Lluis Bassets

El oráculo colectivo

Por: | 14 de noviembre de 2013

El mercado no es un fin, sino un instrumento. Es como la máquina de vapor, la electricidad, la energía nuclear o la tecnología digital. Sirve para asignar recursos a partir del juego entre la oferta y la demanda, sustituyendo así otros centros de decisión menos eficientes. Así es como concibe la función del mercado el Partido Comunista de China. Y así es como encaja la idea de mercado con la de sociedad socialista.

Nada distinto a lo que ocurre con las tecnologías digitales. Los dirigentes chinos conocen los peligros que comportan, sobre todo para el monopolio político comunista. Pero saben también que son imprescindibles para seguir creciendo y, sobre todo, aspirar a convertirse de nuevo en la superpotencia que China fue un día. La solución es la combinación del máximo desarrollo tecnológico con un creciente control de la ciberesfera.

Lo mismo sucede con el funcionamiento del mercado. Los comunistas chinos consideran indeseable una sociedad de mercado en la que los poderes públicos apenas interfieran en su funcionamiento o solo lo hagan para hacerlo más eficiente. Tampoco les gusta relacionar el mercado con la democracia, ni siquiera con unas libertades individuales indivisibles que no desean. Se trata solo de que el mercado asigne los recursos cuando lo decida la dirección comunista, en sustitución de la obsoleta planificación socialista o de las directrices emanadas del Gobierno y del Partido.

El único cambio experimentado es el que se ha producido este fin de semana, en los cuatro días de reunión del Comité Central del Partido Comunista, y ha sido por el momento de orden meramente semántico, y objeto por tanto de las exégesis que haga falta para descubrir su significado. Hasta ahora el mercado tenía una función “básica” en la economía socialista con características chinas y ahora la tiene “decisiva”.

La nueva dirección comunista china, correspondiente a la quinta generación después de Mao Zedong, se encargó de calentar el ambiente antes de la celebración de la reunión, a la que se cargó de expectativas y se comparó incluso con dos plenos históricos, el que presidió Deng Xiaoping en 1978 y abrió el país al mundo, y el que se celebró en 1993, justo después de la revuelta estudiantil de Tiananmen, bajo la presidencia de Jiang Zemin, en el que se acuñó el auténtico oxímoron (o contradicción en sus términos) que es una economía socialista de mercado. Parte de la campaña previa fueron las reuniones que Xi Jinping mantuvo con representantes de la élite empresarial y periodística mundial, en las que se esmeró en el arte de seducir y fascinar a sus anfitriones respecto a la eficacia y las excelencias de tan original sistema.

A la vista del comunicado final, habrá que esperar a resultados más tangibles para clasificar este Tercer Pleno de 2013 al lado de los dos históricos anteriores. Pero no se puede descartar que próximas decisiones liberalizadoras, respecto al sistema financiero, al suelo agrario, a la participación de capitales privados en empresas públicas o a los estímulos al consumo tomen alguna de las muchas frases anodinas o incomprensibles del comunicado como fundamento.

El Partido Comunista actúa como una especie de oráculo colectivo. La opacidad de sus sistemas de trabajo, reuniones y decisiones, convierte la tediosa palabrería que contienen sus comunicados en un objeto privilegiado para la enigmística política. Bajo la lengua de madera, las frases hechas o las citas y homenajes implícitos a sus distintos dirigentes, se esconden decisiones, consensos entre tendencias y dirigentes, planes ocultos o posibilidades abiertas.

La interpretación de esa fraseología, a pesar de la penosa calidad de los textos, requiere tanta paciencia y tiempo como enfrentarse a los más enrevesados textos filosóficos o religiosos. A fin de cuentas, en una resolución como la aprobada por el Tercer Pleno, bajo los estereotipos del lenguaje político más envarado, hallamos de todo, incluyendo conceptos prohibidos, como una insólita y escondida referencia a los “derechos humanos”, la idea del Estado de derecho, referencias a la civilización ecológica, a la gobernanza o al soft power, cuyo valor hay que minimizar a la vista de las constantes protestas de ortodoxia ideológica y de fidelidad al monopolio del poder por parte del Partido Comunista.

Junto a la impenitente verbosidad de raíces maoístas, hay dos decisiones organizativas que refuerzan la idea de una etapa presidencialista con Xi Jinping. Se trata de la creación de dos nuevos organismos: un grupo de trabajo dedicado a dirigir el proceso de reformas y un Comité Nacional de Seguridad a imagen de Estados Unidos. Su sello personal, que impregna todo el comunicado, es la referencia al Sueño Chino, que ya ha convertido en el lema de la próxima década, una idea también de inspiración americana, a la que se añade la aspiración al “gran rejuvenecimiento de la nación china”, en la que fácilmente se transparenta la ambición de un salto en el protagonismo global con fecha 2020.

Hay 7 Comentarios

Una multinacional puede tomar decisiones a 30 años vista.
El PPCh los toma con plazo de 30 o 50 años, e incluso más.
En España, cambiamos de plan cada 10 años. Y así nos va.
Con la educación, con la investigación, con la industria. Sin consenso real.

Controlar el poder y controlar la economía son dos aspectos de una misma realidad. El mercado reemplazó a la permuta de los bienes y servicios y a partir de ahí se convirtió en la referencia natural del intercambio, y es entonces que el comercio, es decir, lo mercantil se impuso en las relaciones entre los pueblos. Mucho mas tarde surge lo financiero como una forma del poder económico cuyos rostros son los bancos, las bolsas de valores y las aseguradoras. Ahora bien, todo ese entramado ha sido y es manejado desde siempre, y en la oscuridad, por unos buitres humanos que se arropan de ideologías y de creencias para justificar sus acciones, ausentes de ética. Solo les interesan sus riquezas personales y se limpian el cul... con la miseria de los otros.

La segunda entrega de China la ciudad prohibida de dios. Tras sus murallas viven unos hombrecillos que amasan el barro del jarrón chino donde guardan, cautivos, a 1350 millones de chinitos. Al frente de este puñado de hombres; Xi, el San Agustín de Hipona chino, que con mano firme guía el timón de la monstruosa maquinaria del Partido Comunista Chino. Los Occidentales somos muy dados a la mística. Aun creemos que son los hombres los que han hecho este mundo a su imagen y semejanza. Las manos firmes dan forma al barro de las naciones. Hablamos desde la altura que nos otorga nuestra elevada posición en la historia de la evolución humana. Los chinitos no han llegado aún al nivel moral de nuestra posición en la escala evolutiva. No por su incapacidad, sino por que ellos viven cautivos dentro del jarrón que los alfareros del PCCH han construido para encerrarlos. Son almas del purgatorio, esperando anhelantes una oportunidad para salir de la oquedad del jarrón y subir al peldaño de nuestra elevad posición evolutiva. A pesar de lo dicho, hay que vigilar a los chinos con el rabillo del ojo. porque en el profano mundo de la economía empiezan a ser preocupantes, Menos mal que aún conservamos nuestra altura moral. Si nos pasan por la izquierda a toda velocidad podemos mirarlos por encima del honmbro. Para Xi y su clan, la economía es un instrumento más de la maquina del PCCH, que hace los jarrones. Nada que ver con nosotros los occidentales, que hemos llegado al fin. Ya no hay instrumentos ni caminos que recorrer, porque simplemente hemos llegado. Solo tenemos que mirarnos para darnos cuenta de donde estamos. Nosotros hemos llegado, aunque esté mal que lo digamos. Estamos aquí gracias a nosotros mismos y a pesar de todo. Nuestros alfareros han construido una casa democrática, libre y abierta. Los chinos están encerrados en la cavidad un jarrón chino.

Hay dos formas de enviar un mensaje: hablar con claridad para que llegue o hablar con opacidad para que no llegue. Cuando se recurre al primero es porque interesa al emisor. Cuando se recurre al segundo es porque perjudica al receptor. El régimen comunista de mercado chino hace más uso del segundo. La claridad solo la emplea en las ejecuciones.

China entiende que su política de modernización, crecimiento y desarrollo es una alternativa a Occidente; como lo fue en su día el comunismo. No se debe olvidar que la URSS compitió al mismo nivel en industrialización y desarrollo con Occidente al menos hasta los años 70 del siglo pasado. En mi opinión a la larga la civilización Occidental se impondrá, porque la libertad y la capacidad crítica de nuestras sociedades, permanentemente puestas en cuestión por nosotros mismos, es un instrumento mucho más flexible para enfrentarse a cualquier reto futuro, por muy listos que sean cien mil funcionarios chinos; que por ahora se limitan a intentar copiar a Colbert (el mercantilista Francés)

Dijo un muerto un día:
"Stalin alza, limpia, construye, fortifica
preserva, mira, protege, alimenta,
pero también castiga.
Y esto es cuanto quería deciros, camaradas:
hace falta el castigo”
y después añadió:
“Unión Soviética, si juntáramos
toda la sangre derramada en tu lucha,
todo lo que diste como una madre al mundo
para que la libertad agonizante viviera,
tendríamos un nuevo océano
grande como ninguno”.
Y ante la muerte del héroe maldito:
“Stalinianos. Llevamos este nombre con orgullo.
Stalinianos. Es esta la jerarquía de nuestro tiempo.
En sus últimos años la paloma
La Paz, la errante rosa perseguida, se detuvo en sus hombros
y Stalin, el gigante, la levantó a la altura de su frente.
Así vieron la paz pueblos distantes”.

Entre más cambian las cosas, más se quedan iguales. Nunca falta alguien que cante las glorias del tirano, del asesino, del anticristo. Estamos llenos de Pablos y de Nerudas.

"La solución es la combinación del máximo desarrollo tecnológico con un creciente control de la ciberesfera". Esta frase suya define a la perfección el régimen chino: ampliar poder sin ceder un ápice, o un bit.

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Sobre el autor

es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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