Lluis Bassets

El ministerio del dolor

Por: | 02 de mayo de 2012

Esa crisis tan severa compone un friso de personalidades y actitudes políticas bien peculiares. No hablemos de los más lejanos, los Sarkozy, Merkel, Monti o Cameron, cada uno con sus cosas. Recordemos cómo el naufragio del radicalismo social de Zapatero ante el ímpetu del déficit público quedó sintetizado en su frase ya célebre: cueste lo que cueste y cueste lo que me cueste. Su personalidad política, su generación socialista y su propio partido cayeron inmolados en el altar del rigor presupuestario exigido por la canciller Merkel. Ahora vemos cómo el quietismo de Mariano Rajoy, en cambio, le lleva a descontar la catástrofe del balance político que le espera, incluso antes de ponerse a ello: es el político de la desesperanza, arcángel del paro, la liquidación y el cierre y primer ministro de un dolor sin límite ni consuelo.

Quien ya se ha dado por muerto a sí mismo y se ha dado por perdedor en varias ocasiones se siente inmune e indiferente a cualquier desgaste, y por eso anuncia dolor y más dolor cada viernes en que reúna al Consejo de Ministros: cueste lo que os cueste, a vosotros ciudadanos, y a vosotros políticos amigos del PP, y a mí que tanto me da y nada me puede costar porque ya me doy por amortizado antes de meterme en este lío.

Con esta ventaja ya podemos intuir cuál será la estrategia electoral de Rajoy. Practicará el electoralismo populista de siempre de cara a las elecciones en Galicia y País Vasco de 2013; que se dé por amortizado a sí mismo no significa que desoiga las exigencias de su partido: al contrario, lo hará incluso para no tener que escucharles otra vez, por pereza cósmica. Los presupuestos del Estado más duros de este siglo mantienen algunas apuestas para estas autonomías con expectativas, donde el aparato del PP y sus barones regionales aspiran a mantener o ampliar sus cuotas de poder.

El suyo es un pecado ya conocido, un vicio popular por tanto. Lo practicó antes de las elecciones andaluzas, aunque en vano, a la vista de los resultados, con la dilación morbosa de la aprobación de los presupuestos del Estado hasta esperar el resultado de las urnas y el cubileteo fracasado con las cifras del déficit ante las autoridades europeas.

La panacea ante estos fallos está muy desgastada, pero no importa: la herencia recibida, que se convertirá en mentiras, deslealtades y ocultamientos ajenos si hace falta para maquillar hasta el infinito la intensa cosecha de sus propios incumplimientos, ocultamientos y evasivas. Cualquier cosa antes de ceder a la debilidad del consenso y de los pactos, y más con esta mayoría absoluta que le aplastará como una losa y nos aplastará a todos.

La oposición a la oposición ya sirve ahora, pero servirá todavía más en el futuro cuando todo siga escalando a peor, y será pieza central para acabar la legislatura en forma. En el plazo más largo, jugará a debilitar a la oposición y a fomentar las divisiones. Le convendrá mantener a Rubalcaba, pero siempre bajo mínimos. Algo de alimentación asistida para que pueda sobrevivirse y desalentar alternativas serias pero a la vez el máximo cuidado para mantenerle a raya y evitar que se crezca. Es su única baza.

Terminará la legislatura con unas cifras de paro notablemente mayores que las que encontró en noviembre. Sus previsiones de crecimiento tan débiles, del 1’8 por ciento en 2015, nada positivo nos dicen sobre la creación de puestos de trabajo. Llegará al final de su mandato exhausto y resoplando de fastidio, como ya se le ve hacer ahora, de forma que el PP lo confiará todo al PSOE: es decir a su presumible incapacidad para actuar como alternativa.

