Lluis Bassets

Hasta aquí llegó el agua

Por: | 26 de marzo de 2012

No son las encuestas, siempre averiadas. Son las expectativas. La marea azul venía subiendo desde que empezó la crisis. Y hasta aquí ha llegado. Andalucía y Asturias marcan el nivel que alcanzó el agua. Rajoy tiene algo que agradecer a su amarga jornada electoral del domingo: justo a los cien días, conoce mucho mejor los límites de su poder.

El mayor daño suelen producirlo las medicinas mal administradas. Rajoy quiso dosificar la purga europeísta y le ha salido mal el calendario. Si hubiera sacado menos pecho en Bruselas con el déficit y además hubiera elaborado los presupuestos a tiempo ahora podría atribuir entero el resultado electoral a la reticencia antieuropea de la izquierda española.

El ensueño de un cambio histórico en Andalucía, que le diera por primera vez a una fuerza conservadora la mayoría, se ha desvanecido. El socialismo no ha ganado, que quede claro. Su declive sigue. Quien se beneficia directamente es Izquierda Unida, que reclamará el premio y la prima por su victoria. Pero al cabo de la calle queda demostrado que la roja Andalucía es un dato fijo de la realidad española como lo son Euskadi y Cataluña dominados por los hechos diferenciales del nacionalismo. Recordemos que el único clientelismo que se denuncia es el de los otros, como sucede con la corrupción, y evitemos así la explicación fácil a las victorias ajenas.

También se lee de otra forma este primer percance serio de su presidencia. Arenas mandaba demasiado. Este es otro dato de la realidad que se deduce de la campaña, no de los resultados directamente. También en el PP los barones territoriales merman poder y márgenes de maniobra al Gobierno. Y no lo hacen por altruista sentido de Estado, sino por rastreros cálculos electorales: como todos. El vencedor inconsolable, como le ha calificado Ignacio Camacho, condicionó cuanto pudo a Rajoy durante la campaña sin sacar luego fruto alguno del poder propio ni de la debilidad ajena. Alguien deberá sacar conclusiones.

Estos son los bueyes con los que hay que arar. O Rajoy busca la base mínima de consenso para salir de la crisis todos juntos, cediendo por tanto cada uno en sus pretensiones, o en caso contrario el sino nefasto de Papandreu empezará a planear como un águila sobre su cabeza. No era Zapatero, era la crisis. No era la socialdemocracia, era la crisis. Las crisis son las que destruyen los gobiernos, con independencia del esfuerzo que con frecuencia hacen los gobernantes para destruirse ellos solos sin ayuda de nadie.

Una vez el tsunami se llevó a la izquierda por delante, ahora le toca llevarse lo que queda, que es la derecha. Cabe que esta línea del agua marque el momento en que empezó la caída de la derecha. Pero que nadie eche las campanas al vuelo: así como la destrucción de la izquierda no significa automáticamente la construcción de la derecha, lo contrario tampoco es cierto.

No olvidemos otras hipótesis menos convencionales que suelen acompañar a las crisis, capaces de rentabilizar con gran eficacia los escenarios de empeoramiento. Cuidado, pues, con las euforias futbolísticas que suelen acompañar a los resultados electorales. En circunstancias idénticas suelen subir los populismos extremistas de ambos signos.

Hay 12 Comentarios

@Maltés.

Te parece buen plan cargar todo sobre la gente que lo ha votado?

Pudiendo controlar el tema SICAV, meter mano a la corrupción rampante (20 millones de euros al año) y a los morosos del fisco, exigir el pago que adeudan los clubes de FUTBOL a Hacienda (650 millones de euros...), reducir los gastos en Defensa?

También se podría recortar el senado, suprimir las pensiones vitalicias a expresidentes y exministros que tienen la vida resuelta en empresas como consultores, reducir las dietas de los parlamentarios o directamente suprimirlas, establecer un tope salarial para los cargos del Estado (alcaldes, ejem, ejem...), penar el pluriempleismo en cargos del Estado (Cospedal y tantos otros...), cobrando hasta cuatro sueldos a la vez.... retirar la estupidez esa de los traductores... cuando el idioma oficial de la administracion central es el español... retirar los beneficios fiscales que afectan a la fortuna personal de futbolistas (sí, es REAL la noticia) ... y por último, desterrar el desdoblamiento de funciones ente Estado y Autonomía...

Sigo?

