Lluis Bassets

La meada del héroe

Por: | 14 de enero de 2012

Son imágenes insólitas, nunca vistas. Lo que reflejan no, al contrario. Forma parte de los ritos de la violencia guerrera desde que el mundo es mundo. El robo, la rapiña, la violación, la mutilación o la profanación de cadáveres son el resto inercial de una fuerza a la que se le ha permitido proyectarse sin límites. ¡Ay de los vencidos! La frase latina incluye la meada sobre los muertos y los heridos.

No hay guerra civilizada, por más esfuerzos que la humanidad haya realizado en su historia, desde la invención de unas reglas idealizadas para la caballería medieval hasta las convenciones de Ginebra y los códigos de los ejércitos profesionales occidentales. Civilizar la guerra es un esfuerzo encomiable que ayuda a tragar la píldora amarga cuando no hay más remedio que librarla. Pero al final, la guerra es siempre guerra. Sucia, inmoral, corrupta y corruptora, hasta destruir el alma de quien la emprende aunque tenga todas las razones morales y legales en su favor. El orden y la formalidad de los ejércitos sirve precisamente para domesticar en la medida de lo posible esta violencia irrefrenable y para convertir las miserias que la acompañan en grandeza, honores y heroicidades. Esos héroes pillados en plena meada jamás podrán convertirse en ciudadanos normales y mentalmente sanos.

La virtud que tiene nuestra época es que la tecnología que la caracteriza, tan provechosa para el arte de matar, también lo es para el arte de la transparencia. Si en épocas anteriores podíamos esconder bajo las alfombras la suciedad insoportable de las guerras que librábamos, ahora las imágenes del horror se nos aparecen como pesadillas en Youtube y se difunden por Twitter y Facebook. Sin la miniaturización de las cámaras digitales y su incorporación a los móviles y sin las redes sociales no habrían existido ni se habrían publicado las imágenes de los cuerpos vejados y martirizados de Abu Ghraib, la grabación de la matanza de civiles en Bagdad difundida por Wikileaks bajo el título de 'Asesinato colateral' o ahora esos cuatro marines que orinan sobre los cuerpos recién ametrallados de unos talibanes.

Tan expresivas como las imágenes son las tomas de sonido que las acompañan sin dejar asomo alguno de duda, por si pudiera haberla, sobre la actitud de los soldados. En Abu Ghraib fueron los propios torturadores, fascinados por las imágenes, quienes obtuvieron las pruebas de sus crímenes. En el caso del helicóptero, la grabación es el protocolo audiovisual que acompaña al ametrallamiento aéreo, algo de creciente interés precisamente para controlar el comportamiento de los soldados al entrar en fuego. Las imágenes del escuadrón de los meones, tomadas por un quinto soldado con su teléfono móvil, se dirían, en cambio, fruto de la casualidad. No parece haber dudas de que alguien pedirá explicaciones sobre su difusión a este quinto marine que no meó sobre los cadáveres y que es el único héroe de los cinco.

Hay 13 Comentarios

Very good post! Thanks a lot.