Exactamente la medicina que le aplicó Zapatero en su día: dividir a la oposición, controlar el oxígeno que llega a su líder. Con la diferencia del ritmo. Todo lo que le pasó a Zapatero al final, le ha pasado a Rajoy ya al principio, a los cien días. No le gusta lo que hace; tampoco a Zapatero: si alguien espera pedagogía y convicción de este tipo de gobernantes puede darse por vencido antes de empezar la partida. Rajoy ha incumplido en cien días un buen puñado de sus promesas electorales; Zapatero le abrió el camino en los incumplimientos e incluso en la inversión de sus promesas y programa en el atropellado y dramático final de su presidencia: alérgicos a la verdad, solo saben ser auténticos en su administración del dolor, que señalan e incluso subrayan con su franqueza. Reconozcamos que ambos lo hacen sin delectación alguna: los sarcasmos y las sonrisas sádicas quedan para Cristóbal Montoro cuando exhibe su voracidad interventora.

Zapatero era un relato excesivo, quebrado por la realidad que se le fue por otro lado. Rajoy es todo realidad sin relato, en el sigilo galaico de la escalera. Pide silencio incluso a la oposición, a la que pagamos para que hable, y a la calle, donde la protesta cívica, pacífica y democrática, es ingrediente imprescindible de una sociedad viva y dinámica. La fatalidad del rigor sustituye así a la palabra y a la política, secuestradas ambas por la afasia gubernamental, que no sabe ni quiere explicar y comunicar a los ciudadanos, dar un poco de sentido y de dirección al giro más tajante y dramático en políticas sociales, laborales y presupuestarias de los últimos 30 años.

Hay 10 Comentarios

"Convidados de prensa"

3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa. Día de lamentos por los cambios internos y externos que atenazan a la profesión y día de ruegos para que todo cambie sin cambiar las esencias del periodismo. Todo ello en vísperas de una infausta intervención estatal de una televisión como la pública, la tele de todos y reconocida como ejemplo de imparcialidad por tirios y troyanos, a excepción, lógicamente, de quienes se disponen a expropiarla en aras del interés partidario. Y es precisamente en estos tiempos que corren, frase manida hasta la extenuación, cuando más falta hace a la democracia y a la ciudadanía, si es que no son la misma cosa, un periodismo de veras, no un periodismo de mentiras plagado de controles previos y preventivos, un periodismo sin mordazas, si no otra cosa peor. Ya decía Miguel Delibes que lo más irritante de la censura no era lo que cortaba sino lo que te obligaba a decir por boca de ganso. Y también decía, allá por 1968, hace casi medio siglo, al hilo de la recién estrenada Ley de Prensa de Fraga, "que antes de la ley, a los periodistas no nos dejaban preguntar: después de la ley, los periodistas podemos preguntar, es cierto, pero no se nos contesta. En ambos casos el diálogo se va a paseo. Ésta es la diferencia entre el 'antes' y el 'después'". Qué diría el gran maestro de periodistas y defensor a ultranza de la libertad de prensa cuando había prensa sin libertad, qué diría nuestro ilustre escritor si supiera que a sus colegas solo les dejan asistir como convidados de piedra a las ruedas de prensa, esta vez sin preguntas y sin respuestas. Pues diría lo que ya decía avanzada la etapa democrática, que a los políticos en el poder no les frena hoy la oposición sino los periódicos, y que el Estado es un interventor muy peligro en asuntos de prensa. Y nos contaría muchas más cosas, tanto Delibes como cualquier otro que ejerza la noble profesión del periodismo, pero lo más importante, lo fundamental, es que les dejen contarlas.

@Antoni de Sallas,

La ironía es que las medidas que ha tomado EEUU han sido más certeras. Imprimen billetes, recuperan los préstamos dados a la General Motors, a Fannie & Mae, etc, su solidaridad interestatal hace que por ejemplo, algunos estados que tienen una crisis inmobiliaria similar a la española (y dificultades de financiacion estatal) la capeen mejor.

Medidad todas ellas muy distintas del neoliberalismo ortodoxo que impera en Alemania, y por ende, en la UE.
En este sentido, los americanos no son tan gilipollas ni tan tercos. Son pragmáticos.