Con eso se podría salvar la Sanidad, reorganizarla, también evitar el atraso secular que nos amenaza el recorte en ciencia y educación.

Para esto que digo no hace falta ni consenso, se puede hacer mediante decreto.

Si uno rebusca en las hemerotecas, se da cuenta que tanto el PP como el PSOE han hecho salvajadas. Cuando Bruselas votó la publicación de un informe que denunciaba la situación inmobiliaria española y la corrupcion rampante , tanto PP como PSOE lo votaron en contra. La dación en pago, también lo rechazan ambos partidos.

Francamente, hay algo muy parecido a un establishment entre ambos partidos. Y sobre todo, esa política de zaherirse, con palmeros de lado de cada bando, es horrible. Pero lo peor, es la impresión es que ambos partidos están defendiendo sus privilegios, los privilegios de la clase política. Que todavía vive muy bien, torticeramente. Y eso jode, y mucho.

"Andalucía como reválida"
¿Por qué se ha empeñado Rajoy en no aprobar los presupuestos del Estado de 2012 hasta hoy? ¿Por qué se ha empeñado en esperar a que se celebrasen las elecciones andaluzas? Dicen que lo hizo para ganarlas. A mi me parece que lo hizo, más bien, para no empezar a perder tan pronto las que ganó el 20-N. Le salió mal. Rajoy temía perder en Andalucía, no tanto por dejar escapar el gobierno autónomo en sí como por el rapapolvo que supondría una debacle para su recién estrenado equipo, además de una desautorización en toda regla a su iniciativa política. No tanto por fracasar en la plaza de la Maestranza como por empezar a ser olvidada su salida a hombros en Las Ventas.
Rajoy andaba tan preocupado en afianzar la plaza propia que ni siquiera le preocupó desairar a la todopoderosa Europa, por más que su desafío pudiera pasar factura al país. Ya recuperaría el aval europeo más tarde, cuando todo se hubiera encauzado. La vía de hecho como remedio interino hasta llegar a la vía de derecho. Seguramente confiaba el presidente español en tirar de esa apostilla incluida en el comunicado final de la última cumbre europea y que prevé "activar recortes adicionales si fuera necesario". Vamos, que ya habrá tiempo de ajustar. Mañana lo veremos.
Pero volviendo a España, a Rajoy le dolía y le preocupaba Andalucía. Las elecciones andaluzas eran entendidas por el líder conservador como una segunda vuelta, más decisiva, incluso, que la primera. Poca relevancia tendría un fracaso en las tierras andaluzas, al menos en términos de poder absoluto en quien lo domina todo y a todos. Pero la cercanía de la apoteosis del 20-N convertía la cita del 25-M en una inquietud constante. Rajoy deseaba rematar en Sevilla la faena que empezó una madrugada de otoño en el balcón de Génova. Y para lograrlo debía asegurarse de que todo quedaba atado y bien votado. Toda su preocupación estribaba en desactivar los obstáculos que perturbaran esa meta: la aprobación de las cuentas del Estado era uno de ellos. Y el incumplimiento a rajatabla del déficit, según los parámetros pactados con la UE, otro. En suma, que las cuentas, como el infierno, podían esperar.
Pese a tanto poder acumulado en tan poco tiempo, 'nunca tantos tuvieron tanto poder', declaró Aznar en el último Congreso del Partido Popular, encajar un varapalo electoral a tres meses escasos de su solemne proclamación como salvadores de la patria pondría en cuarentena la pretendida excelencia de la gestión gubernamental. Un lujo que no se podían permitir, máxime cuando todos los sondeos, recientes y menos recientes, les auguraban un triunfo arrollador en la región andaluza. Rajoy perseguía, justamente, el efecto contrario. Quería revalidar el título nacional para presentar como justo y necesario su plan oculto. Un rotundo éxito en las elecciones del 25-M legitimaría sus maniobras orquestadas en la oscuridad: el desmantelamiento del sacrosanto bienestar por aplicación de su antídoto, el corte al cero. Nada de tijeras, a máquina.
Rajoy, pues, no podía perder en Andalucía. Pero perdió. Toda la acción política desplegada por su gobierno giraba en torno a esa fecha. Nada debe abortar este triunfo anunciado, pero no por más anunciado menos acuciante. Rajoy mandaba con sordina, hasta donde podía, apurando los tiempos. ¿Qué razones de peso, fuera de las puramente partidarias, inspiraban si no esa dilación irresponsable en la aprobación de las Cuentas, cuando su partido cuenta con una mayoría absolutísima para hacer y deshacer a placer? Su renuencia solo podía obedecer a un deseo de ocultación, siquiera temporal, motivado por la gravedad de lo que se propone. Antes de desencadenar la verdadera tormenta hay que pasar la reválida, Andalucía. Y cuando el horizonte quede lo suficientemente despejado de nubarrones electorales podrá actuar sin temor a ser desautorizado con consultas. Claro que ello no frenará las protestas sociales, pero las protestas con votos son menos. Con una cadena ininterrumpida de excelentes resultados democráticos siempre podrá contrarrestar en mejor posición las huelgas y manifestaciones que sin duda se producirán. Siempre podrá alegar que si tan mal decidió el rumbo, cómo es posible que consiga el apoyo masivo y reiterado de la ciudadanía. Las protestas pesan en el devenir político, pero qué duda cabe que, puestos a comparar, las victorias abrumadoras en las urnas pesan todavía más.
Andalucía era pieza clave en la estrategia del partido en el poder, un avituallamiento de moral en plena subida al puerto. Andalucía serviría en bandeja al ejecutivo central la excusa perfecta para justificar, remachar y potenciar su demoledor programa de recortes, de los que se ven y de los que veremos a partir de este viernes. Por eso esta cita electoral era tan importante. Para Rajoy y para todos. ¿Quién puede dudar que sin elecciones andaluzas ya hace tiempo que habrían sido aprobados los presupuestos del Estado, por espeluznantes que pudieran resultar? Andalucía podía ser el inicio del freno o el principio del desenfreno más absoluto. Andalucía me recuerda a un 'padrastro', un 'padrastro' en carne viva en una piel de toro plenamente azul. Un pedazo de pellejo nacional al que podría haberle ocurrido dos cosas: que acabara absorbido por el organismo dominante, o que tiren de él y nos pelemos enteros, como le ocurrió a la tía de Gila. Rajoy aspiraba a lo primero y Rubalcaba a lo segundo. El gallego confíaba en consolidar su hegemonía. El cántabro en erigirse en un segundo Don Pelayo lanzado a una reconquista al revés, empezando en Tarifa y acabando en Covadonga.
Qué duda cabe que Rajoy ha perdido y que el tirón del padrastro amenaza ya con arrastrar a la hermana Extremadura.

