Andrés Ortega

La crisis de la política

Por: | 10 de septiembre de 2012

Crisis-RotoQuizás la política llevó a la crisis económica. En todo caso, la actual crisis económica ha provocado una crisis de la política. Está por ver si es la economía la que ha de salvar a la política, o, más bien, al revés: sin resolver la política no se revolverá la economía. Al menos en España, aunque la situación vale para otros países.

Entiéndase política como algo amplio, que engloba a las instituciones. Algunos polítólogos y sociólogos hablan de una "metástasis institucional" en nuestro país.

De hecho, este verano EL PAÍS ha publicado cinco artículos que identifican las raíces de esta crisis política, y apuntan soluciones, y que convendría leer como un conjunto, al que se suman y se sumarán, sin duda, otros:

En "Los partidos ¿el núcleo de todo esto?", José Antonio Gómez Yáñez, de la Universidad Carlos III situaba en un diseño de la política equivocado desde el origen de la Transición una acumulación de resortes para estabilizar la política y las direcciones de los partidos que ha degenerado en rigidez. Ha introducido incentivos negativos en la selección del personal político y en el funcionamiento de estos partidos, que se ha extendido al conjunto de las instituciones.

Víctor Lapuente Giné, de la Universidad de Gotemburgo, en "La enfermedad institucional de España",sugiere una perversa relación entre la política y el aparato funcionarial del Estado. Por su parte, desde ESADE, Francisco Longo, en "Menos de lo mismo no es reformar la administración" , apunta al crecimiento descontrolado de las administraciones periféricas, con unas tendencias malgastadoras irrefrenables. Carles Casajuana, en La tesis de Basilio Soulinake, ha apuntado al spoils-system que reina en España. Y César Molinas, en Una teoría de la clase política española, se apunta a la tesis de las elites extractivas, como si todas las elites no fueran extractivas. Aunque en España hemos vivido algo más, a saber, que (salvo en Cataluña ni en el País Vasco, donde es anterior) el gran desarrollo del Estado de las Autonomías, y del poder local, ha coincidido con el de la burbuja inmobiliraia, con consecuencias nocivas.

No es que la crisis económica haya generado estos problemas, sino que los ha puesto totalmente al descubierto. Todos estos artículos apuntan una atractiva y coherente línea de análisis: el diseño institucional del país (partidos, sindicatos, administraciones central, autonómica y municipal y la relación entre ellas), debe repensarse profundamente. Pues el diseño institucional marca la diferencia entre el éxito o el fracaso de un país, y el de España parece agotado.  

En España no hay una crisis política sino una crisis de la política, también derivada, evidentemente, de la incapacidad de responder a las expectativas de la ciudadanía para salir de la crisis económica, y de la sensación, y realidad, de que la política nacional, o autonómica, ha perdido capacidad de decisión frente a otras instancias (mercados, Unión Europea, en nuestro caso). Los problemas de falta de liderazgo, de administraciones desbocadas e ineficaces, de imbricación negativa entre administración y política, se alimentan los unos a los otros, agravándose entre sí en un feedback positivo.

¿Cómo se arregla esto? ¿Cómo se arregla la política? Para empezar, como ha señalado Gómez Yáñez, y hemos propuesto en algunas ocasiones desde hace bastante años, con una reforma no solo del sistema electoral (como apunta Molinas), sino también de la ley de partidos para hacerlos dependientes de los ciudadanos. Lo uno sin lo otro no funcionaría. Y luego desatando o cortando todos los nudos que han generado en este país los intereses creados, que paralizan la acción política. Pero, al cabo, lo que se pide para empoderar a los ciudadanos es que la política reforme la política. ¿Podrá? Es necesario, pues la alternativa no es nada atractiva. Seguirá.

 

 

Hay 7 Comentarios

Hoy no me he sentido mejor. Ya son muchos los meses en los que no ceso en la imposible tarea de encontrar un puesto de trabajo, aunque lo triste es que ya me hiere más el trato recibido por los supuestos empleadores, que el fracaso final en la búsqueda. Y es que he pasado por experiencias que jamás pensé en vivir, ni aún estado hace apenas unos años al otro lado de la mesa. Es muy cierto que en este país existe un porcentaje de parados que viven con absoluta comodidad y tranquilidad su situación. Pero es aún más cierto que la gran mayoría de los que estamos inscritos en los servicios públicos de empleo hacemos eso, búsqueda activa de un trabajo que nos aporte las necesidades dinerarias para mantener una familia, y nos permita dignificar laboralmente a la persona que llevamos dentro. Y eso es lo que muchos empleadores que antes citaba han olvidado, que somos personas en circunstancias no deseadas, que buscamos salir de una situación en la que no nos sentimos nada cómodos. Más allá de ser un mero número para los políticos, a los cuales les importa nada la situación que vivimos, lo cual se afanan en demostrar día tras día, merecemos el respeto adecuado independientemente de nuestra situación laboral. Y es que ya está bien de entrevistas telefónicas desde algún punto lejano del estado en la que confunden las capitales de las provincias canarias, de que en las principales webs de búsqueda de empleo se preocupen más de ofertar cursos, masters y demás formación que de actualizar las ofertas que tienen, y que hablar de los entrevistadores, más preocupados en aparentar lo que no son ocultando sus carencias, que en seleccionar adecuadamente. Y he de hacer mención especial al “ya te llamaremos”, o al “esta misma tarde tendrás una respuesta”, después de un sinfín de entrevistas en las que, aunque con distintos personajes, comentas una y otra vez lo mismo, o aquellas empresas que después de haber cubierto el puesto ofertado, ni se toman la molestia de eliminarlo de las ofertas existentes en los medios.
Sinceramente, creo que nos merecemos un trato más adecuado a nuestra situación y ante todo, un respeto por parte de las AAPP, empresarios y políticos de turno, porque, muchos de nosotros, no hemos elegido la situación en la que estamos.

