Andrés Ortega

Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

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El regreso del federador externo

Por: | 13 de enero de 2013

Obama

Aunque respondía a una pregunta, Philip Gordon, número dos de Hillary Clinton en el Departamento de Estado de EE UU, no improvisaba nada cuando esta semana avisó públicamente al Gobierno británico de las consecuencias negativas que tendría para Londres una posible salida del Reino Unido de la UE. Con razón. Washington –y otras capitales europeas- temen una salida británica, y, consecuentemente, una salida de Escocia del Reino Unido. Pues aunque hoy no parece que los independentistas escoces vayan a ganara en el referéndum sobre la independencia previsto para 2014, la perspectiva de una salida de la UE les daría alas para separarse y quedarse (o volver a entrar).

Fue Charles de Gaulle quién calificó a Estados Unidos de “federador externo” de Europa. Y es verdad que sin el impulso y el apoyo de la superpotencia tras la guerra el proyecto europeo no habría despegado. Los norteamericanos nunca vieron con demasiados buenos ojos el desarrollo de una moneda europea que pudiera rivalizar con el dólar ni de una Europa militar que pudiera poner en cuestión la OTAN. Pero hoy es otra cosa. El euro es una realidad a apuntalar, y su fracaso sería un desastre también para la economía de EE UU. (¿Se acuerdan de la llamada de Obama a Rodríguez Zapatero en mayo de 2010?). Y todos están recortando los presupuestos militares con lo que una Europa militar no vendría mal. Aunque está varada, no echará realmente a andar sin el Reino Unido, con Francia las única verdaderas potencia militares que hay en el Viejo Continente (hasta Rusia).

La pertenencia británica a la UE es “esencial y crítica para EE UU”, afirmó Gordon. “Nos beneficiamos cuando la UE está unida, habla de una sola voz y se centra en nuestros intereses compartidos en el mundo”, añadió, y “tenemos una relación creciente con la Unión Europea como institución que tiene una voz creciente en el mundo y queremos ver una voz fuerte británica” en ella. De ningún otro grupo de aliados (aunque hay algunos neutrales) hablaría así alguien de Washington. Por mucho menos se critica la injerencia en asuntos internos. Pero esas son categorías que sirven de poco a la hora de hablar de integración europea en la era de la interdependencia. Es evidente que a Obama y su equipo no les gusta esta idea de refrendos que pongan en peligro la Unión Europea tal y como la ven.

No es que Londres fuera un caballo de Troya de EE UU en la UE –que en parte sí lo fue- , o un aliado fiel. Además, los británicos tienen una visión económica y comercial más abierta. Y EE UU tiene muchos, muchísimos intereses económicos y comerciales en Europa (y viceversa): Como indica Robin Niblett, director de Chatam House, 190.000 millones  de exportaciones de mercancías al año, y, sobre todo,1,8 billones de actividad a través de las filiales en Europa de empresas norteamericanas. Y Washington está impulsando una zona de libre comercio transatlántico, una idea que pese a que la lanzara años atrás Angela Merkel quizás no echaría a volar sin los británicos. “EE UU ya no ve al Reino Unido como útil cuando se convierte en obstáculo a una integración europea más profunda”, concluye Niblett.

No nos engañemos. Aunque esté fuera de la Unión Monetaria, sin Londres la UE se debilitaría. Contaría menos en un escenario global en los que los grandes jugadores son Estados-civilización como EE UU, China, India o Brasil. EE UU necesita a Europa. Y de ahí que haya vuelto a reactivar su función de federador externo para evitar que los británicos se desmanden. Se da, además,  la paradoja de que ahora los más euroescépticos están, casi dominan, el Partido Conservador británico, y son a la vez los más atlantistas.

El primer ministro David Cameron debe comprometerse a un referéndum sobre la relación del Reino Unido con la UE en un esperado discurso que ha programado para el próximo 22 de enero. Es al día siguiente de la inauguración de Obama, pero el mismo día en que Merkel y Hollande celebrarán el 50 aniversario del Tratado del Elíseo que selló la reconciliación franco-alemana. Le han pedido que cambie de fecha. Mejor, ¿no? No vaya el Continente a volver a quedarse aislado.

Desmoralización democrática

Por: | 06 de enero de 2013

¿Diría que la sociedad española es democrática?

DemCIS

Fuente: CIS

Cuidado, pues la española no solo sigue instalada como una de las sociedades más desmoralizadas en Europa sino también como una en las que de forma alarmante rápida aumenta su desconfianza en la política y hasta en la democracia. Es un giro explicable –no solo por la falta de perspectivas económicas- pero peligroso. Los indicadores del último Eurobarómetro y de la última encuesta del CIS deberían hacer sonar las alarmas. Es un aviso serio para que se recupere la Gran Política.

En lo que se refiere a España, la encuesta europea de otoño de 2012, recién publicada, señala que un 91% de los ciudadanos declaran más bien no confiar en los partidos políticos. Era un 84% un año antes (y la media en la UE es de un 80%).  Lo mismo pasa con el Gobierno (desconfianza de un 86%, frente a un 80% a finales de 2011 o el Parlamento (85%, 11 puntos que en el otoño de 2011). Las autoridades regionales o locales tampoco se salvan (77% de desconfianza, frente a un 50% de media en la UE). Y la desconfianza en la propia Unión Europea también se ha agravado (72%, 10 puntos más) la imagen de la UE permanece sobre todo neutra, como a la expectativa más. Aunque, significativamente, se apoya mayoritariamente (63% en España, 53% en el conjunto de la UE) la idea de una unión económica y monetaria con una sola moneda, el euro.

La visión negativa de la política no es un fenómeno propiamente español. Piénsese que de forma agregada en la UE, el nivel de confianza más elevado en los últimos ocho años tanto en la propia Unión (57%), como en el Parlamento nacional (43%) o en el Gobierno nacional (41%) se dio en la primavera de 2007, antes de la crisis. Ahora, la confianza ha bajado respectivamente a 33%, 28% y 27%.

SerPolEn el caso español  las conclusiones del Eurobarómetro coinciden en líneas generales con la tendencia observada por el CIS en donde no sólo la clase política y los partidos lleva ya más de dos años percibida como el tercer problema principal por los españoles, sino que ahora la preocupación por la corrupción política ha dado un salto espectacular, al 17,2%.

Preocupante resulta también como la propia sociedad, según el CIS, se ve de forma mayoritaria (52,7%) como poco democrática, aunque algo más como tolerante. Y tampoco ve un futuro esperanzador al respecto en la perspectiva de un lustro en que para un 49,6% de los ciudadanos la corrupción política habrá aumentado. Esta visión de sí misma –como la insatisfacción con la democracia- se empezó a torcer a partir de 2004, y a invertir hace dos años, como refleja el gráfico.  En diciembre de 2010, aún un 58,8% veía a su propia sociedad como muy o bastante democrática.

Aunque, los españoles parecen más pesimistas con España (79% piensa que las cosas no van en la buena dirección –media europea, 56%), que con la UE (respecto a la cual un 60%, frente a un 80% un año antes, piensa lo mismo), según el Eurobarómetro). En general en Europa (23%) y en España aún más (28%), la UE va mejorando su posición en la percepción de cuál es el nivel más efectivo para abordar la crisis, en detrimento del Gobierno nacional (17% en España).

Por cierto que no es solo cuestión de la política. También la prensa escrita pierde credibilidad: 62% de desconfianza en España, frente a 52% hace un año). Sólo se salva la radio. Y, relativamente, Internet.

Como decía, todo es explicable. Para muchos españoles, progreso democrático, progreso económico y progreso europeo han ido de la mano, a pesar de los baches en el crecimiento y la creación de empleo. Pero es la primera vez que los tres marcos están en crisis. Por falta de dirección y de proyecto en todos ellos. Por la sensación de que las grandes decisiones sobre España se toman fuera del marco nacional. Y por una crisis de las legitimidades que también tiene que ver con la austeridad, la reducción de las prestaciones a los ciudadanos, como ya ha apuntado Fernando Vallespín, y la reacción frente a los políticos. Estemos más que atentos.

 

 

Momentos gandhianos

Por: | 01 de enero de 2013

Gandhi2

Hay dos libros que hay que leer en paralelo, porque se complementan, y juntos sirven para explicar mejor los movimientos ciudadanos que hemos vivivido en el mundo los últimos dos años. Por una parte el del sociólogo Manuel Castells sobre las Redes de indignación y de esperanza. Por otro el del filósofo Ramin Jahanbegloo sobre La hora de Gandhi. Pues estos movimientos,desde las revueltas árabes –pese, tras la guerra de Irak, a la masacre en Siria,y a que los islamistas sean lo que hayan robado las revoluciones- a los indignados en España o Occupy Wall Street en Estados Unidos no se pueden entender sin la no violencia y ésta tampoco sin la referencia al gran líder indio.

Castells ha hecho un gran esfuerzo analítico en el estudio de esa “conexión entre redes sociales de Internet y redes sociales de la vida donde se forjó la protesta”. Pero al centrarse sobre las redes que suponen las conexiones tecnológicas, a veces parece olvidar no solo la no violencia que ha marcado estos movimientos (pese a algunos brotes de violencia) sino que otros similares se han dado en otros
momentos históricos y lugares geográficos con otros sistemas de comunicación. Ni Gandhi ni Martin Luther King y su campaña por los derechos civiles, ni Mandela frente al apartheid, contaron con Internet o con los móviles, sino con otros sistemas de difusión de las ideas y de la palabra.

Castells apunta acertadamente que estamos viviendo una “ocupación de espacios” que crean comunidad (basada en el compañerismo), están cargados con “el poder simbólico de loa invasión de los centros de poder del Estado o de las instituciones financieras”, y crean un espacio público.

La profunda reflexión sobre Gandhi de Janhanbegloo llega en un momento oportuno. Recuerda que el mahatma lanzó un sistema de acción política que no solo buscaba la independencia de la India del imperio británico, sino transformar a la propia sociedad india, transformar una civilización  aquejada de un sistema de castas que, desgraciadamente, aún perdura, y lograr asentarla sobre bases multi-religiosas. Gandhi no fue todo éxito. Venció sin armas a los británicos, pero en parte fracasó ante los suyos. Aunque algo importante ha dejado más allá de la resistencia pacífica y la no violencia: la idea de que el verdadero sujeto de la política es el ciudadano y no el Estado, con una idea de la democracia profundamente participativa, que también reclaman los quincemayistas, aunque Gandhi ideó un cocepto de democracia basado en el deber, tanto o más que en el derecho.

El de los indignados ha sido -es- un movimiento de ciudadanos, no antipolítico, sino por otra política, aunque sin objetivos definidos, sin organización y sin líderes. Es difícil ser gandhianos sin Gandhis, especialmente, como señala Castells, cuando se trata de“movimientos emocionales”, sin programa
ni estrategia política.

Pero “la hora gandhiana”, apunta Janhabegloo, “empieza en los corazones y las mentes de los individuos que están reorientando su relación con el Estado y abriéndose a las posibilidades de la no violencia y a un compromiso profundo con los otros”.¿Será 2013 otro año gandhiano?

El País

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