con impuestos. Y claro, por eso propone bajarlos, le faltó replicarle al candidato socialista. En suma, Rubalcaba intentó sacar de su caverna a su adversario, pero éste solo respondía con negaciones pueriles. Que si no entiende, que si no sabe leer. El caso es que el único que no entiende su letra, como reveló en aquella entrevista con Pedro J., es quien no contesta a las preguntas que le hacen sobre su programa. Rajoy no ha ido a debatir. Ha ido a repetir su letanía, vacía de concreción. Quien ha hablado en algún momento de saber adaptarse a la realidad, se encastilla en las diputaciones, una institución arcaica que solo duplica el gasto público.

A remolque el que se presenta como cabeza tractora, sería para mi la imagen que mejor ilustraría este encuentro entre los dos candidatos para dirigir el destino de este país. Un candidato con dialéctica y otro candidato con retórica.

El presunto futuro no hablaba de otra cosa que el pasado y el presunto pasado no paraba de hablar de las acciones futuras para superar el problemón del presente. Rajoy lee y RbCb habla. Quizá el primero memorizó tanto cuando opositaba para registrador que desde entonces ha hecho una promesa de no hablar de forma natural, con lo que gana cuando lo hace, Rajoy, quiero decir.

Hablemos del debate apasionante. No me extraña que en algún momento Rajoy haya dicho: 'Yo quiero terminar'. Y también que en otro le haya dicho algo tan revelador como que 'tan poco le va tan mal el debate'. Por lo demás, no me ha gustado el menosprecio del candidato popular con frases como: 'conociéndole, ya me lo esperaba'. Rajoy, como Umbral, ha ido a hablar de su libro, pero su libro lo tenía el adversario, y parece que sabía mejor su contenido. Rajoy es un gran lector. Rubalcaba, un gran pícaro al que es difícil tumbarle con subterfugios que ponían en duda su capacidad sensorial (lee mal, oye mal, entiende mal). Menos mal que no le ha echado en cara que también ve mal quien porta gafas.

Buenas noches,
A punto de empezar "el debate!
Para mí, este es el blog con más calidad de El País, con Lluis me enganché de nuevo al periodico,
De lujo
Muchas gracias

Un poco lo de aquel que siempre andaba en el bar pendiente de si salía en el periódico su esquela. Y justo el día que salió, como decía el camarero, no viene. Hay que quejarse en el momento apropiado, no en función de si un gobierno aprueba por mayoría legítima leyes que representan avances sociales, y por qué no decirlo, morales, pero chocan con el credo personal. Muchas de las decisiones que se adopten en el futuro no lo serán en sede parlamentaria sino extraparlamentaria, y casi diría que mercantil. Los votantes somos accionistas de una empresa que se gobierna allende las urnas.

Lleva mi madre quejándose ni sé la de tiempo de que vivimos peor que con Franco, que si esta democracia es una dictadura, y ahora que lo es, sólo porque van a ganar los que ella vota, resulta que le parece que hay más democracia que nunca. Relatividad democrática: no valen las mayorías cuando son las de otros grupos, no me importa que las mayorías legítimamente formadas no pinten nada, con tal de que sean las que yo apoyo. Unos nos quejamos de la falta de democracia por la insuficiencia de fondo, otros porque simplemente no ganan los suyos, en el supuesto de que realmente lo sean. Es verdad que madres no hay más que una. Y es verdad. La de Gorki.

Más que mar de fondo, el mal de fondo es el que no se arregla si nos quedamos en la superficie del problema. Democracias de superficie, dictaduras de fondo. Se deciden las personas, no las políticas.

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Sobre el autor

es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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