I Love Bicis

La velocidad de la ciudad del futuro

Por: Pablo León

18 ene 2012

Future-city

En el imaginario colectivo, influenciado por las películas de Hollywood, las ciudades del futuro vuelan con tranvías y coches flotantes moviéndose a una velocidad supersónica. Los tubos de Futurama pueden ser válidos en teoría pero ¿es esa velocidad el futuro de las ciudades? El ajetreo se ha usado, durante años, como epítome de la experiencia urbana: el metro resoplando mientras entra en la estación, un gentío apresurado cruzando un paso de cebra en Manhattan o alguien parando un taxi con premura; parece que un minuto en el centro de Nueva York, Londres, Madrid o Tokio no pasa como un minuto en el resto del mundo. A pesar de que nuestras avenidas se obstruyen con el tráfico, cuando alguien piensa en una gran ciudad se la imagina más urbana cuanto más rápido se mueve. Sin embargo, si en el trasiego diario por la jungla de asfalto miras alrededor descubres que muchas propuestas diseñadas para acelerar la ciudad, realmente la ralentizan. El modo más rápido de recorrer una gran urbe ahora mismo es la bicicleta. Al mismo tiempo, los tranvías reivindican su legado eléctrico, sostenible y eficiente; las zonas peatonales recuperan espacio en los centros y las medidas de reducción de velocidad y calmado de tráfico sustituyen a la pasión por los acelerados boulevares del siglo XX. La velocidad da paso a la eficiencia y la fluidez. 

Ahora se llevan las ciudades lentas, slow cities. Esta tendencia se inició en Italia en 1999 en defensa del bienestar ciudadano acosado por la prisa de los tiempos modernos. Desde entonces han surgido réplicas en varios lugares del mundo. Para Rod King no es sólo un problema de seguridad vial. El impulsor de 20´s plenty four Us (20 es suficiente para nosotros ) promueve reducir la velocidad de la capital inglesa a 20 millas por hora (30 kilómetros por hora). La ralentización del tráfico tiene asociadas un gran número de ventajas colaterales: aumenta la presencia de bicicletas en las carreteras, se necesitan menos infraestructuras, como las bandas sonoras o los bolardos y la calidad del aire mejora notablemente. A eso se añaden los beneficios para la seguridad pública ya que los impactos a velocidades menores se suelen quedar en accidentes graves y no en mortales para los peatones. La idea de poner el freno empieza a extenderse. 1106555361_439889080_2bb978a7b3_o.thumbnail

Por eso, la velocidad puede ser el próximo campo de batalla de las vías urbanas. Los defensores de las ciudades más seguras, más manejables y ciclables han pasado la última década centrados en las infraestructuras: carriles para bicicletas, plazas peatonales, control semafórico... Ahora, dicen, la lucha se centra en la demanda de poner coto en las ciudades a prisa y a la conducción peligrosa. "La infraestructura cambia la manera en que la gente se comporta y ayudan a crear una cultura ciudadana distinta. Pero no se puede olvidar el contenido cultural; eso es lo que transforma la manera de actuar de la gente", explica Guillermo Peñalosa, director de la asociación canadiense Cities 8-80 y que formo parte del Ayuntamiento de Bogotá desarrollando un proyecto muy centrado en los peatones y la amabilidad de la capital.  

Estos esfuerzos ya están dando resultados y los defensores de estas teorías, pelean para que las policía local multe con más celo los excesos de velocidad. Hay una conciencia creciente del peligro que suponen los coches que, si se atiende a las cifras, podría ser una amenaza mayor que el uso de armas. Las slow cities no hablan solo sobre coches o seguridad. Añaden el placer del movimiento lento; la recreación del paseo. El algunas ciudades de Estados Unidos como en Portland, el tranvía ha resurgido. A veces es más lento que las líneas de autobuses que sustituyen; sin embargo, son muy populares. A la gente le gusta. 

