Andrés Ortega

Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

TWITTER

Andrés Ortega

Archivo

enero 2013

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31      

Recomendamos

Más Europa, ¿menos democracia?

Por: | 28 de junio de 2012

Federalist PapersUna cosa es “compartir” y otra “ceder” soberanía, aunque ésta sea algo muy relativo en la era de la globalización. De ambos procesos hay mucho en la construcción europea y más que, es de esperar, vendrá. Pues ahora también se trata, de forma conjunta, de “recuperar” soberanía frente a los mercados y las economías emergentes, aunque ya parece olvidada aquella “refundación del capitalismo” que prometió Sarkozy tras la crisis de septiembre de 2008. Pero a la vez que se avanza, de una u otra forma, hay que tener mucho cuidado con la legitimidad democrática, pues su carencia puede, al final, echar por tierra todo el edificio, dado que hay un creciente divorcio entre la integración europea y la ciudadanía, los pueblos, de Europa, muchos de los cuales, al final,  incluido el alemán, tendrán que pronunciarse en referendos.


La cuestión del déficit democrático en la UE no es algo nuevo. Fritz W. Scharpf diferenció entre la legitimidad en origen (input), es decir cuando es el pueblo el que decide, y la legitimidad de resultados (output). La UE es un caso claro en el que ha predominando más ésta última, aunque no esté produciendo los resultados esperados ante la crisis.


A la vez, van creciendo los poderes independientes. El sociólogo francés Pierre Rosanvallon ha teorizado sobre el hecho de que independizar algunas decisiones no es antidemocrático, sino todo lo contrario. Vale para los comisarios europeos y especialmente para el de la Competencia, (que podría estar fuera de la Comisión) para los bancos centrales o para los reguladores a uno u otro nivel.


Pero la hoja de ruta que bajo el título de "Hacia una genuina Unión Económica y Monetaria" han dibujado las instituciones (presidente del Consejo Europeo en colaboración con los de la Comisión, del BCE y del Eurogrupo), de aprobarse, cambiaría en profundidad el proceso de integración europea. Llevaría a que “Bruselas” acabe decidiendo sobre las grandes líneas de los presupuestos de la UE, normal, y de cada miembro de la eurozona, no tan normal. Es verdad que se ha avanzado ya en esta dirección con el llamado Semestre Europeo que obliga a plantear, antes de la decisión de los parlamentos nacionales, las líneas generales de los Presupuestos de los Estados miembros ante la Comisión Europea para debate en el Consejo (por cierto que, de acuerdo con estos mecanismos el Gobierno español debe presentar sus perspectivas presupuestarias para 2013 y 2014 antes del sábado, lo que no es verosímil cuando aún está luchando por qué hacer en 2012). El filósofo Jürgen Habermas, ha sido muy crítico al respecto. Lo que se plantea ahora es que una especie de ministerio europeo de Finanzas, lo que llevará a que un ministro o comisario predecida y sancione en su caso sobre los presupuestos nacionales, aunque la última palabra la tengan los Estados reunidos en Consejo. Pero como ha declarado el comisario Almunia, ya se sabe que las "recomendaciones" de "Bruselas" acaban siendo "obligaciones".

El futuro no debe ser una suerte de intervención permanente. Ante los rescates, los ciudadanos en las democracias liberales están aceptando una pérdida parcial de la soberanía nacional, pero solo si es temporal,  y si ven una relación causal clara entre el origen de los problemas y las medidas impuestas para solucionarlos y la luz al final del túnel.


Alemania, incluso si es necesario cambiando su Constitución por primera vez por referéndum, parece dispuesta a avanzar por esta forma de Unión Fiscal y Bancaria  a cambio de sostener el euro (aunque no, a que mutualice la deuda soberana de los países de la eurozona) y, quizás, a llegar a una garantía común de los depósitos bancarios. La propuesta de las instituciones de cara al Consejo Europeo, dice que se trata de “compartir decisiones sobre los presupuestos a cambio de compartir los riesgos”. Y de controlar los presupuestos y el sistema financiero de cada país a cambio de ayuda. En esto es comprensible la postura de Merkel. No habrá dinero alemán sin supervisión y control europeos de los bancos y de las cuentas nacionales.


Se insiste en que se trata de las grandes líneas presupuestarias –lo que acabará incluyendo los impuestos (la independencia americana se hizo bajo el lema de “no taxation without representation”)- y no de las decisiones concretas sobre si gastar en “mantequilla o cañones”, como se decía antes. O aún no. Pero no obstante esto significa seguir vaciando la democracia nacional sin remplazarla por una democracia europea para la que no hay demos sino demoi. Los que lo proponen son conscientes de que el ejercicio debe reformar la democracia y la transparencia. Merkel y Schaüble, desde hace tiempo, hablan de que los ciudadanos europeos lleguen a elegir al Presidente de la Comisión Europea y se refuercen los poderes del Parlamento Europeo. No bastará. Hay que involucrar más a los Gobiernos, es decir, esencialmente al Consejo Europeo,  y a los parlamentos nacionales.


La propuesta de las instituciones se refiere al protocolo 1 del Tratado de Lisboa (TFUE) que refuerza la información que llega a los parlamentos nacionales y potencia la Conferencia de órganos parlamentarios especializados. Son los alemanes los que más han pensado en esto, dadas las limitaciones que ha ido introduciendo su Tribunal Constitucional. Joshcka Fischer ha propuesto no solo dar más poderes al Parlamento Europeo, sino  crear una segunda cámara formada por delegados de los parlamentos nacionales, es decir, recuperar la antigua Asamblea.


