Lluis Bassets

Los niños muertos

Por: | 17 de julio de 2014

Es dudoso que sirvan los fríos datos. Pero ahí van algunos. En ocho días, cerca de 1.500 heridos y más de 200 víctimas mortales, de los que el 46 por ciento niños y mujeres, según cifras de Naciones Unidas. En el minúsculo territorio de Gaza uno de cada dos habitantes es menor de 18 años. Son altas las posibilidades de que los disparos alcancen a una familia palestina en vez de un dirigente de Hamas o una de las lanzaderas desde donde se ataca a Israel.

No hay simetrías. La Cúpula de Acero y los patriots interceptan prácticamente todos los disparos de Hamas y Yihad Islámica. De un lado, hay un Estado protector concentrado en defender la seguridad de sus ciudadanos; del otro, unos ciudadanos sin nadie que les proteja, sometidos a la dictadura del islam radical y al fuego desproporcionado y desconsiderado del único Estado legítimo que se conoce en la zona.

Sabemos cuándo y cómo empezó, a impulsos del asesinato racista de tres adolescentes israelíes primero y de un joven palestino a continuación; y cómo todo fue enredándose gracias al oportunismo de los dirigentes de ambos lados. Tras destruir el proceso de paz, impedir el gobierno de unidad palestina, proseguir con la colonización de Cisjordania y evitar que la Autoridad Palestina apele a la justicia internacional, ¿queda algún margen para la política?

Junto a los datos, una historia moral contada por su protagonista, un israelí de 60 años, llamado Avraham. Su madre, nacida en Hebrón, sobrevivió hace 85 años a una matanza de judíos en manos de extremistas árabes. Como los muertos de ahora, ella era también una niña, pero se salvó gracias a su nodriza árabe y a una familia que la escondió en su casa. Avraham no puede quitársela de la cabeza cuando se acerca a dar el pésame a los familiares de Mohamed Abu Khdeir, de 16 años, secuestrado y asesinado, quemado vivo, en Shoafat, su barrio de Jerusalén Este.

Avraham piensa en la descendencia perdida de Mohamed. En los hijos que ya no tendrá. Si los asesinos árabes de Hebrón hubieran dado con aquella pequeña niña judía de siete años, Avraham no estaría aquí ahora para contarlo y para compadecerse por la muerte de los niños palestinos. Su madre, ya fallecida, jamás odió a los árabes e incluso se alegró de que sus nietos alistados en el ejército no fueran pilotos de caza: "¿Te imaginas que mi nieto pudiera bombardear a inocentes?", le decía.

Lo sabemos por su hijo, Avraham Burg. Por su artículo de esta pasada semana en Haarezt, titulado Cómo Shoafat 2014 mató el legado de esperanza y de gratitud de Hebrón 1929 o por su libro memorialístico Vencer a Hitler. Burg ha sido diputado y presidente de la Knesset, de la Agencia Judía y de la Organización Sionista Mundial, y ahora milita por la paz y por los derechos de los palestinos. "Mi madre --ha escrito-- es a mis ojos la encarnación del heroísmo judío supremo, respetuoso de una tradición que considera un verdadero héroe a quien hace de su enemigo un amigo".

Hay 12 Comentarios

Qué buen talante gasta usted, don Enrique. Así nos va a todos. Pero en el fondo, hay que reconocer que todos somos iguales, bien que cada uno en su bando. Queremos ser neutrales, pero somos todos más sectarios que ni sé. Unos tiran de antisemitismo y otros de antipalestinismo. La cuestión es cuando se conseguirá la vacuna anti-anti.

A los salvajes de Gaza hay que exterminarlos cuanto antes, dejando únicamente los que sean necesarios como mano de obra barata para que Adelson pueda construir en la reserva el GazaVegas de Oriente Medio.

Esos salvajes no aprenden y hay que darles una buena lección para que se tranquilicen y cooperen.

La partición de Palestina, la resolución 181 de la ONU, fue manifiestamente injusta para los nativoss que vivían en el territorio de la Palestina del mandato, frente a los colonos judíos. Si en aquel momento se hubiesen respetado los indices de población, a los judíos no les hubiese correspondido más del 10% del territorio. Incluso teniendo en cuenta que habían comprado el 5,8% del territorio. La ONU era entonces una organización recién creada y había una disposición decidida en compensar a los judíos por los horrores del holocausto, si bien esto se hizo a costa de los habitantes nativos de Palestina. ¡Quien podía aceptar unas condiciones semejante! pues nadie excepto los colonos judíos y la indiferente comunidad internacional que lo consintió. Esto por supuesto lo que garantizaba era el enfrentamiento permanente que daría a los sionistas la excusa perfecta (la protección del pueblo judío), para seguir con su política de agresión y limpieza, hasta nuestro días.
Si Hammas es un grupo terrorista como he oído decir a Lluís en la radio, el ejercito de Israel (la Hagana), es un ejército terrorista. Los adornos retóricos no hacen sino confirmarlo, sobre todo cuando uno (que se dice experto_Nacho), pide perdón antes de decir que por favor, por favor no se le malinterprete pero la "defensa" del ejército de Israel contra el grupo terrorista malo malísimo de Hammas, hay que comprenderla, para comprender lo que pasa. No es necesario pedir perdón, todos comprendemos muy bien lo que pasa, la gente no es estúpida. Solo pido un gramo de honestidad intelectual.

