Lluis Bassets

La ley de la oscuridad

Por: | 01 de septiembre de 2014

Llegamos a los días decisivos entre setiembre y noviembre en mitad de la más espesa niebla política que se haya visto jamás. Tres son las espesas cortinas que ensombrecen el proceso de la consulta del 9 de noviembre y que han ido cayendo uno detrás de otro hasta dejarnos con la habitación en la penumbra más absoluta, sin que podamos ver a un palmo de nuestras narices ni saber qué diablos estamos haciendo.

La primera en el tiempo y en la construcción lógica, es la espesa cortina de la oscuridad en los propósitos. La formación que dirige el proceso se presentó ante los electores y obtuvo su exigua e incompleta mayoría de 50 diputados en las elecciones de noviembre de 2012 sin explicar muy bien qué quería ni qué proponía. Una parte, la demócrata cristiana, no estaba ni está hoy por la independencia, sino por algo así como la confederación. La otra parte, descubrió súbitamente su vocación independentista poco antes de las elecciones pero prefirió ocultarla en su programa o dejarla en la ambigüedad para no perjudicarse electoralmente: los votos que obtuvo fueron estrictamente en favor del Estado propio dentro de Europa, sin saber muy bien qué sería eso, si como Baviera o como Eslovenia.

Con estos bueyes hay que arar y así es como se conformó la actual mayoría y el pacto de estabilidad con Esquerra, que llevó a Artur Mas a adoptar el calendario y la posición de Esquerra --sí al Estado catalán y sí a la independencia--, sin haberla de ningún modo llevado en su programa ni haber obtenido el aval de su electorado, por mucho que ahora se quiera maquillar retrospectivamente. Los nacionalistas quebequeses la han revindicado siempre y Alex Salmond la llevó en el programa con el que ganó las elecciones, antes incluso de que Cameron aceptara en envite. Nadie podía llamarse a engaño: la claridad empieza por uno mismo.

La segunda cortina, doble además, es la forma de la pregunta, confusa donde las haya. Dos preguntas a falta de una. Y sin manual de interpretación, para dejar más espacio a la discusión y a la incertidumbre. Sobre la primera --¿quiere que Cataluña sea un Estado?-- ya se ha hecho toda clase de bromas respecto a los estados de la física y las metáforas que ocultan. Todos queremos una Cataluña bien sólida. Aceptamos gracias al filósofo Zygmund Bauman que estamos en una Cataluña líquida. Y nos repugna abiertamente la Cataluña gaseosa, porque ni siquiera la podemos ver, aunque en cierta forma es la que más se asemeja a la Cataluña en penumbra que tenemos. Y en todo caso, poca broma: ¿Qué tipo de Estado? ¿Massachusetts o Baviera, Andorra o Ciudad del Vaticano, Quebec o Singapur? La primera pregunta no sirve para nada, salvo para confundir y aliviar malas consciencias: la buena, directa y clara es la segunda, por supuesto.

Llegamos a la tercera cortina, gruesa también, que es la ley catalana de consultas no referendarias. Lo dirá mejor que yo un profesor de Ciencia Política de la Pompeu como Jaume López: “Podemos decirlo clar i català: una consulta política efectuada al conjunto de los catalanes es un referéndum que, por razones jurídicas y políticas, no puede denominarse como tal” (Ara, 28 de agosto). Esta es una cortina mágica, con trampa por tanto, de las que utilizan los prestidigitadores para hacer desaparecer y reaparecer cosas. Aquí tienen ustedes una consulta no vinculante, un pañuelo, que cuando conviene se convierte en un referéndum con efectos políticos ineludibles, ¡y aquí está una paloma!

Además de las cortinas hay un aditamento previo, que rebajó la luz y la difuminó, creando así un estupendo efecto visual para acostumbrar nuestros ojos a la oscuridad actual. Es el velo o gasa del derecho a decidir, ese inaprensible e inconsútil tejido que sustituye al imposible e innombrable derecho de autodeterminación. ¿Derecho de quién a decidir qué y con qué motivo? ¿A decidir la integración en el euro o la participación en la OTAN, la aceptación de las políticas de austeridad o la sustitución de la monarquía por una república? Busquemos el auxilio del mismo Jaume López en su artículo Consulta o referéndum las cosas por su nombre: “Los juristas dicen que no existe. Que solo existe el derecho de autodeterminación, Tienen razón. No existe formalmente: no hay ninguna norma que lo recoja”.

