Lluis Bassets

Espejismos del califato

Por: | 18 de marzo de 2015

Hay acontecimientos que salen de fábrica etiquetados con la marca de la historia. Los buscamos los periodistas, a ser posible para narrarlos en primera persona como testigos directos, y los buscan con afán similar los editores de libros, para encargar o comprar los derechos de quienes los van a interpretar, desmenuzar y analizar en sus causas y consecuencias.

Uno de los más recientes e inexplicados, probablemente también difíciles de interpretar, es el de la aparición del Estado Islámico de Irak y Siria, violentamente instalado en un amplio territorio entre ambos países árabes, donde sus adeptos quieren construir una sociedad regida por la sharía o ley islámica más estricta, siguiendo el modelo salafista, es decir, el de los piadosos compañeros del profeta Mahoma.

Conocido también como Daesh por sus siglas en árabe, el Estado Islámico no es estrictamente un grupo terrorista como Al Qaeda, aunque proceda del mismo árbol violento, sino que es todo un proyecto político, naturalmente de matriz y métodos terroristas, que tiene como objetivos arrumbar los regímenes árabes, expulsar a las potencias occidentales, limpiar el territorio de las minorías religiosas consideradas heréticas o politeístas (cristianos, judíos, chiíes, yazidíes) y borrar las barreras coloniales en Oriente Próximo —muy concretamente la línea que separa Siria e Irak y lleva el nombre de Sykes y Picot, los diplomáticos británico y francés que acordaron secretamente la partición—.

El acontecimiento histórico en cuestión tomó cuerpo en fecha tan cercana como el pasado 5 de julio, cuando un individuo conocido como Abu Bakr al Bagdadi dirigió la plegaria del viernes en la gran mezquita Mosul, pocos días después de la caída de la segunda ciudad iraquí —más por deserción del ejército de Bagdad que por conquista en combates— en manos de las huestes del ejército del Estado Islámico y se dirigió a los creyentes como si fuera el califa o máxima autoridad a la vez política y religiosa, exigiendo en virtud de su título la obediencia y la yihad o guerra santa a los musulmanes de todo el mundo.

El vídeo que permitió conocer el rostro y los negros hábitos medievales de quien se autoproclama sumo jerarca musulmán fue solo la primera de las exitosas producciones audiovisuales del nuevo Estado, caracterizadas por una desenfrenada carrera de crueles exhibiciones de decapitaciones, ejecuciones sumarias, amputaciones e incineraciones, que tienen como víctimas a prisioneros de guerra, periodistas, cooperantes o simples trabajadores, apresados y asesinados por el solo hecho de ser cristianos coptos.

Las iniciales actuaciones del sangriento califato empezaron en los dos países árabes vecinos, pero pronto se extendieron a Libia o consiguieron el reconocimiento de otros grupos de calibre y calaña parecidos, como Boko Haram, de similar vocación exterminadora, aunque especializado en secuestrar y esclavizar mujeres y niñas en el norte de Nigeria.

Es un auténtico alud el de los reportajes periodísticos, artículos de revistas especializadas e incluso algunos libros, que han salido en los últimos meses con el objetivo de ofrecernos las primeras explicaciones, a veces todavía muy improvisadas, sobre el origen de esta nueva pesadilla. Patrick Cockburn, experimentado corresponsal en la zona desde los años setenta, y Loretta Napoleoni, economista especializada en las redes terroristas, son los dos autores de los dos primeros libros que se publican en castellano, y que constituyen tan solo la avanzadilla de los que verán la luz en los próximos meses y años.

El primer problema que plantean todos ellos es que apenas hay testigos directos de la catástrofe geopolítica que significa la descomposición de al menos dos países, Irak y Siria, y del genocidio que ya se ha puesto en marcha en el corazón de Oriente Próximo. Buena parte de las cifras sobre combatientes, víctimas o financiación del terrorismo apenas están documentadas y corresponden a estimaciones escasamente explicadas. No las hay respecto a la actividad del ejército terrorista, pero tampoco abunda la información sobre las actuaciones militares de la coalición de 60 países que les combaten por medios aéreos.

