Lluis Bassets

Una pareja revolucionaria

Por: | 31 de mayo de 2012

No hay revolución sin decepción. La liberación señala un punto muy alto en los deseos de cambio. Una vez derrocado el régimen, la constitución de la libertad suele arrastrar los impulsos revolucionarios por los suelos del realismo. La primera vuelta de las elecciones presidenciales egipcias es toda una lección. Las dos fuerzas conservadoras que articulan la sociedad egipcia, la militar y la religiosa, han situado a sus respectivos candidatos mientras que el candidato de la liberación, de Tahrir, no pasa a la segunda vuelta y no podrá ni siquiera medir sus fuerzas.

No es la primera decepción que reciben ni será la última en el año y medio transcurrido desde que empezaron las revueltas. Hubo una sangrienta y prematura lección en Bahrein, donde la revolución fue ahogada en sangre por Arabia Saudí con la connivencia de EEUU, y ahí está la permanente y cruel lección de Siria, donde la comunidad internacional se muestra impotente una y otra vez ante un régimen que ataca y asesina con total impunidad a los ciudadanos que osan manifestarse en su contra, hasta llegar a una matanza como la de Hula, en la que el régimen se ceba sobre niños y mujeres para escarmiento de los revolucionarios. Apenas la revolución tunecina consigue mantener enhiesta la bandera de la esperanza en un momento en que la mayor parte de experiencias parecen dar la razón a los escépticos, conservadores y defensores del statu quo.

Pero la historia siempre aguarda con extrañas sorpresas. Cuatro años después de su partida de la Casa Blanca, nos enteramos de que el expresidente de EEUU George W. Bush no participa de estos sentimientos. Gracias a una conferencia pronunciada el pasado 15 de mayo, sabemos que el comandante en jefe de la Guerra Global contra el Terror, la guerra preventiva, la tortura legal y Guantánamo tiene una visión abiertamente optimista y esperanzada de estas revoluciones. Así empieza el texto que nos llega de su discurso: “Son tiempos extraordinarios en la historia de la libertad. En la primavera árabe hemos visto el mayor desafío contra los sistemas autoritarios desde el colapso de la Unión Soviética. La idea de que los pueblos árabes están en cierta forma conformados con la opresión ha sido desacreditada para siempre”. (Wall Street Journal, 17 de mayo).

Su valoración casa mal con las alianzas tradicionales de Washington con las monarquías petroleras, cultivadas especialmente por la familia Bush, padre e hijo, y mantenidas durante su presidencia y también con la actual de Obama. Tampoco rima con el seguidismo practicado con los Gobiernos de Israel ni con las prevenciones ante las revueltas árabes de los portavoces de la derecha israelí y de sus amigos intelectuales o políticos, como José María Aznar. Bush explica que “algunos en los dos grandes partidos en Washington observan los riesgos inherentes en el cambio democrático —particularmente en Oriente Próximo y África del Norte— y piensan que los peligros son excesivos. EEUU, argumentan, debe limitarse a apoyar a los líderes ya conocidos por defectuosos que sean en nombre de la estabilidad”. “Si EEUU no apoya el avance de las instituciones y valores democráticos, ¿quién lo hará?”, añade.

De hacerle caso, Washington debiera estar propugnando el cambio de régimen en todo el mundo árabe, incluyendo monarquías estrechamente aliadas como la de Jordania o Arabia Saudí. Para ello escoge palabras encendidas, similares a las que se pueden leer o escuchar de boca de muchos revolucionarios: “EEUU no debe decidir si una revolución liberadora debe empezar o terminar en Oriente Próximo o en cualquier otro sitio. Solo debe elegir de qué parte se pone”. Y añade un argumento de cuño estrictamente revolucionario, como es la sublimación del momento del cambio: “Es glorioso el día en que un dictador cae o cede ante el movimiento democrático”.

En los mismos días en que George W. Bush pronunciaba su discurso revolucionario, su esposa Laura publicaba otro artículo (Washington Post, 18 de mayo), coincidiendo con la cumbre de la OTAN en Chicago, con un título que es un llamamiento, No abandonemos a las mujeres afganas, en el que la esposa del expresidente demuestra cómo la acción de la OTAN y de Naciones Unidas ha servido para escolarizar a siete millones de niños afganos, un 37% niñas, mientras que con los talibanes solo 900.000 niños, todos varones, iban al colegio. Y concluye con una pregunta de valor universal: “¿Nos arriesgaremos a las consecuencias de abandonar a las mujeres afganas a su suerte?”.

Hay 8 Comentarios

Creo que señor Bassets nunca ha entendido a J.W.Bush. El libro de la mesita nocturna suyo era el libro de N.Sharansky, "el caso para la democracia" , creo que conviene que sr. Bassets lo lea para que entiende que Bush siempre tenia esta doctrina. Le vendra bien para su formación como exprrto en politica internacional.

