Lluis Bassets

Secesión

Por: | 21 de septiembre de 2013

La idea de la independencia de Cataluña ha crecido gracias a la integración europea. Hasta ahora, el catalanismo histórico la descartaba por varias razones, una de ellas la geopolítica: una pequeña nación, nacida como cuña entre Francia y España, estaba destinada a la absorción por uno de los dos vecinos. La novedad geopolítica del neocatalanismo actual es que ya no se siente amenazado por Francia cuando imagina a Cataluña como independiente. Y esto sucede así gracias a la integración europea.

La dificultad que tiene ante sí este nuevo catalanismo es de un orden distinto. Su independentismo ha madurado en el momento más precario para la idea de independencia. Su soberanismo está a punto de caramelo cuando ya no hay soberanía que no sea compartida. Su Estado propio, cuando los Estados nacionales parecen de cartón piedra. “Eso que ya no sirve para nada”, dijo Xavier Rubert de Ventós en su discurso ante la Via Catalana en El Pertús, “eso es lo que queremos”.

El espacio en el que se ha expandido el independentismo es el de la Europa postsoberana, pero el que le ha dado energías y fuerzas para la implosión es el momento de la crisis de la deuda de los países mediterráneos, que pone al mando de los presupuestos a la troika (Banco Central, Fondo Monetario y Comisión) a la vez que Alemania se asienta como poder hegemónico. Hay una reacción renacionalizadora ante esta integración bancaria y fiscal forzosa en la que debe incluirse la efervescencia catalana. Cada uno defiende su resto de soberanía, y quien cree que no tiene suficiente, como es el caso de Cataluña, la reclama toda entera. Con el inconveniente de que el formato elegido ya no está a disposición de nadie en el mercado de las naciones soberanas.

Consiste en desconectar del Estado español para conectar directamente con Europa, convirtiendo a Cataluña en un socio nuevo. Y hacerlo como si fuera una operación dentro de la Unión Europea, fundamentada en la ciudadanía europea de los catalanes y en la perfecta integración de su territorio y su economía. El problema es que la UE es una asociación de Estados y que los catalanes son ciudadanos europeos gracias a que son antes ciudadanos españoles. Como resultado, nada se puede hacer en Europa que no sea de la mano y con el permiso del Gobierno español.

Cabe imaginar una Europa que avance hacia la unión política y diluya los poderes de los Estados hasta dar más protagonismo a las regiones de fuerte peso y personalidad que a los pequeños bálticos. Pero en la actual fase de renacionalización defensiva, poco puede esperar el independentismo de las viejas naciones europeas, y menos de Francia, enemiga de Cataluña al menos desde el siglo XVII y responsable en el XVIII de la imposición del modelo centralista que la ha ahogado, con apenas un breve paréntesis, hasta la Constitución de 1978.

Hay 32 Comentarios

Nadie quería la unión de Alemania, salvo los españoles y otros cuatro ilusos que iban a por uvas. De todos modos, nadie hubiera entendido que se negase su unión y, por otro lado, Alemania es poderosa. Cataluña es perfectamente prescindible.

Hay alguna comentarista que confunde movimientos de integración con movimientos de secesión y todo ello aderezado con la pérdida de vista del peso real de "los diferentes poderes" que existe: para esa comentarista , Cataluña es igual a Alemania. Hay muchas causas que producen ese ombliguismo casi teocéntrico.

Pidio permiso Alemania federal, la originaria integradora de la Comunidad Europea a sus socios europeos para reintegrar en una Alemania unificada y a la vez dentro de Europa a la Alemania del Este, que 'legalmete' era un pais distinto,? Creo que no. Y nos lo comimos todos sin que se nos preguntara. Por que era la poderosa Alemania? Seguro. Pues no vengamos ahora con las Tablas de la Ley en la mano para acojonar a los catalanes.

Sr. articulista... se pueden tener diferentes visiones sobre la distribución y "avance" de los poderes en el mundo . Una: distribución y avance paralelos " en línea" y unificados o una teoría de poderes distribuídos en círculos concéntricos adyacentes interdependientes que poseen una serie de círculos concéntricos interiores cada vez menores que realizan la distribución "tentacular" de los poderes...Dentro de uno de esos círculos menores... una Cataluña soberana debería aún temer el poder de absorción de Francia y España a pesar de la integración europea.

Casi que sí Sr Busquets.Me parece que todos los paises dependen de la movilidad del capital global al cual hemos de atraer ofreciendo unos buenos recursos humanos e infrastructuras. Con sus 507 millones de habitantes la UE tiene el poder de plantarle cara. Pero no lo hace. Esta omisión hace que la Unión influya fuertemente en un terreno que le está mayormente vetado el de la distribución y redistribución de la renta. La union casi no tiene competencias en materia de impuestos directos que requieren unanimidad. La definición de los derechos de propiedad, hoy en día dentro del respeto al principio en sí, está en manos de los estados. Con la caida del muro de Berlin, la posibilidad de un estado propietario universal perdió la poca fuerza que le quedaba. Pero el Estado aún puede nacionalizar y poner impuestos directos marginales del 90%. A partir de qui uno puede, hasta cierto punto, escoger con quien se juega el dinero, como decimos en catalán. Una minoría nacional puede tenerlo crudo. Una minoríaz social también. Gracias por su hospitalidad.

La supuesta "independencia" de Cataluña es una tomadura de pelo de su clase política. Detrás están sus intereses económicos. Por ese camino, serán independientes sus actuales provincias, y después sus municipios. Se creen que los pueblos son tontos. ¿Que pintan en la Unión Europea los pequeños estados? Son simples monigotes de los grandes estados (Francia, Alemania y Reino Unido).

Los enfoques son distintos según el punto de vista y el sentir de quien opina sobre este tema, que siempre tiene un denominador común en la gente.
Sin tener en cuenta ni la política, ni la moneda, ni la economía, ni las leyes.
Manda la tierra.
La gente catalana en general y de la calle, básicamente rechaza unas maneras sociales y culturales impuestas, y obligadas, que ni comparte, ni siente, ni quiere.
Como por ejemplo la imposición despótica de tener que hablar en cristiano.
Desde la ofensa y denigración de lo que es lo propio y lo consustancial por nacimiento y por historia.
A los catalanes se les llama polacos con la intención de humillar y despreciar sus formas y maneras.
Un intento muy simple de esconder el reconocimiento de unas diferencias, que han existido desde siempre con el resto del territorio nacional.
La gente en Catalunya rechaza de plano el sentimiento de la imposición al uniforme nacional, desde la plataforma arcaica de la victoria.
El significado de la frase - háblame en cristiano - trasluce plenamente el contenido del sentir popular hacia la imposición nacional española.
Aparte de leyes y normas políticas o económicas, que también, es la diferencia aumentada por el desplante, el desprecio y el acoso.
Reafirmando una identidad, que se ha contagiado incluso a los venidos de fuera y a su descendencia, que prefieren asociarse a la identidad de acogida, después de comparar diferencias.
Desde la cultura, la familia, el credo y las instituciones.
Son otras hechuras.
Otra diligencia, otro compromiso social, otro tipo de enfoque y sustento individual, otra actitud.
Donde la gente se siente más integrada, reconocida y menos ninguneada.
Esa elección se sustenta desde la identidad y el apego a la tierra, y no desde la imposición y la obligación de normas ajenas y porque se lo mandan a la fuerza, desde intereses foráneos.
Por eso la insistencia de su bandera cuatribarrada, recordando siempre el origen.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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