Lluis Bassets

El aprendizaje de la decepción

Por: | 01 de marzo de 2012

Cuanto mayores son las expectativas, mayores las decepciones. La primavera árabe, que empezó en pleno invierno, no iba a ser distinta. Se van cumpliendo los primeros aniversarios de aquellos acontecimientos sorprendentes y únicos, regresa la primavera y poco hay en el nuevo paisaje político que permita sostener intacta la ilusión del cambio y de la libertad que prendió hace un año. Sobre todo, porque también se cumple ahora un primer aniversario de dolor y de sangre en Siria, donde el régimen de Bachar el Asad resiste aparentemente incólume ante la extensión de las protestas, la aparición de una resistencia militar y una insuficiente presión internacional. No es el único signo negativo: el Ejército es quien manda en El Cairo; las fuerzas reaccionarias y las monarquías autocráticas se han rearmado y recuperan la iniciativa desde hace ya tiempo en todos los países, desde Marruecos hasta Bahréin.

Los jóvenes blogueros cosmopolitas y laicos, protagonistas visibles de las primeras movilizaciones hace un año, han sido sustituidos por los barbudos islamistas, vencedores en todas las elecciones allí donde se han celebrado, ya sea en los países donde se derrocó al dictador, ya donde solo hubo reformas constitucionales. El mapa político terminará pintado de verde islámico todo entero este próximo mayo, cuando celebre sus elecciones legislativas Argelia, el primer país donde los islamistas vencieron en la primera vuelta de unos comicios en 1991, que fueron interrumpidos por un golpe militar aplaudido por todo Occidente y una guerra civil devastadora, en la que murieron entre 150.000 y 200.000 personas.

Los partidos islamistas, empezando por el más antiguo y de mayor peso, los Hermanos Musulmanes de Egipto, matriz de organizaciones nacionales en otros países, enfrentaron la primavera árabe guiados por la trágica experiencia argelina y en cierta medida por la que consideraron su confirmación más reciente en las elecciones de Palestina, donde la victoria de Hamás en enero de 2006 no fue aceptada por Estados Unidos, Israel y la Unión Europea, por considerarla una organización terrorista. El temor de los partidos islamistas a que volviera a actuar lo que ellos denominan el 'veto americano' llevó a estos partidos a establecer una estrategia de prudencia y escasa visibilidad desde el inicio mismo de las revueltas. También a que sus líderes renunciaran a presentarse a elecciones presidenciales o incluso a aspirar a encabezar gobiernos, prefiriendo en cambio el segundo plano y el liderazgo espiritual.

Cabría interpretar su amplia victoria electoral como el triunfo de una agenda oculta, que incluye la imposición de la sharía, la limitación de los derechos de las mujeres e incluso la persecución de las minorías religiosas, sobre todo los cristianos. El peso de los islamistas más radicales, los salafistas, dispuestos a revivir la literalidad de las normas coránicas 14 siglos después, sitúa al grueso del islamismo en el centro político, a pesar de que sea más que discutible el calificativo de moderado con que se le suele caracterizar. Pero frente a estas premoniciones negativas cabe también considerar la cura de realismo que están sufriendo los dirigentes islamistas, enfrentados a economías en muy mal estado y a exigencias de trabajo y mejores condiciones de vida por parte de los ciudadanos que les están conduciendo al poder. En muy poco tiempo, estos dirigentes están aceptando con todas sus consecuencias la sociedad de mercado, la realidad de la globalización, los límites a las soberanías nacionales y el peso abrumador de las realidades geopolíticas de más difícil digestión.

No es una casualidad el caso excepcional de Siria, único país donde las revueltas que empezaron en marzo de 2011 han seguido creciendo, con más de 7.000 muertos de por medio, en un doloroso equilibrio de fuerzas que permite al régimen mantenerse en pie, pero sin capacidad para liquidar a la oposición en la calle. Nada que ver con los súbitos derrocamientos de Ben Ali y Mubarak. Tampoco con la guerra civil que prendió rápidamente en Libia. Ni siquiera con la lenta caída de Saleh en Yemen. El régimen sirio se mantiene gracias a la consistencia de un complejo sistema de equilibrio de poderes interiores, entre sus minorías étnico-religiosas, e internacionales, basado en su solitaria resistencia frente a Israel y su alianza con Irán, con Rusia y China como contrafuertes.

