Lluis Bassets

Celos soberanos

Por: | 13 de febrero de 2014

Pocos países europeos son tan celosos de su soberanía nacional como los suizos. No forman parte de la Unión Europea, rechazada en referéndum en 2001 por el 76% de los votantes. Tampoco forman parte del Espacio Económico Europeo, rechazado en otro referéndum en 1992.

Los ciudadanos suizos son los que tienen la última palabra en cuestiones que afectan a la soberanía, cosa que en otros países, la vecina Alemania por ejemplo, está en manos del Tribunal Constitucional. Sus relaciones con la UE se organizan gracias a más de 200 tratados bilaterales, acompañados de una cláusula, llamada de guillotina, que otorga el derecho a cualquiera de las dos partes a suspender el entero paquete en caso de incumplimiento o ruptura de uno solo de los acuerdos.

Los suizos votaron en 2005 a favor de su incorporación al Tratado de Schengen, que elimina los controles en frontera y garantiza la libre circulación de personas; y ratificaron en 2009 su aplicación a los rumanos y búlgaros recién incorporados a la UE. Todo bajo la amenaza de la guillotina, que si entonces ayudó a persuadirles de las bondades de una Europa sin fronteras, ahora no ha sido suficiente para evitar que aprobaran la imposición de cuotas a trabajadores extranjeros.

A pesar de los celos soberanos y de la democracia directa, que conducen a decisiones como la del domingo, la realidad europea no admite aislacionismos. Europa no es sólo la UE. Hay que contar con los círculos concéntricos de los tratados e instituciones que la rodean. Cualquier decisión afecta al conjunto, aunque se tome fuera, precisamente por el carácter volátil de esa soberanía tan apreciada por los suizos.

La idea de una Europa abierta como la que hemos conocido, capaz de seguir integrando a nuevos socios y a nuevos ciudadanos, ha sufrido un severo golpe en Suiza, que los rampantes populismos han acogido con aplausos dentro de la UE. Hasta 2006 la integración de Suiza en la UE era considerada un objetivo estratégico para su Gobierno, que la relegó entonces a una mera opción entre otras. Ahora han cambiado las tornas y es Suiza, con su capacidad para revertir las políticas de integración y desaparición de fronteras, la que exhibe el modelo de una Europa-fortaleza construida frente a la inmigración masiva.

El problema de la Europa-fortaleza es que no puede llegar a existir, porque antes de convertirse en fortaleza dejará de ser Europa. Una Europa cuarteada como en el pasado y dividida en pequeñas fortalezas separadas es la negación de Europa. Los suizos han votado en esta inquietante dirección y ahora solo falta saber —nos lo dirán las elecciones al Parlamento Europeo— si el resto de los europeos también nos apuntamos a la destrucción de este proyecto de unión cada vez más estrecha de pueblos y ciudadanos europeos que hasta hace cuatro días habíamos considerado tan exitoso.

Hay 8 Comentarios

Cómo era aquello que distinguía a la federación de la confederación: la federación era como una naranja, con una piel común pero gajos separados. Y la confederación como una... no recuerdo qué fruta era la que respondía a esto, pero supongo que una fruta compuesta de frutos. Suiza es una confederación, la única del mundo, según la wikipedia. Y no sé tampoco a qué fruta responde el caso de España, un platano, por aquello de parecerse más a un churro.

Ah, se me olvidaba decirle adiós a Letta, y darle la bienvenida a Renzi. Otro tortazo de izquierda y el sexto presidente en los últimos 20 años NO ELEGIDO por el pueblo. De Dini a Letta solo DOS GOBIERNOS fueron elegidos por el pueblo: Berlusconi y Prodi. Es que los instintos democráticos de la izquierda son de dar risa. Pero la verdad es que no es culpa de Renzi sino del viejo esperpento comunista de Napolitano. Con cuanta razón tratan los 5 estrellas en sacarlo, pero el viejo ladrón se rehúsa irse, prefiere, como Obi, vivir a costas del pueblo italiano.

Entre más cambian los comunistas, más se quedan iguales. Es de dar rabia, pero eso sí: mintamos para cubrir lo que somos que de otra manera los tontos nos sacan (Fidel Castro a Chavez.)

Apostamos a que las "adelantadas" vienen, y el Cavaliere los hará dar más vueltas que un trompo...

Es que los suizos no entienden que "la tierra es del viento" y que no hay fronteras. A ver, ¿así que los suizos tienen que permitir que se les metan extranjeros a destruirles su país y cultura? Acaso a alguien le gusta ver que le pongan las calles como un asco, que el crimen suba a niveles imposibles, que le roben la billetera en la calle, etc?

Pues les informo que los habitantes ciudadanos de la CONFEDERACIÓN HELVETICA (Confédération suisse, Schweizerische Eidgenossenschaft, Confederazione Svizzera, Confederaziun svizra) estan en pleno derecho de decidir a quien (sea quién sea) permiten vivir en su país. No hay ni derechos adquiridos, ni obligación alguna de permitir entrada a nadie que no sea suizo.

De que os vale estar especulando por los resultados del referéndum en Suiza. Al Consejo Federal suizo le tomará aún tiempo hasta que den a conocer oficialmente a la CE (Bruselas) las medidas que piensan tomar sobre la libre circulación de ciudadanos de la UE que dicta el Tratado de Schengen. Ayer, en un programa de la 1ra TV pública alemana, se presentó un representante del partido SVP - los suizos quieren fijar cuotas anuales del número de inmigrantes cualificados que el pais necesite. Si es así, estarían en todo su derecho - otros países de la UE, darían los mismos pasos. La libre circulación vigente en la UE está limitada a permanecer 3 meses en el país de acogida - se podrá permanecer más allá de ese tiempo, siempre que se pueda demostrar que se cuenta con los medios financieros propios para sostenerse. Bruselas misma ha expulsado a más de 2.000 comunitarios que han intentado vivir de las ayudas sociales del país. Lo que no se debería ignorar, es lo que intentan muchos inmigrantes que no tienen ni un oficio aprendido. Horst Seehofer, Ministro-Presidente de Baviera afirmó a comienzos de Febrero que, el inmigrante que intente estafar, será expulsado de Alemania.

Veo que los españoles siguen creyendo en la UE a pesar de ser gobernados por la troika . Aqui en Francia poca gente cree en la UE y cada dia mas en Francia , no les digo en UK y Holanda . Habra que volver a lo que nos interesa un mercado unico y poco mas . Europa fuera de Bruselas no existe . Pregunten en Rusia , China , Brasil o India quieren relacionarse con Alemania, Francia , Italia, no con Barroso ni Van Rampouy. Que pasa con Bruselas cuando empresas francesas , españolas o alemanas competimos en terceros paises por proyectos , caso del Meca - Medina guerra total España- Francia, no existe. Si en Francia hubiera un referendum saldria lo mismo que en Suiza y no digamos en UK o Alemenia.

Los suizos son muy demócratas, todo lo deciden en referéndum. Pero claro, para tomar una decisión hay que tener en cuenta muchas cosas, una de ellas, importante, es qué piensan aquellos a los que afectará su decisión unilateral, o mejor, cómo afectará al que decide libremente, que aquí somos todos muy libres, cómo le afectará la reacción de aquellos a los que afectará su decisión. Porque digo yo que la UE tendrá armas para contestar al órdago suizo, o en lenguaje menos belicoso, digo yo que habrá muchos aspectos de nuestra relación bilateral con la federación helvética en las que buscarles las cosquillas, y así, además, nos echamos todos unas risas.

El temor de Suiza viene de un pasado en el que los tres tiburones (Francia, Alemania e Italia) pretendían repartirse el pastel de esa confluencia de fronteras, de nombre País Helvético. Y gracias a ese temor y a sus virtudes financieras (de grandes manipuladores del dinero ajeno) con la creación de los paraísos fiscales (para esconder lo robado por los caballeros de otros países) Suiza sigue siendo y no siendo europeo. Ellos son especiales, por algo el antiguo Vaticano creó su célebre guardia suiza.

Embudo circulatorio, ancho para los suizos, estrecho para el resto. Suiza, qué bella es Suiza, paraíso para los que buscan defraudar, coto vedado para los buscan trabajar. Ya podían imponer sus restricciones a los capitales en lugar de los ciudadanos.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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