Cuanto mas leo, veo en mi entorno y analizo lo que ocurre, mas cerca estoy de pensar que solo una REVOLUCION puede ayudarnos.

El paciente (el sistema político) no se va a operar a sí mismo. Los partidos existentes son aparatos electorales y no sirven para rediseñar el sistema. Lo que puedan proponer siempre estará bizqueando hacia las próximas elecciones y el poder interno. Recortará todo lo que pueda a los ciudadanos para mantener sus prebendas y resortes de poder. Por otra parte, ya sabemos que las revoluciones traen robespieres y polpotes y castros... ¿entonces?.
Hace un tiempo vengo recomendando echar un vistazo a liquidfeedback.com, es una herramienta de democracia interactiva pensada para "proposition development and decision making".
Se diferencia de un foro de opinión, que suele ser una bolsa de gatos de debate esteril.
¿Cómo funciona? Los afiliados hacen propuestas. Si consiguen apoyos suficientes, estas van avanzando. Ofrece varias soluciones a los efectos destructivos del ruido-internet. Promueve acuerdos, disuade la provocación gratuita. Conviene verlo.
Existe, funciona, es una herramienta de gestión que utiliza el Partido Pirata en Alemania (que no es solo descargas gratis: la transparencia/open government son también sus temas).
Hoy en día los ciudadanos independientes interesados por la política, que pasan de la casta, somos muchos, tenemos mejores propuestas y podemos diseñar la alternativa. Somos un poco más libres de las redes clientelares y de las ideologías incapaces de ofrecer respuestas nuevas.

Lo que hace un régimen político, o es impuesto por coerción o goza de la aceptación de los ciudadanos. Los políticos no van a cambiar si la ciudadanía no toma conciencia de que tiene que defender de verdad sus intereses, deja de hacer caso a los cantos de sirena de los medios y al fútbol, mejora su nivel ético y cultural, para que no se la metan doblada y actúa en consecuencia. Los políticos, salvo los que ya hicieron mérotos para que los capitostes los premien, no son nada si no se les vota. Pues a 1) movilizarse contra lo que no nos gusta de los políticos 2) votar contra los que están en el poder y nos venden al poder financiero. Si los nuevos salen ranas, por lo menos no se nos podrá llamar tontos y... a repetir la jugada. No hay nada más pernicioso que el votante que vota a los suyos aunque le meen encima.

Los cambios que se exigen en el artículo, significan una Revolución. Pacífica o no, pero Revolución. Como los agentes sociales convencionales de nuestra sociedad están oxidados, es posible que la Revolución deba surgir de la Ciudadanía. Y no por ello dejará de ser política. La política hecha por los ciudadanos, al margen de las instituciones, o incluso contra ellas.

Aún coincidiendo por completo con el análisis hecho, se me queda corto. En otros países de nuestro entorno hay partidos y sistemas electorales más o menos como los que nos gustaría tener aquí, sin embargo no están mucho mejor equipados que nosotros para salir de esta crisis. El problema en mi opinión es que, en gran medida, nuestro modelo de sociedad está agotado, y apenas hay ideas nuevas. Los partidos están secos, pero también lo están las instituciones, las empresas y el mundo de la intelectualidad y la cultura. ¿Podemos comparar la situación actual con el vitalismo intelectual que había en la España del primer tercio del siglo XX?. Faltan ideas, falta convicción para construir una "sociedad mejor", que era el gran leit motiv de la izquierda. ¿Todo lo que podemos hacer ahora es proteger lo que tenemos? Insisto, faltan ideas. Os recomiendo este artículo:
http://www.otraspoliticas.com/politica/la-crisis-es-sobre-todo-de-ideas

Me parece exacto el diagnóstico. El problema es cómo se sale de esto, pero ya es bastante tener un diagnóstico razonable de "lo que nos pasa".
El ambiente desde hace años, y cada día se espesa más, recuerda al fin "fin de la Restauración", cuando allá por 1902, con los fracasos de Silvela, Maura y Canalejas (seguramente las fallidas sucesiones de Cánovas y Sagasta) el sistema se bloqueó y llevó al país dando tumbos hasta 1977.
Insistiría en los artículos de Lapuente, Longo y Casajuana, gran parte del problema son las "élites funcionariales", y especialmente las autonómicas.
Es ajustado el diagnóstico de que desenvolver esto es complicado, el bálsamo de Fierabrás de Molina, un sistema mayoritario, es una simplificación rudimentaria, no conocer cómo funcionan los partidos.
Un saludo
John Falstaff

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Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

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