Obviamente Zapatero no reaccionó ante la crisis, sinó que la dejó crecer y dilató sus tragonas fauces para engullirla mejor, con sus mensajes de cultura sindicaloide y bananera, mientras el monstruo crecía. Y mientras los edificios a medio construír veían desfilar hacia el paro a los currantes, porque la gente ya no compraba más, o no podía pagarlos, y el ladrillazo se estancaba con el crédito apagado.
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Rajoy al menos está al mando, y sabe lo que tiene que hacer. Acotar la deuda pública, reactivar el mercado laboral, atraer el crédito (marca España) y desgraciadamente subir impuestos. Al menos Rajoy sí tiene un plan, tiene un gobierno, una agenda, contactos internacionales, y gente apta haciendo su correspondiente trabajo. Y esto, pues bién, hace una diferencia.
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Al revés que Zapatero, que, cuando el toro cargaba, proponía imágenes poéticas, moderación, socialismo, "república", escarvar en fosas... esas cosillas.
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Bassets no lo ve tan claro. Cree que no hay crisis en la socialdemocracia, pero inicia hablando sobre el PSOE, que está en crisis. Cree que es la crisis la que se lleva a los gobiernos, cuando el PP está gobernando el país con mayoría absoluta. Cree que no hay gobiernos que sí están resistiendo la crisis, cuando Alemania y EEUU tienen niveles de desempleo que ya nos gustaría. Sin contar con que Rajoy acaba de comenzar, y no es tiempo para juzgar resultados que aún no han llegado, ni positiva, ni negativamente. Y probablemente sean positivos.
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La crisis la va a padecer todo gobierno en activo, por supuesto. Una economía de deuda es lo que tiene. Pero a partir de ahí, hay gobiernos más hábiles y más responsables que otros.
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Y por ahora Rajoy hace lo que tiene que hacer, que, malquepese a muchos, es hablar el mismo lenguage que los susodichos "Mercados", es decir, ser capitalista, y cumplir unos mínimos que más que demoníacos son de sentido común. Una economía atractiva, un Estado sostenible, una sociedad no hostil a la libertad de empresa, a las ideas prácticas, que son otras bién distintas a las ideas prescriptivas y mandonas, que también existen.
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En esa misma onda, los socialdemócratas, con sus mitologías ultraterrenas a saciar metidas en la cabeza, ya están con pancartas, internacionales socialistas, regreso al poder, e ideologías al parecer más importantes que el estado real de la economía y las prioridades que ésta demanda.
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No habrá utopías de unidad europea, no habrá utopías de igualdad y civismo, no se producirán. El mundo es feo y es malo, y tú tienes que estar ahí y relacionarte con él. Al PSOE no parece importarle, y ya habla del retorno socialdemócrata en toda Europa (unida, cívica), y de la lucha de clases y sus infinitas posibilidades.
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Por contra, la ciudadanía y el gobierno, se mantendrán haciendo lo que se debe hacer para salir de aquí, que es desafortunadamente apechugar y pagar por malas decisiones y cultura de la subvención / empleaduría / funcionariato / deuda durante los últimos 20 años. Pero antes de empezar de nuevo, relájense.
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Es lo mejor para pasar la resaca, tómense una caña o un gazpacho andaluz en las terrazas primaverales. Al fin y al cabo no está tan mal que hayan ganado los rojillos en Andalucía, uno les perdona casi todo.