Habermas ha sugerido que la Comisión lleve a cabo estas nuevas tareas de supervisión presupuestaria por la vía democrática del procedimiento legislativo ordinario, con la aprobación del Consejo y del Parlamento Europeo, lo que requeriría un cambio profundo de los tratados, algo que cada vez parece más inevitable aunque no sea para mañana.


Por otra parte, el calendario democrático de la eurozona, salpicado por las elecciones en 17 países con las consiguientes tensiones, en un contexto como este, se convierte en un problema para gestionar una crisis.


La solución para que se avance a la vez en la integración y en el control democrático se llama federalismo, aunque éste se haya convertido en un término tabú en Europa. ¿Están los gobiernos y los pueblos preparados para este gran salto adelante?

¿Auto Plan Marshall para Europa?

Por: | 26 de junio de 2012

-GeorgeMarshallEn el Consejo Europeo del jueves y viernes, los 27 deberían aprobar un plan de crecimiento para la UE, en la línea indicada por la cumbre de los cuatro en Roma. Quizás incluso vaya más allá de los 130.000 millones de euros pre-decididos, o un 1% del PIB conjunto de sus miembros, sin aumentar las deudas nacionales. Bien es verdad que Europa está sin dinero para lanzarse en nuevas aventuras keynesianas, nacionales o comunitarias. Pero al menos el viento ha girado algo, no mucho, desde la pura austeridad a una cierta idea de crecimiento, de la mano de François Hollande -que podrá así ratificar el Pacto Fiscal- y de Mario Monti que fueron los primeros que lo propusieron. Aunque más importante es que se decida dar un respiro a las economías en dificultades, permitiéndoles un año más, al menos, para llegar al sacrosanto 3% de déficit. Y naturalmente que se dibuje un horizonte de salvación del euro.

Mucho se hablado de un Plan Marshall de los europeos para sí mismos Pero qué hace falta para llegar a compararlo con aquel programa que lanzó el secretario de Estado del Presidente Eisenhower?

El famoso Plan Marshall, formalmente Programa para la Reconstrucción de Europa, supuso el desembolso por EE UU entre 1948 y 1951 de entre 12.500 y 13.000 millones de dólares, lo que hoy equivaldría a unos 125.000 millones. La parte receptora tenía que poner otro tanto. Con lo que en cantidad podría equivaler a los 200.000 millones de euros.

En términos relativos, sin embargo, el Plan Marshall supuso más. Aquel desembolso representó el 2,1% del PIB de EE UU en 1948, alcanzó el 2,4% en 1949, y cayó al 1,5% en los dos años siguientes. Equivale a unos 280.000 millones de dólares de hoy anuales durante 4 años.

Para los países receptores, las transferencias anuales  representaron entre 0,3% del PIB para Suecia y 14% para Austria (2,5% del PIB anual para Francia, 2,2% para Italia, 1,3% para Italia y 1,2% para Alemania, graduación que se correspondía con la posibilidad, entonces, de que partidos comunistas ganaran elecciones).

Pero digamos que una media de 2% anual –equivalente al estímulo que el anterior Gobierno metió a la economía española en 2009 y 2010- para el conjunto de la UE llevaría a 245.000 millones de euros anuales.  Entonces sí que podría hablarse de un plan Marshall de los europeos para sí mismos. Sobre todo si se piensa que el presupuesto de la UE (en créditos de pago) para 2012 asciende a sólo 129.088 millones de euros.

Los 130.000 millones que se barajan ahora representan en realidad más, dada la capacidad de apalancamiento de los bonos-proyecto o del aumento del capital del Banco Europeo de Inversiones. Pero el primero de estos dos instrumentos tardará en estar disponible, y el resto es dinero que ya existe en la caja de la UE, aunque carezca de proyectos a los que aplicarse. Como pronto, a finales de año.

El invierno militar se adelanta en Egipto

Por: | 21 de junio de 2012

Egipto

¿Hubo realmente una primavera en Egipto con las revueltas de 2011? A la vista de lo que está ocurriendo está claro que los militares, Estado dentro del Estado, se salvaron a sí mismos, sacrificando prácticamente solo a Hosni Mubarak, y protegiendo a los manifestantes frente a la policía, por lo que fueron aplaudidos. Pero mantuvieron el poder. Todo el poder. Y ahora .lo que intentan es cortarle la vía a los Hermanos Musulmanes. Como siempre.


El Estado profundo nunca ha querido renunciar a sus privilegios en un país que ha crecido económicamente en los últimos años, pero sin que realmente la población lo aprovechara, pues los más poderosos se quedaron con la mayor parte de la nueva riqueza. La revolución -que no fue- la protagonizaron en la plaza cairota de Tharir los elementos más laicos y muchas mujeres. Los Hermanos Musulmanes y los salafistas no estuvieron allí al principio. Pero son, junto a los militares y los servicios secretos, los mejor organizados en Egipto.


