Andrés Ortega

Sistema dinástico

Por: | 15 de noviembre de 2012

China

La China es una dictadura sin dictador, de sistema. Es más, trata de evitar el surgimiento de líderes carismáticos y asegurar la estabilidad política con el  Partido Comunista Chino (PCCh, organización que vertebra el país más poblado del mundo) y unos relevos cada diez años que impiden que nadie se afiance. Este complejo sistema de renovación del liderazgo fue en buena parte diseñado en su día por Deng Xiaoping, aunque el propio impulsor de la modernización de China tras Mao no logró controlar a su gusto el ascenso de la Tercera Generación. Hoy el sistema ha alcanzado su punto álgido con el paseíllo de los siete (eran nueve anteriormente) miembros del Comité Permanente del Politburó. Con el nuevo secretario general, Xi Jinping, llamado a ser presidente del país en unos meses, a la cabeza de un grupo que ejercerá una auténtica dirección colegiada en tiempos que se anuncian difíciles, y que está por ver si permitirán mantener la semblanza de armonía.

De hecho, la transición en la estabilidad es relativamente reciente, pues no se dio hasta el ascenso de la Cuarta Generación, la que ahora sale, la de Hu Jintao. El proceso de relevo se ha convertido en un largo y complejo baile de ajustes de intereses y de facciones,  que no siempre ha resultado fácil de conducir hacia este resultado. El chispazo del caso del depuesto  Bo Xilai lo demuestra, en un sistema que no gusta de la improvisación. 

Con la llegada de la Quinta Generación, el chino se revela también como un sistema dinástico. Aunque sin rey, sí ha creado sus príncipes, hijos de los primeros dirigentes comunistas que llegaron a altos cargos, que ahora ascienden, organizados en familias poderosas desde un punto de vista político, y también económico. La familia de quien más relaciones tiene acumula más riqueza y poder, como ha demostrado el caso de la del primer ministro Wen Jiabao, sacado a la luz por una investigación de The New York Times.

Es  un modelo que se empieza a ver con interes desde algunas miradas occidentales. Como señalan Daniel Bell y Eric Li, los que llegan arriba en China han pasado por años de selección de todo tipo, incluidos en muchos casos, periodos de estudio en el extranjero. Y no son meros funcionarios. Son políticos. Dentro de una meritocracia. Pero como indican estos observadores, esta meritocracia solo puede darse en un contexto de partido único. Aunque, como señalan, la corrupción lo corroe todo, pues no hay nadie que “guarde a los guardianes”.

Mucha gente cree que China, dado su tamaño, no es apta para una democracia de tipo “un ciudadano, un voto” y que, de intentarlo, caería en el caso, casos gigantesco pues todo es gigantesco en China. Y sin embargo, hay demandas de cambio, especialmente a medida que se desarrolla una pujante clase media. Hoy la democracia europea, con sus clases políticas en descrédito y su crisis económica, no es un ejemplo. La de Estados Unidos, mucho más.  Quitemonos las gafas eurocéntricas al analizar China.

Vargas Llosa describió los 70 años de dominio  del PRI en México como la “dictadura perfecta”. Más perfecta parece la China. Aunque si no se reforma, se ahogará, también en el caos. De momento el nuevo liderazgo se presenta como reformista, aunque no dice lo que tiene en la cabeza, o entre manos. Aparece como esencialmente conservador, aunque las tareas a las que se enfrenta son ingentes. ¿”Democracia interna en el PCCh” ¿”Democracia consultiva”? ¿Abrir el cierto grado de pluralismo (de candidatos, no de partidos) que se da en las elecciones locales? Son conceptos que se han barajado en el XVIII Congreso. Pero el sistema solo quiere cambiar para asegurarse que perdurará, de momento arropado en la legitimidad del crecimiento económico y de una cierta vinculación con una tradición milenaria.

Hay 5 Comentarios

Muy interesante ver como les va a los chinos con lo suyo. Antes de deslegitimar el sistema chino por antidemocrático creo que habria que ser capaz de ver los enormes defectos de nuestro sistema. Tenemos unos politicos que son profesionales de ganar elecciones cada 4 años. Este es su oficio. Una vez ganan se pone de manifiesto que la gestión, el gobierno, sea estatal, de comunidad... queda en segundo plano. La prioridad para ellos sigue siendo, como era en oposición, ganar las elecciones siguientes, mientras gobernar se convierte en una carga temporal: el precio a pagar por los privilegios que les da el poder (corruptelas, favores, buen sueldo y pensión, posibilidad de extender el poder de la família en cajas de ahorros, medios, poder judicial). Resulta imposible que de allí salga el más mínimo plan serio a medio o largo plazo (sanidad, educación, innovación, gestión energética, legislación fiscal...) más aun a sabiendas que en caso e hacerlo será hundido por la oposició en el siguiente "cambio de turno" en el poder.
Tenemos un sistema electoral que da ventaja a los partidos mayoritarios, creando conceptos tan profundamente antidemocraticos como el "voto útil", y perpetuando las famílias políticas en el poder.
La desafección del pueblo con los políticos y los conflictos de intereses y poca autocrítica de los partidos hacen que la política no atraiga talento y el talento no atraiga a los partidos.
Y como estos hay más. Los defectos del sistema chino serán otros. Peores? Lo ignoro, pero me parece muy interesante ver como funcionan sin prejuicios y analizar si hay algo importable.

Una visión muy inteligente

sistema dinático y dictatorial. ya lo vimos esta semana que con motivo de la elección de los nuevos líderes por una década censuro a google y muchos más medios de información , es una dictudura encubierta que en muchos aspectos cada día parece que se occidentaliza, de verdad?¿?
saludos!!

La verdad que no comparto muchas de las afirmaciones que se hacen en el artículo. Se desprende un tono demasiado afectuoso a lo que es un gran problema a nivel mundial (la falta de democracia en la que próximamente será la mayor superpotencia). Creo que el post es excesivamente indulgente. Afirmaciones como "no es apta para una democracia de tipo “un ciudadano, un voto”" o "dictadura perfecta" creo que no casan en absoluto con la línea ideológica del periódico (o al menos la que humildemente yo entendía como tal, porque últimamente uno no deja de sorprenderse).

Gran reflexión lo cierto es que la apatía asiática hacia los políticos pude que acabe extendiendose también a Europa. ¿El desencanto hacia nuestra fuerza política puede llevarnos a una dictadura sin dictador?

Después de estas reflexiones si quieren una lectura más ligera y reir un poco pasesen por mi blog

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Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

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