Estimado Sr.Bassets, saludos. Esta no es la primera micción de los marines norteamericanos que llega a la prensa. En 1949 integrantes de ese cuerpo armado orinaron la estatua del Héroe Nacional Cubano, José Martí(1853-1895), ubicada en el Parque Central de la ciudad de La Habana(Richard Choinsgy, se sentó sobre la cabeza de la estatua de Martí y George Jacob Wagner, fueron dos de los marines que profanaron el monumento) Una gran indignación estremeció en ese entonces la sociedad cubana al publicarse las fotos tomadas por un reportero gráfico que casualmente estaba en el lugar(Fernando Chaviano), y numerosos jóvenes protagonizaron una ardiente protesta frente a la sede diplomática estadounidense. El embajador norteamericano en Cuba acudió a disculparse ante la prensa pero no recordó en público el nombre del prócer ultrajado por sus conciudadanos y el remedio fue peor que la enfermedad. Ahora un video muestra a miembros del Cuerpo de Marines orinando cadáveres en Afganistán. Tampoco es esta la primera vez que integrantes del ejército norteamericano aparecen en escenas similares en nuestro tiempo. La revista Der Spiegel publicó el pasado año las fotos de soldados estadounidenses retratándose sádicamente con los cadáveres de afganos: el Capitán del ejército norteamericano Jeremy Morlock posó sonriente mientras sostenía por el pelo la cabeza de un campesino afgano muerto. En el video que se acaba de divulgar, de 34 segundos, se aprecia cómo un soldado filma a otros cuatro que orinan riendo sobre tres cadáveres, mientras uno de ellos llega a decir “ten un buen día, amigo”. Lo ocurrido ahora en Afganistán ha llevado a que la Secretaria de Estado norteamericana, y ex miembro en la junta directiva de Wal-Mart, Hillary Clinton(Chicago 1947), se declare consternada y planteé que lo ocurrido “es absolutamente inconsistente con los valores estadounidenses, con los estándares de comportamiento que esperamos de nuestro personal militar y al que se acoge la gran, gran mayoría de nuestro personal militar”, aunque lo sucedido en la Cuba de 1949 y la historia de las intervenciones de EU (desde Corea y Vietnam a Iraq y Afganistán)demuestre todo lo contrario. ¿Mala memoria la de la señora que semanas atrás se destornillaba de la risa al conocer del linchamiento de Muamar el Gadafi(1942-2011)? Las cámaras de la Cadena CBS jugaron una mala pasada a Clinton, quien pensando que no estaba siendo grabada soltó una carcajada tras escuchar que Gadafi había sido linchado y exclamó a modo de broma: “Fuimos, vimos, murió”. La periodista, también riéndose, le pregunta si su reciente visita a Trípoli tuvo algo que ver con el linchamiento público de Gadafi, a lo que la secretaria de Estado le responde, inicialmente, que no. Luego, Clinton añade todavía entre risas de “que así fue”. Parece ser, que los tristemente célebres marines imperiales en todo el mundo tienen una misión complementaria a los bombardeos, la destrucción y la invasión de naciones : la misión de humillar.sc

Imágenes insólitas, sí, nadie se puede 'acostumbrar a eso,. Nunca vistas, claro, no suele grabarse esto, pero el que crea que esto es un hecho aislado, sea del bando que sea y en TODOS los conflictos... es que es un ingenuo.

La guerra es una aberración y esto es una más de sus consecuencias.

siempre fue asi siempre va a ser asi Igualmente Deplorable

Y si a la guerra y a la posguerra les acompaña el exilio de una parte de la población como consecuencia indisociable, en la crisis y la poscrisis el compañero inseparable es la emigración. Y dicen que siempre se van los mejores, por lo que guerra y crisis empobrecen a un país. Los vencidos, ya sea por razón de ideas o de deudas, salen disparados tan pronto estalla la guerra, y en muchos casos, cuando estalla la paz. Que la recuperación no siempre es del agrado de todos. Y aquí acaban las reflexiones de hechos comparados. Que la guerra da mucho de sí, aunque todas sean iguales, todas se reduzcan, como cuenta Chaves Nogales en sus Crónicas de la Guerra Civil, a estrago y derrota. Otra cosa es cómo se administren ambas. Y lo que se aprende de Chaves Nogales a crónica pasada, tanto de la realidad de entonces como de la de ahora.

Muchas gracias Sr Basset...Aprovecho la ocasión para enviarle un video sobre el genocidio de la república Laica Francesa en Argelia:
http://barbarosqueyaestanaqui.blogspot.com/2012/01/french-atrocities-in-algeria.html

Muy amable.Es vd un gran analista.

Posguerra y poscrisis: una reflexión de hechos comparados.
Y tras la guerra, la posguerra. En la primera se pasa mal, en la segunda se pasa casi igual, sobre todo si perteneces al bando vencido. Tres años de guerra feroz, veinte de posguerra famélica. Y con la crisis ocurre algo parecido. Cuatro años de crisis aguda, diez de recuperación crítica. Que no todo es salir. Sales del parto y entras en el posparto, del operatorio al posoperatorio. Tras la crisis, la poscrisis, que no necesariamente alivia. Pueden surgir complicaciones. Cuando nos dicen que falta poco para salir de la crisis, parece como si fuera la solución a nuestros problemas, cuando más bien puede significar el comienzo de otros, el inicio de otras hipotecas. En la crisis, como en la guerra, se enfrentan dos bandos, quedando al final, por emplear terminología más acorde al caso, endeudados y endeudadores (neologismo para referirme a quien ha vencido en la batalla de la deuda vencida y no pagada). Si ganan los segundos, que es lo normal, restan años de esclavitud y pobreza para los endeudados, años de trabajar el doble para obtener lo mismo, años de sufrimiento a raudales. Siempre quedará el consuelo de las lágrimas, pero por goteo, para que no nos emocionemos demasiado. Serán unos años de poscrisis dolorosos en los que se cometerán abusos de todo tipo, lo mismo que la represión hace su agosto al final de la contienda bélica. Que no todo es acabar. La liberación de acabar contrasta con la dureza de comenzar de cero, sin medios y trasquilado. Como en la guerra, en la crisis habrá vencidos y vencedores. Cómo saber en qué bando te encuentras. Una pista: si anda temeroso por lo que le pueda ocurrir a usted y a los suyos, además de a sus bienes, ya puede imaginar en qué lado se encuentra de la balanza. Si, por el contrario, anda seguro por la calle y no teme que le pase nada, puede declararse vencedor sin riesgo a perder nada. Ejemplos del primero: casi todos. Ejemplos del segundo: cuatro contados pero con mando. Nos espera una dura poscrisis, que podría definirse como aquel periodo en que ya se ha firmado el armisticio, uno de los bandos se ha rendido y solo queda esperar a ver qué nos dicen que tenemos que hacer quienes han ganado. Es posible que llevemos ya un par de años de poscrisis.

Ah!, no. El quinto marine, el fotógrafo, tampoco es un héroe. No vayamos a pensar que el crimen peor que se comete contra esos cadáveres es mearles encima. Lo peor es matarlos. De lo contrario estaríamos contribuyendo a deformar – casi a invertir – la importancia de las cosas. Lo terrible es que la noticia más relevante es orinar sobre los muertos ( o parodiando a Boris Vian, escupir sobre las tumbas), lo peor es que esta sociedad insensibilizada, cautiva de la “espectacularidad” de algunas imágenes, se sobresalte porque alguien orine sobre los cadáveres y tolere ( tolerar es el resultado final de la desinformación, de la falta de profundidad sobre los acontecimientos…) que los auténticos responsables de estos y de todos los asesinatos de las guerras son señores de despacho que sólo pisan campos de batalla en momentos de tranquilidad para seguir arengando a los soldados. Sean quienes sean los soldados, sean quienes sean esos “señores de la guerra” de despacho. Muchas veces los soldados son - todos – víctimas, también los asesinos, también los vencedores. Héroes ninguno, víctimas casi todos.

Ummm…. Y qué hay de los descabezamientos que hacen los talibanes, que hay con la mutilación y quema de cadáveres y después los colgaron en un puente en Irak, qué hay de la pedrada que se le hace a una mujer enterrada hasta el cuello por darse un gusto con el amante, qué hay de las violaciones y abuso que se hace en esa parte del mundo, ah? qué hay de los marines británicos que se pasaron por las armas de entre piernas a los soldados argentinos en las Falkland, que hay de las depredaciones de cuerpos que se les hace a las chicas menores de 11 años en el mundo musulmán con la cortada del clítoris y zurcimiento de vaginas. Qué hay de todas las violaciones humanas que hacen otras culturas como en india, china, áfrica, latinoamerica, medio oriente y aquí nos asombramos porque un par de marines se pegaron una meada sobre un par de cadáveres, c’mon people! Give me a break!!

Pero claro, si a las tropas se las arenga como Franco arengaba a los moros, todo es posible (testimonio extraído de un libro sobre Chaves Nogales, de María Isabel Cintas Guillén). Y dice Franco: "Vais a reconquistar de nuevo tierras andaluzas. Vais por todo lo vuestro: la Alhambra de Granada, la Mezquita de Córdoba. Todas las tierras del Califato. Todo lo que ha sido de vuestros antepasados. Pero, además, oídme bien, soldados míos hermanos del Islam: ¡vais a matar cristianos!". Ya sabemos quién fue el antecedente más próximo de la reivindicación de Al-Andalus por parte de Bin Laden.

Solo en la guerra de Gila no pasan estas cosas. En las demás, todo es posible, y como bien dice el autor, siempre ha sido así, con la diferencia de que ahora se registra todo gracias a los medios con que se cuenta y que nos lo cuenta con pelos y señales.

Seguramente, todos pensamos que nunca caeríamos en actitud tan abyecta, como todos pensamos que no seremos nosotros quienes sufriremos un accidente, o como todos pensamos que no seremos nosotros quienes caeremos en la trampa de la corrupción. Una fábula de invencibilidad de la edad madura. Nuestra pesadilla es pensar que pudiéramos caer tan bajo, llegado el caso. Al menos, la mía. Por muy convencido que puedas estar de tu conciencia, da miedo pensar que puedas convertirte en un malnacido a las primeras de cambio. La guerra, pienso, debe sacar lo peor del ser humano, como hay otras que sacan lo mejor, lo que no sé es cuáles. El otro día apuntaba que la crisis. Era un espejismo. O mejor, un deseo.

Los ejércitos de la coalición que sirven en Afganistán deben ser el ejemplo de la civilización de sus países y el reflejo de los valores morales y principios sociales que vinieron a defender y difundir en este país asiático como parte de la democracia occidental, pero la realidad es todo lo contrario.
Esta escena de la meada es un ejemplo entre muchas vejaciones practicadas por ejércitos materialmente triunfantes, pero moralmente tan hundidos como los muertos, no digo los perdedores. En los casos que cita el Sr. Bassets, AbuGhreib de Irak y esta escena de la meada, son el reflejo de arrogancia y superioridad que envuelven al soldado norteamericano, y privilegios apoyados por la inmunidad que le protege ante cualquier impunidad de crímenes de guerra tanto cometidos en sus libradas guerras. La administración de Washington siempre ha defendido, o por lo menos, protegido a sus soldaditos, en su mayoría inmigrantes y necesitados de arreglo de su situación de American Citizen, ante toda reclamación de la ley.
El otro ejemplo está en actos del ejército israelí, que y a pesar de dos o tres casos, bien filtrados por la prensa y con una aurora propagandística de hacernos creer que también se les reclaman ante la justicia militar, que sigue cometiendo diariamente violaciones de los derechos civiles de ciudadanos palestinos, tanto en sus casas y dominios territoriales como en las cárceles israelíes, donde detienen a más de diez mil individuos sin acusación ninguna, ni ser visitados por Amnistía Internacional. Aun no nos hemos olvidado de aquellas imágenes en las cuales se destrozaban con piedras codos y manos de los detenidos palestinos.
Hace poco vimos el intercambio de mil presos árabes por el soldadito Shalit, la mayoría pasando los últimos días de sus condenas, algunos llevaba en la cárcel más de 23 años, pero nadie nos informa sobre más de tres mil palestinos detenidos, incluidos un poco más de 300 mujeres y niños, durante el año pasado. La forma y la hora de su detención no se difunden. Actos de violaciones cometidas por los colonos y bajo protección de los soldados cuentan más de una veintena diariamente.
Mientras no se presentan estos delincuentes ante tribunales militares, poco podremos hacer en defensa del débil o quien resiste la ocupación.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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