Las ventajas y desventajas del tránsito a cámara lenta se han convertido en un tema candente entre urbanistas y planificadores. En 2008, el urbanista Patrick M. Condon afirmó que los tranvías serían una solución más eficiente para la movilidad de Vancouver que el raudo metro. “Un sistema de alta velocidad es mejor si la intención principal es cruzar la ciudad de un lado a otro. Una velocidad más baja de funcionamiento favorece la atención a más barrios de la ciudad”. Es decir, que en densas zonas urbanas, un tránsito lento, con más paradas en las que subir y bajar, puede ser más útil que una línea veloz.

Suena raro equiparar desaceleración con progreso y futuro. Pero de alguna manera, las slow cities, en la línea del movimiento slow food, pretenden compensar las innovaciones del siglo XX. Hace poco más de cien años, las calles de las ciudades eran utilizadas por coches, carros, caballos, bicicletas y peatones. Todos se movían juntos en una sinfonía de baja velocidad. Era fácil de compartir la vía, hasta que algunos elementos se volvieron demasiado rápidos y comenzaron a ser peligrosos. A partir de la década de los treinta y cuarenta, la carretera empezó a ser un lugar reservado para la alta velocidad. Los peatones se pasaron a la acera y el resto de usuarios, desaparecieron. Con el tiempo, y sin el consentimiento y muchas veces ni siquiera el reconocimiento, las calles acabaron siendo terreno exclusivo de las cuatro ruedas.

Ahora, poco a poco, parece que hay un cambio. Las zonas peatonales y la idea de barrio están de moda otra vez. Un tranvía traqueteante, un peatón paseando o un ciclista que pedalea pausadamente son síntomas de un vecindario agradable; indican que hay negocios locales, parques y un espacio público que la gente quiere usar. Si no los tienen, los reclamarán. Pero no todo el mundo compra esta idea. En Sevilla, tras arrebatarles espacio a los automóviles, el alcalde Zoido, nada más tomar posesión, ha permitió que las cuatro ruedas volvieran a circular por el centro; en Nueva York, un grupo de vecinos se manifestó agriamente contra el carril bici de Prospect Lane. El debate sobre la desaceleración ciudades, y el modelo de futuro, sigue abierto.

Gran-Via-Madrid desde el Hotel Arosa. Foto: Hotel Arosa

Tal vez el dilema radica en el ritmo que debe llevar una ciudad. Chuck Marohn, director ejecutivo de la asociación Strong Towns, asegura que seguimos en el error de construir ciudades a 70 km/h. Esto ocurre porque nos olvidamos de la diferencia entre una calle, donde se valora la interacción del público, el paseo o su uso, y una carretera, cuya función es conectar rápidamente dos lugares. El resultado son las stroads (calles-carreteras): cuatro carriles en medio de la ciudad, con las aceras llenas de tiendas y problemas de aparcamiento [Casi como la Gran Vía de Madrid]. Estos lugares son demasiado agresivos y rápidos para fomentar un desarrollo urbano complejo y demasiado lentos para comunicar eficientemente.

Hay señales por todas partes de que esto podría estar cambiando y que el valor de la desaceleración está afectando a las calles que nos rodean. Los comerciantes que, de manera ignorante y automática, se quejan de las pérdidas económicas que suponen la restricción del tráfico hasta la puerta de su comercio, descubren sorprendidos como las zonas peatonales, los bancos y las cafeterías animan a la gente a pasar más tiempo en a zona; a estar más relajados y, en ocasiones, a comprar más. Eso ocurrió en Nueva York o en la madrileña calle Fuencarral. Aunque estemos en el siglo XXI, una gran ciudad no tiene que moverse a la velocidad que marcó Hollywood para el futuro. La vida un poco más lenta puede ser no solo más agradable sino también, más eficiente.

Hay 18 Comentarios

Jo, qué cool todo. Cuando os roban las bicis del trastero lloro, Pablito.
A ver cuando dejas temas tan de moda y hablas de usar casco y guantes. Uy, perdón, se me olvidaba que a ti se te arruga la cresta y te sale sarpullido en la manita.

Pablito: ¿usas fixie sin sillín o con?

La gente se cree que el coche es lo más rápido, pero en la ciudad de ninguna manera. Entre atascos, semáforos, tener que aparcar.... si el límite de velocidad son 50 km/h, las bicis electricas ya lo superan! Yo tengo una ebici y voy a toda prisa jajaj ademas, se pliega y me la guardo en la bolsa como si nada. Es esta por cierto http://www.efimarket.com/tienda/ebici-commuter

Antonio Horcajada. EL CASCO NO ES OBLIGATORIO EN CIUDAD.
No sé cuántas veces habrá que repetirlo.

Hay que recuperar todo lo perdido en nuestras ciudades con la llegada del coche y los medios de transporte contaminantes y, supuestamente, rápidos.
He aquí un artículo sobre el tema:
http://www.bicilenta.blogspot.com/2011/12/recuperar-todo-lo-perdido-en-nuestras.html

El combustible cada dia va a subir mas, cada vez es mas caro mover el coche, si se respeta la bicicleta en el asfalto,no molestara por las aceras, si se sanciona las infracciones de muchos conductores principalmente velocidad, todos saldremos beneficiados. Para que utilizar el coche si puedes hacerlo andando o en bici en trayectos cortos

A pesar de algunos comentaristas que no comparten la visión idílica de una ciudad con más ciclistas o sienten pánico al ver circular las bicicletas por los carriles bici, en la actualidad el incremento de la movilidad urbana en bicicleta es ya una realidad en muchas ciudades españolas y la tendencia es a alcanzar cotas mayores en un futuro próximo. Aceptemos con realismo las múltiples ventajas de un vehículo barato, eficaz, no contaminante, poco peligroso, que ocupa poco espacio y no necesita grandes infraestructuras.

Empiezo a ser consciente de la deshumanización de la ciudad. Hemos perdido el silencio, la calma, tiempo y hemos ganado ruido, prisas, atascos. Nos hemos defendido en el aislamiento de nuestro mp3 y ciegos caminamos sin ver. ¿es esto la modernidad? Pues me parece que se nos ha ido la mano. Hay que cambiar el modelo.

Espero que se extienda este cambio de actitud frente al espacio público y se defienda el concepto de barrio tranquilo y relajado.

Abundando en el asunto:


http://bicicletasciudadesviajes.blogspot.com/2011/03/ralentizar-al-lento-para-acelerar-al.html


http://bicicletasciudadesviajes.blogspot.com/2011/07/muerte-por-la-via-rapida.html


http://bicicletasciudadesviajes.blogspot.com/2010/04/30-kmsh-no-hace-falta-mas.html


Lo que pasa es que hay mucha gente ignorada repitiendo este argumento desde hace 20 años sin que nadie le escuche, sobre todo entre los colectivos ciclistas y los "promotores" de la bici, y ahora, por puro oportunismo y por ir de la mano de la DGT, algunos están cambiando sus argumentos hacia las "ciudades amables". Tarde. Muy tarde. Y después de haber dado demasiada cobertura al segregacionismo ciclista.


Hay que empezar a desterrar términos como el de "ciclabilidad" que han resultado tan dañinos estos últimos lustros y hay que acuñar otros nuevos como el de "circulabilidad" que hablen de convivencia calmada y de reducción del uso del coche para beneficio de todos.


http://bicicletasciudadesviajes.blogspot.com/2011/03/circulabilidad.html


Un saludo

Todavía no me explico por qué el teletrabajo no se ha masificado. En Buenos Aires, donde vivo, es cada vez más común, pero aún hay cientos de miles de automóviles que se atascan en las calles a hora pico, y cientos de miles de pobres infelices que viajan como ganado en el sobrecargado transporte público.

A propósito, la segunda foto que ilustra la nota... es bellísima! Como me gustaría vivir en un lugar así y comunicarme con el mundo desde mi ordenador...

Poco a poco se iran imponiendo las dos ruedas, hoy ya las tenemos, pena que motorizadas, pero la crisis y la imagen que tenemos de los paises nordicos a los que nos queremos parecer haran el resto.