"Huelga general: pobreza obliga"

29 de marzo: huelga general por la reforma laboral del gobierno de Rajoy. Nada nuevo, si tenemos en cuenta que el propio presidente, en aquella animada charleta con algunos de sus pares europeos, ya se erigió en su primer y adelantado heraldo. Y es normal. Si una reforma que puede considerarse una derogación retroactiva del bienestar social conquistado, además de suponer una ruptura del equilibrio esencial que presidía la relación laboral, como no se cansa de recordarnos Joaquín Estefanía, si una reforma de esta envergadura no provoca un rechazo masivo entre la población, qué podría hacerlo en el futuro. Pobreza obliga, por más que algunos no se cansen de insistir en que la huelga es innecesaria. ¿Ha habido alguna huelga en este mundo que no haya sido considerada inútil y estéril por sus principales beneficiados?
El multimillonario Warren Buffett en EE.UU. y unos cuantos ricachones en Alemania y Francia, exigieron, durante lo más profundo de la crisis financiera, pagar más impuestos por entender que era de justicia social un reparto más equitativo de las cargas que soporta el estado. Me pregunto si cabría una actitud semejante en nuestro país entre los empresarios respecto a este brutal recorte de salarios y derechos, origen del parón del 29-M. Me pregunto si hay algún empresario valiente que manifestaría su rechazo frontal a un paquete de medidas que deja en paños menores al elemento esencial de sus negocios, los trabajadores. Me pregunto, en fin, si entre quienes generan empleo cabría un mínimo guiño de censura al gobierno, y por ende, de complicidad con sus trabajadores. Buffett se quejaba de que pagaba más impuestos que el botones que le abría la puerta de su limusina. ¿Habrá algún empresario en nuestro condenado país dispuesto a defender los derechos de ese botones, por más que ello le suponga renunciar a una pequeña parte de sus privilegios? Que sigan abriéndoles las puertas sin que ello suponga el abaratamiento, no ya del despido, sino del trabajador en sí. La nobleza también obliga. O debería.

Citas de Antoni de Salla:
"No ha podido lograr una mayoría absoluta en las regiones más corruptas de España".
(Pero sí ha logrado mantener la mayoría absoluta donde gobiernan Valencia, Baleares, Murcia, Canarias...campeonas de mafia y corrupción, dejándolas en deficitarias y en bancarrota. Al PSOE la corrupción siempre le pasó factura electoral, al PP nunca)


Fíjese hasta que punto las regiones tienen los gobiernos que se merecen que precisamente en Asturias son reincidentes. FAC + PP = mayoría absoluta. Igual que en Mayo pero con tres escaños menos, pero en vez de gobernar se han dedicado a tirarse los trastos a la cabezas unos a otros por recillas y odios personales, que no ideológicos, teniendo a las instituciones totalmente paralizadas. Aún así salvo una bajada de votos y escaños, la mitad de los asturianos ¡¡LOS HAN VUELTO A VOTAR OTRA VEZ¡¡¡


El caso de Cascos es aquí como un culebrón venezolano con más de 20 años de historia y ha dado de sí para cuatrocientas temporadas e infinitos capítulos. Sólo me voy a detener en un resumen del último año, cuando FAC (Francisco Alvarez Cascos) se dio de baja en el PP para hecer un partido personalista con las iniciales de su nombre y apelllidos para envolverse en la bandera asturiana y elegirse como un salvapatrias, un nuevo caudillo Don Pelayo en defensa de Asturias.


