Andrés Ortega

Lo que también ha dicho Draghi

Por: | 24 de julio de 2012

Draghi
Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, se está resistiendo a que su institución compre masivamente deuda española e italiana en el mercado secundario para calmar la situación. El otro Mario, Monti, dice que no hay prisa.

Pero en la entrevista a Le Monde, publicada por EL PAÍS, Draghi dice dos cosas muy importantes para nuestro país. En primer lugar que los contribuyentes españoles "ya han pagado mucho" el salvamento de la Banca, por los que deben ser ahora los acreedores, lo que incluye a los accionistas, no a los ahorradores, los que paguen. Estas palabras constituyenn también un aviso encubierto a que no se suban más los impuestos, pues se puede asfixiar a la economía.

En segundo lugar, en lo que ha pasado más desapercibido, señala: "demasiadas veces nos centramos en la reforma del mercado laboral, que no se traduce siempre en una mejora de la competitividad, ya que hay empresas que se aprovechan de monopolios o de dominios de posición. También hay que tener en cuenta los mercados de productos y servicios y liberalizarlos cuando resulte necesario. Políticamente son decisiones que cuesta tomar".

No está hablando de España, pero es perfectamente aplicable a España.Por una parte, la reforma laboral es solo una de las reformas. Y, por sí sola no garantiza una mayor competitividad.

Ya lo hemos señalado en repetidas ocasiones. La economía española necesita liberar su capacidad de innovación. Demasiado a menudo hay sectores copados por grandes empresas en los que resulta casi imposible que los pequeños y medianos innovadores se hagan un hueco. Pero, claro, esto implica liberalizar, no solo privatizar (en este país se hicieron en los 90 las cosas al revés). Y para ello hay que pìsar callos, y romper intereses creados. Es decir, acabar con ese mercantilismo plutocrátrico que nos domina. Draghi prefiere hablar de "monopolios o dominios de posición".

Políticamente, en efecto, son decisiones que cuesta tomar. Uno tras otro los Gobiernos chocan contra estos intereses, a veces de grandes empresas, otros de corporativismos. Se hacen recortes, se suben impuestos. De estas reformas, nada. Y sin estas reformas, Draghi no quiere perder el dinero del BCE (que es el de los Estados de la Eurozona, no lo olvidemos). Aunque ahora se trata de una cuestión de supervivencia de la economía de España y del euro. El aviso de Moody's a Alemania, Holanda y Luxemburgo, el corazón del euro, es significativo.

Pero en España hay que liberar esas energía creativas. De otro modo, no habrá crecimiento. Y sin perspectivas de crecimiento, la crisis seguirá o se agravará.

 

 

Hay 6 Comentarios

Cosas de nuevo pobre
por Isaac Rosa
27 de junio de 2012 15 Es ya un lugar común ese de que España se había convertido en un país de nuevos ricos. No tanto que abundasen los ricos sobrevenidos, sino que el país entero, como Estado y como sociedad, se comportaba con las odiosas maneras con que solemos caricaturizar al nuevo rico: despilfarro, exhibición hortera de riqueza, gasto suntuoso, adquisición de atributos identitarios para ser aceptado entre los ricos de toda la vida, hedonismo, despreocupación por el futuro, champán con fresas para desayunar, clases rápidas de golf, que da distinción, y pídete lo que quieras que esta ronda la pago yo, que el dinero está para gastarlo.

Sí, de esos nuevos ricos caricaturescos ha habido muchos en los años de la burbuja, aunque no tantos como para que aceptemos la trampa de generalizar la mala conciencia (“hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”). Y como ellos, también el país, sus gobernantes y administradores, se comportaron durante años como nuevos ricos, usando la riqueza sobrevenida para fardar de trenes, aeropuertos y edificios emblemáticos con que quitarse los complejos y espantar la imagen histórica de pobretones, en vez de usar esa riqueza para garantizar el futuro, crecer equilibradamente y protegerse ante una crisis como la actual. Venga a pagar rondas a los amigotes, y vengan despampanantes ciudades de la ciencia y de la cultura, circuitos de Fórmula 1, grandes eventos y AVE hasta el último pueblo, y ponme otra ronda, que el dinero está para gastarlo.

Pero hay algo todavía peor que un nuevo rico: un nuevo pobre. O para ser más exactos: un nuevo rico que de repente se convierte en nuevo pobre. No hablo por tanto de los trabajadores que, sin haber sido nunca ricos, ni mucho menos nuevos ricos, han sido arrojados hoy a la pobreza, precarizados, excluidos, desahuciados. Me refiero a quienes levantaron una fortuna súbita al calor de la burbuja, y con las mismas vieron cómo su fortuna se desinflaba a la misma velocidad que la burbuja.

El nuevo pobre, entendido por tal el ex nuevo rico cuya suerte cambia de golpe, no sabe llevar su nueva pobreza con dignidad, sino al contrario, la intenta disimular, se preocupa por las apariencias ante los vecinos, y se muestra insolente si alguien duda de su solvencia. El nuevo pobre se quita de comer antes que dejar de abonar la cuota del club o el colegio privado de los niños, sigue pagando rondas en el bar para que nadie sospeche, tira del crédito de la tarjeta aunque a la larga le salga más caro, y es capaz de ampliar la hipoteca y ahogarse más todavía con tal de que no se le note que no tiene para las vacaciones. Tampoco encuentra quien le compre la casa de la playa que acabará perdiendo, la televisión gigante o los muebles caros y horteras con que llenó su casa y que no ha terminado de pagar, ni por supuesto la escobilla del baño que le costó una pasta.

