Lluis Bassets

Pabellón de grandes quemados

Por: | 29 de mayo de 2012

No hay que darle muchas vueltas. La pitada del Calderón es otro revés para la imagen de España. En los países serios y seguros de su identidad se suelen respetar los símbolos comunes. En muchos, no tan solo se respetan, sino que se veneran, en ocasiones hasta el exceso, a la misma altura que los símbolos y expresiones religiosas. En uno de ellos, Estados Unidos, donde la gente escucha el himno nacional con la mano en el corazón pero hay todavía mayor respeto a la libertad de expresión, los jueces han determinado que nadie puede ser castigado por quemar la bandera venerada por casi todos los ciudadanos. Pero que no exista delito no significa que no haya ultraje ni pérdida cuando se producen hechos como estos.

Fue, por tanto, un nuevo revés a lo que ahora se denomina la marca España en una semana y una temporada pródigas en reveses mucho más sustanciales. La lista empieza a ser inquietante, pero bastará con recordar los dos últimos golpes, como son el descubrimiento del déficit público oculto —y ocultado— en las comunidades de Valencia y Madrid, las dos autonomías gobernadas por el PP de mayor centralidad, y el hundimiento de Bankia, banco privatizado y nacionalizado por el PP en menos de un año y enchufado ahora directamente a los bolsillos de los españoles presentes y futuros, quizás también de los alemanes si terminamos obteniendo los eurobonos, por una cifra de euros con tantos ceros que solo las mentes habituadas al cálculo mental son capaces de manejarla con comodidad.

Nadie habría conectado esos tres hachazos que dañan a la credibilidad española de no mediar la intervención de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Otra persona, en su lugar, meditaría sobre sus responsabilidades en el enmascaramiento del déficit de su Gobierno y en la catástrofe de una entidad financiera sometida primero a su supervisión como caja de ahorro y luego a su influencia política, incluida la designación de directivos y la asignación de inversiones. Pero Aguirre no. Gracias a su personalidad desacomplejada y a su facilidad para decir lo que piensa sin importarle excesivamente las consecuencias, la presidenta no dudó en meterse en el charco en cuanto tuvo la oportunidad.Tiene poco interés analizar cuánto hay de cálculo y de preparación en sus palabras, si se tiene en cuenta que las pronunció justo en el momento en que estallaba una de las mayores burbujas de la historia de este país, una burbuja que no es tan solo financiera, sino también inmobiliaria, por supuesto, pero sobre todo es política y es madrileña.

Enric Juliana resucitó oportunamente hace una semana en La Vanguardia un artículo de Pasqual Maragall, publicado en EL PAÍS el 7 de julio de 2003, que se titulaba Madrid se ha ido, donde se explicaba cómo la capital estaba acaparando todo el poder económico y político para constituirse en una ciudad global dentro de una España radial y reunificada. Pues bien, al igual que los decibelios del Calderón no pudieron con los pitos, el ruido de Aguirre no puede tapar el sonoro y fétido silbido de la burbuja madrileña que acaba de pinchar. Ni herencia recibida, ni despilfarro autonómico: Madrid ha vuelto. Una vez que el Gobierno de Rajoy ha dado de sí todo lo que podía, es decir, amortizado ya a los 150 días, es el Partido Popular, con Madrid a cuestas, el que ingresa en el pabellón de los grandes quemados, junto a multitud de instituciones, las más importantes, de este país, desde la Corona hasta el Banco de España pasando por el Tribunal Constitucional.

El artículo de Maragall terminaba con estas frases: “Yo confío en que la sociedad civil madrileña reaccione y se plantee seriamente cuál ha de ser el papel de esa comunidad en la política española; y para empezar, cómo debe Madrid regenerarse políticamente”. Pero remachaba: “Cuatro años más de deriva como la de los dos últimos y España perdería el norte. Y nunca tan bien dicho”. Lo escribió en 2003. En 2007, justo cuatro años después, empezó la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos. Hoy, casi 10 años más tarde, el norte parece a veces definitivamente perdido.

