Lluis Bassets

Mentar la bicha

Por: | 19 de marzo de 2012

Wen Jiabao lo hizo en su última conferencia de prensa como primer ministro del país más poblado del mundo. La evocación de la Revolución Cultural enerva la memoria de todas las generaciones chinas mayores 40 años. Hay sucesos en el pasado de los países que ejercen un magnetismo disuasivo durante largo tiempo: la construcción europea no se entiende sin las tres guerras entre Francia y Alemania entre 1870 y 1945; tampoco se explica el éxito de la transición española sin el trauma de la guerra civil; la actual vía argelina, sin revolución contra el régimen como en Túnez o Egipto, no se puede comprender sin la huella de la guerra civil terrible que asoló el país magrebí tras el golpe de Estado militar de 1991.

Mao
China es un caso especial, porque la bicha allí es la Revolución Cultural, los diez años de agitación y enfrentamientos internos entre los jóvenes guardias rojos y las estructuras del partido comunista, que dejaron un reguero de muertes y de dolor prácticamente en todas las familias. Mencionarla es acudir a una contradicción constitutiva del monopolio del poder comunista, puesto que fue obra del fundador de la actual dinastía roja, Mao Zeodong, que lanzó a los jóvenes chinos contra los cuadros y estructuras del partido para consolidar su poder personal entre 1966 y 1976, tras el desastre económico del llamado Gran Salto hacia Adelante, una política de colectivización e industrialización forzosas que, al revés de lo que su nombre indica, fue un tremendo retroceso para la economía y significó una catástrofe incluso demográfica.

Los actuales dirigentes comunistas han sufrido todos en distintos grados las violencias y las deportaciones y castigos de la Revolución Cultural. El Gran Salto lo sufrió la población, pero las víctimas de la Revolución Cultural fueron también los revolucionarios. Es el caso de los príncipes comunistas, hijos de dirigentes de la generación de Mao, como Xi Jinping o Bo Xilai, dos personajes de destinos opuestos: el primero será el próximo presidente de China, en sustitución de Hu Jintao, y el segundo acaba de caer en desgracia esta semana. Todos conservan una pésima memoria de aquellos años, aunque Bo Xilai fundamentaba su línea más izquierdista en una cierta reivindicación del maoísmo.

Wen ha requerido reformas políticas para asegurar la solidez de los avances económicos. En caso contrario, ha amenazado, "podría ocurrir de nuevo una tragedia histórica como la Revolución Cultural". No se le ha ocurrido en cambio mentar el auténtico tabú de la actual cúpula comunista, como es la pacífica y fracasada movilización juvenil de 1989, en la plaza de Tiananmen, que terminó en un baño de sangre. Eso es lo que temen de verdad los dirigentes chinos, y de ahí que cubran el puño de hierro con que acallan las protestas con el espantajo de una Revolución Cultural que regresa.

Hay 4 Comentarios

La "bicha" más cercana es la masacre de la Plaza de Tianamén. Las potencias occidentales callaron ya que la colaboración de China contra la URSS era imprescindible para ganar la Guerra Fría. Aún así, Deng siguió siendo mucho más liberal en lo económico que sus antecesores, y continuó con la integración económica de China en el mercado mundial (OMC) con un éxito reconocido.

El gran dragón rojo empieza a escupir fuego. ¡Y este es el año de suerte para Xi Jinping!

Hum. Problema chino, soluciones chinas. Tiananmen fue un desastre, pero a la vez la reafirmación del poder de Deng Xiaoping. No obstante, ahora la busqueda política de la libertad entre los jóvenes chinos es más individualista, y menos ingenua (algunos dirían que cínica). Influye también, la enorme permeabilidad que tiene la cultura de la gratificación del dinero en la generación china actual, que compite fuertemente entre sí, entre horarios de trabajo draconianos, estudios muy exigentes y una noción de la competitividad todavía más exacerbada que la de Occidente. En definitiva, la semilla de un neoliberalismo salvaje ya está presente en los chinos, que, como dijo un CEO británico de Philips, volviendo de Shangai: "son animales económicos".
Y los Europeos estamos jubilando a Aristóteles, que defendía ante todo la dimension social del ser humano, "el animal político"... Este siglo XXI... habrá que ser animosos, y aprender a pensar (y actuar) "outside the box"... de otro modo, va a ser duro, muy duro. Un aterrizaje forzoso.

Las palabras de Jiabao y la depuración de Xilai deberían tener tanta cobertura como la carrera por la nominación republicana en EEUU. Al no estar al corriente. Con detalle de lo que ocurre en China sencillamente ignoramos el mundo en que vivimos.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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