Conclusión: el Gobierno catalán pretende convocarnos a votar el día 9 de noviembre en ejercicio de un derecho inexistente, en aplicación del compromiso de una mayoría parlamentaria que tampoco existe, respondiendo a unas preguntas confusas cuyas respuestas serán de difícil interpretación y aplicando una legislación catalana que confunde adrede las consultas no referendarias y no vinculantes con los referendos consultivos de efectos políticos. Esta es la política de la claridad catalana. Que venga el Tribunal Supremo de Canadá y nos eche una mano, por favor.

Hay 6 Comentarios

He leido que alguien habla de la DUDA tragica de Mas:
Entre la traicion y el suicidio. El dilema no existe:la traicion es su suicidio politico y el suicidio es una traicion a lo que viene hablando, lo mejor se vera en algo mas de un mes: Entre la Diada y la convocatoria del 9 N, espero se imponga el seny catalan.
Jose Luis Espargebra Meco un español desde Buenos Aires

Entre CiU (hoy sin iU) y ERC se ha producido un trueque político: tú me das tu ideario y yo te entrego mi electorado. Es evidente, en este do ut des más que estúpido, quién ha perdido. Aunque es dudoso, incluso, que el hipotético ganador consume el canje.

"Las montañas tiemblan: un raton nace"

El presente actual por el que atravesamos, ya sea a nivel local o a nivel internacional es cuando menos delicado en todo lo tocante al formato económico como en lo tocante al formato social.
Bien visto es como decidir bañarse en invierno con el mar soliviantado.
Para mucha gente es un acto de chauvinismo más que otra cosa, porque se pueden repasar y ajustar las pautas visto que soplan vientos tirando a fuertes.
Sabiendo de la fragilidad de los atuendo humanos y sociales, cualquier desliz nos hace un roto y luego a ver quien lo arregla.
Porque lo de salir por peteneras y por la tangente a toro pasado, siendo la gente quien pague.
No sirve.
Es la elección con los ojos abiertos de ver a donde nos metemos, contemplando la posibilidad de que no todo es de color de rosas, y menos empequeñeciendo.
Cuando lo que se pide es apretar el paso cargando con más peso.
No se trata de conformar con palabras, se trata no hacer experimentos a costa del personal.
Por si sale rana.
Conduciendo despacio y con los ojos abiertos antes de meternos en el barro.
Que no serían palabras o disquisiciones de tertulias mientras tomamos café.
Sería la realidad.
El pan nuestro de cada día.

MAS TIENE DOS OPCIONES: DIMITIR O CONVOCAR.


Los novios han decidido casarse. El día “D” se acerca. El banquete está decidido. El sacerdote, los invitados, y nunca mejor dicho, también el juez, están preparados y esperan impacientes. Pero la novia tiene dudas, no sabe si decir “Si”, se pregunta: ¿Y si a los dos días el matrimonio fracasa? Se dice: habrá sido todo un desgaste, para mi imagen pública, y un esfuerzo y gasto económico innecesario. Ese símil, clásico popular, describe de forma clara lo que está ocurriendo en Cataluña con la convocatoria del referéndum independentista, quieren convocarlo sin riesgos, sin que ello suponga un desgaste para los responsables políticos, quieren convocarlo sin asumir el coste que pueda generar la reacción del Gobierno central.


La intención del Gobierno de Cataluña de convocar un referéndum o consulta independentista ha golpeado no solo a Cataluña sino a toda España como si fuera un terremoto, causando importantes daños, en las relaciones institucionales, en las relaciones empresariales y comerciales, en las relaciones entre ciudadanos, etc, etc, etc.


Cataluña representa en todos los aspectos, territorial, económico, demográfico, etc, más o menos el 20% de España. La secesión de Cataluña provocaría para el resto de España, en concreto para las elites gobernantes, unas consecuencias muy negativas. El camino de Cataluña podría ser seguido por otras Autonimas, o incluso otras regiones de España podrían decidir unirse a Cataluña. Por tanto la reacción del Gobierno de España ante la consulta separatista, era desde un primer momento más que previsible. Era de prever que el Gobierno central recurriría a ampararse en la Constitución vigente para amenazar a Cataluña con el uso de la fuerza, con el uso de la fuerza de las Fuerzas Armadas Españolas.