Relativamente lo ha conseguido con su discurso populista y patriótico astur, de agravios comparativos con respecto a otras regiones y de ese discurso victimista en plan nacionalista periférico vasco-catalán. No sólo arañó votos del ala más dura y de extremaderecha de su antiguo partido, el PP, sino también del PSOE e IU.


Pero le perdió su autoritarismo, su soberbia, su prepotencia…su continuo enfrentemientos personales con los de su antiguo partido. Después de ver un nacional-católico español envolverse la bandera de Asturias y presentarse como el nuevo caudillo Don Pelayo que salvará a la patria asturiana; después de 8 meses de gobierno autoritario, -o más bien de desgobierno- donde se ha limitado a hacer una contrareforma y deshacer todo lo que habian hecho -haya sido bueno o malo- sus predecesores, y seguir con los enfrentamientos personales y creandose nuevas enemistades y resentidos; los últimos tres meses el caudillo y sus seguidores, salen en la prensa regional -un día sí y otro también- presentandose como víctimas de una conspiración PPSOE, con un discurso similar a los indignados del 15M. Realmente patético.

Y dicen que Andalucía no es Extremadura pero Extremadura sí podría ser Andalucía. El triunfo relativo del partido socialista en la región andaluza ha abierto las expectativas para un partido moribundo. Y desde IU de Extremadura deberían ser conscientes de quiénes son y adónde quieren ir. ¿En qué posición queda un partido que se dice de izquierdas apoyando a un gobierno como el de Monago, satélite de quienes han introducido los recortes de derechos y salarios más espectaculares de la democracia? Si quieren ser creíbles deben ser responsables y valientes, deben dejarse de posiciones conservadoras y dejar cicatrizar las heridas. Peores serán las que dejará la derecha si no la frena. Si quieren ayudar a los trabajadores, es el momento de que la coalición de izquierdas salte a la arena y se involucre como fuerza decisiva para ejercer el poder, y ese salto pasa por pactar con el PSOE en Andalucía y en Extremadura, como anuncia este periódico hoy en portada.

Y de todos modos, anda, que si después de tantas vueltas como les han dado a los presupuestos de 2012 (que si no los presentan para no asustar y así revalidar el título nacional en las andaluzas) luego resulta que sus sumos hacedores decían la verdad. Entonces, ¿a qué tanto misterio y tanto retraso? La primera hipótesis, la de que los ocultan por si las moscas, tesis defendida por la oposición y por el sentido común, es perfectamente entendible y asumible. Pero la segunda, la que mantiene Montoro y la falta de lógica, nos asegura que no habrá ni subidas de impuestos ni reducción de plantillas en la administración pública ni copago ni nada que justifique miedo alguno. Mucho 'ni-ni' para unas cuentas que se presumen austeras, diría Gila. Pero de ser cierta, la actitud del Gobierno habría sido un error de bulto. Un error el retraso en la aprobación, quiero decir. Porque si los ocultaba para ganar las elecciones andaluzas, bueno, mal, pase. Pero si luego resulta que las Cuentas del Estado no contemplaban ninguno de los pésimos augurios que se denunciaban, el ejecutivo de Rajoy habrá derrochado un tiempo precioso, un tiempo que no tiene y que es más oro que nunca. En suma, que si los presupuestos no son lo duros que todos esperamos, se habrían ahorrado con su aprobación muchos ataques, además de constituir un serio correctivo para la oposición. No presentarlos, con lo bondadosos que parece que fueran a ser para nuestros bolsillos, siempre según el ministro de Hacienda, podría considerarse un gol en propia puerta de colosal ejecución, y que no podría imputarse a su magnanimidad de no querer influir a su favor en el resultado del 25-M. Ya saben, aquello de 'no te digo ni que no ni que sí sino todo lo contrario a lo que te dije. Lo digo por si acaso, que ya nos conocemos. Recuérdense aquellos otros jardines contables, cuando las correcciones impuestas desde fuera se presentaron luego como rectificaciones del corrector a instancias del corregido. Ocurrió en Europa con el affaire del déficit, colocándonos sin necesidad en una situación ruidosa a más no poder, como apuntó recientemente el vicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia.