Hay 9 Comentarios

En fin, que Aznar puso el primer ladrillo, Zapatero el segundo y Rajoy se encargará de la demolición descontrolada para que nos caiga todo encima antes de poder salir de esta trampa.

Por salvarse ellos son capaces de desprestigiar a instituciones nacionales como el Banco de España, o como harán con la CNMV. Y con esa medicina han conseguido, no solo que esté bajo sospecha Bankia, sino el resto de entidades financieras, Santander y BBVA incluidos, que seguro que tienen que estar saltando de alegría con esta política de tierra quemada que hace el gobierno de Rajoy sobre todo aquello en lo que puede apoyarse para desviar la atención sobre su gestión. Y si para ello hay que despreciar una institución como el Banco de España, pues se hace. Pero con ello solo consigue debilitar aún más, me parece, al propio gobierno, un gobierno que se carga a su propio supervisor financiero.

Primero retrasó los presupuestos para tratar de preservar el éxito en Andalucía. El resultado es que perdió Andalucía, Asturias y dejó temblando a Extremadura. Ahora anda remoloneando con los mercados, con Bruselas y con el sursum corda, y no lo hace tanto por convicciones económicas como por temores políticos. No quiere perder la alternativa política, y le resulta insoportable no poder mandar nada tan recién llegado como está. El posible resultado de todos estos juegos, que engañan a los ciudadanos pero no a los que realmente mandan, será que nos pasarán por encima, con o sin permiso, en el supuesto de que en algún momento nos lo hayan pedido. Y luego están las elecciones catalanas y vascas, que bien podrían adelantarse de consuno y marcar una fecha única para así terminar de darle la puntilla a la gestión del gobierno popular. Rajoy, en suma, no acierta de ninguna manera y empieza a hacer bueno a su predecesor, cosa difícil. No me extrañaría que lo mismo que nos ponen condiciones económicas (IVA, retrasar jubilación) para retrasar el plazo de cumplimiento de déficit, terminen poniéndonos condiciones políticas para insuflar confianza. Quiero decir que lo mismo que Berlusconi fue apeado del palacio Chigi, es posible que al final se exija que salga Rajoy como titular del gobierno español.

No invention has received more praise and abuse than Internet.

Es verdad que todos decíamos con una boca, bien pequeña, que esto no podía durar, al tiempo que con la otra, bien grande, no dejábamos de dar dentelladas al suculento pastelón envenenado.

Se vende país, barato, barato. España en almoneda. Libre de símbolos y de cargas patrióticas, se ajusta al envase en que se vierta.

Saludos al comentarista Lluis Bassets por su gran artículo que pone en evidencia la gigantesca corrupción que padecíó España, en especial, las comunidades de Madrid y Valencia, controladas por el PP en el presente y en décadas pasadas. Espero que la sociedad despierte y se sacuda de tanta inmundicia política.

@David:
¿Pero cuántos, cuántos, han tenido el ojo, o el oido, para vaticinarlo, precaverse, y ponerse a buen recaudo?

Definitivamente, no ha sido la mayoría de la población, que seguía jugando en muchos casos al tocomocho inmobiliario.

El tema ahora es que la credibilidad de lo que es el país, el Estado, y la gran mayoría del tejido productivo español, (por no hablar del sistema bancario), está en tela de juicio. Hará falta mucho amor propio, arrojo y despecho para remontar este desbarajuste.
Y cabeza y sensatez, que parece que tenemos un severo caso de insolación o indigestión azotándonos.
De otro modo no me explico la ceguera actual de la política, a no ser que sean reos de interés propio en dicho desbarajuste. Parece que tienen un revólver en las manos, disparándose en los pies.

¿Quiere decir con esto que hay que hacer caso a los visionarios, vengan de donde vengan? Yo creo que la crisis la hemos vaticinado todos, ¿o no ha oído nunca Vd. eso de "esto tiene que explotar por algún sitio"? Yo ya lo oía en el 99, cuando compré mi piso por dos duros y estaban ya empezando a subir como la espuma. Lo vendí, hace 7 años por casi el triple de lo que había pagado, y seguíamos diciendo que "esto tiene que explotar por algún sitio". O sea, que no le atribuyamos a Maragall algo que no decía él solo.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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