Maldita vuvuzela

sobre el blog

En este blog se hablará de la Sudáfrica que no alberga el Mundial de Fútbol. La Sudáfrica alejada de estadios, jugadores, entrenadores y decisiones arbitrales. Un acercamiento a la realidad del país, uno de los más desiguales del mundo, más allá del glamour FIFA y de botas de oro con sueldos millonarios. Una Sudáfrica que, quince años después de dejar atrás el sistema racista del Apartheid, todavía tiene muchos retos por delante. En poco más de mes y medio, el nuestro, además, es sacar a pasear la vuvuzela y reconciliarnos con ella.

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08 jul 2010

Buscando el oro

Por: Lali Cambra

No es el oro del trofeo del Mundial éste que nos acontece, aunque es igual de ansiado. Más, porque se muere por él. Es oro que se encuentra en minas abandonadas, en teoría cerradas por poco productivas. Pero hay oro y son mineros ilegales, conocidos en Sudáfrica como zama-zama, los que arriesgan sus vidas adentrándose en los pozos para arrancarlo de la tierra.

Minero

Las minas en las que operan están controladas por mafias contra las que el gobierno trata de luchar y no es una batalla fácil: los criminales defienden su terreno de la policía hasta con bombas-trampa y con AK-47. El pasado mes de mayo la policía detuvo a treinta zama-zama, locales, de Zimbabue y Lesoto por sus actividades ilegales, cuyos beneficios, de acuerdo con datos de la ministra de Recursos Minerales, Susan Shabango, se pueden valorar en más de quinientos millones de euros anuales. Nadie debería vivir como zama-zama: pueden pasar bajo tierra más de tres meses de vez, su única comunicación con la superficie es a través de walkie-talkies y reciben comida y bebida a través de las mafias, que pueden cobrarles hasta 10 euros por una bolsa de pan, 15 euros por un paquete de cigarrillos o 150 por una botella de licor. El año pasado 91 zama-zama fallecían en una mina en desuso en la provincia del Free State por un accidente. Se asfixiaron, al parecer por un fuego que hicieron para calentar comida. Nadie avisó de ello y fue un mes después del suceso que las autoridades organizaron unidades de rescate para sacar a tierra los cadáveres. La mayoría eran de Lesoto, país de gran pobreza, del que tradicionalmente salen los hombres a enterrarse la vida en el subsuelo sudafricano. Muchos regresan a Lesoto sólo a morir, aquejados de tuberculosis o VIH, o las dos. En este caso regresaron muertos.

Las minas sudafricanas son de las más peligrosas del mundo. Antiguas, la profundidad de excavación es cada vez mayor, a más de dos kilómetros bajo tierra, cada vez más difícil, más costosa, menos productiva, de seguridad más complicada.Una auditoría del gobierno estableció el pasado año que sólo el 65% de las minas cumplen los requisitos de seguridad mínimo. El martes pasado, cinco trabajadores fallecieron en Rustenburg, una de las sedes del Mundial. En 2007 tres mil mineros quedaron atrapados durante más de 24 horas en un pozo de Harmony Gold, cerca de Johannesburgo. El accidente reavivó el debate sobre la seguridad en las minas, que hasta entonces se cobraban la vida de más de 200 trabajadores al año.

Mineros_rescatados_Surafrica

En los últimos años esta cifra se ha ido reduciendo, pero también provoca que por cuestiones de seguridad algunas minas se cierren provisionalmente. Guardadas por unos cuantos agentes de seguridad cuya profesionalidad puede ser fácilmente comprada por las mafias, son las preferidas por los zama-zama. Los organizadores del negocio ilegal también se hacen con los servicios de mineros contratados que conocen las excavaciones y que informan a los zama-zama. Se cuentan por miles y viven en hostels, destartalados edificios diseñados para hombres solteros, reminiscencia de las políticas laborales heredadas del apartheid y de la explotación del oro del siglo XIX. Los que tienen suerte consiguen que las mafias les dejen bajar a los pozos. A miles de metros bajo tierra, en total oscuridad, en la que permanecerán durante meses, los hombres eligen un área para hacer sus necesidades, otra donde dormir y se organizan en bandas para defender sus escasas propiedades bajo tierra o para defender el pedazo de pared donde excavar. Su puesto. Industria violenta y no sólo en minas abandonadas. Los túneles interconectados de las que están en operación hacen que bajar a ellas no sea un obstáculo para los zama-zama. Las compañías mineras decidieron en enero prohibir a sus trabajadores bajar comida a las minas, porque consideran que es vendida a los zama-zama, que así pueden continuar su explotación. Los sindicatos ya han iniciado acción judicial: el bajar a la mina, a tanta profundidad y con mucho calor disminuye de inmediato los niveles de azúcar por lo que no sólo necesitan beber mucho líquido, sino también comida sólida.
Mayor profundidad, menos rentabilidad, mayor mecanización, crisis económica, más mineros en la calle, más zama-zama. Tras cada accidente, tras cada detención, dejan de operar un tiempo, dejan que las aguas se calmen y regresan a la actividad en un pozo nuevo, un acceso diferente. El oro sale del país ilegalmente vía Mozambique o Zimbabue. Un joven zama-zama, entrevistado por el Mail and Guardian el pasado año, decía que lo máximo que había ganado en un año fueron 8.000 euros. Un buen pico si la alternativa es ninguna. Algo menos de lo que cobrarán los que se lleven el trofeo dorado este domingo.



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