Una de las mayores dificultades interpretativas en este sangriento conflicto tiene su origen en el carácter mediático de los nuevos conflictos bélicos. Las imágenes de la actividad terrorista difundidas por las redes sociales son armas de propaganda y de amedrentamiento de las poblaciones. Se dirigen naturalmente a la región, pero también a los países occidentales donde hay una numerosa población de religión islámica susceptible tanto de reclutamiento como de excitación antioccidental.

La tradicional niebla de la guerra es mucho más espesa y desorientadora en las nuevas guerras, sin frentes establecidos, contendientes nítidos, ni alianzas estables. Lo advierte Cockburn respecto a las últimas cuatro guerras libradas por Estados Unidos (Afganistán, Irak, Libia y Siria), en las que encontramos patrones similares en cuanto a exacerbación de las divisiones civiles, centralidad del radicalismo yihadista y efectos distorsionadores de la propaganda sobre la percepción pública de los resultados de las campañas, “incluso respecto a la identidad de los vencedores y los vencidos”.

El efecto propagandístico, al que suelen ser más reticentes experimentados reporteros de guerra como Cockburn, puede alcanzar incluso a quienes intentan comprender estos acontecimientos desde la reflexión política, como es el caso de Napoleoni, que asimila el califato a un auténtico intento de construcción de un Estado-nación propio de los musulmanes, al igual que en su día los judíos aspiraron y consiguieron la creación de Israel.

Ambas aproximaciones periodísticas son útiles e interesantes, pero hay que leerlas con la distancia y la prevención exigidas por la escasa perspectiva que tenemos ahora mismo, cuando ni siquiera se ha cumplido un año desde que Al Bagdadi manifestara en público su voluntad de reconstruir el califato mitificado de los primeros años de expansión del islam.

(Este texto es la reseña publicada en Babelia, el pasado sábado 14 de marzo, de los dos siguientes libros: Isis.

Isis. El retorno de la yihad. Patrick Cockburn. Traducción de Alma Alexandra García. Ariel. Barcelona, 2015. 131 páginas. 14,95 euros.

El fénix islamista. El Estado Islámico y el rediseño de Oriente Próximo. Loretta Napoleoni. Traducción de Francisco Martín Arribas. Paidós. Barcelona, 2015. 143 páginas. 15,95 euros.)

Hay 9 Comentarios

¿No lo dije antes pues? El señor orin es muy gracioso, y mejora todos los días. No hace diferencia en geografía ni en tiempo en lo que se refiere a terroristas. Es que esa "historia" es fabulosa, es como que yo confunda las acciones de Pizarro con las de Allende. Fabuloso... un poco más y quién sabe. Pongamos orden en los derrapes de orin.

El Presidente Raegan (¿ya ve cuánto tiempo hace?) ayudó a los buenos rusos a decidirse a regresar a su casa después de invadir y tratar de anexionar Afganistán. Para esa meta AYUDÓ con armas y dinero a los Mujahadin. No los creó, ni los forzó a defender su tierra de la bota comunista. Ellos habían peleado contra los invasores imperialistas comunistas y asesinos del Kremlin. Reagan tuvo ÉXITO en mandar a los comunistas a su casita.

Al Qaeda aparece en la atención mundial con el bombardeo de dos EMBAJADAS de Usa en África, y con el ataque al buque naval COLE propiedad de Usa en tiempos del presidente CLINTON. ¿Ve su confusión? Dos presidentes no consecutivos, y ninguno es Bush. Pequeño error, señor orin.

"Under the Reagan Doctrine, the United States provided overt and covert aid to anti-communist guerrillas and resistance movements in an effort to "roll back" Soviet-backed communist governments in Africa, Asia, and Latin America." ¿Ve? Nada secreto, todo abierto. Muy en contraste a los comunistas internacionales.

