Lluis Bassets

La historia no es para cínicos

Por: | 16 de febrero de 2016

Este no es un libro de historia. No lo era tampoco ‘Diplomacia’, antecedente y primera gran incursión histórica y política a la idea de un orden global por parte de Henry Kissinger, publicada hace 20 años. El viaje de la academia a la política no suele tener billete de vuelta. Y menos cuando la acción es tan intensa y controvertida como es el caso. Es difícil que el regreso transcurra por los caminos de la objetividad y del rigor académico, cuando hay pecados a justificar, cuentas a pagar e incómodos escollos a rehuir.

La reflexión que surge de la acción encuentra en las memorias su camino más adecuado e incluso su aportación más honesta, en forma de testimonio y en casos singulares como ocasión de confesión y arrepentimiento. A pesar de la dificultad, no se le puede reprochar a Kissinger que no lo haya intentado y con éxito. Ahí están, impresionantes e imprescindibles, discutibles también, sus tres volúmenes memorialísticos: ‘Los años de la Casa Blanca’ (1979), ‘Años de convulsión’ (1982) y ‘Años de renovación’ (1999).

Sí se le puede reprochar y se le han reprochado, en cambio, las deficiencias historiográficas y elipsis de su ‘Diplomacia’, libro de 1994, escrito al terminar la guerra fría, y ahora se le podrían hacer los mismos o análogos reproches por su ‘Orden mundial’, de 2014, que acaba de publicarse en una traducción (algo descuidada) al español y que en buena parte recorre por segunda vez idénticos problemas y conceptos con idéntica sagacidad e inteligencia. No lo hará el autor de estas líneas y bastará para ello con retomar dos frases de un eminente historiador de Harvard, la misma universidad donde Kissinger se hizo como intelectual y académico.

“Leyendo ‘Crisis mundial 1914-1918’ de Winston Churchill, Arthur Balfour la llamó ‘una autobiografía disfrazada de historia del mundo’. ‘Diplomacia’ de Henry Kissinger es un libro de máximas disfrazado de historia del arte de gobierno. Las máximas con frecuencia son espléndidas. La historia no lo es”. Así empezaba la crítica del profesor Ernest May, ya desaparecido, en el New York Times (3 de abril de 1994). Y añadía: “’Diplomacia’ recuerda los ‘Discursos’ de Maquiavelo. Maquiavelo también hacía comentarios de historia –la de la república romana. Pero se equivocaba en detalles y distorsionada ampliamente la historia de Roma (…) Sin embargo, no leemos los ‘Discursos’ para saber de Roma. Leemos el libro ahora por lo que nos cuenta sobre Maquiavelo mismo y su sabiduría. Las futuras generaciones leerán ‘Diplomacia’ por razones análogas”.

La actual incursión ensayística seguro que es menos desabrochada que la primera en los detalles históricos, probablemente porque es mayor el trabajo de equipo movilizado detrás de un gran hombre que bordea los 90 años cuando se decide a tomar de nuevo la pluma. Pero también tiene menos atractivos. ‘Diplomacia’ estaba mejor escrita, quizás escrita con más brío, o simplemente más escrita. También fue una aportación más fresca e innovadora, que atrajo la atención del gran público y divulgó unos conceptos sobre la política exterior de Estados Unidos que actualmente ya forman parte de la cultura periodística general.

Dos son las ideas centrales de ‘Orden global’, libro basado todo entero en el paradigma de orden europeo surgido de la Paz de Westfalia (1648), tan apreciado por el autor. La primera, la necesidad de un mundo gobernado a través de un equilibrio de poderes, en el que rigen los intereses nacionales y no los ideales y valores. La segunda, el carácter excepcional de EE UU, que debe seguir uniendo el poder como fuerza geopolítica indispensable y la legitimidad como modelo de sociedad libre. Ambas ideas, perfectamente kissingerianas, se ven ahora atemperadas por la globalidad multipolar o incluso apolar y también por la melancolía de la ancianidad: “En mi juventud, yo tenía el descaro de creerme capaz de pronunciarme sobre el ‘sentido de la historia’. Ahora sé que el sentido de la historia es algo que debemos descubrir, no proclamar”.

‘Orden global’ no es un libro de historia, pero es un magnífico ensayo sobre el desorden político internacional, más valioso e incluso emocionante si se tiene presente que la voz que nos habla, ahora más escéptica que cínica, es la de uno de los diplomáticos e intelectuales que han dejado una huella más perceptible en la forma de nuestro mundo.