Los Hermanos Musulmanes ganaron las elecciones al parlamento -las primeras libres 60 años- de noviembre y enero pasado. Pero el Tribunal Constitucional, con la connivencia del Ejército, les ha robado esa victoria al mandar disolver, en vísperas de la segunda vuelta de las presidenciales, la cámara por no haberse cumplido la ley electoral. Los islamistas iban a controlar también la comisión de 100 que se iba a encargar de redactar la nueva constitución, sin duda más islamizada y democrática (aunque no fuera a ser una democracia a la europea). Y ahora los militares -formalmente la Comisión Electoral- retienen el resultado de la segunda vuelta de las presidenciales en la que se enfrentaron Mohamed Morsi, candidato accidental de los Hermanos Musulmanes y el exprimer minitro de Mubarak, y militar, Ahmed Shafik. Es decir el antiguo régimen contra el que podía haber sido el nuevo.


Con la caída de Mubarak, los militares se inventaron el CSFA, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, para gobernar, y, en los últimos días han reforzado su poder. Previsiblemente, y pese a su compromiso, no van a entregar el poder antes del 1 de julio, salvo, si acaso, bajo la forma de una farsa  si es que llega a haber nuevo presidente. Si es Shafik será contestado.


Los militares se han blindado. Como indica Nathan. J Brown, de la Fundación Carnegie, en su "declaración constitucional suplementaria":
-    Además del poder ejecutivo, han vuelto a asumir el legislativo.
-    Se han asegurado que controlarán la redacción de la nueva constitución
-    Han declarado su autonomía del poder civil en asuntos militares. El nuevo presidente podrá nombrar a todos los ministros, salvo al de Defensa, que será designado por el CSFA.
-    También se han atribuido un papel decisivo en la seguridad interna de Egipto, reimponiendo la ley marcial y las detenciones sin garantías.
-    Y se han reservado para sí toda eventual decisión sobre una declaración de guerra.


El CSFA ha vuelto a crear un Consejo de Defensa, que aunque encabeza por el presidente, obligará a éste a negociar constantemente con los militares, pues además, estos le han impuesto al jefe formal del Ejecutivo un general para que supervise los presupuestos de la Presidencia.


Algunos observadores consideran que pudo haber un pacto bajo cuerda entre los militares y los Hermanos Musulmanes para que estos ejercieran una Presidencia del país vacía de contenido, y aquellos el poder real. Llevaban meses negociando, aunque en las últimas semanas se habían distanciado. Los Hermanos se habían comprometido a no presentar candidato a las presidenciales, pero al final quisieron presentar a dos (uno quedó anulado). Esta parece haber sido la gota que colmó el vaso de las fuerzas armadas.


Son ahora los seguidores de la Hermanda los que están llenando la plaza Tahrir de El Cairo en protesta. Una paradoja, solo aparente, es que los islamistas hubieran ganado las elecciones legislativas y presidenciales cuando habían sido esencialmente los laicos los que protagonizaron la primavera. Pero si los militares eran un Estado dentro del Estado, los Hermanos desde hace mucho tiempo, constituían una sociedad del bienestar dentro de la sociedad egipcia. En sus ayudas a los necesitados, a los estudiantes -incluso a mujeres a las que proporcionaban transporte hacia la universidad para que no tuvieran que tomar el transporte público- llegaban a donde el Estado no alcanzaba.


Esto podría parece más a la Turquía de los militares que vigilaban a Erdogan y a su AKP que al golpe en Argelia de 1991 contra la victoria del FIS. Pero ¿quién sabe? No hay que repetir desde la orilla norte del Mediterráneo -que tiene en sus manos y en las de EE UU una ayuda importante que la maltrecha economía egipcia necesita, aquel error de apoyar un golpe contra una victoria islamista, golpe que llevó a una larga guerra civil. Las primaveras árabes se están deshilachando, sobre todo porque el establishment y el poder fáctico, que es el estamento militar en muchos de estos países, nunca han cedido realmente las riendas, ni sus prebendas, y se opone al islamismo.  Cuidado.

Ya solo queda todo por hacer

Por: | 17 de junio de 2012

GreciaPart

Los griegos se han pronunciado, bajo presión, incluso bajo chantaje. Ahora queda todo por hacer, casi como 24 horas antes. Sólo se ha despejado una incertidumbre, y no de forma completa pues no está claro la mayoría de Gobierno que se formará.

Para empezar, hay que hacer de Grecia un Estado moderno y fiable. Y hay que afianzar, con medidas valientes que implican cesión de soberanía, una unión económica y monetaria que se tambalea y pone en peligro todo el edificio comunitario. A los dirigentes europeos, a las instituciones europeas, ya no les quedan excusas ni tiempo. Tienen que tomar decisiones en el próximo Consejo Europeo del 28 y 29 de junio, si no antes, que impulsen una unión monetaria mucho más profunda apoyada en una unión fiscal y  una unión bancaria, que lleven a una unión económica y política.


Grecia es un Estado fallido. Importa un 80% de lo que consume (incluido un 40% de los alimentos, además de casi el total de las medicinas que necesita).  Su única industria autóctona es el turismo y la construcción naval. Carece de una estructura recaudatoria mínimamente digna. Pero esto lo sabían los europeos desde hace tiempo. Grecia ingresó en la UE en 1981, y en el euro en en 2000, un año más tarde que los primeros, aunque a tiempo para la instauración física de la moneda y los billetes en 2002. ¿Acaso no se sabía? Claro que sí. Pero no importaba. Alemania, y otros, a través de la UE le daba dinero para que Grecia le comprara sus productos.


¿Será capaz Nueva Democracia -¿con el apoyo de los socialistas de Pasok?- de construir lo que no han podido en los últimos 30 años porque más que como dos partidos políticos se han comportado como dos corruptas familias feudales? Grecia no podrá volver a echar a andar sin muletas. No lo podrá sin la ayuda europea, no sólo en dinero, sino en pericia. Ahora sí hay que intervenir Grecia. De otra manera. Para construirla.


Pero incluso con estos resultados que debe tranquilizar algo a los mercados, Grecia no puede aguantar el ritmo de austeridad que se le ha impuesto para rescatarla. Como indica Sebatian Dullein del ECFR, Grecia ha bajado su déficit estructural (es decir, excluyendo el servicio de la deuda) entre 2009 y 2011 de un 11% a un 1,8%. Alemania entre 2003 y 2007, solo lo bajó un 2,9%. Se le ha exigido demasiado a Grecia. Aunque lo que necesitaría ahora Grecia es un gran acuerdo de Gobierno. Los socialistas, hundidos, lo han pedido para no dejar todo el terreno libre a Syriza


Antonis Samarás dice que cumplirá los términos del rescate, aunque con alguna revision. Pero, claro, no es lo mismo aceptar cumplir las exigencias del rescate que cumplirlas. Como el déficit con España. Y lo que se le pedía desde Europa a los griegos es que votaran a favor de aceptar cumplirlas. Lo han hecho.


Pero todo queda por hacer en Grecia, también en Europa, y en particular en la eurozona. Grecia era, sigue siendo, un problema, pero no el problema. La UE, y especialmente el BCE, debe salvar a España y a Italia o se hundirá con ellas, lo que sería un desastre histórico. Pero no el BCE no lo puede todo.


En el fondo, si el euro ha de sobrevivir, tendrá que hacerlo en base a un gran pacto de (casi) todos los demás con Alemania. A cambio de que Alemania acepte que el BCE salve el euro, todos los países de la moneda única habrán de aceptar que la política económica, la fiscal y la bancaria se decidan en Bruselas.
Lo que requerirá decisiones valientes, de corto, medio y largo plazo, por parte de todos, decisiones que implican ceder –no solo compartir- soberanía. Alemania está dispuesta, pero no a compartir riesgos de costes. La Francia de François Hollande –en la que también queda casi todo por hacer, pues está retrasada en sus reformas- sí quiere mutualizar los costes, pero ¿aceptará ceder soberanía? Aunque esta sea casi una entelequia, el gaullismo aún pesa mucho en las mentalidades francesas. Al final, cuando de soberanía se trate, el escollo puede no ser Alemania, sino Francia.

Estamos mejor que ayer. Pero, por si acaso, ¿hay algún doctor en la sala?

Grecia no quiere suicidarse

Por: | 15 de junio de 2012

Grecia

En Alemania predomina el deseo, en la opinión pública (49% frente a 39% según un sondeo de Forsa), en los partidos del Gobierno de Angela Merkel y hasta en la oposición socialdemócrata, de que Grecia se vaya del euro. También el Gobierno de Cameron, desde fuera, desde Londres, empuja, como si la salida o expulsión de Grecia del euro fuera a resolver los problemas. Sin embargo, entre los griegos es ampliamente mayoritario (un 87%) el deseo de permanecer. Saben que la alternativa les resultaría mucho más gravosa y dolorosa. Grecia no quiere suicidarse. Gane quién gane las elecciones del próximo domingo, tendrá que pedir una renegociación de las condiciones del rescate, y a la vez poner en marcha verdaderas reformas del país. Pese al nerviosismo reinante, hay probabilidades que lo consiga. No obstante, un pánico bancario en Grecia el lunes, o una suspensión de pagos en las próximas semanas, podría echar por tierra estas esperanzas y forzar una catástrofe que podría llegar mucho más allá de Hellas.


Salvo por la extrema izquierda y la extrema derecha, los principales partidos griegos son abiertamente europeístas. La coalición Syriza, desde la izquierda radical, se presenta como tal, y lo que su líder, Alexis Tsipras, plantea es una renegociación del memorándum firmado en marzo con la troika a cambio del rescate y un “plan nacional de reconstrucción y crecimiento”. Incluso, Antonis Samaras, líder de la Nueva Democracia de centro derecha,  se ha tenido que manifestar dispuesto a una revisión de ese acuerdo incumplido por parte griega.


Sin duda una mayoría de Nueva Democracia y de los socialistas del Pasok calmaría la situación. Algunos lo llaman voto de la sensatez, otros del miedo. Pero puede que más griegos, hartos, opten por Syriza, justamente porque los otros dos partidos son percibidos como corruptos e incapaces desde hace lustros de llevar a cabo las reformas que Grecia necesita, para empezar un sistema de recaudación de impuestos que funcione.


El resto de la eurozona ha reducido su exposición a una eventual suspensión de pagos por parte de Grecia. Los bancos ya aceptaron una quita del 50% de la deuda griega y la banca alemana, más que ninguna otra, se ha deshecho en buena parte de sus activos griegos. Aunque el coste lo tendría en buena parte que asumir el BCE, es decir, a fin de cuentas, los Estados de la Unión Monetaria.


Muchos dirigentes europeos, incluido François Hollande, han alertado a los griegos de que no habrá renegociación. Es la presión para el voto del miedo. Pero según informaba el pasado miércoles el Financial Times Deutschland, en la UE, el BCE y el FMI se ha abierto paso la idea de que habrá que negociar con el nuevo Gobierno griego, sea el que sea. No obstante, negociar puede significar mantener el acuerdo como está, y ofrecer incentivos paralelos a Grecia, como hoy sugiere el Financial Times.


¿Realmente se arriesgarán Alemania yotros a poner en peligro el euro por la pequeña Grecia, que representa un  3% del PIB de esta Europa, que lleva apretándose brutalmente el cinturón desde hace dos años, y que, aunque no ha logrado poner en marcha las reformas esperadas o prometidas, sí ha conseguido rebajar el déficit primario (sin el coste de los intereses de la deuda) al 2%? Europa, sus dirigentes y sus instituciones, no han estado a la altura. Y tras el domingo, los problemas seguirán. De ahí, que el aviso para navegantes que lanzó ayer en el Bundestag -sí va al Parlamento a explicarse- Merkel no debe caer en saco roto: “La fortaleza de Alemania no es infinita”. Hay algo de realidad en sus palabras. Pero también de táctica. Merkel, apoyada solo por Finlandia, Holanda y Austria, está negociando con toda la Eurozona. Una negociación dura y arriesgada.


A España, desde luego, no le convendría nada que Grecia se saliera del euro, pues, con las intervenidas Irlanda y Portugal, se convertiría en la siguiente al borde de un precipicio al que se ha aproxximado demasiado. De hecho, Gerald P. O'Driscoll del muy conservador instituto Cato de EE UU, en un artículo sobre cómo llegará el fin del euro, señala que “la partida final se jugará en España”. Esta vez tiene razón el titular de Exteriores, García Margallo, al asegurar, ayer, que "el destino de la UE se juega en estos días, quizás en estas horas. El plazo de tres meses que dio Lagarde quizás es demasiado largo". Lo es.


Como ya hemos explicado en otras ocasiones, la creación de la Unión Monetaria no previó que ningún Estado se pudiera salir de ella. Tendría que abandonar –también con quebranto- la propia Unión Europea. Aunque si es necesario, el servicio jurídico de la UE puede ser muy creativo. Pero Grecia puede decir “me quedo”. Claro que, entonces, el BCE podría cortar el flujo de dinero hacia los bancos griegos y hacer entrar el país en un caos que le obligara a suspender pagos y anunciar la salida del euro.


Como dicen los anglosajones, shit happens.

 

Lo urgente y lo importante

Por: | 11 de junio de 2012

Imagen rescate

Lo urgente era evitar la quiebra de algunos bancos españoles, y por extensión de otros países, a comenzar por Italia. Su recapitalización es condición necesaria pero no suficiente para que fluya el crédito, y el Estado ya no tiene dinero para ello. Sobre todo cuando se está generando una bola o círculo vicioso, en la cual la banca española se convierte en la principal compradora de deuda española. La troika vigilará que el dinero del rescate, la "línea de crédito", no acabe en deuda española. Es decir, no sea un rescate indirecto.

El Gobierno asegura que el prestamo del fondo de rescate, de "hasta 100.000 millones de euros" (habrá que ver si es suficiente) vendrá sólo con condiciones para el sector financiero (le pesará a los griegos en vísperas electorales). El comunicado del Eurogrupo lo dice, sí, pero también pone a España bajo vigilancia "estrecha y regular", lo que ha confirmado el ministro alemán Wolfgang Schaüble al hablar de que la troika estará encima de España. Es de temerse que una vez que se precise este rescate suave, en unos meses lleguen recortes en diversas materias (¿funcionarios, congelación o rebaja de pensiones, etc.) o subidas del IVA y otros impuestos o tasas porque no se cumpla el objetivo de déficit este año, o cuando se replanteen los presupuestos al alargar un año más, hasta 2014, el cumplimiento del objetivo del 3%. Pero tales medidas pueden no aparecer como una condicionalidad de Europa, sino como decisión autónoma del Gobierno. En todo caso, la UE y el FMI han aprendido la lección del error que cometieron con Irlanda. Pero vendrá más austeridad.

Lo urgente es salvar el euro. Hay que hacerlo en España, pero no solo aquí. Es urgente también sanear el resto del sistema financiero europeo. Los bancos italianos tienen serios problemas, e incluso algunos alemanes, a los que se ha rebajado la cualficación, y franceses. Son palabras mayores. Hay una amplia desconfianza en Europa después de las dos pruebas de resistencia (stress tests) de los bancos en el áerea euro que, aparentemente, de poco sirvieron.

Lo urgente es controlar lo que pueda ocurrir el próximo lunes 18 a resultas de las elecciones griegas del domingo, las segundas en un mes. Para España y para la Eurozona, a pesar de los alemanes, es prioritario evitar un pánico bancario viral y que Grecia permanezca en el euro, pero Berlín y otros parecen haber decidido que se tiene que ir.

Lo urgente, hay que atenderlo.  Aún estamos en lo urgente. Queda mucho por hacer para salvar la moneda única. Pero a la vez hay que ocuparse de lo importante. Es lo que Paul Taylor, en Reuters, llama la carrera entre los bomberos y los arquitectos.