Aun lamentando la muerte de los inocentes y sin ahondar en quienes les condenaron a permanecer en la línea de fuego sea padre, madre, hermano o abuelo; que evidentemente no serán libres de culpa, es bueno recordar: En 1948 la ONU indicó que se crearan dos naciones; una árabe y una judía. Los judíos saltando de alegría fundaron su nación y se dispusieron a defenderla. No podía ser de otra manera ya que habían esperado 1878 años para tenerla. Los árabes entraron en consejo y dijeron: no queremos una nación árabe, queremos guerra y nuestros deseos haremos, sabemos que en las guerras se gana o se pierde. Así es como el deseo árabe se ha estado satisfaciendo estos últimos 66 años, con las excepciones de Egipto y Jordania que ante la alternativa de ser quemados vivos y consumidos en sus deseos guerreros, moderaron sus apetitos y renunciaron a la guerra. Pareciera, que muchos no entienden o quizá ni siquiera saben que la guerra árabe-Israelí aun continúa y terrible y equivocadamente esperan que los Saltarines Alegres se rindan a los que no pueden contener sus apetitos guerreros. Mala cosa han sido los árabes para los árabes, ejemplos actuales sobran y basta mirar las piltrafas en que han convertido sus naciones. Si bien 66 años son muchos no se comparan a como 1878 años pueden moldear el carácter y la determinación de quienes gustan de bailar con alegría. Sin novedad en el frente.

Hemos pasado de la lamentable a lo repugnante. Los comentarios que tratan de justificar el genocidio del pueblo palestino son canallas. Intentar comparar fuerzas agresivas de Israel y Hammas como si fueran de la misma naturaleza es repugnante. Los subterfugios "morales" quiebros y requiebros en el lenguaje para finalmente ahogar el discurso en un mar de palabras huecas, son hipócritas. Hace falta un poco de honestidad intelectual como la de historiador sionista Benny Morris y otros, que vienen a reconocer que los problemas en Palestina son consecuencia de no haber hecho bien el trabajo antes, en el 48 y los años anteriores del mandato. De no haber expulsado a todos los árabes de Palestina y haber conquistado todo el territorio. Esto es hablar claro. El trabajo que no hicieron los sionistas entonces hay que terminarlo ahora. Con la diferencia de que ahora es mucho más complicado matar exterminar y expulsar, sin dejar rastros y todo envuelto en la justificación de la guerra defensiva, de la guerra por el estado de Israel. Lo que pasa en Palestina ya no es un problema, porque un problema es susceptible de solución, y este, no la tiene. De manera que hay que cambiar el discurso. Israel pasaría siglos en exterminar a los árabes. Para ellos es un cáncer imposible de extirpar, con el que no les queda más remedio que convivir. Las terapias de choque, como a la quimioterapia que asistimos, el cóctel de fármacos, es incapaz terminar con el problema. No hay más remedio que convivir con él. Cuando esto termine, se enterrarán a los muertos y hasta la próxima.

En Palestina el día de los Santos Inocentes es casi como el día de la marmota..

Death dances by the door,
each day withers whithin the red sun,
and, oh
so few see it truly with their eyes,
long before the rage and madness.
Human nature flocks like the wind,
to be wiped, again and again,
and yet, there it persists.
Older and wiser people than us have died,
Innocent hands were buried in the sand,
young voices never heard again,
and yet.
There we are.
We fear death, and yet we deliver it so quickly.

