Lluis Bassets

Modesta Francia

Por: | 17 de mayo de 2012

La llegada de François Hollande a la más alta magistratura de Francia no casa muy bien con los tópicos sobre la arrogancia francesa. Esta disonancia se observa en todos y cada uno de los elementos que explican y conducen a la segunda presidencia de un socialista en la V República después de los 14 años de reinado de Mitterrand. En su personalidad de dirigente gris y subestimado por la pléyade de barones socialistas íntimamente convencidos tanto de su propia superioridad como de su destino presidencial. En su historia personal de secretario general del Partido Socialista durante 11 años, al servicio de la unidad del partido y de las ambiciones ajenas, incluidas las de quien fue su pareja y madre de sus cuatro hijos, Ségolène Royal. En su historia política como candidato: su carrera es lo que más se parece a una imprevisible y accidentada contienda, culminada con la caída de Dominique Strauss-Kahn a los infiernos, en la que han contado ante todo su cabeza fría y sus pies muy firmemente asentados en el suelo. E incluso en el combate final contra Nicolas Sarkozy, victoria de la humildad y la contención ante la voluntad de poder y la fuerza expansiva.

Pero la nueva modestia presidencial también se manifestó en la primera y solemne jornada presidencial, el día del traspaso de poderes en que el presidente saliente hace entrega de las claves secretas del mando, incluida la del arma nuclear. No hubo un sol radiante que acogiera al presidente electo y convocara a los franceses a vitorearle en el trayecto de su coche descapotable. Tuvo que aguantar el aguacero sin paraguas ni gabardina primero en el vehículo y luego a pie firme. Y como culminación, un rayo atravesó el avión que le llevaba a Berlín, y le obligó a regresar a tierra y tomar otra aeronave, como un aviso de los tiempos difíciles en que le ha tocado regir los destinos de Francia.

A diferencia de Mitterrand, que envolvió su primer día presidencial de épica socialista y francesa, Hollande optó por cumplir con todas sus obligaciones ceremoniales sin aspavientos. De su cosecha introdujo dos homenajes, a Jules Ferry, el ministro de Educación que introdujo la escuela pública, laica y gratuita, y a Marie Curie, premio Nobel de Química y Física y emblema de la investigación científica francesa, buena lección cuando muchos países europeos están de recortes presupuestarios para la enseñanza y la ciencia.

No pudo, es cierto, ahorrarse cierta solemnidad: le recibieron 21 salvas de artillería, tuvo que escuchar la Marsellesa en seis ocasiones, pronunció cinco discursos y dio una conferencia de prensa conjunta con la canciller Merkel. Pero en todas sus palabras inaugurales puede captarse el espíritu de esta nueva modestia francesa. Está en su idea presidencial, tras cinco años de un poder excesivo y asfixiante para el primer ministro y su Gobierno: “Estableceré las prioridades pero no decidiré todo, ni en lugar de todos. De acuerdo con la Constitución, el Gobierno determinará y conducirá la política de la nación”. También en las formas: “El poder del Estado se ejercerá con dignidad pero con sencillez. Con una gran ambición para el país y una escrupulosa sobriedad en los comportamientos”. O en los nombramientos, un clásico de los caprichos presidenciales: “Las normas de nominación de los responsables públicos se regularán y la lealtad, la competencia y el sentido del interés general serán los únicos criterios para determinar mis decisiones para escoger a los más altos servidores del Estado”.

Este es un hombre que solo muy recientemente se ha habituado a manejar la primera persona del singular después de sacrificarse detrás del 'nosotros' socialista durante cuarenta años. No es una anécdota gramatical: el narcisismo de tantos dirigentes políticos, Sarkozy el que más, es ajeno al nuevo presidente. De ahí que, en el único debate electoral, sonara tan verdadera y eficaz a oídos de los franceses la frase repetida una y otra vez en la que ya se situaba en la función presidencial: “Yo, presidente de la República”. Su modestia es también ideológica, al servicio de los más modestos: “No puede haber sacrificios para unos, cada vez más numerosos, y privilegios para otros, cada vez menos numerosos”.

Modestia no significa falta de ambición. Hollande la tiene. Y no es únicamente francesa, sino europea y universal, en consonancia con la historia y los principios de la República que preside. Modestia no significa tampoco rigor. O al menos no solo rigor. Hollande ha pedido para Europa tres cosas: proyecto, solidaridad y crecimiento, las tres cosas que olvida la Europa de los recortes promovidos por Nicolas Sarkozy y Angela Merkel. La modestia parecía un defecto en la época de la burbuja, pero es una virtud elevada y difícil en época de crisis. En su ensayo 'Modesta España' la predica Enric Juliana para nosotros. François Hollande, presidente de una Francia tenida siempre por arrogante, la predica también para los franceses y la ofrece como ejemplo para europeos, españoles incluidos.

Hay 9 Comentarios

Es cierto que la primera impresión que da Hollande es de una cierta timidez y bonhomía pero esperemos un tiempo para conocer su verdadera cara. Me desilusionó mucho su actitud descortés durante la toma de poder en el Eliseo. El "arrogante y lleno de defectos" Sarkozy había acompañado a Chirac hasta su automóvil en el 2007 (y todos sabemos lo poco que se querían esos dos hombres), en cambio Hollande se dio media vuelta y entró en el palacio presidencial después de un corto y frío apretón de manos. Afortunadamente la concubina del nuevo presidente y Carla Bruni dieron una muestra de elegancia al despedirse en forma cordial.

La prima de riesgo española tiene que ver más con la capacidad productiva de España (y por ende, la capacidad posterior del Gobierno para poder pagar la deuda a través de los impuestos que cobre). Si con los recortes el Estado torpedea el mercado interno del trabajo y el comercio, sin hacer reformas reales de calado, pues normal que la prima de riesgo aumente. Nadie va a invertir en un país donde el consumo disminuye.
La administración española del estado central siempre ha sido bastante mesurada en sus gastos. Son las autonomías y su estúpida duplicacion de funciones, las que inflan el gasto para dar prebendas a sus cortes de taifas. La única autonomía más o menos eficaz es el Pais Vasco, y de milagro. Pero eso es porque los vascos tienen menos sol y playa, y no se han olvidado de la industria avanzada. Tienen buenas universidades, y ciudades que han sido bien administradas (Bilbao con Odón Elorza mejoró mucho).
Hay que ponerse las pilas, porque entre que España se va al default ( fuera del euro) y pronto no tendremos más que nuestros brazos y nuestras cabezas para salir adelante. Mejor pobre y sin deudas, que endeudado y con ínfulas de nuevo rico. Que es lo que nos viene molando desde que Quevedo escribió la Vida del Buscón.
Toca empezar de nuevo.

rastacouère, creo que has dado en el clavo lamentablemente,

La modestia según La Bruyere:

"Un hombre que conoce la Corte es dueño de sus gestos, de sus ojos y de su expresión; es profundo e impenetrable; disimula sus malas intenciones, sonríe a sus enemigos, reprime su estado de ánimo, oculta sus pasiones, desmiente a su corazón y actúa contra sus sentimientos"

Por no hablar de las "reglas de la modestia" que dictó Ignacio de Loyola para los miembros de la Compañía de Jesús, aunque François Hollande haya estudiado con los hermanos de La Salle.

Está bien el artículo de Bassets (mucho mejor que los de Miguel Mora), pero creo que toma sus deseos por realidades. Y, me alegraría mucho que tenga razón. Pero en política las virtudes deben probarse con política. Ahora "la izquierda" ve en Hollande el salvador. Pronto no le bastará con gestos.

Por cierto, hace unos años era de izquierdas y ecologista oponerse al crecimiento y combatir el despilfarro de los recursos... Ahora se han invertido las posiciones.

Gracias por el articulo. Buen conocedor de Francia y los franceses me aporta un resumen de Hollande con muchos detalles que no conocia. Me permito reenviarlo. Con la salvedad de que todos los policos en Europa estan con las manos atadas y con algunas dudas sobre la capacidad de cambio del pais, Yo tambien creo que el estilo de Hollande apoyando y mesurando las instituciones, puede aportar a Francia una "grandeur" mas real y sin los excesos de Sarkozy

Cuando nos daremos cuenta de que castigar a un partido socialista en el poder, no es votar a la oposición conservadora. Sé, que en esta Europa sin control, algunos planteamientos de los conservadores se pueden parecer a los de la socialdemocracia, esto no indica que en lo global, tengan la misma repercusión sobre el ciudadano. Se puede hacer una reforma del mundo del trabajo, manteniendo la protección del más debil. Se puede y se debe actualizar la sanidad y la educación, manteniendo el criterio de igualdad de oportunidades y universalidad del servicio, sin renunciar a ser más eficientes.Francia ha pasado del miedo a la esperanza. Los españoles por el simple hechode haber desterrado al "emperador" ya se nos pega la ropa al cuerpo.

esperemos que esto convenza a los franceses hacia las legislativas, esperemos que al final sea lo que hoy parece!

Buen paralelismo entre la modestia que el rimbombante predicaba para la ciudadanía y la ambición de crecimiento que para ella desea un hombre austero en la forma y en el fondo, o eso parece. Me parece que este hombre acertará en su mandato, aunque por sus primeros contactos climatológicos pareciera un cenizo. Esperemos que solo sea con el tiempo y no con la política.

Basta de decir que los franceses son arrogantes, por favor, sois vosotros los acomplejados.....

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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