Su estupefacción por haber sufrido una ruina para la que no estaba preparado le incapacita para tomar decisiones que le saquen del agujero, y se limita a esperar que el viento vuelva a soplar a favor, mientras consume sus últimos ahorros. En su orgullo de pobre renegado es continuador de aquellos veraneantes que se quedaban en casa con las persianas bajadas para que los vecinos creyesen que estaban en la playa, o más lejano aún, los hidalgos miserables que se echaban migas en la pechera para que pareciera que habían comido.

Así se están comportando también nuestros gobernantes, con maneras de ex nuevo rico devenido en nuevo pobre. Incapaces de llevar con dignidad la pobreza repentina, lo mismo reaccionan con chulería con los débiles que se bajan los pantalones ante los poderosos, alineándose con los peces gordos de Europa para que les dejen sentarse un ratito más a su mesa, en vez de hacer frente común con los otros países castigados; o arrojándose a los pies del primer Adelson que entra haciendo sonar el bolsillo. Como orgullosos ex nuevos ricos, van de sobrados por la vida, rechazan que la crisis sea una crisis, que el rescate sea un rescate, presumen de presionar a los socios europeos, fanfarronean de conseguir gangas en Bruselas y de torear a esos europeos a los que, como a Juncker, “de vez en cuando hay que explicarles las cosas” (De Guindos dixit).

Nuestro Gobierno de nuevos pobres también se quita de comer (o nos quita, más bien) antes que renunciar a otros gastos o meter mano a la fiscalidad, recortando gasto social, rebajando salarios y abaratando el mercado de trabajo; y sin embargo sigue pagando rondas en el bar a lo grande, una para la banca, otra para las autopistas de peaje, otra para organizar los Juegos Olímpicos si nos tocan, venga, alegría. Con tal de que no se le note que lleva los bolsillos vueltos hacia fuera es capaz de endeudarse más todavía, al precio de ahogarse un poco más: ¿que la banca quiere pedirse otra ronda? Pues venga, hasta 100.000 millones con cargo al FROB, y apúntamelo, que ya echaremos cuentas. Tampoco tiene quien le compre el equivalente al piso de la playa y los muebles horteras: las ruinosas infraestructuras que ahora no puede ni mantener, los aeropuertos sin aviones, los edificios emblemáticos sin contenido, las autovías que ya ni se parchean, los tramos a medio construir de ese AVE que iba a unir todas las capitales de provincia, los terrenos urbanizados sobre los que nadie pone un ladrillo.

Como aquel nuevo pobre que retratábamos, tampoco el Gobierno es capaz de tomar decisiones para salir del agujero, incrédulo de su propia ruina, así que consume lo poco que le queda, mientras espera el milagro que le salve en el último minuto, el cambio de aires en Europa, la cumbre decisiva, la quiebra del euro para salvarnos todos o morir todos a la vez.

Si les fastidiaba vivir en un país con maneras de nuevo rico, bienvenidos a la casa del nuevo pobre. Pídanse lo que quieran, que esta ronda está invitada.

Va a ser bastante complicad liberar las posibilidades de crecimiento pagando la deuda al 6 ó 7% cuando es un dinero que sale del BCE al 1%. Por lo demás, muy de acuerdo que la salida no pasa solo por una reforma laboral, menos aún por una salvaje que va a provocar más inseguridad y más caída de la demanda interna.

Lo que también ha dicho Draghi no vino en los tirulares sino en un oculto blog. ¿Por qué?

No creo que uno tras otro los gobiernos chocan con los intereses plutocráticos, sino que se pliegan a ellos o directamente son parte de ellos.

Si es que, ante tanto populismo desenfrenado, nada mejor que escuchar a la gente que sabe, como don Mario Draghi. Gente de intachable trayectoria profesional y moral con momentos tran brillantes como su gestión al frente de la división europea de Goldman Sachs cuando esta entidad ponía a disposición del Gobierno griego unos ingeniosos productos derivados que hacían milagros en la contabilidad del déficit público de Atenas... Larga vida a los Draghis!!

Muy puesto en razón su artículo. Saqué la misma conclusión de la entrevista de Draghi, y explica bien porqué no apoyar a un país que no se reforma a sí mismo. Sería como echar dinero a una cesta agujereada que no se quiere arreglar.
Abierto el tema de la Intervención me permito sugerir que los ciudadanos propongamos cambiar a Mediano y Fredo (y a Mas y Urcullu) por Draghi.
Ahí va un grito de guerra para las próximas manis:
"Draghi dimite, España te quiere de presidente".
Tener un presidente que quiera reformar el país en serio sería algo revolucionario.
Un saludo
John Falstaff

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

TWITTER

Andrés Ortega

Archivo

enero 2013

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31      

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal