Lluis Bassets

Héroes flexibles

Por: | 17 de octubre de 2013

Ha llegado la hora de Irán. Los primeros signos del deshielo se notaron en Nueva York, con motivo del viaje del nuevo presidente Hasan Rohaní para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas. Pero los primeros pasos acaban de darse en Ginebra, donde su ministro de Exteriores, Mohamed Zarif ha presentado una primera agenda de negociación sólida y creíble.

Irán quiere jugar en la escena internacional. Su demografía, su historia, su peso económico y geopolítico, conducen a los dirigentes del país persa a una reflexión melancólica sobre el limitado lugar que ocupan ahora en el mundo. Justo cuando muchos países emergen desde el subdesarrollo con vocación de protagonismo global, la República Islámica de Irán no levanta cabeza debido a sus más de tres décadas de enemistad con Estados Unidos y, sobre todo, a las sanciones que están golpeando a su economía como castigo a su programa de enriquecimiento de uranio.

Como sucedió con la Unión Soviética en tiempos de Gorbachev o con China tras la muerte de Mao Zedong, hay en Irán un impulso reformista que viene de muy adentro y que es capaz de encontrar adhesiones incluso en el corazón ideológico del régimen en la medida en que se consiga modernizar el país sin renunciar a los principios e incluso la estructura del poder islámico. Su explicación tiene que ver meramente con los reflejos de supervivencia, estimulados por el estado pésimo de la economía.

El ayatolá Jamenei ha sabido encontrar la fórmula para esta apertura hacia occidente. Inspirándose en la tradición del chiismo duodecimano, ha señalado la idea de flexibilidad heroica, que es la que corresponde a las concesiones tácticas que hacen los luchadores ante el adversario para sacar ventajas estratégicas. Cada momento exige su virtud para el intérprete máximo de la ley islámica. Hasan, nieto de Mahoma y segundo de los doce imanes sagrados del chiismo, que hizo la paz con el califa omeya, es quien ejemplifica la virtud chiíta que deberá desarrollar el actual presidente Hasan Rohaní. Al igual que su hermano, el tercer imán y mártir venerado del chiismo, Husain, ejemplifica la resistencia heroica que caracterizó la presidencia anterior de Mahmud Ahmadinejad.

El actual deshielo, además del anhelo interno de normalización, surge de un doble éxito: el de Teherán con su programa de enriquecimiento de uranio, y el de Washington y Naciones Unidas con el severo régimen de sanciones económicas impuestas precisamente como castigo por el proyecto nuclear. El régimen iraní ha conseguido con sus progresos en la fabricación de uranio el nivel de invulnerabilidad que Sadam Husein nunca tuvo a su alcance; y las sanciones han hecho visible al régimen que otra vida era posible y deseable incluso para su estabilidad y su futuro.

El resultado es que Teherán esta vez no juega de farol. Sus nuevos dirigentes quieren resultados y pronto. Están dispuestos a hacer concesiones sustanciales, pero necesitan contrapartidas económicas inmediatas que repercutan en la población. El equipo negociador ha dado todas las señales de que la flexibilidad heroica es ya efectiva por su parte. A cambio, quieren obtener para su país las ventajas de la globalización económica, su reconocimiento como potencia regional y una industria nuclear civil del nivel que les corresponde. Como es natural, debe desaparecer del horizonte la idea de un cambio de régimen propugnada con frecuencia desde occidente.

Una vez mostrada la carta iraní, la mano dificil en esta partida corresponde a la Casa Blanca, que deberá contar con la opinión hostil de sus aliados y amigos. En primer lugar, Benjamin Netanyahu, que no hace diferencias entre Rohaní y Ahmandinejad y solo confiará en la paralización total del programa nuclear. Luego, un grupo de nueve senadores demócratas y republicanos que han escrito a Obama con la generosa oferta de poner fin al enriquecimiento de uranio a cambio de no imponer más sanciones: su propuesta nos advierte de las dificultades que tendrá la Casa Blanca para que las levante el Congreso. En tercer lugar, Arabia Saudí, monarquía hostil por definición a alterar el estatus quo y temerosa de una apertura persa que convierta al enemigo chiita en un socio estratégico de Estados Unidos, como ha sucedido con China después de Deng Xiaoping. Todos ellos prefieren mantener las sanciones y no retirar las amenazas de represalias armadas. Es decir, que las negociaciones de Ginebra naufraguen. Ahora será Obama y no Ronahí quien deberá dar muestras de la flexibilidad heroica demandada por el ayatola Jamenei.

Hay 3 Comentarios

Será lógico que haya lectores tan de acuerdo con el Sr. Bassets como en desacuerdo con sus opiniones. Y quizá sea por ello la riqueza de otras ideas que aportan los comentaristas.
Sobre este actual artículo desearía añadir lo siguiente:
Se olvida el Sr. Bassets de recordarnos quién está realmente detrás de estas sanciones de “occidente” guiadas aparentemente por EE UU, y la insistencia de revelar el PROYECTO NUCLEAR IRANÍ con un objetivo final que es la adquisición de armas nucleares. Irán, aunque lo niega tiene el derecho de desarrollar su programa nuclear con fines pacíficos, nadie le quita este derecho. Pero si algún día su ambición le impulse a progresar el proyecto hacia ese objetivo sería para contrarrestar al actual y existente arsenal israelí que cuenta con 200-400 cabezas nucleares, y que no permite ningún rival en la región para no desequilibrar su hegemonía de gendarme.
La guerra contra IRAK fue simplemente porque Saddam había desafiado esta prohibición y su ejército representaba una seria amenaza sobre la existencia de Israel. Manifestarlo y tan claramente como hizo Saddam es un asunto intolerable para Israel y para sus aliados en la Casa Blanca y dentro del congreso, presionados todos por los lobbies sionistas dentro del país.
ARABIA SAUDÍ quizá sea ese aliado más débil, por su sistema de gobierno familiar tan peculiar y la presión que ejerce sobre su población y la violación crónica de sus derechos civiles a las que occidente aleja la vista. Arabia conserva este apoyo por mantener sin alteración los precios y la producción de petróleo. Y también por ser el mayor comprador de armamento, claro está de procedencia occidental, para renovar su potencia militar contra un supuesto ataque iraní o desestabilización del régimen saudí por medio del sector chiita de su población. Este régimen sigue siendo vulnerable a pesar de todo este potencial porque en realidad está dando la espalda a la cuestión fundamental en la lucha contra el enemigo sionista, la causa palestina y el conflicto árabe-sionista. Cabe destacar el rechazo hace tres días del régimen de Rayad de ser miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas alegando la ineficiencia de este a lo largo de su existencia de 67 años, recordándonos del problema palestino sin resolver hasta el momento. No creo que esta postura alivie algo a este régimen del reproche global árabe por su política.


Hace unas tres semanas y en este mismo blog participé en algo sobre la ideología de la revolucion jumeinista que ruego me permita repetir:
La ideología de la revolución islámica en Irán ha fijado sus principios, que no cambió en nada, desde la revolución del 1979 hasta el nuevo presidente Rohani. Quién debe iniciar la conciliación debe ser occidente, ya que desde las intervenciones de la CIA en 1953 y antes de los británicos en los años 20 del siglo pasado, en contra de la democracia recién instaurada, la revolución jomeinista no aceptará nada que no sea serio para la reconciliación. Esta incluye entre otros temas lo siguiente:
La no intervención en asuntos internos, no solo de Irán, sino también de los países islámicos, por lo menos los que simpatizan con la revolución. El dialogo entre civilizaciones es incompatible con la política estadounidense de someter a las demás naciones.
El respeto de la soberanía de estos países es una condición sin qua non los Ayatollas no verían la señal de conciliación occidental. Soberanía exige también el respeto de los recursos naturales, su derecho a progreso y desarrollo en todos los aspectos de la tecnología, ciencia y modernización.
Mientras Occidente en general y los EE UU en particular sigan apoyando al estado de Israel para conservar su hegemonía militar y no exijan de una vez el respeto de los derechos palestinos y la creación de su estado, Irán a su vez no verá seriedad de una conciliación verdadera. Sin embargo la política instigadora de Israel para las guerras y su negación de hacer la paz con los palestinos, dejará la región sobre el cráter de un volcán que amenaza con la destrucción en cualquier momento.
La voluntad de acercamientos y conciliación se percibe por ambos rivales, pero los hechos reales en este sentido deben ejecutarse por los EE UU principalmente.

Rusia querría incluir a Irán en su proyecto de Unión Euroasiática, aunque el embargo a Irán le viene bien para vender su gas en Europa a un precio mayor que en China y para su proyecto del gaseoducto South Stream.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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