Lo importante para España es que la economía crezca y genere empleos. Si no tiene perspectivas de crecimiento, la inversión extranjera (y la nacional) no vendrá. Para el crecimiento es, a su vez, condición necesaria pero no suficiente que fluya el crédito. Y que se pongan en marchas reformas estructurales, término que de tan manido ha perdido valor. Pero que en España debe significar romper el dominante mercantilismo plutocrático, es decir, muchos intereses creados que impiden que nuevos actores entren en sectores dominados por unas pocas empresas. La economía española necesita un choque de modernidad y abrir sectores enteros a la competencia. El PSOE empezó pero no se atrevió plenamente. ¿Lo logrará el PP más atado a esos grupos de intereses?  Asimismo se necesita un nuevo modelo productivo que sustituya al reventado sector inmobiliario. Es hora de recuperar una política industrial, concepto a renovar y actualizar, que regresa.

Es importante que Europa diseñe una política de crecimiento, que no se obsesione con la austeridad. Incluso la economía de Alemania está renqueante pues el resto de la economía mundial está en desaceleración. Es necesario, y se lo está rogando Obama, cuya reelección depende, en parte, de que Europa despierte. Estos días, este tema que impulsó François Hollande había pasado a segundo plano con la urgencia del rescate al sector financiero español. Es necesario recuperarlo de cara al Consejo Europeo de finales de junio. Pero por favor, no más dinero para infraestructuras en España. Salvo para el transporte de mercancias por líneas de AVE, España tiene ahora otras prioridades.

Es importante que la UE, y especialmente, la Eurozona, avancen en su integración, lo que supone que los Estados han de ceder, en unos casos, y compartir, en otros, soberanía. Ahí están sobre la mesa la unión bancaria, la unión fiscal y la unión económica que requiere una unión política. Cameron desde fuera, y Merkel desde dentro abogan por ello de forma confusa, pues los alemanes se escudan en la sentencia de su Tribunal Constitucional que establece límites a la integración al no existir un pueblo, un demos, europeo. La solución no puede ser que gobierne Alemania. Tampoco unas instituciones burocráticas. Es necesario establecer una democracia europea que no vacíe las democracias nacionales, las únicas que se basan en demoi reales. Aunque dentro de lo importante, esto tardará en llegar.La democracia no parece lo urgente. Véase en España la preocupante caída en valoración de Rajoy y Rubalcaba, y el hecho de que, según la encuesta de Metroscopia para EL PAÍS, menos de siete meses después de las elecciones generales un 64% apoye un gobierno de políticos competentes y técnicos apoyado por todos los partidos.

Guía del Gran Juego en Oriente Medio

Por: | 08 de junio de 2012

La Meca

La historia nunca se durmió en esta parte del mundo, pero ahora regresa con la difícil coincidencia en el tiempo de siglos distintos y rivalidades de difícil encaje entre potencias locales y globales. Rudyard Kipling acuñó el término Gran Juego para describir la competencia en el siglo XIX entre Londres y Moscú por el control de Oriente Medio, Asia Central y el Cáucaso. Hoy hay otro Gran Juego en marcha en Oriente Medio, con más actores, incluidos movimientos sociales, y más complejidad. El eje central es la competencia entre Irán y Arabia Saudí, entre chiíes y suníes, pero no puede sorprender que los verdaderos grandes actores sean Estados que lo fueron realmente en el pasado, y no inventados por el colonialismo europeo o el desmembramiento del imperio otomano: Turquía, Egipto e Irán.


Persia. Irán compite con Arabia Saudí como potencia política, religiosa y petrolera. Su régimen teocrático desde 1979 se siente heredero del gran imperio persa. Ha ganado peso en la zona de la mano de los errores de EE UU en Irak (de mayoría chií, pero no está aún en condiciones de ejercer un papel significativo) y Afganistán. Además, se suman los tentáculos de que dispone Irán en Líbano a través de Hezbolá y en Gaza de Hamás, aunque éste último movimiento se ha separado formalmente de tal padrinazgo.
El problema no sería solo que el Irán de los ayatolás (cada vez más militarizado por la Guardia Revolucionaria) se hiciera con el arma nuclear por razones “existenciales” para el régimen, junto a un Israel para el cual su propia bomba es una garantía “existencial” como Estado. Sino que también impulsaría una proliferación nuclear en toda la zona: Arabia Saudí, Turquía (con una mayoría de sus ciudadanos a favor de su propia bomba en ese caso), Egipto y Argelia. Perspectiva preocupante para España.
Irán ha promovido acciones terroristas, pero su régimen no busca exportar la revolución jomeinista más allá del limitado alcance geográfico del chiismo.

La tierra de Mahoma. Arabia Saudí, de mayoría suní, es el país más integrista y menos democrático de la zona. Pero tiene las mayores reservas de petróleo, es pro-occidental en su geopolítica, y ve en Irán su mayor rival en la región. La sucesión del enfermo y anciano Rey Abdulá puede generar tensiones internas y externas. Ha habido manifestaciones de saudíes chiíes en el Este, zona de campos petrolíferos, donde estos son localmente mayoría. Y empiezan a surgir protestas de jóvenes y mujeres en otros lugares. Las revueltas populares árabes le plantean un problema. No las controla y le pueden contaminar. Pese a financiar durante años a los Hermanos Musulmanes, suníes, que han ganado las elecciones en Egipto, Arabia Saudí se siente cada vez más distante de ellos, y más próxima a los salafistas que también han obtenido un buen resultado en las legislativas. El que todo el norte de África (salvo Argelia, con elecciones trucadas) se tiña de verde con el triunfo electoral limpio de los islamistas —los únicos realmente organizados junto a las Fuerzas Armadas y los servicios secretos— no implica que Arabia Saudí vaya a tener más influencia, aunque es el único que tiene verdaderamente dinero para ayudar a la economía de estos países.
Al Qaeda surgió de Arabia Saudí. Lo sucedido en Yemen le puede haber dado a la red terrorista una nueva vía de entrada hacia territorio saudí, junto a su presencia detectada en Siria.
Por otra parte la Liga Árabe, más activa, ha ganado visibilidad e incluso legitimidad, (ante la intervención en Libia, y ahora ante la crisis Siria) pero no efectividad.