Hay 4 Comentarios

Francisco Tostón de la Calle, Ud. es un iluso al comparar la historia de la época de Kissinger con los eventos actuales: ¿es que no se ha dado cuenta hacia donde nos ha llevado ese liberalismo zurdista de la actualidad? Millones de indígenas anidándose en Europa, más de un millón de muertos en siria, expansión del terrorismo internacional, paisillos fallidos en África con miles de muertos, ataques a los mall, violaciones y rapaje, en el medio oriente ni hablar guerras intestinas-tribalismo islámico, Rusia hace de las suyas en siria, se ancla en la arena siria para no salir nunca más, irán se pasa por el trasero el pacto nuclear y expedita guerras proxis por doquier, Corea del Norte sigue la amenaza, china aumenta su armamento, desinfla el yuan para quitarle fuerza al euro y dólar americano-eso causa pérdidas y afecta el “trade” internacional. No hay comparación con el bien social y pragmático de don Augusto, de Kissinger, de G. W. Busch. Siempre habrá alguien, algún líder con cojones que ponga en orden el desorden causado por la irresponsabilidad de sonadores demagogos y criminales.

LA DIPLOMACIA USA ha caido al nivel del betún si comparamos la era Kissinger con la actual de John Kerry, el mas cinico e inutil de todo el gobierno inutil del inutil Husein Obama. Cómo seran de inutiles, que hasta Francia, el colmo de la inutilidad, se lo reprocha. No es casual que la gente se incline hoy por Trump y por el ''socialista'' Sanders.

Hola, amigos. Lo mejor del artículo de BASSETS es el titular. Lo suscribo plenamente. Más aún en el caso del señor KISSINGER, para quien el fin (fundamentado, desde luego, en sus propios intereses y los de la nación a quien representó) siempre justificó los medios: normales, ilegales, atroces, monstruosos, cualesquiera otros). Después, ese discipulo aventajado de los siniestros métodos del señor KISSINGER, W. BUSH, hablaría de efectos colaterales. Nada, bobaditas: bombardeos con napalm, bombas racimo, envenenamientos múltiples, matanzas masivas. Nada, bobaditas, con tal de salvar los intereses del gobierno de turno de los USA. Esa es toda la ciencia polìticia del señor KISSINGER. Hacer la historia a su antojo y contarla estrangulando la verdad.
Muy bueno el título del artículo de BASSETS.

Del doctor, Henry Kissinger leí dos libros de sus tres mejores. No leí el tercero (2004, debido a la avanzada senilidad) y porque no se acomoda al advenedizo tiempo de guerras, descabezamientos, y corrupción, cronismo político zurdista de las naciones de punta primer mundista del cual todos somos testigos hoy. Su impronta se lee en las ciencias políticas y clases de historia recordando que se vivía en ese entonces una guerra fría y se peleaba el comunismo ruso desde el bloque socialista del este, áfrica, centro américa, Vietnam-comunista hasta la punta de los archipiélagos del cono sur de américa latina. La mejor lección de Henry Kissinger, para mí por lo menos, fue cuando dijo: “no creo que debamos cruzarnos de brazos mientras el comunismo toma control de américa latina”; en menos de un año, Chile se saneaba de la borrachera allendista que tenía al país al borde una guerra civil debido a la escases de alimentos, gasolina, trabajo y caída de los bancos, corporaciones privadas y latifundio chileno expropiado a manos de la UP marxista-leninista. De forma tal, y que como sabemos que todo cae por su propio peso, el pilotaje, dólares y estrategia norteamericana de Henry Kissinger dio nacimiento a uno de sus defensores de la patria, su excelentísimo, don Augusto Pinochet Ugarte para que tomara control de los destinos de un país al borde de la locura, y arresto civil pavimentado por el comunismo-leninista, y el mirismo-marxista (MIR) para un enfrentamiento civil contra la población chilena clase media y rica que no se doblegara a los designios ideológicos allendistas. Ese pequeño país, del sur hoy goza de una economía múltiple de productos número uno de latino américa. Gracias a la intervención Kissingeriana y Pinochet Ugarte, el mismo héroe de chile que el español-zurdista, Gastón Baltazar lo acusara de criminal e intentara llevarlo a una corte internacional por abusos de derechos humanos. http://nsarchive.gwu.edu/news/20000919/

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Sobre el autor

es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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