Las elites gobernantes catalanas, en concreto el actual Gobierno de Cataluña, sabía perfectamente, desde el primer momento, cuál iba a ser la reacción del Gobierno de España ante un primer paso hacia la secesión, ante un primer paso hacia la autodeterminación, paso como es la realización de un referéndum. Lo cual conduce a la siguiente reflexión: ¿Si las elites dirigentes catalanas no querían un enfrentamiento con el Gobierno central, por qué tanta prisa en reivindicar la independencia? ¿Obedece todo acaso a la existencia de pactos e intereses ocultos, que no conoce la opinión pública? Pactos secretos existentes entre las elites dirigentes catalanas y lo que podríamos denominar elites gobernantes no nacionalistas. ¿Si las elites dirigentes catalanas no quieren el enfrentamiento con el Gobierno central que reivindican realmente cuando piden la independencia?


Las intenciones del Gobierno de Cataluña han sido desde el momento de anunciar que iba a convocar un referéndum independentista muy confusas. Dicha confusión ha aumentado últimamente con el asunto de la familia del expresidente Pujol, dándose a conocer a la opinión pública que dicha familia utilizando el poder que tenía en Cataluña había realizado numerosas actividades ilegales. Todo lo relacionado con el asunto del expresidente Pujol, realización de actividades ilegales tanto en España como en el extranjero, actuación policial, judicial y de Hacienda, etc., no es creíble. No es creíble que la familia Pujol cobrara comisiones a empresas españolas, que realizan su actividad también en el resto de España, sin que lo supiera el Gobierno de España. No es creíble tampoco que los servicios secretos, y por tanto el Gobierno de España, no conociera que la familia Pujol tenía cuentas en el extranjero y realizaba en otros países numerosas actividades empresariales e inversiones. No es creíble tampoco que el hijo del expresidente Pujol, Pujol Ferrusola, diera a conocer a una mujer que apenas conocía secretos de familia, las actividades ilegales que realizaba.


No soy catalán. Comparto con el pueblo catalán únicamente sentir sobre mi cuerpo la misma bota de la opresión. La de una opresión tiránica, fascista, reaccionaria. La opresión de un sector de las elites gobernantes españolas que ordenan represión policial y judicial, que ordenan detenciones ilegales, que ordenan violaciones de los derechos humanos, que ordenan terrorismo de Estado, que ordenan abusos médicos. La opresión de unas elites burguesas que apoyan y controlan al actual Gobierno de España, y como no, también hay que decirlo, que apoyan y controlan engendros políticos como Podemos.


Bien conocido es que antes de entrar hay que tener previsto un plan de salida. Es lógico por consiguiente que el actual Gobierno de Cataluña antes de activar el terremoto que ha supuesto la decisión de realizar una consulta independentista tuviera previsto también un plan “B”, pero en mi humilde opinión ese plan “B” no puede ser otro que el de huir a Perpiñan en el caso de que el Gobierno central recurra a las Fuerzas Armadas. Quiero con ello decir, que llegada ya la actual situación, generados numerosos daños con el terremoto causado con el anuncio de la realización del referéndum soberanista, al presidente Artur Mas, ya solo le queda dos opciones: Realizar el referéndum el 9 de Noviembre del presente año, o dimitir, convocar elecciones y retirarse de la política. Cualquier otra opción conduciría a pensar que todo ha sino una operación política pactada y planificada, con ocultos fines, entre las elites dirigentes independentistas catalanas y las elites gobernantes españolas, algo que tal vez entienda parte del pueblo catalán, su electorado, pero que provocara a nivel internacional el cierre de numerosas puertas al independentismo catalán.

La oscuridad, la niebla que tan bien describe usted no es más que la deformación patológica de la tradicional ambigüedad de ¿cierto tipo? de catalanismo político. Tenían tanta ambigüedad calculada dentro de los ojos que han acabado por generar cataratas de niebla que les han nublado las pupilas. En resumen: no saben ni dónde están ni a dónde van. Me preguntó un catalanista, ¿qué es la niebla? trayéndomela a manos llenas. ¿Cómo podría responderle? Tampoco sé yo qué es la niebla.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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