La gran división del Islam. Por detrás del pulso entre saudíes e iraníes está el secular enfrentamiento entre chiíes y suníes que lo está definiendo casi todo en esta zona del mundo. Riad, impulsora del wahabismo, forma extrema del islamismo que sí intenta exportar a todo el mundo musulmán, incluido el europeo, teme la fuerza del chiismo, del que Irán es el gran Estado. De hecho Irán es el único país que tiene a la vez petróleo y población (algo que los ingleses en su descolonización en toda la zona intentaron claramente separar). 
Los chiíes fueron los protagonistas de las revueltas en Bahréin, donde son mayoritarios, y que fueron reprimidas con ayuda de tropas saudíes y jordanas. La primavera árabe tuvo allí (y en otros países del Golfo) un primer límite.

Los otomanos. La Turquía de los islamistas moderados del AKP de Erdogan quiere entrar en la UE, y a la vez compite por influencia con Irán y Arabia Saudí. Anteriormente, los militares que mandaban en Turquía, eran aliados de Israel. Esto también ha cambiado. Turquía, miembro de la OTAN, es hoy una potencia regional, que proyecta una cierta herencia imperial otomana, y tiene mucho que decir y hacer sobre la salida de la crisis siria.
Turquía, que tiene una importante minoría kurda en su seno, quiere impedir el surgimiento de un Estado kurdo independiente resultado de un posible desmembramiento de Irak o Siria, por temor a que se convierta en un imán para las reivindicaciones de sus kurdos. Los kurdos son la mayor nación sin Estado, dividida entre varios por el Tratado de Lausanne de 1923. Ninguno de los países que tienen minorías kurdas —Turquía, Siria, Irán, Irak e incluso Rusia— quiere ver surgir un Estado kurdo.

Tierra de faraones. Egipto se siente un gran país, y parte de una civilización milenaria. La caída de Mubarak no impedirá que siga desempeñando un papel importante en la zona. Pero diferente. De hecho, ya ha mediado con Hamás, y dos veces en un año, buques de guerra iraníes han cruzado el canal de Suez hacia el Mediterráneo, lo que el anterior régimen en Egipto no había permitidos nunca. El acuerdo de paz con Israel de 1979 es una pieza clave de la estabilidad regional. Pero los Hermanos Musulmanes, triunfadores de las elecciones legislativas (falta la segunda vuelta de las presidenciales) lo cuestionan.

Asiria. Siria es el actual centro de gravedad de la zona, y su desmadejamiento puede afectar a muchos de sus vecinos. Gobierna una minoría, cercana a los chiíes, sobre una mayoría suní y una serie de otras minorías, incluída la cristiana (de ahí la ambigüedad del Vaticano), que casi prefieren la protección del actual régimen de El Asad. La caída violenta de éste, al que Irán ayuda y que muchos occidentales apoyaron durante lustros, podría precipitar una guerra civil interna (se puede considerar que ya ha empezado) que se trasladara al Líbano, que Siria considera prácticamente suyo. Rusia tiene en Siria un mercado para sus armas, y también un puerto en el Mediterráneo.

Israel. Lo ocurrido en el último año ha trastocado todo el esquema geopolítico de la seguridad de Israel. Con los el Asad, padre e hijo, en Damasco tenía enemigos, pero fiables. Israel ha hecho una lectura negativa de las revueltas árabes, y tardó en apoyarlas públicamente. La ola islamista en el mundo árabe, se puede volver en su contra, aunque de momento no haya ocurrido.
El proceso de paz con los palestinos está abandonado, aunque podría reverdecer. Ni siquiera Obama lo empuja ya. Si la primavera árabe no había llegado a los palestinos es, en parte, porque esperaban resultados de este proceso. La frustración palestina puede estallar. Desde Egipto, los Hermanos Musulmanes pretenden impulsar una reanudación del proceso que lleve a dos Estados. Sin embargo, el primer ministro Netanyahu está más fuerte que nunca. El apoyo del centrista Kadima le ha desembarazado de los partidos religiosos y radicales. Podría lanzarse a atacar las instalaciones nucleares iraníes. Aunque también reanudar el proceso de paz con los palestinos

La superpotencia. Con las revueltas árabes que enseguida apoyó, EE UU ha perdido, sin embargo, peso y capacidad de presión (aunque sigue siendo el mayor donante a Egipto). Con sus bases y flotas en la zona, aún es, sin embargo, la principal potencia militar local. La reducción de la dependencia de EE UU en el petróleo importado (no en el precio), debido a un consumo más eficiente y a nuevas fuentes de producción propia, puede cambiar el interés de Washington por esta zona, a la que sin embargo le liga una relación con Israel de una intimidad sin parangón. Está ayudando a armar a la oposición siria, pero no se parece tener una hoja de ruta clara al respecto.