Y para terminar me gustaría referirme al desastroso proceso democrático promovido por EEUU. ¿De verdad creen ustedes este fiasco democrático? ¿Han oído las acusaciones entre los tres jefes interesados sectaristas y separatistas empezando por el pm Nuri el Maliki, pasando por el presidente Talbani y el señor Barazani, de descubrir los crímenes contra los civiles iraquíes a lo largo de este periodo democrático que no tiene igual en la vida iraquí? ¿Así mismo de las acusaciones contra las partes extranjera que apoyan a cada uno, EEUU, Irán, Turquía, Arabia Saudita e Israel? Todo afirma que el proceso político es una falsa operación democrática, coja e, incluso, muerta antes de su nacimiento como lo describen los mismos líderes que aparecieron en la escena.

Oriente Medio o Próximo incluye la parte del mundo árabe asiático, Irán, Turquía y Afganistán. De modo cuando se refiere al mundo árabe no debemos separar África del Norte de Oriente Medio (o Próximo según de qué continente salga la denominación). Creo esta distinción conlleva una connotación astuta para separar y dividir al mundo árabe, cosa que me extraña que el Sr. Bassets incurra en este desliz.
Un cordial saludo

Todas las revoluciones sociales se han enfrentado a duros contratiempos. Los primeros días se caracterizan por la euforia de la victoria del caos debido a la falta de líderes que conducen la revolución a buen puerto y con menor desgaste institucional. Cosa muy normal por ser así la mayoría de las revoluciones de forma espontáneas. En un tiempo de relajación del régimen y cuando menos espera un global levantamiento social, la sociedad reúne su coraje y consigue lo que no pueden ejércitos conquistadores, “Si el pueblo decide algún día vivir, el destino ha de alinearse a él” como lo dice el poeta tunecino.
Pero cuando pasa ese tiempo inicial de la euforia social y la desconfianza del régimen derrocado y una vez superado el choque de la sorpresa hasta que este comience a reagrupar sus restos, o “foulul”, para prepararse a retomar su puesto y reunir fuerzas para el contragolpe. Algo similar lo estamos viendo en Egipto y a lo largo de casi un año y medio después del derrocamiento de Mubarak. Pero también es frecuente que la propia revolución se vuelve contra sí misma, tal como sucedió en la revolución francesa en 1789 que inició una etapa de terror estatal el cual allanó el camino a la llegada del ejército encabezado por Napoleón quien abolió la primera república creando su particular imperio francés. En realidad el orden en Francia no se estableció hasta una vez terminada la Segunda Guerra Mundial y fundada la Quinta República con el carismático De Gaulle. Igualmente sucedió después de la revolución bolchevique que se desencadenó en una guerra civil que duró cuatro años hasta que llegó el ejército rojo y conquistó el poder del ejército blanco fiel al régimen zarista, los nobles y la iglesia ortodoxa. Lo mismo ocurrió en China con la llegada de Mao Zedong al poder en 1949 cuando se proclamó la nueva República Popular, tras la victoria en la guerra civil contra las fuerzas de la República de China. La victoria comunista provocó la huida de Chiang Kai Shek y sus seguidores a Taiwán y convirtió a Mao en el líder máximo de China hasta su muerte en 1976. Tanto en Rusia como en China se estableció el comunismo aunque Mao llegara a asumir los planteamientos del marxismo leninismo pero con matices propios basados en las características de la sociedad china. Es verdad que las revoluciones pueden traer consecuencias desastrosas pero también son capaces de construir sociedades donde reinan más justicia y más libertad.
La primavera árabe no es un seguro de lo que pueda suceder a continuación y, al mismo tiempo, tampoco puede desacreditar la grandeza de la sociedad en su levantamiento contra la represión y el autoritarismo. Esperamos que las primeras elecciones en la historia de Egipto no aprueben al foulul del derrocado régimen, el general Shafiq. En u n año y medio el consejo militar ha podido orquestrar las circunstancias para salvaguardar su empresa nacional, ajena a la empresa militar y solo vela por intereses empresariales de los distintos servicios sociales, y no es de extrañar que ejerza presiones y chantajes para sacar adelante la candidatura de Shafiq.

Y ahora una frase de Chaves Nogales sacada de su viaje por la Rusia roja, en su 'último' libro retropublicado ("La vuelta a Europa en avión"): toda dictadura vive un poco del mantenimiento de un estado de alarma en el país sobre el que actúa.

…y sin embargo, aunque Bush no fue favorito de nadie (excepto el GOP), el hombre sí que tenía razón en la guerra preventiva como doctrina de guerra; pues, Obama la ha continuado con sus Drones y es él el que da órdenes ahora de matar al mismo americano aliado al terrorismo sin juicio alguno. ¿Cómo lo explica esto, Lluís? ¿Un Premio Nobel a la Paz…? Y recuerda que Obama fue escogido el 2008 por ser político de izquierda-liberal y que se suponía que debía imponer en Washington ese “modelo” socialista, humanista pero nunca fue a así; ¿por qué?

Aquí está la respuesta:

http://www.nytimes.com/2012/05/31/opinion/too-much-power-for-a-president.html?hp

https://usaworldgaze.wordpress.com/

Y por otro lado, pasa una vez más, esta vez en el mundo árabe, aquello de Amanece que no es poco, que cuando hay elecciones siempre salen los mismos nada más que con distinto nombre.

Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. Pero solo cuando duermen juntos.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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