Me pregunto,¿cuantos Avraham hay en Israel y cuantos en Gaza? Mientras estos no igualen o superen a los Ntanyhau en Israel y a los miembros de Hamas en Gaza, seguira habiendo muertos en ambos lados, combatientes, mujeres y niños, pues las armas no saben distinguir todavia, quizas algun dia lo hagan
Jose Luis Espargebra Meco desde Buenos Aires, donde estos dias se recuerda el ataque a la AMIA en Buenos Aires hace 20 años, un episodio mas de la misma guerra

El Dr. Tawfik Hamid es un pensador islámico y reformista. En Egipto, fue miembro en su día de la Jihad Islamica junto al Dr. Ayman Al-Zawaheri, quien luego se convirtiera en el segundo al mando de Al-Queda (hoy, el primero). Hace 25 años, Hamid reconoció la amenaza del Islam radical y la necesidad de una reforma basada en una moderna y pacifica interpretación de los principales textos islámicos. Su diagnóstico de la situación no puede ser más claro: “Nosotros somos los causantes del problema, no Israel”.
http://www.youtube.com/watch?v=H2trFcUqTH8
No, en esta película, la integridad intelectual del observador imparcial no dirime entre buenos y malos, sino entre ideas diversas de la existencia y los extremos a los que pueden llegar los que se adhieren a una u otra con distintos niveles de racionalidad. Nadie es completamente bueno o completamente malo pero Israel representa al estado que confiere al individuo derechos de ciudadano y Hamás la mafia terrorista que establece una red clientelar con la que tapar su explotación del dolor humano para el mejor medro de una oligarquía corrupta.
Hay una tendencia innegable entre la gente de izquierdas a descalificar de forma visceral cualquier interpretación equilibrada de cuanto acontece en Oriente Próximo. La posición de EEUU como garante de la integridad de Israel deforma el juicio de quienes están acostumbrados a identificar al país de Wall Street con el capitalismo y a sus aliados, con la caricatura que los retrata como peones de la democracia liberal. Esta actitud vela la situación real: la irracionalidad del islamismo impide cualquier posibilidad de paz porque está en su interés que, de la ignorancia y el fanatismo, salgan nuevas generaciones de mártires antes que ciudadanos libres e iguales, responsables de sus propias vidas; condición ésta que, en cambio, sí garantizan las instituciones sionistas. La potencia militar de Israel contribuye asimismo a desenfocar las circunstancias del conflicto: el débil atrae la simpatía de quienes no se detienen a analizar en qué medida es precisamente esa debilidad la que enmascara cuánto hay de indeseable en la tipo de sociedad implantada por Hamás en la franja de Gaza.
El conflicto entre judíos y palestinos apenas supone una fracción del enorme sufrimiento acarreado a la población musulmana por las disensiones internas entre facciones y sectas del Islam. No quiere esto decir que en el Islam no haya posibilidad de evolución hacia una concepción moderna y humanista de la doctrina coránica; pero lo cierto es que cualquier avance en tal sentido ha sido anegado en sangre dentro del mismo mundo islámico por el rigorismo de los menos influidos por la modernidad y más entregados a la intransigencia. Por desgracia, las actitudes y comportamientos de estos enemigos de la concordia encuentran aliados fervientes entre la izquierda occidental.

Lo que está ocurriendo en Gaza es un capítulo más de un conflicto que da la impresión que no quieren que acabe ninguno de los actores que en él participan o influyen. Y además es consecuencia de un cambio valores que se ha dado en nuestra época. Si antiguamente los militares, los combatientes, estaban para defender a los más débiles (mujeres, niños, no combatientes) de su sociedad, pueblo, contra el enemigo, hoy se tiende a lo contrario, a la utilización de los más débiles, mujeres, niños, etc., como escudos humanos para proteger a los militares, a los combatientes de posibles acciones armadas del enemigo. Se debe de condenar la utilización de mujeres, niños y ancianos como escudos humanos en los conflictos armados.

En ralidad, lo que pasa no es nada nuevo. Lo vemos todos los días en las películas de indios y vaqueros. Llegan los colonos, se instalan, fundan nuevas ciudades en el Oeste....y luego vienen los indios disparando flechas y matando inocentes. Les cortan la cabellera y la exhiben coo un triunfo, pero al final, los indios siguen en su reserva de Gaza, y el resto del territorio es de los blancos. Nada nuevo.

Lamentable entrada. Para hablarnos de los niños muertos el Sr. Bassets nos ilustra con la historia de Avraham. Una historia "moral", dice, contada por su protagonista, un israelí de 60 años, cuya madre sobrevivió a la matanza de judíos en Hebron, una niña que sobrevivió gracias a su nodriza árabe.

Es decir los árabes son unos asesinos pero entre ellos hay gente muy buena que protegen a los niños judíos.

No Lluis, los niños muertos son los de las playas de Gaza y el asesino es el estado de Israel. Un verdadero aparato de limpieza étnica. El asesino estado de Israel pide a 100.000 ciudadanos de Gaza que abandonen sus hogares porque tienen que bombardear la zona.
Y tú Lluis, mientras tanto, contando historias tiernas de judíos que salvaron la vida de la matanza de Hebrón. Lo dicho, lamentable. Para esto es mejor callar, porque no es el momento ni el lugar.

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Sobre el autor

es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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