Otros actores. Rusia, venida a menos, pretende recuperar o al menos conservar el resto de influencia que le queda en la región. Catar es esencial. Sus fuerzas especiales (formadas por los británicos) han participado en Libia, y pueden estar presentes en Siria. Dispone del instrumento de mayor influencia en la zona: la televisión Al Jazira, en árabe y en inglés (cuyos contenidos a veces no coinciden, por ejemplo en la cobertura de las revueltas en Bahréin). China ya no es ajena a esta región esencial para sus suministros en petróleo y gas. Necesita a iraníes y árabes.
Ni la UE ni los países europeos (esencialmente el Reino Unido y Francia) que diseñaron la descolonización de esta zona, tienen hoy por hoy un gran peso en la región. Más bien al revés. Y necesitan el dinero del Golfo.
Más allá, está la rivalidad entre India y un Pakistán inestable, que se deja notar especialmente en Afganistán. La posibilidad de un claro deterioro en las relaciones entre Pakistán y EE UU, y del caos en el país centroasiático, puede reverberar en toda la región.

Escenarios. El plan de paz para Siria desde la ONU y con apoyo de la Liga Árabe se ha frustrado, aunque el enviado especial, Kofi Annan, intemnta reflotarlo.  Se han abierto conversaciones con Irán sobre la cuestión nuclear. Y algo puede estar moviéndose para reanudar el proceso de paz con los palestinos. Quizás algunas piezas empiecen a encajar. Pero todo se puede desencajar aún más.

Frenazo global en el peor momento

Por: | 04 de junio de 2012

RecesionLa primera parte de la crisis, la Gran Recesión que empezó en 2007-2008, fue esencialmente occidental, de Estados Unidos y de Europa. Las economías emergentes siguieron creciendo y parecía que se habían separado de esta dinámica. Era el famoso decoupling. Ya no es así. Y era previsible que no fuera así, desde que en agosto pasado se empezó a barruntar en algunas economías europeas la recaída en la recesión, la famosa W, sin que EE UU lograra realmente recuperarse. Pero el cambio llega en el peor momento para Europa y puede dificultar gravemente la recuperación de las economías europeas, incluida la española, la alemana que anda renqueante, y la británica que se contrae.

EE UU, con un crecimiento bajo, ha generado en abril menos de la mitad del empleo que se esperaba. Entre las emergentes, en China, tras rebajar sus perspectivas de crecimiento a 6-6,5%, le ha llegado el turno a las expectativas empresariales. El crecimiento de la economía de India cayó en el primer trimestre de este año de 6,1% a 5,3%, el nivel más bajo en una década. Las exportaciones están cayendo en Asia, en particular las de Corea del Sur.  Y la economía de Brasil creció en el primer trimestre de este año un mero 0,2%, a pesar de las medidas de estímulo.

La globalización significa interdependencia. Aunque cuentan otros factores, prueba del frenazo global es que el precio del petróleo, por vez primera desde octubre pasado, ha pasado por debajo de los $ 100 para el barril de Brent de referencia. Tanto el Financial Times como The New York Times han empezado a hacer sonar las alarmas

Los bancos centrales de los emergentes están dejando de invertir en euros y en algunas deudas europeas. Es más, están vendiendo euros para reforzar sus propias monedas. Algunos bonos refugio en la Eurozona, como el alemán o el holandés, generan intereses negativos, camino que desde fuera del euro ha comenzado a emprender Dinamarca.

La crisis del euro (con Grecia, España e Italia como factores ahora centrales) está dañando a buena parte del mundo, lo que a su vez ahonda la gravedad de las economías (con algunas excepciones) de la UE. El frenazo global supone menos mercado para la exportaciones europeas, especialmente las alemanas. Los BRICS están demostrando que no tienen aún la capacidad para ser los nuevos motores de la economía mundial.

El crecimiento chino está al límite del nivel necesario para crear suficiente empleo, lo que puede alimentar los desordenes sociales y dificultar el relevo en noviembre de la cúpula del régimen, generando incertidumbres sobre el rumbo que va a tomar. La destitución de Bo Xilai ha puesto en evidencia una lucha sobre el camino a seguir. El cambio de liderazgo en noviembre, pese a que se conozcan algunos de los grandes nombres, es una de las grandes incertidumbres políticas que pesan sobre la economía mundial, aunque China no sea una democracia. La otra, esta vez en democracia, es lo que ocurrirá en noviembre en las elecciones de EE UU. A Obama la crisis europea y el cambio de rumbo en la economía global se lo están poniendo muy dificil, generando otra incertidumbre sobre el rumbo de la política económica de Estados Unidos en los próximos años.

Y sin embargo él, con Gordon Brown fue el que logró, evitar que una recesión se convirtiera en una depresión (aunque en política, haber evitado males no es algo apreciado). Ellos convencieron al G-20 de un impulso coordinado a las economías. Duró lo que duró. Alemania poco después giró e hizo girar hacia la austeridad, y el G-20, con intereses enfrentados en su seno, dejó de ser operativo. Y luego pasó lo que pasó y sigue pasando. Sería necesaria otra respuesta global como la de 2009.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal