Lluis Bassets

Sevilla, estación Terminus

Por: | 06 de febrero de 2012

Es la cuarta derrota de los socialistas catalanes. Cataluña, Barcelona, España y ahora Ferraz. Esta vez no estaba en el guion de la crisis de la socialdemocracia sino que tiene su origen en la decisión de sus dirigentes. Apostaron por Carme Chacón en el Congreso de Sevilla, en vez de poner los huevos en dos cestas, y han perdido. Era una apuesta fuerte y, aunque no debiera serlo, históricamente insólita; en el PSOE y en cualquier otro partido de Gobierno en España. Por mujer y por catalana; pero, sobre todo, por un hecho más significativo aunque difícil de comprender: su partido, el PSC, no es una federación más del PSOE sino un partido con personalidad propia.

La secretaria general de los socialistas españoles iba a ser una militante de un partido hermano pero distinto. Algo que no encaja, a menos que entre los planes de quienes decidieron dar todo el apoyo del PSC a Chacón se encontrara precisamente terminar con la ambigüedad histórica del socialismo catalán, permanentemente tentado por el nacionalismo, al decir de sus compañeros no catalanes, y por el españolismo, al decir de sus adversarios nacionalistas en Cataluña. Es decir, que su llegada a Ferraz significara directamente la conversión práctica del PSC en la Federación Catalana del PSOE.

Muchos piensan que lo mismo va a suceder con Rubalcaba. La fórmula que permitía recoger los votos de la sociología socialista española en las grandes conurbaciones junto a los votos del progresismo catalanista ha cumplido su tiempo y agotado un ciclo. No es seguro que pueda refundarse y repetirse. No entraba en el programa de Chacón, que se preparaba directamente para constituirse en alternativa a Rajoy; y puede que sea materia de debate para Rubalcaba, más jacobino que Chacón en las formas, pero con mejor experiencia de pactos con los nacionalistas y de gestión de las ambigüedades calculadas: estuvo en la cocina del nuevo Estatuto y conoce el truco de todos los platos.

En la gestión de estas ambigüedades se hallaba el secreto de la historia del socialismo en Cataluña; de sus éxitos y de sus fracasos; de la mayor cuota de poder jamás alcanzada por la izquierda, en la capital, en los grandes municipios, las cuatro diputaciones, el gobierno catalán y el español, y de la mayor caída, en apenas un año. Y, por derivación, el secreto de los éxitos del socialismo en España, construidos sobre dos graneros: Cataluña y Andalucía.

También en la ambigüedad se hallaba la clave de un consenso catalanista de mínimos, que ha mantenido amarrado el nacionalismo catalán a España y el mundo ajeno al nacionalismo catalán a Cataluña. Una parte del socialismo español ha vivido con gran incomodidad esta permanente indefinición y, sobre todo, la etapa del tripartito, cuando la posibilidad de alcanzar y permanecer en el gobierno catalán, vocación central de toda formación catalanista, condujo a la reforma del Estatut y luego a su defensa cerrada ante el Tribunal Constitucional. El mejor PSC para Ferraz era el que acotaba su poder en los municipios, se oponía a Pujol y no estorbaba en los pactos entre La Moncloa y la plaza de Sant Jaume. Esta era la geometría de Rubalcaba, que rompieron el zapaterismo y los capitanes, los amigos de Chacón, decididos a pactar con Esquerra para alcanzar el gobierno en Barcelona y en Madrid.

Rubalcaba ha formulado con precisión el problema: "No podemos traspasar la línea que separa un partido federal de una confederación de partidos". El socialismo catalán nació y triunfó mientras se mantuvo exactamente sobre esta línea. Quizás en algún momento la traspasó, y en otros ni siquiera se acercó a la linde. Puede que los tiempos exijan la máxima claridad: un muro en vez de línea. A muchos les conviene, a uno y otro lado. Si el granero queda definitivamente abierto, puede caer en otras manos, probablemente conservadoras, pero no necesariamente nacionalistas. No es tan solo una cuestión de un trasvase circunstancial de votos. Estamos contemplando, en plena recesión y en mitad de una crisis europea, el mayor cambio del mapa político desde la transición. Sevilla bien puede ser la estación Terminus a la que llega el tren socialista que partió de Barcelona en 1978.

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Pero bueno, en este congreso al menos se vota y parece que en el futuro se votará aún más, de manera más directa. A la francesa (progresista) siempre mejor que a la española (conservadora). Las dos tienen huevos pero varía la manera de cocinarlos. Ahora solo queda esperar que el atlético RbCb sea el revulsivo que el partido necesita. Pero, ojo, no debería echar en saco roto la posibilidad de buscar un candidato dentro de su candidatura para la alta competición que se avecina, salvo que se deje llevar por esa forma tan rajoyana de ver las cosas, cual es la de aguantar hasta entrar no por mérito propio como por el agotamiento del rival. Creo que debería pensar en un posible sustituto con el que formar un tándem ideal de experiencia y potencia. Y ahora una frase de Gramsci, que no todo tienen que ser citas chuscas del celuloide, recogida en un libro de reciente aparición y titulado "Odio a los indiferentes", sobre el futuro del socialismo: "El socialismo no ha muerto, porque no han muerto los hombres de buena voluntad".

En Españistán S.A. (sin IVA) se precisa un partido socialdemócrata a la altura del socialismo francés. Pero claro, Francia es un país, Españistán no.

Todos los partidos políticos en teoría evolucionan, AP fue un partido fundado por un ministro franquista, pasó a ser PP, y no pasó nada, no hubo escisión ni nada que se le parezca. La transición española fue un coladero de franquistas que pasaron a la democracia, por tal motivo en el País de los Ladrillosmaravillas nunca pasa nada, se admite todo. Claro que, de una dictadura ¿qué puede salir? ¿Una democracia? Yo creo que no, ha salido una bipartitocracia. Tirios contra troyanos. El eterno deseo de la utopía franquista hecha realidad.

No ha ocurrido, parece, como en las elecciones de' Amanece que no es poco', cuando se tiene que elegir entre la policía secreta y la Guardia Civil, y Saza decía aquello de: ha ganado la policía secreta, eso sí, policía y Guardia Civil son los mismos. En este caso, entre RbCb y Chacón, no puede decirse que, gane el que gane, sean los mismos. ¿Se romperá algún día ese idilio? Porque digo yo que si no son la misma cosa, es posible que en algún momento se den cuenta y obren en consecuencia. Porque al revés de lo que les a la gente armada de la película, aquí unos salen peor parados que otros, y llegará el día en que unos culpen a otros de su situación. Y hasta ahí hemos llegado, soldado.

Creo que saldría más perjudicado el PSOE, pues en el cómputo global perdería una parte importante de la base que le da su peso decisivo en el país. En cambio, el PSC ganaría bastante, aunque eso sí, no saldría de su cascarón. Pero bueno, quién habla de escisión, al menos a corto plazo. Mejor todos juntos, integrados y coordinados, sin malos rollos, cada uno en su sitio y la Ejecutiva en la de todos.

¿Sería posible el divorcio entre ambas formaciones? ¿A quién beneficiaría más, al PSOE o al PSC?

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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