Andrés Ortega

Envidia de Alemania

Por: | 06 de septiembre de 2012

Angelamerkel¿Por su riqueza? No. ¿Por su productividad? Algo más. ¿Por el liderazgo de Angela Merkel? En el reino de los ciegos … ¿Por sus bancos? Tampoco están tan seguros. ¿Por el precio al que financia su deuda? Bastante.  ¿Por su Estado del Bienestar? Aunque a la baja, es muy superior al nuestro. No. Lo que envidio de Alemania es el nivel de su debate –de momento en una elite, pero llegando al Bild- sobre la necesidad de enmarcar en un sistema democrático los próximos pasos en la integración europea, que implicarán importantes transferencias de competencias y soberanía, especialmente en materia presupuestaria, a las instituciones de la Unión.


Es una cuestión sobre la que se ha pronunciado en varias ocasiones el Tribunal Constitucional de Karlsruhe, y volverá a hacerlo el próximo miércoles en su esperada sentencia sobre el Pacto Fiscal y el Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE).


En nuestro país, o e Italia, se habla demasiado poco de esta cuestión. Parece como si creyésemos tan poco en nuestras instituciones que no nos importe, o incluso prefiramos, que se decida nuestra suerte en Bruselas y no en Madrid. Francia, por su parte, parece más preocupada por retener una soberanía que se le escapa de las manos que por el déficit democrático de la construcción europea.


Merkel y su ministro de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle están a favor de una reforma de los tratados para incorporar las nuevas transferencias de soberanía. Es decir para, finalmente, llegar a la necesaria unión política sobre la que se base la unión monetaria, fiscal y bancaria. Es una idea que apoya también el presidente de la Comisión, Durao Barroso, partidario de convocar, como se debe, una nueva Convención. Pero ha sido en general mal recibida por otros socios que temen tener a su vez que convocar refrendos que acabarán siéndolo sobre el euro o sobre las políticas de austeridad.


Como indica Ulrike Guérot, del ECFR, en un análisis imprescindible para entender lo que está pasando, los alemanes consideran que ante las decisiones sobre los presupuestos en Alemania, es necesario un cierto tipo de derecho de veto del parlamento alemán. O crear un sistema de decisión colectiva, sobre una base parlamentaria, pues equipara democracia no sólo a elecciones, sino también a parlamento. Es necesaria lo que los alemanes llaman un Parlamentsverbund, o unión parlamentaria. Lo que lleva, en estas refllexiones, a rediseñar el Parlamento Europeo para crear un Parlamento del Euro, y añadirle una segunda cámara representante de los parlamentos nacionales. “La cuestión clave que está emergiendo en Alemania hoy es como la democracia europea se puede organizxar en torno al euro y qué elementos parecidos a los de los Estados necesita adoptar la UE para hacer su  trabajo”. Pero claro, plantear todo esto a “más Europa”, o, si se frustra el intento, a una crisis continental colosal.


Una cuestión que se le ha planteado al Tribunal Constitucional alemán es si la decisión sobre un fondo, como el MEDE, que compromete de formas importante a varias generaciones de alemanes, puede aprobarla el Bundestag actual.


Junto a las modificaciones en los tratados europeos es más que posible que sea necesario una reforma de la Ley Fundamental alemana que, por vez primera desde la guerra y ante la importancia del tema, exija un referéndum en Alemania.  Y este referéndum acabará siendo una expresión colectiva alemana sobre más Europa, a la que cada vez son más los alemanes reticentes, y sobre un euro del que dudan.
Y no nos equivoquemos. La cuestión de la mutualización de la deuda, los famosos eurobonos, sólo puede resolverse una vez que se haya decidido sobre la unión política.


Complicaciones a la vista. Pero hay que abordalas, pues nos jugamos en ello la democracia.



Hay 6 Comentarios

Envidia poca, tampoco es que esté orgulloso de lo que tenemos aquí, pero en el fondo casi todo me da el mismo asquito.
Si el debate fuera serio, parecería obvio que el sistema y el fraude-invento europeo es un absoluto fracaso.