Ahora la discusión en los medios se centra en quién ha ganado y quién ha perdido, una polémica estéril pues a quién preocupará quién ganó cuando gobierne el que perdió. Ha ganado el que puede mandar. El PP no ha conseguido desbancar del gobierno al que estaba, luego ha fracasado, lo mismo que fracasa quien aprueba una oposición pero no consigue la plaza, bien que en política ni siquiera sacando el número uno tiene uno garantizado el puesto. El PSOE, y hablo de Andalucía, ha sufrido un serio varapalo con respecto a su posición anterior, pero lo cierto es que mantiene el cetro, un cetro compartido, lo cual, dicho sea de paso, puede que sea el mejor correctivo para su gestión, además de servirle para regenerar. Vamos, que de poder elegir en justicia, cuánto mejor así que ganando por mayoría absoluta. Decía Arenas recientemente que cuando mejor gobernó en España con el PP fue cuando no tenían mayoría absoluta, mucho mejor que en el mandato de 2000 a 2004. Arenas seguro que habría preferido conseguir una minoría con posibilidad de gobernar que una mayoría sin acceso a ello. Cada uno ha conseguido lo contrario de lo que deseaba

Zapatero no quiso ver la crisis y Rajoy no quiere ver la crisis de su gestión. Así se empieza. Nuestros presidentes empiezan a parecerse, si bien uno arranca por donde el otro acabó. Quién sabe, quizás el final del actual coincide con el buen comienzo de su predecesor.

Paralelismo y semejanzas: en el año 2004 el PP insistió en la autoría etarra de las matanzas del 11-M. Aquella insistencia en la mentira, confiando en ganar tiempo, le pasó factura electoral y perdió. En 2012 el PP ha insistido en mantener en vilo a la audiencia, esta vez a cuenta de los presupuestos del Estado, confiando en que el retraso en presentar las cuentas más duras de la democracia obraría el milagro de ganar Andalucía. Mal les salió aquella apuesta indecente en 2004 y casi le sale bien en 2012. Está claro que a la gente no le gusta que jueguen con sus miedos ni con sus muertos ni con sus números. Molesta más, me parece, que nos oculten a lo que debemos atenernos desde un primer momento que el hecho de que nos digan el verdadero alcance de lo que nos espera y de lo que nos ocurre. El PP nunca se fía de esto segundo.

Más vale juntar los esfuerzos para construir y sacar al país adelante.
Gobierne quien gobierne, si mirásemos al presidente del gobierno como presidente de todos y no sólo de quienes le eligieron, si al terminar las elecciones y habiéndose formado el nuevo gobierno, todos arrimásemos el hombro para juntar esfuerzos y no poner zancadillas y buscar los fallos del otro, la crisis se superará más pronto. Pero muchas veces somos más papista que el papa (en el sentido calumniador), y nos olvidamos que el éxito está en compartir esfuerzos, las consecuencias del progreso, como las de la recesión, y que al repartir la carga entre todos, la parte individual será mínima. CS

¿La continuidad de la crisis en la Zona Euro es una decisión política o una consecuencia teórica? M.L: “Está todo relacionado. Comenzó con las decisiones políticas cuando se construyó la Eurozona, pero esas decisiones políticas se basaron en un conjunto de teorías económicas que imponen la primacía del mercado y no conciben la posibilidad de una crisis o conflictos. Esas visiones sostienen que los mercados financieros se autorregulan, son eficientes y pueden prever los problemas. Construyeron un Banco Central Europeo (BCE) asumiendo que nunca iba a existir una crisis, que los países de la región no podían tener problemas financieros. Así, cuando estalló la crisis carecían de las herramientas para enfrentarla y resolverla. La creación del BCE y el euro fue principalmente un hecho geopolítico para establecer a Europa como un rival de Estados Unidos. Dudo que los políticos que construyeron la Zona Euro creyeran que existirían beneficios generalizados desde un punto de vista económico. Soy muy pesimista sobre la situación europea” Marc Lavoie (1954) . Economista canadiense, investigador enrolado en la tradición postkeynesiana. Es un crítico de la visión dominante de la economía y especialista en temas monetarios.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-5881-2012-03-26.html

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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