Javier: El motivo por el que las bicis tienen mala fama, es por que muchos ciclistas creen que las normas de tráfico no van con ellos (en Madrid al menos). Se saltan semáforos o no respetan pasos de cebra por poner un ejemplo. Entiendo que en parte es debido a la falta de espacio para la bici o por el acoso de los coches, pero no siempre es el caso. Para que la bici sea bienvenida, hace falta que los ciclistas se den cuenta de que son un vehículo, y que deben respetar a los peatones.

Rotterdam. Un tipo con barba de tres días y aspecto informal surca la ciudad en su bici. La lluvia persistente y un fuerte viento son verdaderamente molestos. Podría haber elegido viajar en metro, en tranvía o usar el coche por sus grandes avenidas. Sin embargo, su medio de transporte preferido es la bici porque nada puede compararse a la libertad de las dos ruedas.
En hora punta pueden verse hasta 50 bicis esperando el verde del semáforo. No importa, el carril-bici garantiza un tráfico fluido y los coches deben frenar en los cruces para dejarles paso (!). Ese tipo desaliñado trabaja en una agencia de diseño gráfico y viaja veloz a una reunión con un cliente. Y no está solo. Una señora lleva a dos niños pertrechados con sus cascos, un señor con traje y corbata se dirige a su trabajo en el banco..., hay estudiantes, señoras mayores que van al mercado y hasta algún extranjero que trata de no molestar demasiado. Siempre hay quien tiene prisa y usa el timbre sin dudar para que el carril izquierdo se despeje.
Algunos agentes de policía también van en bici... y no dudan en parar a los que no llevan luz o van por la acera como locos.
Allí se respeta a las dos ruedas... por tradición y también porque los ciclistas se han ganado dicho respeto con un comportamiento ejemplar. Es otro país, otra cultura, sí. Pero si allí funciona,por qué aquí no?

Antonio: Entiendo el enfado. A mí también me pasa. Pero estas cosas ocurren únicamente cuando no hay carril bici.

Al comentario desde el chat: ¿Por qué?

La bici es silenciosa, sana y no contaminante. Es increíble que su uso tenga mala prensa entre muchos ciudadanos.

Vean el concepto de una ciudad humanizada como www.vitoria-gasteiz.org/ otra vez "Green capital 2012", tiene un anillo verde construido durante decadas con reservorios para plantas y animales, en fin, por supuesto es una ciudad pequeñita (250mil htantes.) pero es a la vez una ventaja estrategica, para mi, con un crecimiento planificadisimo, visiten la Web y veran, salu2 desde Venezuela!

Lo que dejará de tener sentido serán los contínuos desplazamientos de trabajo para ir a oficinas a meterse en un despachito a trabajar con un ordenador. Eso ya se puede hacer desde casa y espero que en algún momento algún "emprendedor" cambie la forma de entender el mundo laboral y pasemos de la valoración de la presencia a la de la productividad.

Marta
www.mivibrador.es
Marta

Hola: siento decirte que la visión que al día de hoy tengo de la bici en las grandes ciudades no tiene nada que ver con el cuadro idílico de estas slow cities. Lo que veo es tíos sin casco a toda pastilla adelantando a los viejecitos por la espalda y rozando a la gente por las aceras, incluidas las más estrechas.

Muy interesante. Algo había leído en el libro y en el blog de David Byrne

Cada vez que veo las bicicletas por el carril bici de mi ciudad me entra pánico. Ya no sé si le tengo más miedo a las dos ruedas o las 4 (coches).

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Sobre el blog

I love bicis se acerca a la realidad de la bici urbana, sinónimo de modernidad, responsabilidad ambiental y otro tipo de movilidad. Carriles bicis, políticas de desarrollo, alforjas para ir a la última o las luces más cool. Todo con ganas de reivindicar los pedales.

Sobre el autor

Paco Nadal

Pablo León es reportero y ciclista urbano. Escribe en El País desde 2009 y comenzó con la bici por las calles de Berlín, donde vivió varios años. Desde entonces, pedalea en cada ciudad por la que pasa. En 2010 arrancó este blog dedicado no solo a las bicicletas sino también a la movilidad y a los retos a los que se enfrentan las ciudades del futuro.

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