http://elmejorhumorinteligente.blogspot.com/

Para mantener el debate en cualquiera de las materias que nos son necesarias en este momento, hay que tener un nivel de políticos como hay en Alemania. A mí no me da envidia el debate o la capacidad de debatir que tienen los alemanes, lo que verdaderamente envidio, si se puede llamar así, son los políticos que tienen, su capacidad de análisis, su perseverancia, su práctica política. Todo lo contrario que en España. Si hacemos un recorrido rápido por nuestro espectro político español, nos podemos avergonzar tranquilamente. Rajoy: probablemente uno de los peores políticos de la historia de la democracia española. Un presidente que no se digna a contarles a los contribuyentes, o sea, los que pagan su sueldo, lo que está ocurriendo en este país y cómo pretende sacarlo del atolladero. Un presidente que es un mentiroso compulsivo, no le dice la verdad ni al médico. Ha defraudado todas las expectativas que tenían sus votantes. ¿Cómo se puede tener un debate con él?. Imposible. Rubalcaba: un político venido a menos, con un estigma zapateril que no le deja decir lo que quiere y debe porque el PP le puede reprochar lo que se atreva a decir. Su pasado político le tiene maniatado, además, las perspectivas en el PSOE de que salga algo bueno son escasas. Ya no digo de Esperanza Aguirre, o Mas o la prima de riesgo Cospedal. La caterva política española es de vergüenza. En Alemania, el SPD de Schröder supo gobernar con los verdes en un tiempo de crisis que solo ellos saben, años 1998/ 2005. Donde hicieron muchísimos recortes, que ahora estamos sufriendo nosotros. Nadie se enteró. Eso es debatir, llegar a acuerdos importantes y gobernar en coalición, como hizo Merkel con los socialdemócratas, cuando la situación lo requiere para sacar al país adelante, en lo que se llamó la "gran coalición". ¡Aquí en España un gobierno de concentración, venga ya¡

Enhorabuena por un artículo absolutamente necesario. Es cierto que a día de hoy Alemania es el único país al que parece preocuparle el debate sobre la construcción de esa nueva democracia europea que deberá dar respaldo político al euro. Es algo que casa bastante mal con las acusaciones de ser el cuarto Reich. Ya era hora de que alguien lo dijera.

Lo que hace falta es menos bla bla y poner en práctica las verdaderas medidas de saneamiento económico y social, y esto es muy sencillo: a) penalizar los movimientos financieros a través de los paraísos fiscales, b) establecer en cada país un parlamento unicameral, c) reemplazar la cámara alta o senado, por Consejos Consultivos formado por los presidentes regionales, d) fijar una escalas y un límite a los sueldos de presidentes, ministros, gobernadores, alcaldes y ediles, e) establecer un IRPF según el nivel de los ingresos personales, gravando mas a las mas altas rentas, así como gravar el patrimonio de los bienes inmuebles cuando sobrepasen el nivel de los 150.000 euros, f) procesar judicialmente a los grandes responsables de la corrupción, g) independizar a la justicia de los nombramientos políticos de magistrados y fiscales, h) mantener la prioridad del gasto público en educación y sanidad. Ahora bien, la solución es difícil porque los grandes poderes políticos son los verdaderos responsables del bandidaje financiero, a lo que se une la ignorancia alucinante de los pueblos, una ignorancia mantenida y dirigida por esos poderes.

Todo concepto de Europa que ha ido más allá del mercado común ha sido una entelequia: no es posible que todos nos consideremos miembros de la misma nación, en primer lugar pero no solo, por las barreras idiomáticas. el resultado de esta estupidez monumental es que cada nación barre para casa, con lo que los desequilibrios tienden a aumentar pese al maquillaje de los fondos europeos. Sobre esa base endeble, no es posible organizar una democracia un poco seria, y el resultado es que la élite financiera campa sus respetos por la UE sin la más leve sombra de un límite a sus ambiciones. No hay más que ver la desafección ciudadana por las instituciones europeas, que ha sido una constante.

En referencia a la construcción europea. El euro es una más de las ridiculeces que se han hecho en dicha construcción. Yo estoy de acuerdo en esa unión política, democrática, monetaria, económica, etc. pero ni siquiera podemos decir que el Euro sea -verdaderamente- la moneda de la Unión, porque no lo es. Ni siquiera Reino Unido tiene nuestra moneda y debe ser un país clave en la construcción de este "Superpaís". Además, ¿ahora quién verdaderamente va a querer entrar en el Euro?

Además, hay más debates que se han de plantear. Los límites de la UE. Plantear de forma seria la entrada o no de Turquía y dejarlo claro. Plantear definitivamente si quieren entrar o no distintos países que deberían estar desde hace mucho en la UE: Islandia, Suiza y Noruega que son países sólidos y que estabilizarían la economía europea.

Envidia al debate. No la llego a sentir porque quizá nunca haya disfrutado un verdadero debate en España y quizá por ello no sepa que me pierdo. Aquí hay que debatir seriamente cómo se va a quedar la forma definitiva del Estado (autonomías, confederación, federación, unitario...), plantear el debate República o Monarquía, desaparición de las diputaciones o no, competencias de los ayuntamientos, formas de financiación, independencia o no de algunas regiones de España y un largo, etc. Aquí se tiene miedo a debatir, aun cuando no se busque una conclusión.

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Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

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