Tanto EEUU como China han empleado inyecciones brutales de dinero desde el Estado. Es decir, intervencionismo económico estatal. La tontería de que los mercados se regulan solos y que la austeridad causa efectos por sí sola no se la creen ni ellos.
Más que la deriva del socialismo, lo que se está certificando es que el intervencionismo económico de las élites contrasta con el mensaje oficial del capitalismo ortodoxo que propugnan.
Un estado sin iniciativa, sin énfasis o dirección económica es un estado sin soberanía, sin proyecto de futuro.
¿Qué futuro desea España? Se tiene que hablar más, y hacer piña. Si España se "rompe" (como decian cuando estaban en la oposición) se tiene que hacer convenciendo, ofreciendo perspectivas, hablando y escuchando el clamor de a pie. Si no, pues cada uno a su casa, corten la piel de toro en tres o cuatro pedazos y allá cada uno se las componga. Así nos íbamos a enterar. Unidad no significa impasibilidad, señor Rajoy. Significa saber escuchar.

Y hablando de herencias. Dice Rajoy que con lo que le han dejado, un país en ruinas, no ha tenido más remedio que... ¿más remedio qué? No ha tenido más remedio que enterrarlo. Le dejaron un enfermo y en lugar de curarlo ha decidido enterrarlo vivo. La conclusión de toda esta historia de la herencia recibida es que el legado que él dejará al siguiente será todavía peor. ¿Por qué? Pues porque si difícil es recuperar a un paciente crónico como el español, imposible es hacer resucitar a un muerto, y Rajoy, con sus palazos, ha acabado con el paciente. ¿Qué tendrá que hacer el mandatario que suceda al presidente conservador para volver a la vida la educación y la sanidad públicas? Con razón que le inquieta apropiarse cuanto antes de la televisión pública. Para que no dé cuenta de nada de lo que hace. Con razón que quiere instaurar la censura real en su régimen de libertades y derechos cada vez más aparentes. Mal se ha encontrado España, y es verdad. Peor se lo encontrará el siguiente.

La evolución de las especies no se cumple con la raza política actual. Lo vemos en Rajoy que evoluciona al revés. Llegó derecho como un mayo y en tres meses ya camina jorobado y a cuatro patas. RbCb, en cambio, parece que quiere hacer honor a Darwin y tras empezar a caminar en esta nueva etapa doblado como un churro ahora parece que camina más erguido.

Sr. Bassets, le agradecería que explicase mejor en un blog sucesivo qué ha querido decir con que a Rajoy "Le convendrá mantener a Rubalcaba". Hay ciudadanos a quienes nos queda como única esperanza un centro izquierda capaz de resurgir de la debacle, y no por partidismo, sino por supervivencia. De Rubalcaba sabemos lo que hizo como ministro y lo que hace y dice en público. Tampoco vemos grandes figuras que destaquen como alternativa. Comprenderá que pueda alguien sentir desconcierto ante la frase que le cito. Gracias

Sr. Bassets, tal vez le ha ganado un poco la retórica y ha terminado por ser a rator algo sibilino. Me refiero a la frase sobre "la alimentación asistida" de Rajoy a Rubalcaba "para que pueda sobrevivirse y desalentar alternativas serias" ¿qué ha querido decir? ¿qué Rubalcaba es tonto y poco serio o que es un Rajoy camuflado? Lo que tenga que criticar, por favor, critíquelo a las claras y nos hará un gran servicio porque los cidadanos demócratas no estamos para juegos de palabras o conceptismos