Ahora mezcla de nuevo a los mujahadin, al queditos y a los isis como si fueran lo mismo. Señor orin, usted se marea con CUARENTA Y CINCO AÑOS DE DIFERENCIA, y los trata como si fueran 45 días. Malo, malito, maloso, señor.

Para hundir su pensamiento, mezcla mercenarios. Defina el tipo de mercenarios, porque Usa extiende la capacidad de su pequeño ejercito subcontratando funciones de seguridad a empresas de seguridad. Esto no es uso de mercenarios en terminos legales. Y si lo fuera, sus miembros son ex-fuerzas armadas de la misma Usa. ¿Ha oído hablar de la Legión Extranjera Francesa? Esa sí fue verdadera fuerza mercenaria. Los últimos SS nazis murieron peleando en la Legión en Indochina Francesa.

No continúo porque se vuelve pesado para los demás. Le sugiero que se informe un poco antes de soltar tanta cosa imaginaria, pero graciosa.

EL mayor aliado que tenemos en M. Oriente contra el Califato es Israel, isla Occidental en medio del turbio Oriente. Y ahora, con el triunfo de Netaniahu, mas aun, ya que la izquierda perdió las elecciones por ''pacifista'', lo que en Israel es sinónimo de idiotas útiles al terrorismo.

ESTE Napoleoni delira, y mucho; comparar la aspiración judía de un Estado propio en su tierra histórica, con el Califato islámico que pretende abarcar desde el extremo Oriente hasta Marruecos, es proppio de un loco. O peor aun de un nazi antisemita, ya que los judíos son ultra democráticos y respetan, por ejemplo, las parejas gay, mientras que los del Califato las deguellan. Pereza mental es lo que le sobra a este Napoleoni.

El Daesh no es muy diferente de los israelíes de extrema derecha. Ambos grupos abogan por la destrucción física de sus oponentes y por la creación de sociedades monoétnicas y religiosas en las que la disidencia esté erradicada.


En ese sentido, Abu Bakr al Bagdadi es comparable a figuras como la de Avigdor Lieberman. Ambos son igual de extremistas, y ambos abogan por el exterminio de sus adversarios. La única diferencia entre ambos es que uno es enemigo de EEUU y el otro su aliado. Nada más. Frente a ese tipo de figuras dan ganas de vomitar.

El ejército perdido de Cambises II (libreto de Heródoto)


El Estado Islámico surgió gracias a una nueva forma de practicar la guerra que llevó al imperio norteamericano a utilizar mercenarios para sus incursiones militares. Primero fue al-Qaeda en Afganistán y ahora el EI en el Levante. En las dos ocasiones estos ejércitos perdidos han tomado sus propias decisiones al margen de quienes les pagaron, adiestraron y armaron. Ahora parece que están fuera de control. No les falta razón a quienes los llaman: Estado Islámico, porque tienen todos los elementos de un estado; un poderoso ejército, un jefe militar, una ideología, oficina de propaganda, pueblo, recursos para explotar financiarse y vender en los mercados internacionales. Una de las sorpresas de este ejercito de mercenarios fuera de control, esta siendo la adhesión que ha encontrado dentro del territorio que gobierna pero, y esto es lo más sorprendente, fuera de él. Todos los días vemos noticias de jóvenes que viven en los países occidentales desarrollados se unen a este estado, atraídos por su propaganda. No es menos sorprendente la filiación que han conseguido dentro de su Estado, sin la que seguramente no habrían podido tener un éxito semejante.


Estos ejércitos de mercenarios fueron creados por la CIA. Para que comprendan las magnitudes con las que tratamos, tengan en cuenta que que la CIA es una agencia con un presupuesto dos veces el de un estado como Siria, unos 15.000 millones de dólares según revelaciones de Edward Snowden. La CIA es una de las 16 agencias de inteligencia que operan en Estados Unidos. La CIA es mucho más poderosa que muchos de los estados que combate.