A pesar de la matanza siria, poco se puede objetar a lo que han dado de sí las revueltas árabes en poco más de un año. Si comparamos la cosecha ya recogida por estas revoluciones de 2011 con las de 1989 limitaremos nuestro derecho a la decepción. Hubo varias guerras en los Balcanes, hasta 10 años después, además de las de Chechenia y Georgia. Si exceptuamos los países que entraron en la UE, basta con ver el estado en que se encuentran ahora los miembros de la antigua Unión Soviética. Un año después, esto no ha hecho más que empezar en el mundo árabe. Queda mucho por hacer. Y hay que aprender de las decepciones. Para dejarlas para más adelante.

Hay 29 Comentarios

LOS JÓVENES bloqueros hicieron el trabajo, pero los islámicos se llevaron los frutos de ese trabajo, y eso por culpa EXCLUSIVA del demagogo populista Barak Husein Obama, que exigió elecciones libres, 'ceder el poder al pueblo' y liquidar a Mubarak faltando 6 meses para las elecciones! Y así se permitió legalizar a los extremistas salafistas en Egipto, cuando en España, con mayor raciocinio y sensatéz democrática, ilegalizamos a los etarras de Batasuna! Luego, no hubo elecciones en 'palestina', ese ente político administrativo no exite ni existió jamás! donde hubo elecciones fue en las Autonomías de Gaza y Cisjordania, donde los palestinos votaron por Mayoría Absoluta al Terrorista Hamas, quien les venía prometíendo (y actuando por) 'borrar del mapa Israel' (¿son inocentes entonces los palestinos de lo que les pasa? si mañana los franceses se vuelven locos y votan a Le Pen a presidente ¿serán inocentes de su destino?). Bien, los palestinos votaron por Mayoría Absoluta a Hamas, y la UE, EEUU e Israel aceptaron ese triunfo, pero luego desconocieron al gobierno Hamas, no 'por terrorista' (eso ya lo sabían todos!) sino por 3 diferentes motivos: A)por no reconocer los tratados previos firmados entre palestinos e israelíes. B)por no reconocer el derecho a la existencia de Israel y abogar por 'borrarlo del mapa'. C)por no renunciar al Terrorismo!

El mundo, llamado islámico, está anclado en un pasado donde lo femenino es un simple objeto de placer y solo útil para parir y ser escalva de su dueño, el varón. Y el mundo occidental, llamado cristiano, está anclado en un pasado que parecde evocar a la nobleza terrateniente con su derecho de pernada sobre los siervos de la gleba. En fin, nada nuevo bajo sol. La caca mental sigue sin ser defecada. Y lo mas curioso es que esa caca la han convertido en un sistema de ideas, de una ideología, disfrazada de divina.

Sr Bassets: Hace 13 meses hubo quien advirtio hacia donde iba el asunto.
Solamente personas con "mordazas ideologicas" provenientes de aquellos Paises en los cuales el jugar con las "lindas" palabras es un oficio, podian no ver lo que se avecinaba.
No se desaliente con lo que ve ahora. Guarde esa decepcion para lo que esta por venir....

Una primera cosa: no solo Rajoy lleva agendas ocultas. La moda trasciende allende el Estrecho. Y una segunda: el símil de la película Despertares se reproduce de nuevo, esta vez en el mundo árabe. Recuperaron un instante la libertad de movimientos y la lucidez pero enseguida el tratamiento se reveló insuficiente y la enfermedad volvió a adueñarse del cuerpo. Solo un destello. Parece que ante la dificultad de conseguir el antídoto, solo cabe esperar que la enfermedad se suavice de forma natural. Y quien dice enfermedad dice fanatismo. Y quien dice fanatismo, dice islamismo radical, que es que parece como si detrás de todo árabe respire un intransigente misógino liberticida de aquí te espero.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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