Por debajo de nuestras necesidades
Para justificar todo lo que hace, el Gobierno nos dice que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Puede ser. El problema es que ahora el Gobierno está consiguiendo que mucha gente empiece a vivir por debajo de sus necesidades básicas. O se pasan de pródigos o se pasan de austeros. Cuando éramos ricos todo era gratis y barato. Ahora que somos pobres todo cuesta y es caro. No sé, habría tenido más sentido lo contrario. ¿De quién es la culpa de esta inversión? De lo primero, de vivir a tutiplén, la tenemos todos pues todos queremos disfrutar sin tasa, un descontrol alentado, eso sí, por una clase bancaria que lo deseaba aún más. ¿Y de lo segundo? Pues de lo segundo, de la austeridad absoluta, la culpa recae en el presidente Rajoy, que la ha adoptado como si fuera la niña de sus ojos y a la que no se cansa de mimar. Y de nadie más, fuera de los incondicionales, pues nadie en su sano juicio dejaría de respirar para que el organismo no se gaste. Y esa es un poco la situación en la que ahora nos encontramos: no salimos de casa para no gastar pero tampoco salimos para crecer. Duraremos lo que duren nuestras escasas reservas o lo que tarden en quitárnoslas. El crecimiento no entra por la ventana. España es una empresa cerrada a cal y canto por el Presidente, que espera encontrar futuro a nuestro futuro sin abrir la puerta al crecimiento y cortando todos los suministros necesarios para su desarrollo. Si tardamos mucho en salir, los vecinos no tardarán en llamar a los servicios de urgencia pero ya solo encontrarán nuestro cadáver. Eso sí, las facturas hasta ese día estarán todas pagadas, incluida la caja. Que no se diga que debemos nada a nadie, que uno es orgulloso hasta la posteridad. Con Rajoy, con los pies por delante.

¡Zas y zas!
Hay promesas de hacer y de no hacer. Las de este gobierno eran de las dos pero más de no hacer que de hacer. No iban a hacer nada pero iban a hacer muchas cosas, los puentes por ejemplo, como acabamos de comprobar. La realidad es que hacen más de las que no iban a hacer que de las que realmente iban a hacer. No iban a abaratar el despido ni recortar los derechos laborales, y zas, reforma laboral; no iban a subir los impuestos vía IRPF ni iban a subir el IVA, y zas dos, subida en dos tiempos, primero en la renta nada más llegar y anuncio de subida en 2013, si no antes, en el consumo; no iban a reducir la partida de educación ni mucho menos adelgazar los servicios sanitarios, y zas tres, subidón de tasas universitarias, incremento de la ratio alumnos por aula, instauración del copago sanitario y expulsión del sistema de los inmigrantes irregulares; no iban a reducir las pensiones pero lo cierto es que, zas cuatro, los ajustes a quienes más afectan es a los más débiles; no iban a controlar la tele pública y hemos pasado, zas cinco, de tener un aparato para la tele de todos a tener que soportar una tele para el aparato gubernamental. Tampoco iban a acercar a los presos etarras para no traicionar a las víctimas, zas seis, y les ha faltado el tiempo para, no cambiar la legislación, sino aceptar y requetesuavizar la que ya existía. De las que prometieron, pues bueno, podemos decir que han quitado la asignatura de la educación para la ciudadanía y que van a derogar la moderna regulación del aborto.

Parafraseando a Forges, Rajoy nos dice cada viernes, todo indica que con cierta fruición malsana: ¡Fastidiaros por nuestros errores!

Es una secuencia lógica: esta política de austeridad, de sequía, de muerte económica y social -literalmente y si no ojo al parche de los recortes sanitarios- sólo la puede aplicar alguien políticamente amortizado, defenestrado, un muerto viviente, un zombi político: "Quien ya se ha dado por muerto a sí mismo y se ha dado por perdedor en varias ocasiones" "porque ya me doy por amortizado antes de meterme en este lío." Tomando el relevo de J.L.R.ZP y su "me cueste lo que me cueste" éste ya viene amortizado porque sabe lo que no puede dejar de costarle inmolar el estado del bienestar en el altar del Gran Capital por el impagable -literalmente- juramento sobre la biblia del neoliberalismo más puro y más duro "en el sigilo galaico de la escalera". Aunque considero todo el contenido del artículo brillante a tenor de la reflexión trenzada en torno a la intuición -y que nos arroja un resultado más que razonado palmario- destacaría la última frase que cito entrecomillada y que me ha hecho sacudir los hombros: política de "machacas" (porteras).

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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