La necesidad de utilizar mercenarios era clara después de las guerras de Indochina. En otros lugares del mundo como Sudamérica, la técnica fue el bombardeo y posterior incursión en el territorio. Luego se fueron utilizando células locales para subvertir el poder en aquellos países que querían dominar. Gobernándolos con presidentes de paja, muchos de ellos militares formados en territorio estadounidense. Esto restaba mucha credibilidad ante los ciudadanos, cada vez con más información al alcance de un click. Una fase intermedia de la guerra ha sido la creación de revoluciones relámpago, así llamadas revoluciones de colores. La fase en la que estamos ahora, hija de la primavera árabe, es la utilización de mercenarios, adiestrados y financiados con fondos del Estado o de otros estados aliados como Arabia Saudita. El problema de estas técnicas de guerra es que, como se ha visto últimamente, es fácil perder el control de los ejércitos una vez alcanzados, y en la mayoría de los casos no alcanzados, los objetivos para los que fueron creados.

Creo desafortunado el comentario nº 1 que compara al Opus Dei con el ISIS. Yo personalmente estoy en las antípodas del Opus Dei en cuanto a creencias y actitud, y lo considero dañino en muchos de sus preceptos, pero compararlo con un grupo que decapita a todo el que no sea musulman, tira homosexuales desde una torre o quema vivo a extranjeros, lo considero totalmente falaz.

Muchas veces pensando en estos líderes tan sangrientos que se han sucedido en la historia reciente del mundo, que han arrastrado a masas enteras de gente y que han hecho crímenes a gran escala, me ha dado la impresión que en el fondo son gente acomplejada, que son incapaces de reconocerse a si mismos, y no sólo eso, que son incapaces de aceptarse como son y que se han creado una forma de ver el mundo y a si mismos totalmente transformada, necesitando realizar hazañas aprovechando la necesidad de una sociedad, para sentirse mejor con ellos mismos, es decir, que son personas muy complicadas psicológicamente, muy desequilibradas, pero que tienen el gran poder de la oratoria y la convicción, lo que les hace ser líderes, pero como consecuencia del gran desequilibrio que encierran se produce la gran peligrosidad de la que son dueños.

lo que no puedo entender es de dónde ha salido ese tal Bagdadi, cómo puede ser que una persona sin más se autoproclame sucesor de Mahoma y califa y haya gente tan ciega que se lo crean y lo sigan como corderillos a sus madres sin cuestionarlo siquiera y además cumpliendo estrictamente con la instrucciones sangrientas y descabelladas que ha dado sin pensárselo dos veces, parece que lo honrado, generoso, bueno y bello no están muy de moda en los tiempos que corren.

Según he leído,, l'ISIS, l'EI, Boko Haram, serien a la religió musulmana, el equivalente a KuKluxKan cristiano, bien el Opus Dei, bien la Santa Inquisición.
Religiosos / Fanàticos, que interpretan a su conveniència las escrituras, y que a través del terror, consiguen poder, dinero, notoriedad, o las tres cosas a la vez.
Menos condescendencia intelectual, no se la merecen. Son delincuentes. Terroristas ideológicos, pero delincuentes al fin y al cabo.
En Occidente ya hemos bebido de este cáliz, nos ha costado miles de muertos y escisiones cristianas.
Si ellos no lo saben hacer , será su problema.
Otra cosa será como se puede gestionar des de aquí.
Por de pronto, hemos podido constatar -cruelmente- que no vale la afirmación "los enemigos de mis enemigos son mis amigos : talibán, Saddam Hussein, Arábia Saudí, Assad en Síria...
Veremos si se ha aprendido algo.

O apoyamos a los demócratas, o continuamos apoyamos a "nuestros" hijos de put.a, que guerrean contra nuestros enemigos, pero siendo conscientes que ese mal menor se nos volverá contra nosotros más pronto que tarde.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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